jueves, 18 de septiembre de 2008

Las palabras


Lunes a mediodía y en una escalera de la estación de subte hay una familia esperando. Los nenes son chicos ( dos y tres años) y los padres se recuestan sobre el escalón como si la espera tuviera algo que ver con tomar sol. Miran al techo; los ojos duros.
- Che, tarado –la mujer le da un codazo-, ¿no escuchás que el nene tiene hambre?
- Paráa, ¿trajiste la cuchara vos? -se miran.
- No, me olvidé.
- Ves que sos estúpida.
- ¿Y cómo querés que me acuerde con el pelotudo éste a upa todo el día?
Uno de los hijos juega. Sube y baja la escalera, sube y baja, baja y sube, se toma de los barrotes y en algún momento se resbala pero cae sin riesgo y lloriquea, estira las manos, pide algo: comida. Pide comida al padre. El padre está mirando el techo. La luz de la estación Primera Junta es siempre igual: el velo de algo que está muerto.
- Boludo, che: ¡Boludo! –otro codazo-. ¡No ves que te pide el nene, boludo! No te hagás el boludo que te vi que te comiste una empanada y te quemaste, gil, porque te lo merecés: gil –ella busca en un bolsón de lona-. Y la concha de mi madre me olvidé la olla.
- Forra.
- Forro vos la concha tuya ¿le diste al nene?
El subte llega y siguen adentro. El viaje es un camino sordo y las dos bocas se mueven, y lo que puede verse es esto: lenguaje de señas de una película triste.

1 comentario:

daniela dijo...

je! esa nenita la conozco!!.besos