<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274</id><updated>2012-02-10T19:12:29.126-08:00</updated><title type='text'>Señorita Li</title><subtitle type='html'>Un ejercicio de constancia.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>59</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-6810880141035101065</id><published>2012-02-08T04:13:00.000-08:00</published><updated>2012-02-08T04:48:38.481-08:00</updated><title type='text'>Historia de una mujer bomba *</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-IPgKjrxwQF4/TzJogzqxS-I/AAAAAAAAAIs/0YNJx9cWWpM/s1600/Ver%25C3%25B3n.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 147px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-IPgKjrxwQF4/TzJogzqxS-I/AAAAAAAAAIs/0YNJx9cWWpM/s200/Ver%25C3%25B3n.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5706738590666542050" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;San Miguel de Tucumán, la capital de Tucumán, una provincia ubicada en el Norte de la Argentina, tiene sus calles repletas de naranjos. Están dispuestos en hilera en casi todas las aceras y eso hace que la ciudad entera destile una euforia boba, a veces insoportable. Frente a la casa de Susana Trimarco de Verón hay uno de esos árboles. Conserva todos sus frutos –nadie los ha llevado- y es fácil mirar ese mínimo paisaje y tener un acceso de tranquilidad: en Tucumán la gente es buena, parece, y no arranca nada que no le pertenezca. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué decís? –interrumpe Trimarco y frunce la nariz con asco-. A estas naranjas no se las roban porque son amargas, son feas. No sirven para nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Trimarco tiene 53 años y un pasado optimista. Cinco años atrás tenía también un marido, una casa, dos trabajos, dos autos y dos hijos: Horacio, que se fue a vivir al Sur de la Argentina, y María de los Ángeles –Marita-, una chica de sonrisa panorámica que una mañana salió de su casa para ir al médico y nunca más volvió. La desaparición ocurrió el 3 de abril de 2002. Ese mismo día, Trimarco dejó de ser lo que era –un alma en orden- para transformarse en esto: una persona de labios duros que se para en la acera, mira un naranjo, hace una mueca de desprecio y dice que acá, en Tucumán, nada es lo que parece. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Esta ciudad, linda como la ves, está llena de mafiosos –se queja. Y entra a su casa de un portazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marita Verón, su hija, fue raptada por una red dedicada al tráfico sexual. Desde entonces, Trimarco es la principal responsable de que a Tucumán ya no se la conozca nacionalmente como “el Jardín de la República” –en virtud de sus divinas flores y sus naranjales- sino como el epicentro de una producción bastante más amarga: el secuestro y la trata de mujeres, una práctica que existió siempre pero que, con el caso Verón, parece haber nacido ante los ojos del Estado y la opinión pública. En los últimos años, el "caso Marita" instaló el tema de la trata de blancas en la agenda política nacional y transformó a Trimarco en un personaje casi de ficción: pateó literalmente las puertas de los despachos oficiales pidiendo respuestas, devino en un referente público más confiable que la policía local (la gente acude a ella cuando desaparece alguien), se disfrazó de prostituta para averiguar por el paradero de su hija, y con muy poco apoyo del Estado participó del rescate de ciento quince chicas que vivían esclavizadas en burdeles de todo el país. Este combo alucinado –tragedia, acción, heroísmo, metidos en el frasco chico de una mujer que no supera el metro y medio de estatura- hizo que el pasado mes de abril Trimarco recibiera, en Estados Unidos, un reconocimiento de los supuestamente “grandes”. La secretaria de Estado, Condoleeza Rice, le entregó el galardón a Mujer Coraje, uno de esos premios que suelen darse a las líderes de Zimbabwe, Letonia, o cualquier otro país al borde de la cultura occidental.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—A mí me reconocen mucho afuera. No digo solamente la Condoleeza Rice: yo voy a Buenos Aires y me siento en el restaurante y no me quieren cobrar la comida, voy a comprarme unos zapatos y el dueño me dice: “¿Usté es la madre de Marita Verón?”, y entonces me dice que está orgulloso de mí ¡y no me cobra los zapatos! Pero llego a Tucumán y es imposible. Hay mucha gente buena, m’hija, pero hay otra que no me quiere nada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Trimarco cruza las piernas y se mira los pies. Lleva unas botas negras, lustrosas, sencillas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No me quieren porque soy una bomba atómica en la puerta del trasero de los políticos, esa es la cuestión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La casa de Trimarco es grande, salvo el living: una superficie breve donde se amontonan un piano, tres sillones, algunos diplomas y una ventana amplia por la que entra una luz ambarina y tranquila. En todos los rincones hay fotos familiares, y en esas fotos siempre está esa cara con esa sonrisa: Marita con su madre, su padre, su hija, su hermano y con una rosa entre los dedos, bailando, el día que egresó del colegio secundario. Marita era, según Trimarco, esa clase de persona que cree que al futuro hay que llegar contento y capacitado. Había hecho cursos para todo -computación, repostería, decoración de interiores- y también, como era habilidosa con las manos, había empezado la licenciatura en Artes en la Universidad Nacional de Tucumán. Fue allí donde conoció a David Catalán: un chico morocho, delgado y retraído, que a Trimarco siempre le pareció poco para su hija. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;David y Marita se pusieron de novios a los veinte años, tuvieron una niña (Micaela) doce meses después, y se mudaron juntos a un barrio de viviendas estatales llamado Las Talitas, siete kilómetros al Norte de San Miguel de Tucumán. El edificio era (es) una construcción maciza, desangelada y gris; el tipo de lugares al que acude la clase media empobrecida cuando logra asegurarse un techo. Pero David y Marita estaban felices. Para pagar la cuota del departamento –y mientras seguía estudiando Arte- Marita empezó a vender tortas a las estaciones de servicio de la zona. Con el dinero ganado, más una ayuda económica de su madre, se puso un almacén y hasta le prestó un capital a David para que comprara una moto y saliera a trabajar de mensajero. A los veintidós años, los días de Marita transcurrían entre un comercio, una niña y una carrera universitaria. El futuro parecía un lugar tranquilo. Pero Trimarco estaba inquieta. Iba seguido a visitar a su hija, y cada vez que iba se quejaba un poco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Este barrio no es para vos. Esta casa no es para vos. Esta gente no es para vos. Y este chico no es para vos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre las tantas cosas que inquietaban a Trimarco estaba Patricia Soria: una enfermera cincuentona que vivía en el mismo edificio y que acudía a la casa de Marita cada vez que Micaela, la niña, tenía un ataque de asma. Con el paso de los meses, Soria y Marita se hicieron casi amigas, y esa relación preocupó a Trimarco: a Soria le sonaba permanentemente el teléfono móvil y a Trimarco esa insistencia le resultaba sospechosa. A cinco años de la desaparición de Marita, los vecinos siguen diciendo que Soria era y es un gran signo de pregunta: sigue viviendo en el mismo edificio, la visitan muchos hombres, no parece tener familia y su teléfono tiene vida propia. Pero ninguno de estos detalles alarmó, en un principio, a Marita. Debe ser por eso que, una tarde, decidió hacerle a Soria una confidencia: por el momento no quería tener más hijos y pensaba colocarse un Dispositivo Intra Uterino (DIU). En un consultorio privado, el procedimiento salía cien dólares. Pero Soria le hizo una oferta: su novio, Miguel Ardiles, era el jefe de personal en la Maternidad de Tucumán –una dependencia estatal- y le podía hacer poner el DIU por siete dólares. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ni se te ocurra –le dijo Trimarco cuando se enteró-. Vos tenés que ir a un lugar más limpio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Mamá, prefiero usar la plata del DIU para comprar mercadería en el negocio.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;El 2 de abril de 2002, Marita fue a la Maternidad para ver a Miguel Ardiles. El hombre la contactó con un médico, Prudencio Rojas Tomas, que en el acto le hizo un tacto ginecológico y le encargó unos estudios para el día siguiente. Los nuevos análisis debían hacerse entre las 9 y las 9:30 de la mañana. Marita y Micaela se quedaron a pasar la noche en la casa de Trimarco, y así fue que el 3 de abril de 2002, luego de desayunar y mientras su hija dormía, Marita se puso un jean y una remera turquesa, y salió de la casa en puntas de pie. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El primer indicio de que algo andaba mal ocurrió a las 12:30 del mediodía, cuando Trimarco llegó a su hogar y vio que Marita aún no había regresado de hacerse los estudios. Inquieta, preparó el almuerzo y esperó a su marido, Daniel Verón, que llegó dos horas más tarde. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No quiero comer –dijo el hombre-. Me voy a la Maternidad a ver qué pasa. Tengo un mal presentimiento. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Verón se levantó, tomó las llaves del auto y se fue. En la Maternidad, todos los consultorios estaban cerrados y los pasillos eran una ciudad vacía. Volvió a su casa y le contó lo que había visto a su mujer. Trimarco, por primera vez, empezó a llorar. De nuevo en la Maternidad, pero ahora juntos, preguntaron a un empleado de seguridad por el señor Miguel Ardiles, el jefe de personal. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Quién le dijo que es jefe de personal? –fue la respuesta-. Ardiles hace la limpieza. Y además no está. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El rastreo siguió por las calles, los parques y el barrio de Marita. Golpearon la puerta de Patricia Soria, pero ella nunca estuvo o nunca abrió. Fueron a la Policía, pero no les tomaron la denuncia porque había que esperar un día. Llamaron a las amigas de Marita, pero nadie sabía nada. Durante la primera semana, la búsqueda de Marita fue una carrera anárquica y ciega: por no saber adónde ir, iban a todas partes. Fueron a los medios de comunicación. Empezaron a hacer afiches con la cara de su hija. Una noche, con una de esas fotos bajo el brazo y siguiendo una corazonada negra –la policía solía vincular las desapariciones con el trabajo sexual-, Trimarco y Verón fueron al Parque 9 de Julio, la zona roja de la ciudad de Tucumán, y empezaron a hablar con las prostitutas. Una de ellas -una mujer que había sido violada, vendida y llevada hasta La Rioja, una provincia limítrofe con Tucumán- reconoció los rasgos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—A esta chica yo la vi –dijo-. La vi en La Rioja. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Trimarco escuchó, no pudo ni siquiera desmayarse: el carácter se le puso duro y cerrado, como si fuera un tejido al que le acaban de meter un cuerpo extraño. Desde el 10 de abril de 2002, y de acuerdo a los testimonios que se fueron sumando a la “causa Verón” a lo largo de los últimos cinco años, se sabe que Marita está atrapada –si es que está viva- en algún prostíbulo de la Argentina o del exterior. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La trata de personas es, a nivel mundial, el negocio clandestino más fértil después del tráfico de armas y de drogas ilegales. En la Argentina, a su vez, y según datos de la policía tucumana, una sola chica genera entre 800 y 1700 dólares por semana, una cifra “rentable” si se considera que cada prostíbulo tiene entre quince y veinte mujeres “trabajando”. Este tipo de negocios es usual en el país. O al menos eso se desprende de un informe realizado en el año 2005 por el Departamento de Estado norteamericano, donde se denuncia que la Argentina es una zona de riesgo por el “severo” problema de “tráfico de personas” que deriva en “explotación sexual y laboral”. La mayor parte de los acusados está libre. Esto se debe a que el tráfico de personas no está tipificado como delito en el Código Penal de la Nación y ni siquiera es considerado “tráfico”, porque en muchos casos no se cruza las fronteras nacionales. El primer y único proyecto de ley sobre trata de blancas tiene media sanción del Senado de la Nación, fue impulsado como respuesta a la insistencia de Trimarco y tomó la historia de Marita Verón como caso testigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque no hay pruebas, el secuestro de Marita se habría urdido –como sucede en la mayoría de los casos- por etapas. En primer lugar, Patricia Soria y Miguel Ardiles la habrían “marcado”, es decir que habrían visto en Marita un valor de cambio. En una segunda etapa, el doctor Rojas Tomas la habría revisado para asegurar que el cuerpo de Marita estuviera sano. Y en tercer lugar, tres hombres la esperaron a la salida de su casa y se la llevaron. De estas tres etapas, sólo está documentada la tercera: según dos testigos –uno de ellos, actualmente desaparecido- a dos cuadras de la casa de Trimarco dos hombres agarraron a Marita de los pelos, la durmieron de un golpe y la metieron en un coche color rojo. Pero por fuera de esto, y aunque hay indicios, ninguna de las tres personas supuestamente involucradas en el secuestro (Soria, Ardiles y Rojas Tomas) pudieron ser procesadas. Las sospechas se basan en deducciones sin valor legal. Hay registros telefónicos que muestran que Soria hablaba mucho con una amiga, también enfermera, que a su vez tenía contactos telefónicos con José Medina, un remisero que fue seis meses preso por la “causa Verón”. Al ser una relación triangular (no hay registros de un diálogo directo entre Soria y Medina) es imposible pedir la detención de Soria y menos, entonces, la de Miguel Ardiles. Con el médico Prudencio Rojas Tomas pasa algo similar: en la planta baja del edificio donde Rojas Tomas tiene su consultorio particular hay un locutorio. Los registros telefónicos marcan que, desde ese locutorio, durante todo el mes previo a la desaparición de Marita hubo llamados a José Medina. Pero no hay pruebas de que esos llamados hayan sido realizados por Rojas Tomas, y por eso el médico también está libre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ni Soria ni Rojas Tomas quisieron hablar con Gatopardo.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los prostíbulos de Tucumán, en general, no parecen prostíbulos sino pequeñas casas que se van perdiendo en el paisaje negro de la noche. La pintura suele estar rota, la puerta de entrada tiende a ser pequeña, y adentro están, siempre, las chicas: cuerpos desganados que se cruzan de piernas y de brazos, y se entregan a la herrumbre del salón con la certeza de que el destino es eso: un puñado de sillas de plástico, una fonola con el sonido ahogado, un par de hombres armados vigilando todo, y algunos borrachos con la mano inquieta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Trimarco empezó a frecuentar estos lugares tres semanas después de la desaparición de Marita. Era domingo y en la policía le habían dicho que no podían salir a buscarla porque faltaba gasolina para los patrulleros. Trimarco insultó a media seccional, se fue a su casa, se sentó en el comedor, miró los clasificados que ofrecían mujeres, y comenzó a llamar por teléfono. Alguien atendió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tengo tres chicas, quiero venderlas y quiero saber cuánto me pagás –dijo Trimarco.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;—Estamos pagando 1500 pesos, pero eso si las chicas son lindas… ¿Vos tenés foto?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Veníte el sábado. ¿Cómo te llamás?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Me llamo Jennifer –dijo. Y después cortó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sábado siguiente Trimarco se puso una falda de cuero negro, se batió el pelo, se pintó la boca, se colgó un par de aros pesados, llamó un remise y se fue a un antro del que a esta altura ya recuerda poco, porque fueron tantos los antros en los que Trimarco estuvo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sé que cuando entré no sentí miedo –cuenta Trimarco en su comedor, mientras enciende una computadora con un fondo de pantalla de la Virgen-. Sentí curiosidad. ¿Viste Alicia en el País de las Maravillas? Era eso: otro mundo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La “compradora” no fue a la cita, pero ese encuentro fallido sirvió para que Trimarco tuviera una idea: si ella fuera varón, podría entrar a los prostíbulos como cliente y tratar de rescatar chicas. De inmediato habló con su marido, y ambos fueron a pedir ayuda a Jorge Tobar, un comisario tucumano que había sido compañero de Daniel Verón en el colegio primario y que al momento de la desaparición de Marita trabajaba en el departamento forense de la Policía. Una vez que Verón habló con Tobar, la forma de trabajo se dividió en dos: por un lado, Tobar empezó a usar su investidura de comisario para allanar whiskerías (el eufemismo que se usa para hablar de los prostíbulos) y rescatar a las mujeres que admitieran estar ahí secuestradas. Y por otro lado, Daniel Verón puso en práctica un método “no oficial”: el hombre entraba a los prostíbulos –a veces acompañado por Tobar, vestido de civil- y cuando lo creía apropiado, levantaba la voz:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—La que esté acá en contra de su voluntad, que lo diga ahora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Trimarco siempre estaba afuera -si entraba despertaría sospechas, porque ahí sólo ingresan hombres- y recién aparecía cuando se hacía público el operativo. Su tarea consistía en recibir y contener a las mujeres que eran liberadas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con estos métodos –el de Tobar y el de Verón- fueron rescatadas 115 chicas, y se fueron reuniendo pistas sobre Marita que terminaban siempre en La Rioja: la provincia que –según Tobar, ahora transformado en el mayor experto en “trata de personas” en todo el país- puede considerarse el epicentro de la esclavitud sexual de la Argentina. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Rioja queda a 388 kilómetros al Oeste de San Miguel de Tucumán. Allí, durante un allanamiento realizado en mayo de 2004 por Tobar, Verón y Trimarco, fue liberada Andrea Darrosa: una chica de 23 años que estuvo ocho años esclavizada, y que fue encontrada con seis costillas fracturadas, una pierna baleada, y el cráneo hundido por un culatazo de pistola. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Darrosa ahora vive en Misiones (Noroeste argentino) y es la principal testigo de la “causa Verón”. Ella dice que vio a Marita. Dice, en realidad, muchas cosas. Estos son algunos extractos de su declaración: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Me llevaron a los quince años, cuando salí a comprar pan. Alguien me dio un sopapo [bofetada], después me taparon la boca, y viajé no sé cuántas horas tirada en el piso de un auto. Cuando desperté estaba en La Rioja. Me bañaron, me cambiaron, me pintaron, me tiñeron el pelo de rubio, me hicieron rulos, me pusieron el nombre artístico Yanina, y me hicieron salir a “trabajar”. Al principio no quise pero me molieron a golpes. Si no hacía seiscientos pesos [200 dólares] por día me molían a golpes. Uno de esos golpes me hizo un coágulo en la cabeza. Todavía me duele”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Una vez la vieja Liliana (N. de la R.: Liliana Medina es dueña de varias whiskerías en La Rioja, y actualmente está procesada y detenida por la causa de Marita) se puso loca porque una brasilera le pidió su plata. Era negra, con trencitas largas, trabajaba en bikini blanca. La vieja la agarró del cogote a la brasilera y la empezó a zamarrear y la ahorcó, y después la tiró de un segundo piso, pero la chica cayó muerta. Después la vieja me agarró a mí, me empujó sobre la escalera para que mirara y me dijo que me iba a hacer lo mismo si yo abría la boca”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Una vez Liliana me pegó un tiro en la pierna izquierda. Después, entre ella y el Chenga (N. de la R.: el hijo de Liliana Medina) me sacaron la bala con una aguja de tejer y sin anestesia, y cada vez que grité me dieron un trompazo”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“A las chicas que llegaban a la whiskería embarazadas, Liliana las hacía abortar con una sonda con alambre”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; “A mediados de 2002 vi a Marita Verón en la casa de Liliana: Marita llegó en un auto blanco y yo la recibí. Le serví un café”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Esto es una empresa y por vos pagué dos mil cuatrocientos pesos (ochocientos dólares)–le dijo Medina a Marita-. Tenés que cubrir ese monto y recién después, si querés, te vas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese mismo día, según el testimonio de Darrosa, tiñeron a Marita de rubio y le pusieron lentes de contacto celestes. A la noche tuvo que empezar a trabajar, pero como no sabía tratar a los clientes –se sentaba lejos, no les conversaba- alguien le enseñó a atender a golpes. Cuando Marita cubrió con su trabajo los dos mil cuatrocientos pesos de “deuda”, Medina le explicó algunas cosas más:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Escuchame, nena, ¿pensás que acá comés y dormís gratis? Tenés que pagar tu comida y tu alojamiento. Son 1500 pesos más, y después te vas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Medina era obesa, tenía pocos dientes y su cara estaba llena de lunares. Pero Marita la miraba como si todo diera igual. Pasados unos días cubrió ese monto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Vos no sabías que acá hay un reglamento? –le dijo Medina-. Si no pasás con diez clientes por día estás multada. Si conversás con otra chica o te dormís y llegás tarde al salón, estás multada. Si le faltás el respeto a un cliente estás multada. Ahora nos debés mil pesos en multas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así fue como Marita, como tantas otras chicas, se fue quedando. La whiskería se llamaba El Desafío. En algún momento, en una de sus paredes externas, Marita escribió, en letras rojas e inmensas, “Micaela te amo”. Trimarco vio esta inscripción en junio de 2004, un mes después de que fuera rescatada Andrea Darrosa, dos años después de la desaparición de su hija.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Trimarco había viajado a La Rioja acompañada por su nieta Micaela, su marido, y el comisario Tobar. El objetivo de ese viaje era que Darrosa, ya a disposición de la Justicia, señalara los lugares donde habían sido enterrados los cuerpos de las mujeres “rebeldes”. Pero el juez a cargo –Daniel Moreno- jamás permitió que Darrosa hablara con Trimarco. Pasado un mes de espera, Tobar y Verón decidieron volverse a Tucumán. En La Rioja, por lo tanto, sólo quedaron Trimarco y su nieta, que entonces tenía cinco años de edad. Una mañana, la dueña del hotel le explicó a Trimarco que había que pagar la cuenta. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Son 7500 pesos (2500 dólares)–dijo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Yo tengo 20 pesos –contestó Trimarco. Eso era lo último que le había quedado luego de vender, a lo largo de dos años, su casa, el departamento de Marita, dos autos y el almacén.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Trimarco tomó su cartera, salió del hotel, cruzó la plaza principal y se metió en la casa de gobierno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Quiero hablar con el gobernador –dijo en la entrada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—El señor gobernador no está.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Quiero hablar con el gobernador y de acá no me muevo y no me interesa lo que tengan para decirme y no me toquen ni un pelo de mi cuerpo porque les destrozo todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Trimarco empezó a gritar y a patear puertas. Cinco minutos después, bajó un hombre de traje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Cuánto es? –preguntó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Siete mil quinientos pesos, poca plata para los que me deben mi hija.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Trimarco aullaba y Micaela, su nieta, sólo podía abrazarla. Al día siguiente, una enviada del gobernador pagó todas las cuentas. Pero la mayor deuda quedó sin saldar: Darrosa sólo fue liberada cuando Trimarco se fue de La Rioja, es decir que el viaje no sirvió de mucho. Por este tipo de episodios, el juez Daniel Moreno actualmente está en juicio político: se lo acusa de haber puesto múltiples obstáculos en la causa de Marita Verón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Micaela tenía tres años cuando desapareció su madre. Susana le explicó que se la habían llevado unos ladrones, y así fue que la niña, todas las noches, empezó a hundirse en horrores aún mayores que el horror de la infancia: quería ir a dar vueltas en auto para ver si la encontraban a Marita, y al momento de dormir, en sueños, le tocaba la cara a su abuela para ver si ella seguía ahí.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Desde el secuestro, Trimarco y Micaela viven juntas. David Catalán, el padre de Micaela, argumenta que él no siempre tiene trabajo y que es mejor que la criatura crezca bajo el ala de alguien que puede darle “todo”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces Trimarco dice que Micaela es su tercera hija. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Abu, ¿me podés peinar?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Micaela aparece en el comedor de la casa. Es una criatura de piel diáfana, boca pequeña y ojos muy grandes. Su pelo es negro, lacio y espeso; Trimarco lo peina con la mano pesada. Dos días atrás, cuando su abuela la arreglaba para ir a la escuela, Micaela le hizo una pregunta. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Abu. ¿Mi mamá me va a reconocer cuando vuelva? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Trimarco cuenta que, en ese momento, la cara se le vació de gestos: no supo qué decir. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Mi amor, ¿cómo no te va a reconocer? –contestó al fin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y cuando la vea qué le digo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No le digas nada. Abrazala fuerte y dale muchos besos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Micaela siempre reacciona como si entendiera. Todos estos años, en realidad, tuvo que entender cosas que son imposibles de entender por nadie. Trimarco la ha llevado consigo a casi todas partes. Por este tipo de cuestiones, David Catalán dice que su hija queda expuesta a diálogos e imágenes que le pueden hacer daño. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Susana se pone ciega, irracional, y se larga a hablar: no registra que la nena está cerca -se quejará más adelante-. Por más que Micaela sepa el tema de su madre, tampoco uno le puede estar contando tanto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Micaela se mueve por la calle con custodia policial. Desde que se abrió la causa, a Trimarco la amenazan varias veces por semana (principalmente, le dicen que se van a llevar a su nieta) y es así que el mundo, para Micaela, es un lugar que exige estar alerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora son las seis de la tarde –el horario de salida del colegio- y la niña viaja en una camioneta oficial, reclinada sobre la luneta de adelante. Tiene el mentón sobre las manos, y mira el paisaje de naranjos como si esa imagen tuviese algo que ver con la paz. Entre los árboles va apareciendo su casa, y en la vereda está su padre. El hombre la saluda con un abrazo y la hace entrar al hogar de Trimarco. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Catalán trabaja como obrero en una construcción y, salvo los días francos, está todo el día fuera de su casa. Él dice que es por eso que ve poco a Micaela. También la ve poco porque sabe que Trimarco no lo aguanta. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Desde que me conoció me trató de negrito de mierda. Toda la vida ella fue, hablando vulgarmente, la vieja cheta que quería para su hija un cheto. Pero aparecí yo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Catalán recuerda que su vida con Marita fue feliz. Buscaron un hijo y lo tuvieron. Quisieron una familia y la armaron. Marita era sincera, humilde, luchadora y de gran corazón: “Una verdadera mujer” dice. Una mujer que tenía una madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Días después, Catalán sumará un detalle que Trimarco no contó. Cuando compraron el departamento en Las Talitas –con ayuda materna- Trimarco se compró una casa a cien metros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ella siempre estuvo en el medio de nosotros. No teníamos vida independiente. Por ahí ella andaba embroncada con su marido porque toda la vida ellos han peleado, y se la agarraba conmigo. Decía que yo era un vago. Susana siempre tuvo carácter muy fuerte, pero bueno. También gracias a eso se avanzó tanto en la búsqueda de Marita… Yo a Marita la espero. Yo sigo esperando que podamos reconstruir la pareja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La falta de constancia laboral no es el principal motivo por el que Trimarco, a esta altura, rechaza a su yerno. El verdadero problema es la forma en la que el hombre decidió salvarse: al año y medio de la desaparición de su mujer, abandonó la búsqueda y se alejó, también, de su hija. Catalán ve poco a Micaela, tampoco pasa dinero, y por ende Trimarco vive cada vez con menos plata. Antes de la desaparición de Marita, se ganaba la vida como asesora en temas sociales en la Municipalidad y como vendedora de cosméticos por catálogo. Pero ahora, la causa de su hija arrasó con todo, y Trimarco subsiste como puede: vendió todos sus bienes (ahora vive en la casa de su suegra); los pasajes y los hoteles se los paga el gobierno (Trimarco los exige a las patadas); y diez meses al año cobra 230 dólares del Estado para la manutención de Micaela. Además, está el sueldo de su marido, un hombre que solía ser fuerte hasta que un día se derrumbó por completo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cara de Daniel Verón está vencida por la ley de gravedad. Las ojeras, el mentón, la papada y la comisura de los labios se desarman en pliegues que parecen metáforas de algo todavía mayor. Algunos meses atrás, Verón tuvo un derrame cerebral y desde entonces su salud es compleja. No quiere hablar con la prensa, pero principalmente no quiere ver a su mujer. De hecho en abril de este año, como tantas otras veces en las últimas dos décadas, se fue de la casa. El detonante fue una cama.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante años, Trimarco dio contención, casa y comida a las decenas de chicas que rescataba de los prostíbulos. Entre esas mujeres estaba Blanca V.: una criatura que sobrevivió a los burdeles, pero no a la adicción a la cocaína. La paciencia de Daniel Verón llegó a su límite cuando Trimarco, al ver que no tenía donde dormir, le regaló a Blanca la cama de su hija, un mueble pintado a mano por la propia Marita. A las dos horas de haber recibido el mueble, Blanca lo vendió a cambio de un polvo. Cuando Verón se enteró de que la cama ya no estaba en casa, no pudo soportarlo y él también se fue. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy, el principal compañero de Trimarco –el hombre con quien pelea y a quien recurre- no es su marido sino el comisario Jorge Tobar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Actual integrante de la División de Inteligencia de la policía tucumana, y amigo de la infancia de Daniel Verón, al tercer día de la desaparición de Marita, Tobar fue buscado por la familia para que los ayudara en forma paralela. Dos meses después de la apertura de la causa, la fiscal vio que la investigación de Tobar iba más rápido que la oficial, y le ofreció hacerse cargo del caso. Desde entonces –y a pesar de las infinitas resistencias que encuentra dentro de la misma Policía- Tobar es la mano ejecutora de todos los allanamientos que exigió Trimarco. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tobar tiene un gabán beige, anteojos, una cabeza calva, y el aspecto edulcorado de un bancario en horario de almuerzo. Con la voz sedada, metódica, perturbadoramente prolija, él cuenta, sentado en su despacho, cómo es que una chica que sale a comprar pan puede terminar vendida a un proxeneta. Tobar dice que algunas son metidas en un auto de los pelos, pero que otras –muchas otras- llegan engañadas por alguien que las enamoró. Hay hombres que esperan a las chicas a la salida del colegio. Las invitan a tomar café, se ponen de novios, les hablan de un presente perfecto: “Yo tengo –dicen-una empresa en Buenos Aires, y vine a Tucumán a hablar con algunos clientes”. Lentamente, empiezan a trabajar para que la chica llegue tarde a casa, discuta con sus padres, se sienta incomprendida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No te hagas problema por lo que te diga tu papá. Si te llega a decir algo te venís a vivir conmigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre les inventa esta historia a varias mujeres a la vez. Cuando las convence, las chicas se van de su casa por propia voluntad: un argumento que, jurídicamente, equivale a una “fuga del hogar” e impide hablar de secuestro. Una vez que la víctima llega a destino, es vendida a una whiskería por un monto que oscila entre los 700 y los 1000 dólares. Si la chica insiste con querer irse o no querer trabajar, la desnudan, y la llevan a un “chanchito”: un receptáculo donde sólo se puede entrar de pie, y donde las chicas rebeldes son encerradas hasta que entiendan la importancia de ser mansas. A veces, ni siquiera hace falta encerrarlas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Si las mujeres tienen hijos, sus captores muchas veces les muestran fotos y videos de los niños –cuenta Tobar-. Les dicen: “Mirá cómo está saliendo del colegio. Mirá a qué hora entra, quién la lleva, quién la trae, cómo juega con la amiguita. Mirálo en la vereda, mirá qué fácil, mirá qué cerca le sacamos la foto”. Así de tremendo. Y yo creo que eso están haciendo con Marita. Por eso ella, si es que está viva, no debe querer ni escaparse. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tobar cree que hay tres grandes destinos para Marita. Puede estar muerta. Puede estar viva. O puede estar irrecuperable: después de cinco años, especula Tobar, Marita quizás esté psíquicamente doblegada, adicta a las drogas y con la moral tan baja que no pueda enfrentarse a la prensa, a la sociedad y a la idea de que, si ella abre la boca, le puedan hacer algún daño a su hija.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Hay un gran peso sobre esta chica, y tal vez ella no pueda soportarlo. Es una personita de mucho valor, Marita Verón. Es un símbolo de muchas cosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tobar se queda respirando en silencio, y luego hace una mueca de disgusto. Cuenta, finalmente, que hubo un día en el que Marita casi fue liberada. Pero se le escapó. Tobar había viajado a La Rioja con una orden de allanamiento en la whiskería El Desafío, pero extrañamente, minutos antes de que él llegara, un auto huyó con tres hombres y una chica. Esta fuga es el principal motivo de discusión entre Tobar y Trimarco: ella no le perdona que, habiendo estado él tan cerca, el operativo haya fallado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sacaron a Marita Verón delante de mi nariz. Alguien de la justicia riojana les ha avisado de la orden de allanamiento, y ellos decidieron llevársela- admite Tobar. Y agrega que la mayor complicación que tienen los captores con Marita es que no saben qué hacer con ella. Si la matan, las personas que ya están procesadas en la causa, que son veintisiete, deberían cumplir condena ya no por secuestro, sino por homicidio. Y si la liberan también es un problema. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Susana ya es conocida en todo el país, la gente confía más en ella que en nosotros, y eso a Marita no sé si la favorece –explica Tobar-. Los captores deben saber que, si la liberan, Marita no se va a quedar callada y va a dar nombres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno de los últimos logros de Trimarco fue Jessica Cativa, una chica de 20 años que estuvo retenida en un burdel y que fue liberada por sus propios secuestradores luego de que su familia, cansada de pedir ayuda a la policía, recurriera a Trimarco. Para llegar hasta Jessica hay que cruzar un basural, una vía, y una tierra atravesada por infinitas estrías de agua inmunda. Abajo, el vaho cloacal lo inunda todo. Arriba, la noche está empezando y se abre un cielo escandalosamente azul. La luna está limpia, se escucha un chamamé. Jessica ceba un mate bajo un tinglado de chapa, y cuenta, sin ganas de contar mucho, que estuvo cuatro días en un prostíbulo. Como se negó a trabajar, la encerraron en un cuarto, la durmieron con pastillas, y para cuando despertó estaba sin ropa. La misma noche del secuestro su madre empezó a buscar respuestas: fue a la Policía y fue a Tribunales. Como nadie la tomaba en serio –“se debe haber escapado de su casa”, le decían- consiguió el teléfono de Susana Trimarco, a quien ya conocía de la televisión. Luego de que Trimarco pateara algunas puertas, y las pateara en serio, Jessica fue liberada en las afueras de Tucumán. Días después, un peritaje revelaría que la violaron varias veces, y el testimonio de Jessica sería incorporado a la causa de Marita Verón. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde entonces Jessica vive, sin custodia policial, en la misma casa donde nació: dos dormitorios de chapa, un olor fétido, y un vecindario que la trata como a una mentirosa. Todos piensan que ella no fue secuestrada, sino que se escapó con un hombre. Y nadie quiere escuchar que a Jessica, desde hace unos meses, la están amenazando: le exigen que retire el testimonio de la causa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Hace tres días, tres tipos me esperaron a la salida del colegio, me metieron en un auto y me dijeron que si no me callaba me iban a cagar a golpes. Necesito hablar urgente con la señora Susana: ella va a creerme -dice Jessica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dice y llora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente Jessica llega a la casa de Trimarco, pero la empleada doméstica dice que salió a hacer trámites. Jessica se sienta en el living a esperarla, hasta que media hora más tarde, desde la calle, se escucha una voz que grita y se acerca. Trimarco tiene el móvil en la mano y entra al living con fuerza de rompiente. Lleva el pelo arreglado, pestañas con rimel, piel humectada, y un perfume que lo cubre todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Ustedes son unos vagos, sinvergüenzas, descarados y payasos! ¿Cómo me van a decir que se rompió el auto de la custodia? ¡Entonces me traen otro! ¡Mentirosos! ¡Caraduras! Apenas tenga yo mi Fundación no piso más esta maldita casa de gobierno y no le quiero ver la cara a ninguno de los mafiosos que trabajan con usté. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Del otro lado de la línea está el ministro de Justicia de la provincia. Mientras le grita, Susana mira a Jessica, guiña un ojo, y sonríe como si toda la escena fuera un gag. Luego corta, maldice un par de veces más, cuenta que le van a poner un auto nuevo, y cambia de humor con la velocidad con que alguien cambia de sombrero. Su cara ahora se relaja. Abraza a Jessica con una ternura que, de golpe, parece desintegrarlo todo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora ninguna de las dos habla, pero Jessica llora en su hombro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Chiquita –dice Trimarco-. Chiquita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Son las doce del mediodía y la casa, al fin, queda hundida en un silencio de provincia: los potus cuelgan, el patio está vacío, el piano está cerrado y la felicidad de las fotos tiene la misma lejanía de una portada de revista. Segundos después, Micaela llega con el uniforme puesto y le pide a su abuela, una vez más, que le arregle el cabello. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella acepta y la peina con la boca apretada; quizás intenta contener el llanto. La nariz de Trimarco tiene orificios grandes y oscuros. Dos cuevas que se achican y se ensanchan de un modo casi rítmico, como si marcaran el paso de una danza dolorosa y extraña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;* Este texto salió inicialmente en la revista Gatopardo, y luego fue publicado en Historia de una mujer bomba y otros relatos, antología de crónica de la Universidad Adolfo Ibáñez de Chile.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-6810880141035101065?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/6810880141035101065/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=6810880141035101065' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/6810880141035101065'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/6810880141035101065'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2012/02/historia-de-una-mujer-bomba.html' title='Historia de una mujer bomba *'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-IPgKjrxwQF4/TzJogzqxS-I/AAAAAAAAAIs/0YNJx9cWWpM/s72-c/Ver%25C3%25B3n.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-6518710582206420878</id><published>2012-01-30T09:41:00.001-08:00</published><updated>2012-01-30T09:41:49.451-08:00</updated><title type='text'>Flecha</title><content type='html'>"Tensa el arco al máximo mientras escribes y después suéltalo de un solo golpe y ve a beber vino con los amigos. La flecha ya anda por el aire, y se clavará o no se clavará en el blanco; sólo los imbéciles pueden pretender modificar su trayectoria o correr detrás de ella para darle empujones suplementarios con vistas a la eternidad y a las ediciones internacionales”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Clarice Lispector, hermosa como siempre.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-6518710582206420878?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/6518710582206420878/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=6518710582206420878' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/6518710582206420878'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/6518710582206420878'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2012/01/flecha.html' title='Flecha'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-2575929252054743093</id><published>2012-01-27T05:19:00.000-08:00</published><updated>2012-01-31T18:03:47.435-08:00</updated><title type='text'>Alguien tiene que morir*</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-Z2dXiXcRzNk/TyKlcfWKmkI/AAAAAAAAAIg/XBuzxSc01Go/s1600/ciudad.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 150px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-Z2dXiXcRzNk/TyKlcfWKmkI/AAAAAAAAAIg/XBuzxSc01Go/s200/ciudad.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5702301987073858114" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego de la discusión Julia tomó la bolsa de dormir y se fue al balcón. No fue un gesto teatral: fue una operación práctica. Juntó algunas cosas -llaves, cigarrillos, celular, el palo de la escoba-, sacó la bolsa del placard y cruzó el salón con los brazos cargados. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al principio Diego no se movió. Estaba arrumbado en un sillón; tenía la mirada fija en una vela encendida. Pero una vez a la intemperie Julia cerró el ventanal y lo trabó con el palo. Fue una acción rápida y brusca que sacó a Diego del trance. Él se había quedado adentro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué hacés? –Se puso de pie. Golpeó el cristal-. ¡Julia!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella no respondió. Se dedicó a desenrollar la bolsa con detenimiento. Atrás del vidrio, la voz de Diego era una invocación ahogada y llena de palabras como “abrí”, “hablemos”, “calor” y “no es para tanto”, pero nada parecía llegar al otro lado. Julia hizo un pequeño gesto de desprecio con la mano –como si las palabras fueran moscas- y luego tomó el celular y le alumbró la cara con malicia: era su marido, sí. Y se estaba asfixiando. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Giró sobre sí misma. De cara a la ciudad prendió un cigarrillo. Era una noche negra. Medio Buenos Aires estaba sin luz y todos parecían presos en una cárcel sin bordes. Recordó un libro de la infancia. Todavía lo guardaba en la biblioteca del living. (“Para cuando tenga hijos”, decía. Pero ese es otro tema). El libro se llamaba Había una vez un pueblo y contaba la historia de una aldea devenida en gran metrópolis, en la que el sol –cansado de las opulencias del progreso- se iba para siempre y dejaba a los vecinos en una oscuridad mortuoria. La parte inolvidable de ese cuento era un dibujo: hacia el final, cientos de personas rompían los techos de los edificios en una enardecida búsqueda de oxígeno y luz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así, como en aquella historia, estaban todos esa noche: cuarenta grados y un aire duro como una pared.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡¿¿Te llevaste las llaves??!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A espaldas de Julia, Diego iba enterándose de cómo eran las cosas. Ella tragó el humo. Habló. Las palabras le salieron grises.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— Mi abuelo tenía unos binoculares –dijo-. Los llevaba a las carreras de caballos. Cuando iba de visita yo los usaba para mirar desde el balcón. Quería encontrar gente desnuda, novios besándose. Era chica. Sobrevaluaba la vida de pareja. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él no escuchaba. Hacía esfuerzos pero el cristal era grueso y estaba empezando a empañarse. Diego tenía la piel brillante y salitre, las sienes mojadas. Pronto se quitó la remera y se limpió el sudor. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Julia, mirame –golpeó el vidrio-: ¡Soy yo! Todo va a estar bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Julia soltó una carcajada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—“No te suicides, soy yo”, sos patético, parecés un gato rascando la puerta de entrada –dio la vuelta y miró-. Ay, Diego... ¿Tenés calor? ¿Viste que teníamos que comprar todo externo? ¿Querés que te abra? ¿Y si no te abro? –aplastó la colilla con el pie descalzo-. Alguien tiene que morir, Diego. Hoy te mataría. Por eso me encierro. O te encierro, no sé… –volvió a darle la espalda-. Puntos de vista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Julia!!!!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de gritar “Julia”, Diego escupió una lista de palabras lacerantes que ya no parecían hacer daño. Era un francotirador a ciegas. Cuando lo entendió, calló. Se deslizó hasta el piso y todo quedó en silencio. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ciudad era un pozo. Sólo se oía el ruido de los autos y los perros, pero el resto de las cosas parecía aplastado por el espesor infame de los aires de enero. Julia recorrió el paisaje con la vista. No había familias frente al televisor, no había bebés, no había cenas románticas: no había nada. Todas las casillas del mundo doméstico se habían fundido a negro y sólo quedaban las horas largas, la vida irrespirable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Che, Diego –golpeó el cristal con el pie-. ¿Tenés idea de cuántas familias sobreviven a un corte de luz? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diego no contestó. Julia tampoco esperó respuesta. Sólo se reclinó sobre la baranda y se dispuso a seguir mirando. En el balcón de enfrente, oscura sobre un fondo oscuro, distinguió –en algún momento- la silueta de una niña. A la altura de los ojos, el brillo de un binocular hizo la única luz de la noche. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;&lt;br /&gt;* Publicado en Clarín, enero de 2012&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-2575929252054743093?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/2575929252054743093/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=2575929252054743093' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/2575929252054743093'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/2575929252054743093'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2012/01/alguien-tiene-que-morir.html' title='Alguien tiene que morir*'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-Z2dXiXcRzNk/TyKlcfWKmkI/AAAAAAAAAIg/XBuzxSc01Go/s72-c/ciudad.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-7747975566499356282</id><published>2012-01-16T05:32:00.000-08:00</published><updated>2012-01-16T05:45:23.956-08:00</updated><title type='text'>Iberá*</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-TyW30-LrYcE/TxQp6tNBorI/AAAAAAAAAIU/29dLhAcgLFw/s1600/camalote.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 134px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-TyW30-LrYcE/TxQp6tNBorI/AAAAAAAAAIU/29dLhAcgLFw/s200/camalote.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5698225517073900210" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marisi López conduce su camioneta. Los brazos tensos, el torso erguido, la ruta gris –vacía- metida en los ojos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Deberías conocer a mi jefe –dice.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marisi tiene huesos finos, piel bronceada. Gira la cabeza y sonríe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Doug es muy especial. Doug es yanqui.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A los costados, el paisaje es una sucesión de aguas y plantas muy verdes. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Y a los de acá, que venga un tipo con plata, para colmo yanqui, y les diga cómo hacer las cosas no les gusta nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Acá” es Corrientes: una provincia del noreste argentino, ubicada a casi 800 kilómetros de Buenos Aires y conocida en términos turísticos y ambientales porque en ella están los Esteros del Iberá: una superficie de 1.450.000 hectáreas que conforma una de las mayores reservas acuíferas del mundo, y el lugar donde montó parte de su imperio ecológico Douglas Tomkins: un magnate americano –el jefe de Marisi- que en los últimos años se ha transformado en el mayor benefactor y el mayor interrogante en la provincia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde el año 1998, a través de la Land Conservation Trust –una ONG creada en Estados Unidos y presidida por Tomkins-, lleva compradas 150 mil hectáreas en los Esteros. Y lo cierto es que, si bien el objetivo –avalado por las Naciones Unidas- consiste adquirir tierras privadas, someterlas a un manejo de “conservación” y luego devolverlas saneadas al Estado, el recelo –cuando se trata de Tomkins- es, en Corrientes, una condición del aire.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Corrientes tiene tiempos de pueblo. Y mi jefe tiene los tiempos de, bueno, de mi jefe. No importa que tenga razón. Si viene un extranjero con dinero y paga para que tu provincia esté mejor y quiere que todo se haga pronto, vos dudás –dice Marisi mientras sale de la ruta, entra a un camino de tierra y mete el morro de la camioneta en la Gran Reserva Nacional del Iberá. Ahora, debe detener el coche frente a un grupo de carpinchos. Son animales morrudos, pesados: ratones gigantes y de ojos moluscos que miran hacia algún punto indefinido del camino. Los carpinchos se retiran lentamente. Han aprendido a vivir con aplomo. Al no tener aquí predadores naturales –y al estar prohibida la caza furtiva- estas criaturas reinan en la zona. Estas, y tantas otras. En los últimos años, la intervención de Tomkins permitió recuperar animales en peligro de extinción –como el ciervo de las pampas y el oso hormiguero-, y transformar al Iberá en un vergel que hoy se explota turísticamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Colonia Carlos Pellegrini, un pueblo mínimo que opera como el principal acceso a los Esteros, hay un camping para pasar la noche en carpa y hay 350 camas (de las cuales diez corresponden a Rincón del Socorro: una de las dos haciendas ubicadas en terrenos de la CLT). Y por afuera de la Colonia, hay –desde el pasado septiembre- un segundo ingreso público creado por la CLT y transformado, dada su inauguración reciente, en un secreto dentro de la provincia. San Nicolás –así se llama el acceso- tiene también un camping y es el punto de conexión acuática –ya que el otro es aéreo- con el grial de los Esteros: la isla de San Alonso, también –sí- de Tomkins. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allí, en un terreno de 56 mil hectáreas donde no hay energía eléctrica ni señal de teléfono, una familia de ermitaños recibe y atiende –en un caserón rústico y perfecto- un turismo exclusivo y en mínima escala. En San Alonso hay sólo cinco habitaciones y tres baños. El resto es agua, aves, venados, carpinchos, caballos y un cielo cóncavo y espeso que lo encierra todo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ése es mi destino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los Esteros del Iberá son un entramado de islas, islotes, bañados y lagunas (“Iberá” significa “agua que brilla” en dialecto guaraní) que en 1989 fueron convertidos en Gran Reserva Nacional y que se distribuyen sobre una superficie que toma el 15 por ciento de la provincia de Corrientes. Allí, el 60 por ciento del terreno es privado y, dentro de los privados, la CLT de Tomkins es –por lejos- la que tiene la mayor parte. Lo que genera temores. Para algunos, Tomkins está llevando a cabo una maniobra monopolizadora de los Esteros y está a la altura de cualquier magnate con prontuario como Joe Lewis o Luciano Benetton. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, en la práctica Tomkins –catalogado de “ecologista radical”- no parece haberse dedicado a la compra especulativa de tierras, sino más bien lo contrario: a lo largo de dos décadas, la CLT se agenció superficies otrora destinadas a la actividad productiva industrial –ganadera, agrícola o forestal- y les fue restituyendo lentamente parte de su flora y fauna perdidas. Las consecuencias son políticas (Tomkins quiere donar todas sus tierras a Parques Nacionales, siempre y cuando el gobierno correntino haga lo mismo con sus terrenos fiscales: un pedido que hoy es centro de disputa entre Tomkins y el gobierno provicial) y también estéticas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De camino al Arroyo Carambola, a siete kilómetros del camping de San Nicolás –y desde donde parte la lancha a San Alonso- el paisaje es un inmenso territorio signado por la humedad, los pastos altos, los venados y las cigüeñas que baten sus alas con una elegancia que recuerda a la melancolía. También hay carpinchos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Cuando ven el primero, todos los turistas se bajan del coche para hacer una foto –dice Marisi, quien trabaja como coordinadora del Proyecto Ruta Escénica del IBerá por la CLT-. No saben que después ven los carpinchos hasta en sueños. Son una plaga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Afuera de la reserva, los carpinchos tienen un destino bastante menos romántico. Uno de estos bichos equivale a 30 kilos de carne y Corrientes es –sigue siendo- una provincia pobre, por lo que hay familias que los cazan de modo furtivo y se comen hasta la cabeza. Pero eso no sucede en el imperio Tomkins. Aquí hay carpinchos como en las ciudades hay palomas. Entre los pastos, bajo el agua, sobre los caminos: los carpinchos –sin predadores naturales ni humanos- viven en estado de silenciosa revancha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así, pues, escoltada desde lejos por esa colonia de criaturas, meto el pie en la lancha que me lleva a San Alonso. Lo que sigue es un viaje de una hora que puede resumirse así: hay un viento fresco en la cara, un motor de rugido cansino y un curso de agua lleno de camalotes, flores de tono escandaloso –amarillas, fucsias, violetas-, aves inclasificables, yacarés, carpinchos –siempre carpinchos- y unos pastos blandos, esponjosos, que se van desgranando sobre las aguas claras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Antes, cuando no estaban las lanchas a motor, todo este trayecto se hacía a caballo. Eran catorce horas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y si el caballo no hacía pie?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Nadabas con el caballo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eso dice Omar Rojas, el varón que conduce la lancha y que me albergará, junto a su familia, en la hostería de San Alonso. Omar y su clan son las únicas personas que viven en la isla. Una hora después, todos me darán la bienvenida y me servirán té con chipás –unos exquisitos bollos con sabor a queso, característicos del noreste argentino- y me conducirán hasta mi habitación. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;San Alonso tiene cinco cuartos dobles, tres baños –dos de ellos, compartidos- y algunas luces que sólo funcionan de ocho a diez de la noche. Pero ahora –pasado el viaje en lancha- son las cinco de la tarde y el cuarto está en penumbras. La falta de corriente eléctrica me da –noto- una especie de shock nervioso. Aquí no hay señal de teléfono móvil (hay sólo un aparato de línea en la casa de los Rojas), no hay televisor, no hay radio, no hay películas, no hay Internet, y no hay –lo dicho- luz artificial que ilumine cosa alguna. Miro mi ventana. Unas gotas suaves –una lluvia breve- caen sobre las hortensias. El repiqueteo del agua es un mantra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me duermo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un rato después, salgo a la galería de la estancia y me siento a leer. Estoy sola. No hay más turistas –el lugar funciona dentro de un circuito exclusivo y poco difundido- y tampoco está Tomkins. Aunque podría estar. El hombre tiene su domicilio fijo en su otra estancia –Rincón del Socorro, que queda en Colonia Carlos Pellegrini- pero viene en avioneta cada vez que quiere. Si bien afuera del Estero se traslada con una sencillez insólita (de Buenos Aires a Corrientes viaja en ómnibus semicama, y de Corrientes a Chile va en auto), aquí adentro es conocido por el runrún de sus alas: cuando está, Tomkins sobrevuela los esteros, toma fotos –por caso, de un tejado roto o de una huella de auto que no debería existir- y luego las manda por mail para pedir explicaciones. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—A él le gusta que todo esté perfecto, incluso desde arriba –dijo Marisi horas atrás, antes de despedirnos-. Tampoco le gusta que haya huellas de autos fuera de los caminos trazados. “La estética informa las cosas” dice mi jefe. Deberías conocer a mi jefe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero el jefe no está. El 12 de diciembre Tomkins se fue en auto hasta su casa en el parque Pumalín -donde tiene buena parte de sus tierras- y su idea es quedarse allí hasta que pasen los aires sofocantes del verano. En San Alonso, pues, sólo quedan los que quedan siempre: los Rojas. Seis personas que se mueven por la estancia con la suavidad de un arrullo, y que hicieron del silencio su mayor acervo cultural. Los Rojas han vivido aislados desde que tienen memoria. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—A nuestros hijos, a leer y escribir les enseñamos nosotros –dirá mañana Omar, mientras andemos a caballo-. Yo soy el director, el maestro: todo. Yo me ocupo de que aprendan lo importante. Ellos saben que lo importante es trabajar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y trabajan. Y sus cuerpos –carnes fuertes, decididas, enfundadas en ambos de algodón blanco- trabajan. Y eso, parece, es lo más que puede hacerse en San Alonso. Ahora –ocho de la noche- Mercedes, una de las hijas mayores, aprovecha las dos horas de luz eléctrica y sirve una cena. Disfruto mi plato –pastas caseras- acompañada por el bullicio de los pájaros nocturnos. Luego la familia Rojas se retira y me quedo en el caserón y lo único que permanece vivo, llegada la noche, es la noche. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gritos. Miles de aves chillan, aletean y se sofocan como si fueran chicas antes del baile. Hay gorjeos agudos, graves, largos, secos; hay un batir de alas y de hojas; hay un trajín, un viento, un canto feroz: esta es la hora pico de las aves. Se cree que en la zona hay unas 350 especies distintas y amanezco con cada una de ellas en mi oído.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Son las nueve de la mañana. Me levanto de excelente humor –milagros de la isla- y tomo un desayuno –artesanal, abundante- de cara al parque que rodea la estancia. Me distraigo viendo cómo va, de un lado a otro, sin destino preciso, una de las niñas de Omar y Antonia. Se llama Graciela, lleva ropas fucsias y, vista desde la distancia, parece un pétalo suelto y empujado por algún viento errático. Graciela se aburre entre las hortensias. O entre cualquier otra flor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es un lindo día para caminar. El sol es suave para ser verano. Omar –bombacha azul, sombrero de ala negro, pies descalzos- saluda, me da las indicaciones para recorrer el sendero de un bosque –uno pequeño, de árboles autóctonos, que queda a quinientos metros del casco de estancia- y luego me ofrece un handy.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Por si usted se pierde –dice. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soy orgullosa y rechazo todo artefacto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Si en dos horas no vuelvo, me buscan –digo y parto. Ahora me siento Indiana Jones, o la novia de Indiana Jones, o cualquier cosa distinta de lo que soy: una chica de ciudad con imaginación frondosa y zapatillas All Stars. Camino lentamente hacia el bosque. Cruzo, para ello, toda la pista de aterrizaje de Douglas Tomkins: una inmensa explanada de pasto sano y perfecto, y el principal motivo por el que los caseros viven en la isla. Mantener cortado el césped de la pista y del parque que rodea la estancia –y mantener el casco en condiciones de integridad y limpieza- es el principal trabajo de la familia Rojas. Y se lo toman en serio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por afuera del perímetro cortado a mano, el resto del campo es un inmenso mar de flecos ambarinos. Esos son los famosos pastizales de Tomkins y ahí adentro se almacena todo lo que este hombre añora: infinidad de carpinchos (que se alimentan de esos pastos), aves, ciervos, y una larga lista de insectos que es mejor no conocer a fondo. Hacia el final del camino está el bosque: un camafeo de árboles oscuros que encierra el secreto de un mundo paralelo. Adentro vuelan aves de alas grandes y hay sombras, monos, chicharras, en fin: falta el humo negro para que esto se transforme en Lost. Avanzo por un sendero angosto y el pelo se me enreda en las plantas. El bosque es un cuerpo en movimiento. Hago esfuerzos por no pisar nada que esté claramente vivo. A partir de ahora, soy ecologista ya no por convicción sino por superstición: cada pisada puede desencadenar la furia y la venganza del pequeño mundo que me aloja y que ahora me escupe: he salido. Es un mundo bravo, pero bastante breve. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos horas después estoy en la estancia. Allí espera Antonia con el almuerzo listo (carne y verduras asadas), y allí están las niñas merodeando sin rumbo. Luego de comer, los Rojas se van a su siesta y me quedo en la galería, sola, leyendo un libro mientras sobre mi cabeza van y vienen dos picaflores. Las criaturas flotan como adornos. Las miro. Supongo que me duermo mirando los pájaros, pues en algún momento siento un susurro: es Antonia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Despierte –dice.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habíamos acordado con Omar en ir cabalgar cuando bajara el sol, así que me levanto y voy a cambiarme. Al regresar encuentro a la pareja agazapada, en silencio, mirando la portada de mi libro: Biografía del Hambre, de Amélie Nothomb.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Qué es eso –dice uno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Les explico la idea de biografía. Les cuento que Nothomb sufrió anorexia por dos años. Les explico la idea de anorexia. Ellos responden un “ah” largo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ahhh.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y sé, sin gran esfuerzo, que en este mundo son otras las palabras que importan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Omar y Antonia se conocieron hace veintiocho años en un paraje llamado Ñu Pij, que ahora puede verse desde la distancia pues ahí se yergue un bosque de eucaliptos. Se casaron un 17 de diciembre y el 1 de marzo ya estaban trabajando en San Alonso. En un comienzo, el dueño del lugar era empresario ganadero y el trabajo era duro porque la vida, en general, era dura. Omar lidiaba con las vacas, y una vez cada tres meses iba junto a su familia a buscar alimento a la ciudad de Concepción, cercana a la isla. Eran travesías de catorce horas que la pareja hacía con sus hijos en andas -cuando eran muy pequeños- o en caballos propios, cuando ya tenían seis años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para ellos, el curso de agua con florecillas blancas, los carpinchos remojando sus carnes gordas en los barrales, los camalotes, las gaviotas, los ciervos, los biguaes, los chajás, las monjitas franciscanas: para ellos nada de esto se asociaba a la palabra “paisaje”. Para los Rojas, el agua era y es lo que siempre fue en términos geopolíticos: frontera. El agua era el cuerpo que marcaba el límite entre los Rojas y el mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Hacen algo? ¿Ven películas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pocas. Algunas que sean muy aptas para todos. Vemos Cantinflas por ejemplo, ése es gracioso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Omar habla de Cantinflas mientras vamos a caballo entre los pastizales. Hoy, el mayor entretenimiento de la familia Rojas es, probablemente, el turismo: una ocupación que desempeñan con dedicación plena, y que nació hace trece años, con la llegada de Tomkins a la isla. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Desde que lo conocimos, enseguida entendimos el mensaje de Tomkins. Es muy inteligente. Muuuy prolijo. Hay que hacer dos veces las cosas bien para que él las vea bien –dice Omar mientras los cascos de Carcoma y Huérfano (así se llaman nuestros caballos: para lirismo, el del paisaje) chapotean en el agua. La experiencia de los caballos y el agua es una de las opciones de excursión más impactantes de la reserva. Consiste en hacer, entre Rincón del Socorro –la exclusiva hostería de Carlos Pellegrini- y San Alonso el mismo cruce que hacían los baquianos cuando no existían las lanchas a motor. La travesía dura ocho horas y suele ser vendida con su mejor perfil: en los videos de promoción siempre se muestra el momento culminante, que es el del nado con caballos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El problema es que, luego de nadar, hay que seguir en andas cinco horas más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—La gente llega arruinada y al día siguiente no puede moverse –dice Omar-. Yo propuse ir a buscarlos en tractor a la salida del agua pero Tomkins no quiere.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Por qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Porque el tractor hace huella. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es la última mañana en la isla. Amanece igual que los días anteriores –un escándalo de aves-, desayuno igual que los días anteriores –delicias caseras- y me despido de la familia. Antes, cuando el cruce no se hacía con caballos se hacía con botadores, esto es: con botes impulsados por tacuaras, unas cañas largas que se clavaban en el fondo del humedal y con las que se impulsaba la embarcación a lo largo del estero. Hoy, los botadores se usan para paseos turísticos –son muy lentos- así que volveré de la misma forma en la que vine: en lancha hasta San Nicolás, luego en camioneta hasta Corrientes, y luego en avión hasta Buenos Aires. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por ahora estamos en el primer tramo: hay que ir de la hostería a la costa, y eso se hace sobre un tractor, con la nuca húmeda de Omar operando como centro de un paisaje llano que desborda el horizonte. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo lo que aquí se ve, alguna vez fue visto por primera vez por Tomkins desde el cielo. Cuando le sugirieron desembarcar en Corrientes, hizo un primer vuelo en avioneta y pronunció esta frase: “Es la Sudáfrica de Sudamérica”. Luego empezó a comprar tierras y conoció, en pleno raid inmobiliario, a la familia Rojas: seis personas detenidas en los tiempos de Cantinflas, y habituadas a hacer lo que hace Omar en este instante: disolverse en gotas de sudor, e ir y volver por la eternidad de los Esteros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Este es Puerto Argentino –dice finalmente Omar, mirando la costa donde se amarra la lancha. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le pregunto por qué habla de Puerto Argentino (la población más grande de las Islas Malvinas) y responde que -cuando recibía las noticias de la guerra- él notaba que Puerto Argentino era un lugar húmedo y desolado, es decir: un lugar como éste, rodeado de aguas mansas pero lo suficientemente espesas como para operar como frontera entre la isla y el mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Puerto Argentino es, para Omar, la única noción de extranjería. La confirmación de que, en San Alonso, el mundo queda más lejos que en cualquier otra parte. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Acá no llegan las noticias –dice mientras quita los amarres-. De repente hay un lío bárbaro y nosotros nos enteramos tarde. Cuando se murió Kirchner, por ejemplo, eso lo supimos una semana después.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y les afectó?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Para nada –se encoje de hombros-. Una sorpresa nomás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Omar sube a la lancha y arranca. A los costados, las plantas de los Esteros se mecen rítmicamente sobre las ondas del agua como si quisieran despedirse de algo, o mejor dicho: como si no quisieran hacer nada en especial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;&lt;br /&gt;* Publicado en Domingo, la revista de viajes del diario El Mercurio.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-7747975566499356282?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/7747975566499356282/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=7747975566499356282' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/7747975566499356282'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/7747975566499356282'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2012/01/ibera.html' title='Iberá*'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-TyW30-LrYcE/TxQp6tNBorI/AAAAAAAAAIU/29dLhAcgLFw/s72-c/camalote.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-6563220604775734168</id><published>2012-01-05T16:46:00.000-08:00</published><updated>2012-01-05T16:51:53.061-08:00</updated><title type='text'>Moras</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-S1RPPzsZ7gM/TwZFNbTVQpI/AAAAAAAAAII/CDAtJ2rILrU/s1600/moras.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 150px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-S1RPPzsZ7gM/TwZFNbTVQpI/AAAAAAAAAII/CDAtJ2rILrU/s200/moras.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5694314875826029202" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Voy por un sendero lleno de plantas. Es un mediodía fresco y soleado de noviembre. Me invitaron a pasar una jornada en este campo en Buenos Aires, a más de cien kilómetros de la Capital, por motivos laborales. Tengo que escribir sobre estancias de lujo para una revista extranjera. Esta es una de esas estancias. Tiene caballos, casuarinas, estatuas, fuentes y senderos que lucen así: bisbiseantes, húmedos, oscurecidos por un techo de ramas sinuosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El edificio no es gran cosa (acá se llama lujo a cualquier espacio decorado con terciopelos) pero tiene la maravilla de sus árboles y sus caminos. Avanzo, miro mis pies. Pienso: “El lugar está bien, pero no voy a aguantar mucho tiempo más con esta gente”. En el campo sólo están el dueño con tres amigos y entre todos suman –hago el cálculo perfecto- 285 años. Viven en el mismo edificio en Recoleta y se la pasan hablando de temas de consorcio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“No voy a aguantar”, vuelvo a pensar mientras miro mis pies. Y recién entonces, como una respuesta piadosa ante mi hartazgo, aparecen las manchas: alrededor de mis pies hay muchas manchas del color del vino. Me distraigo; dejo de sufrir por mis compañeros de estancia. Abro la vista y sobre el pasto hay moras. Cientos -¿miles?- de moras apisonadas entre las hojas. Miro hacia arriba. Los frutos cuelgan como adornos de un árbol de Navidad voluptuoso. Estiro un brazo, tomo uno. Lo como. Qué placer. Una gota roja, espesa, se queda detenida en mi dedo. La miro. La chupo. Luego tomo otro fruto, y otro, y otro más. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi primer empacho –dice mi madre- fue bajo un árbol de moras. Yo era chica. Alguien me dejó sola y me dediqué a comer frutos que todavía estaban verdes. Hay algo en el gesto –estirar el brazo, recoger el ganglio de la tierra, engullirlo- que me devuelve a la infancia y me saca de este vergel al que no pertenezco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este día me dedicaré a comer: eso me digo. Este día me dedicaré a comer moras. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora no las tomo de a una, sino de a puñados. Son frágiles. Las destrozo sin fuerzas contra el paladar. Soy poderosa. Mis manos están violetas y me gustan así. No sé cómo estará mi cara. ¡Mi cara! Alguien puede verme. Miro alrededor. Aquí sólo se ven plantas y palomas, pero igual decido irme. En unos minutos debo almorzar con mis amigos. Tengo que parecer normal. Entro al cuarto, me miro en el espejo. Luzco como un animal de caza. Manchas terribles alrededor de mi boca. Me lavo el rostro, las manos; el agua se va morada por las cañerías. Vuelvo a mirarme, sonrío. Ensayo: “¿Qué tal? ¿Cómo la están pasando?”. Luego bajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mesa del almuerzo está tendida en el parque. Hay un mantel blanco, cinco copas y cuatro ancianos bien conservados hablando –ahora- de los viajes que hicieron con el sistema de millas de la tarjeta de crédito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué tal? ¿Cómo la están pasando? –digo y me siento. Pero antes de cualquier respuesta sopla un viento suave y una mora revienta contra mi plato limpio. Arriba hay uno de esos árboles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Qué divertido, moras –dice una de mis amigas. Todos la llaman Queeny. Es bastante simpática. No puedo evitar imaginar el resto: un viento que se desata y cientos de frutos que rompen violentamente sobre nosotros. Algo parecido a Los Pájaros de Hitchcock pero en colores. En colores fuertes. Eso imagino. Luego tomo el fruto de mi plato y lo sostengo con delicadeza. Caramba, no limpié mis uñas; bajo las uñas todo está rojo pero ya no importa. La mora tiene una belleza cruda. Pequeños nódulos se agolpan hasta formar un cuerpo perfecto, casi humano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Deberías probarla, Queeny –le digo. Luego me la meto en la boca, la deshago en menos de un segundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Publicado en Revista El Gourmet, enero de 2012.&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-6563220604775734168?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/6563220604775734168/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=6563220604775734168' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/6563220604775734168'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/6563220604775734168'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2012/01/moras.html' title='Moras'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-S1RPPzsZ7gM/TwZFNbTVQpI/AAAAAAAAAII/CDAtJ2rILrU/s72-c/moras.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-8673838745664087146</id><published>2012-01-03T18:23:00.000-08:00</published><updated>2012-01-04T17:12:19.438-08:00</updated><title type='text'>Enero, o la máquina de hacer planes</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-ylYwPyrCKbg/TwO5NBBuBlI/AAAAAAAAAH8/4XjqbTZ3rlU/s1600/calendario.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 189px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-ylYwPyrCKbg/TwO5NBBuBlI/AAAAAAAAAH8/4XjqbTZ3rlU/s200/calendario.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5693597987191522898" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo miedo, llegó enero. Todo parece funcionar perfectamente. La gente huyó de la ciudad. Mi hígado se recompone de las Fiestas. Mi niño empieza su colonia de verano. La clase política se va a la costa. Y la Capital –con menos personas, menos coches, menos bocinas, menos funcionarios públicos- recupera la integridad perdida a lo largo del año. Pero igual tengo miedo. No soy tonta. Enero no es este aire dadivoso: no es este cielo, ni este sol. Enero es, más bien, la sombra. No importa dónde estés -la sierra, el Caribe, el jardín de casa- enero seguirá tus pasos y dirá al oído, en algún momento, la frase fatal: “Es hora de hacer planes”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Planes? Dios mío. No estoy en condiciones ni de hacerme el almuerzo. Pero así son las cosas. A diferencia de otros meses, enero exige un atletismo intelectual –del físico, mejor ni hablar- que se organiza en torno a una única palabra: balance. Hay que hacer –parece- balances. Del pasado, del presente y –sobre todo- del futuro. De los bíceps, los tríceps y –sobre todo- las grasas. De tus niños, tu empleo y –sobre todo- tu marido. Si esto fuera una película, la escena se parecería bastante a la de La Naranja Mecánica: en enero estamos, de algún modo, con los ojos perpetuamente abiertos y obligados a ver más de lo que nuestra mente puede soportar. Las imágenes de lo que fuimos, lo que somos y –todavía más- lo que seremos van pasando en un continuo de Moebius que en el mundo entero recibe el piadoso nombre de, sí, “balance”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero en mi mundo se llama “espanto”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enero es el mes Excel. Es nuestra gran planilla anual. Estamos obligados a planificar el año –físico y psíquico- en enero. Gastos fijos, ingresos probables, ocio creativo, encuentros de trabajo, deseos inconclusos, libros no leídos, viajes no viajados: de improviso, parece que todo –TODO- tiene que estar resuelto en estos días. Si en enero no tejiste una estrategia para ser feliz en el primer semestre, si no armaste el Power Point de tu insignificante vida laboral, si no saldaste asuntos pendientes y arrastrados desde meses anteriores; si en enero –en síntesis- no sabés qué hacer con tus huesos después de enero, estás en problemas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, puesta a elegir, preferiría tener problemas en cualquier otro mes. Abril, por caso, es un momento perfecto para la duda existencial. A esa altura del año tu vida ya es un caos y cualquier pregunta introspectiva -“¿Quién soy?” “¿Dónde estoy?” “¿Compro esos zapatos?”- es desoída y desterrada del organismo de modo automático. Pero enero es distinto. Es grave. Detrás de las olas y el viento, detrás de tu propia cara de veraneante optimista, está el mes de enero pidiendo respuestas. Y las pide con hambre. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esto ni siquiera es nuevo. Si vamos a empezar por donde empiezan muchas cosas, el nombre “enero” viene de la Roma antigua. En ese entonces, la mitología tenía entre sus dioses a Jano –Ianus, en latín-, un ente de dos caras –una miraba hacia delante, la otra hacia atrás- que tenía el don de abrir dos tipos de puerta: la de los comienzos y la de los finales. Esta característica hizo que, con el paso de los siglos, se le diera a enero el nombre Ianuarius, que luego se transformaría en Janeiro, y más tarde en Janero y finalmente en esto: Enero. El único mes que, siguiendo un antecedente irrefutable, parece hundirnos la nariz en nuestros propios escombros y –también- en nuestras posibilidades de reparación. Sin brindis anuales, sin presiones laborales, sin escándalos mediáticos y sin gastos hemorrágicos en el shopping de turno, enero se transforma en una gran bandeja con un único plato para consumir: tu vida. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay quienes prefieren el ayuno. Puedo entenderlos. Pero quizás también haya otro modo de enfrentar el caos individual. El dios Jano, por ejemplo, encontró la forma de ingeniárselas con sus planillas, y además de iluminar las puertas del pasado y del futuro acabó siendo un héroe al que se le atribuyó –entre otras cosas- la invención del dinero, las leyes y la agricultura, esto es: el arte de la planificación. Desde entonces, parece que no hay nadie como Jano –ni hay nada como enero- para echar las redes y sacar del fondo de nuestra agotada biografía al menos un puñado de certezas sobre aquello que ocurrió y aquello que vendrá. En lo que a mí respecta, ya tiré mi anzuelo y accedí a estas dos verdades: enero es el mes más crispante y necesario que conozco. Y, tal vez por eso, necesito volver a trabajar cuanto antes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Publicado en la revista Ya, del diario chileno El Mercurio.&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-8673838745664087146?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/8673838745664087146/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=8673838745664087146' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/8673838745664087146'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/8673838745664087146'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2012/01/enero-o-la-maquina-de-hacer-planes.html' title='Enero, o la máquina de hacer planes'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-ylYwPyrCKbg/TwO5NBBuBlI/AAAAAAAAAH8/4XjqbTZ3rlU/s72-c/calendario.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-2585451934518775854</id><published>2011-12-28T06:20:00.000-08:00</published><updated>2011-12-28T06:32:32.769-08:00</updated><title type='text'>La máquina de mirar</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-WAoiU9ck8zk/Tvsl4H4eV-I/AAAAAAAAAHk/BpYjFYx3b9c/s1600/Bestiaria.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 134px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-WAoiU9ck8zk/Tvsl4H4eV-I/AAAAAAAAAHk/BpYjFYx3b9c/s200/Bestiaria.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5691184200231573474" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Carolina Aguirre y sus dos hermanos ya son grandes. Promedian los veinte años. Trabajan. No necesitan pedir plata. Viven juntos. Viven con su madre. Conciente de todo esto –de que ya son grandes, de que están juntos, de que trabajan- su madre los reúne en el living de la casa y les hace este anuncio:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Me voy a vivir sola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego dice otras cosas: que ya los crió, que ya tienen un sueldo, que la casa es barata (no tiene expensas: sólo hay que pagar la luz, el gas, el teléfono, el almacén); que su padre –el de ellos- armó una nueva familia y que ahora es Su Momento: el momento de ella. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Es MI momento. Me alquilé un departamento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los hijos escuchan y asienten. Tampoco tienen opción. A lo largo de los días, ven cómo su madre va armando golosamente su ajuar de mujer nueva. Compra doce copas de champagne, doce de vino, doce de brandy.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;—¿Pero cuándo tomaste brandy mamá? ¿A quién vas a invitar a tomar brandy? ¿A tu amiga Susana? ¿Qué te estás imaginando mamá? -pregunta alguno de ellos. La madre responde con grandilocuencia:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Voy a hacer fiestas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego se va. La vida pasa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Trece años después, sentada en un living pequeño, Carolina Aguirre recuerda aquella escena mientras sirve delicadamente un té de jazmín. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ahora están todas las vitrinas con las copas polvorientas –dice-. Nunca invitó a nadie. Y esa vitrina resume algo de lo que ahora quiero contar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que quiere contar está en &lt;em&gt;El efecto Noemí&lt;/em&gt;: el primer libro que Aguirre –quien, junto a Hernán Casciari, es probablemente la bloguera más popular de América Latina- escribe por afuera del soporte 2.0; y una historia que desarma, una tras otra, con un alterne inquietante de piedad y malicia, todas las fantasías que rondan la idea de la “nueva soltería”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;El efecto Noemí &lt;/em&gt;narra la historia de un hombre (Boris) que decide abandonar a su mujer (Noemí) y sale corriendo tras la tentación de volver a las pistas sin tener en cuenta que “las pistas” suelen estar más lejos –o más sucias- de lo que parecen. Pronto, sumido en los vaivenes de un Paraíso falso, Boris empieza a entender que Noemí –lo más parecido a una mujer Utilísima- es insoportable, sí, pero sabe de él –de Boris- mucho más de lo que él mismo supo nunca. Así es que Boris, urgido por recuperar ciertos sabores domésticos irreemplazables, empieza a colarse secretamente en su casa anterior –cuando Noemí no está- para saquear la heladera y buscar entre la comida alguna huella de la nueva vida de su ahora ex mujer. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este trajín es el relato central de &lt;em&gt;El Efecto Noemí&lt;/em&gt;, una novela que –con luminosos trazos de cinismo- logra nombrar el tránsito extraño y muchas veces gris en el que se define y se construye el amor de las parejas. Los rituales alimentarios, laborales y amistosos son, en este caso, un terreno aplastante que refleja el costado más bochornoso de las sociedades de consumo. Y son, a la vez, la parte visible de una estructura narrativa que Carolina Aguirre conoce largamente –sus blogs siempre trascendieron por la buena construcción de escenas, personajes y diálogos- pero que esta vez se armó por afuera del soporte digital. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;El Efecto Noemí &lt;/em&gt;es el primer trabajo que Aguirre escribe a ciegas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Fue la primera vez que escribí sin interactuar con lectores por Internet, y fue un proceso largo, muy solitario, en el que dudé mucho. Para cualquier otro escritor será normal, pero a mí me resultó tremendo avanzar sin saber si esa escritura tenía un sentido, o si no le importaba a nadie. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aguirre es –entre tantas cosas- autora de los blogs Bestiaria (visitado por más de un millón y medio de lectores; premiado en varios certámenes de Estados Unidos, Alemania y América Latina, y transformado en libro en 2008), La Peleadora (que llegó a tener 16 mil visitas diarias y le valió un contrato para escribir una película para Patagonik), Ciega a Citas (publicado bajo el seudónimo de Lucía González, llevado a la televisión por la productora –quebrada- Rosstoc y recientemente vendido a la cadena estadounidense CBS) y Wasabi (un completísimo blog gastronómico que tiene varios miles de seguidores). Y es uno de los autores latinoamericanos que mejor entendió la narrativa en sporte 2.0. Pero todo ese antecedente pareció perder peso ante El Efecto Noemí: el primer libro concebido en papel. El primer –para muchos- rastro literario. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Siento que este libro es lo primero que es mío –dice Aguirre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;—Para el canon, un escritor de blogs no es escritor “de verdad”. ¿Tu sensación tiene que ver con eso?&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Supongo que sí. Con este libro tengo mucho más nervio que con los anteriores. En el mundo literario se percibe que un libro es más serio que un blog, y tengo que aceptar que son las reglas del juego. Pero eso no significa que esté de acuerdo. Ese debate sobre qué es literatura y qué no, y qué da prestigio y qué no me parece una imbecilidad intelectual. Yo no lo pienso en esos términos. Para mí todo lo que escribo es importante y lo único que me da paz es escribir mejor que antes. Además, todos sabemos que publicar en papel no es garantía de nada, y que hacer un texto deliberadamente “intelectual” tampoco es garantía de nada. Me cansan esos autores que quieren decir algo y fuerzan a los personajes para “comunicar su símbolo” o su “tema”. No quiero escribir para mí, para lucirme, para decir “mirá qué virtuosa soy, mirá qué frase te armo”, ¡no! Me interesa que me lean por placer, no porque “me tienen que leer”. No me interesa el lector del canon y no me interesa el lector sufrido que se da con el látigo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Esto es ficción&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; El primer trabajo de Carolina Aguirre fue en una carpintería familiar. Su tarea consistía, entre otras, en ir al aserradero, elegir la madera y ver cómo un tablón de cedro rasposo devenía, días después, en una mesa de brillo impenetrable. Durante esos años –años que le supusieron una lenta asfixia- Aguirre conoció la parte buena –y también la ominosa- de los oficios terrestres. Todo se construye, supo. Las mesas, las historias, las vidas de los otros: sólo hay que saber poner las partes en el lugar correcto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aguirre renunció al trabajo. Se anotó de noche en la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica, y se empleó de mañana en un call center. Eran seis horas de trabajo –frente a las catorce de la carpintería- y le permitían dedicarse durante media jornada a la escritura. Así fue que Aguirre empezó a escribir el blog Bestiaria: un glosario de mujeres que eran clasificadas según su forma de divorciarse, el arco de su nariz, la pose del dedo meñique al tomar una taza de té, su rol en la escuela secundaria, el contenido de su cartera, el grado de impaciencia para disolver un caramelo en la boca o la relación con su padre; y una suerte de manifiesto que –sin buscarlo- ponía en jaque todos los clichés de la literatura para mujeres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Bestiaria &lt;/em&gt;no era chick lit. Era, a decir de Aguirre, un bisturí; un rayo de luz que descubre las imperfecciones en el pliegue de una tela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Al principio se me metió en esa bolsa porque Bestiaria salió durante el supuesto boom de la chick lit. Pero la chick lit es un invento de los editores. Y cuando es un invento de los editores y no nace de la propia escritura de alguien, no existe. Yo no escribiría chick lit ni con seudónimo, aunque me lo han ofrecido. Si quiero hacer plata escribo un comercial de Raid. Pero un libro es lo último que haría por plata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;—La idea del “trabajo mecánico”, de lo que sólo se hace por dinero, es recurrente en tus libros. En Ciega a Citas la oficina periodística ocupa un lugar importante. En El Efecto Noemí, la oficina de Boris es uno de los escenarios más decadentes del libro. En el blog La Peleadora eran usuales las discusiones con empleados que hacían su trabajo en “modo automático”. ¿Por qué esa recurrencia?&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Porque odio las oficinas. Yo misma trabajé en una empresa catorce horas por día y lloraba todo el tiempo. Son un ámbito aplastante y asfixiante, y a la vez son un tema que a la gente le molesta mucho que le mencionen. Cuando hablo de eso la gente reacciona mal; parece que uno tiene que mostrarse satisfecho y feliz con lo que tiene. La vocación es un tema tabú. No se puede hablar de la vocación, de los sueños perdidos, de que querías ser bailarín y terminaste archivando cosas. Y en general, como de eso no puedo hablar, me gusta ponerlo en mis libros.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;em&gt;—La gente parece usar un criterio publicitario para hablar de la propia vida: no hay lugar para la desilusión o la grieta.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tal cual. De hecho yo escribo comerciales, y cuando empecé me llevé un tremendo chasco. Yo era de las que creían que la publicidad estupidizaba a los espectadores, o al menos los nivelaba para abajo. Y después, cuando empecé a ver lo que decían los focus group, cuando supe lo que pedía realmente “la gente”, entendí que el problema es más grave de lo que parece. La gente no quiere verse a sí misma en las publicidades. Hubo un caso muy famoso de un jabón en el que todas las mujeres pedían “mujeres reales”. Cuando las pusieron en pantalla la respuesta en los focus group fue: “No queremos ver estas gordas”. “Pero miren que son iguales que ustedes…”. “No importa, sáquenlas de ahí”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;—En esos casos la literatura es un caballo de Troya. “Lo impresentable” llega al lector en calidad de ficción.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Claro. Cuando la vida gris o la apariencia horrenda le pasan a un personaje, la gente las tolera un poco más. Ahí me desquito. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;El Efecto Noemí &lt;/em&gt;tiene un agudo trabajo sobre la construcción de personajes imperfectos, pero sobre todo verosímiles: un métier que Aguirre ejercitó en la Escuela de Cine –donde estudió guión- y también en la carpintería, donde aprendió que es importante que las cosas –además de ser lindas- funcionen. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los personajes de Aguirre funcionan. Y para que eso suceda, ella trabaja la escritura no sólo desde el propio oficio, sino también desde el propio cuerpo. Durante la hechura de &lt;em&gt;El Efecto Noemí&lt;/em&gt;, Aguirre se duchaba en las mañanas pensando qué iba a hacer durante el día ella (“primero voy al correo, después al supermercado, después me siento a escribir…”) y qué iba a hacer durante el día Boris (“¿Hoy qué hace? ¿Juega al papi fútbol? ¿Va a lo de Noemí?”). Y durante Ciega &lt;em&gt;a Citas&lt;/em&gt;, Aguirre directamente le cedió la firma a su personaje: la autora era, supuestamente, Lucía González: una periodista treintañera y con cierto sobrepeso que tenía 258 días para encontrar un novio al que llevar al casamiento de su hermana. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con &lt;em&gt;Ciega a Citas &lt;/em&gt;–que acaba de ser vendido a la cadena estadounidense CBS-, Carolina Aguirre devino la primera hispanoamericana en llevar un blog a una serie de televisión; y a la vez terminó metida en una trampa. Como el blog y el libro estaban firmados por Lucía González, la promoción del libro tuvo que ser hecha, sí, por Lucía González. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sólo podía dar entrevistas por mail y por radio. Además tenía dos celulares, uno mío y otro “de Lucía”, porque en un mes había sacado Bestiaria y dos meses después salió Ciega a Citas y tenía que hacer la prensa de las dos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;—¿Con la radio cómo hacías?&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Cambiaba la voz. El problema es que no podía imitar la voz y a la vez ser graciosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;—Toda la energía se iba a la imitación.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Y sí. Además había gente que me preguntaba cosas que yo no sabía del personaje, cosas como “¿Cómo fue cuando tenías doce años y tu madre…?” Tenía que inventar en vivo y era desesperante. Incluso cuando se supo que Lucía González era yo, a mucha gente igual le costaba entender. Por ejemplo, una vez a Víctor Hugo tuve que pararle una entrevista al aire porque me había presentado como Carolina Aguirre pero me hacía preguntas como si yo fuera Lucía. Capaz que me decía: “¿Pero qué sentiste cuando viste a tu mamá hacer una apuesta con tu hermana y…?”. “Estee… No sentí nada porque… no pasó”. “Ah, eso no pasó. Pero tu relación con tu madre…”. El tipo seguía y seguía, y tuve que parar y decir: “Víctor Hugo, esto ES FICCIÓN. Es todo ficción. Me inventé todo. No existe nada”. Ahí hubo un silencio y dijo: “Bueno, vamos a saludar a Carolina…” y ahí terminó la entrevista. Fue horrible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La paz&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es otro día; es otro lugar. En este bar de Palermo hay anaqueles con libros, bossa nova en el aire, y una luz floja que atraviesa el techo –vidriado- y se desploma sobre las mesas vacías. En el bar hay sólo una mujer y está sentada, de espaldas, hablando por teléfono. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Ves? –dice Carolina Aguirre cuando llega-. Si estuviera sola me sentaría allá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Señala con la nariz la mesa contigua a la mesa ocupada. Ese es, para Aguirre, el balcón con vistas al único escenario interesante de este mediodía: una mujer hablando. De nada. A Aguirre le gusta revolver entre los restos del lenguaje de los otros. En bares, oficinas, colas de supermercados, programas de la tarde: es ahí –y no en el camposanto del ingenio intelectual- donde Aguirre busca sus palabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Observo todo el tiempo. No es algo que yo pueda decidir. Si voy a una reunión que no me importa igual escucho todo y me la paso preguntando estupideces. “¿Cuántas horas trabajás? ¿Te gusta? ¿Qué hacés en tu oficina? ¿Te llevás la comida en un tupper?” Los vuelvo locos. TODO me interesa. Me la paso almacenando información, clasificando gente… &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;—¿Y nunca desconectás? ¿En algún momento tenés paz?&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Me gusta escuchar cómo hablan porque todo el tiempo tengo algo en mente. Con un amigo estamos todo el día escuchando qué puede funcionar para un personaje que estamos escribiendo juntos, y capaz que nos juntamos a tomar el té en un bar y nos sentamos al lado de una persona y nos quedamos callados, a veces una hora, mirando nuestros celulares…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;—¿Pero tenés paz?&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Y de repente escuchamos algo maravilloso y nos decimos por lo bajo “escucháescucháescuchá no lo puedo creer, dijo la palabra ‘tocaya”… Y después pensamos bueno, ¿a quién habrá votado esta persona que dice “tocaya”? ¿A Rodríguez Saa, que hace las casas de 90 pesos y hace rendir la plata? ¿A Cristina porque perdió un nietito? ¿Vota a Mauricio Macri porque es rubio? Podés pasarte horas pensando en la psicología de un personaje y eso incluye hasta el timbre de voz…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;—Decía si…&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Me acuerdo que la primera vez que tuve que dar una entrevista por radio como Lucía González yo no tenía la voz, y tenía que salir al aire en diez minutos y estaba desesperada y me había sentado en un bar al lado de una mujer, y la mujer se puso hablar y dije: “Bueno, no puedo inventarme una voz de la nada pero sí puedo imitar una voz”. Entonces me fijé en esa mujer, que estaba hablando con un cliente y era arquitecta y tenía la voz así –hace una voz aguda y pastosa-, y la escuché un rato y después la imité todo el tiempo, entonces no: la verdad que nunca tengo paz.&lt;br /&gt;Y lo dice sin ningún subrayado en especial. Como si dijera: esta también es información sobre mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Publicado en el suplemento ADN del diario La Nación, diciembre de 2011&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-2585451934518775854?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/2585451934518775854/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=2585451934518775854' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/2585451934518775854'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/2585451934518775854'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2011/12/la-maquina-de-mirar.html' title='La máquina de mirar'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-WAoiU9ck8zk/Tvsl4H4eV-I/AAAAAAAAAHk/BpYjFYx3b9c/s72-c/Bestiaria.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-5864662584995810684</id><published>2011-12-20T07:29:00.000-08:00</published><updated>2011-12-21T20:49:37.617-08:00</updated><title type='text'>Diez trucos infalibles para no escribir</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-SBmWhT14H48/TvCrZX-B36I/AAAAAAAAAHY/ajLhkJZ4Wco/s1600/maquina-de-escribir1.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 151px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-SBmWhT14H48/TvCrZX-B36I/AAAAAAAAAHY/ajLhkJZ4Wco/s200/maquina-de-escribir1.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5688234781788200866" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Uno&lt;/strong&gt;. Hacer algo con tierra. Plantar habas, pimientos y flores. Hundir caracoles en sal. Matar insectos. Seguir hormigas como se sigue la huella de un crimen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Dos&lt;/strong&gt;. Nadar. Inhalar de costado, retener el aire, soltarlo en cuatro brazadas, ver las burbujas saliendo de la nariz. No pensar en palabras: solo en burbujas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Tres&lt;/strong&gt;. Apoyar el oído sobre el pecho de alguien. Sentir el latido. Sentir la fragilidad del cuerpo, y hundirse en un sopor de comodidad y angustia. Amar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Cuatro&lt;/strong&gt;. Poner música en el living. Bailar de modos indebidos. Tomar la guitarra y soñar con ser la nueva Janis Joplin. Procurar que nadie, en tu casa, se entere de cosa semejante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Cinco&lt;/strong&gt;. Fascinarse con la televisión basura. Ver Cops, Bailando por un sueño y las experiencias paranormales del canal Infinito. Ver programas del corazón. Escuchar los problemas de cama y celos de gente ordinaria. En algún momento, pronunciar la frase: “Ella tiene razón”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Seis&lt;/strong&gt;. Viajar a Montevideo y caminar por la Rambla. Sentir el ruido del viento y del agua y no saber qué ruido pertenece a qué cosa. Mirar el mar. Llorar por nada en especial: por solidaridad con el mar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Siete&lt;/strong&gt;. Ir a una tienda grande y probarse vestidos de fiesta. Mirar los precintos de seguridad. Fantasear con robar todo. Luego recapacitar. Entender que ya no vas a fiestas. Comprar dos remeras y pensar en la palabra “oportunidad”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Ocho&lt;/strong&gt;. Criticar a alguien por teléfono mientras se lava un plato, se hace una cama o se lleva a cabo cualquier otra acción vinculada al tedio. Compadecerse de las vidas de los otros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Nueve&lt;/strong&gt;. Hablar con tu abuela. Empezar con temas de salud y terminar hablando de delincuencia juvenil. Decirle que sí a todo. No pensar en su muerte. No pensar en la muerte de nadie querido, nunca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Diez&lt;/strong&gt;. Hacer un asado e invitar –entre tantos– a una persona sociable y otra sobreinformada. Pasar la noche tomando vino; dejar que los dos invitados entretengan al resto. Luego hacer el amor con tu pareja y dormir. No dejar que las palabras interrumpan el sueño, ni ninguna otra cosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Publicado en El Malpensante, diciembre 2011.&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-5864662584995810684?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/5864662584995810684/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=5864662584995810684' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/5864662584995810684'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/5864662584995810684'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2011/12/dies-trucos-infalibles-para-no-escribir.html' title='Diez trucos infalibles para no escribir'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-SBmWhT14H48/TvCrZX-B36I/AAAAAAAAAHY/ajLhkJZ4Wco/s72-c/maquina-de-escribir1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-8469190652819059858</id><published>2011-11-04T11:31:00.001-07:00</published><updated>2011-11-04T11:31:52.317-07:00</updated><title type='text'>Palabra</title><content type='html'>Me mudé a un cuarto en las alturas. &lt;br /&gt;Escribo y veo la hiedra sobre el muro. &lt;br /&gt;Llueve, al fin. &lt;br /&gt;El jardín vibra. &lt;br /&gt;La bestia en mi cerebro dice: &lt;br /&gt;quieta.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-8469190652819059858?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/8469190652819059858/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=8469190652819059858' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/8469190652819059858'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/8469190652819059858'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2011/11/palabra.html' title='Palabra'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-4933247664552810837</id><published>2011-10-21T09:12:00.001-07:00</published><updated>2011-10-21T09:12:21.692-07:00</updated><title type='text'>XY</title><content type='html'>Volviendo con Joaquín del jardín, le pregunto por qué le gusta A y no B, teniendo en cuenta que B es tan ingeniosa y simpática.&lt;br /&gt;-Ah, ya sé -le digo-. A es más coqueta, más mimosa...&lt;br /&gt;-Y no habla mucho. No me gustan las que hablan mucho.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-4933247664552810837?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/4933247664552810837/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=4933247664552810837' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/4933247664552810837'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/4933247664552810837'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2011/10/xy.html' title='XY'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-5995241770682566124</id><published>2011-10-19T18:26:00.001-07:00</published><updated>2011-10-19T18:26:58.370-07:00</updated><title type='text'>Puntos de vista</title><content type='html'>Abro una carta del SMG Group en la que leo que “en estos tiempos de incertidumbre económica” nunca está de más tener un Seguro por Muerte Accidental. Si pago 88 pesos por mes, y en el medio me pisa un auto, me ahogo, o sufro cualquier otro accidente fatal, el SMG Group le da a mi hijo 800 mil pesos. Un poco impresionada se lo digo a mi marido, y su única respuesta es:&lt;br /&gt;—¿Tanto???&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-5995241770682566124?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/5995241770682566124/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=5995241770682566124' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/5995241770682566124'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/5995241770682566124'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2011/10/puntos-de-vista.html' title='Puntos de vista'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-1149801796731839288</id><published>2011-09-27T08:42:00.000-07:00</published><updated>2011-09-27T08:48:53.960-07:00</updated><title type='text'>Autobombo</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-QUXgNRN6vEc/ToHvJU4321I/AAAAAAAAAHQ/U-iAmADzEaE/s1600/los%2Botros.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 132px; height: 200px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-QUXgNRN6vEc/ToHvJU4321I/AAAAAAAAAHQ/U-iAmADzEaE/s200/los%2Botros.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5657065550459165522" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"En Lanús hay un barrio llamado Villa Giardino, al lado de otro de terrenos tomados llamado Acuba. Entre ambos, un muro y un conflicto que sintetiza el espíritu de un territorio que parece inabarcable: el conurbano bonaerense. Josefina Licitra cuenta esta historia con maestría, sin pretensiones de corrección política y con una claridad que conmueve. El resultado es un relato clásico y a la vez complejo, donde no hay buenos y malos y donde las palabras, lejos de encubrir, arrojan una verdad a la cara".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Puedes mandar a Josefina a un desierto y conseguirá una historia. Hablará con las piedras, las dunas y las nubes y te mostrará lo conmovedoras que son sus vidas.&lt;br /&gt;Su relato va del género policial al drama judicial. Pero sobre todo, nos enseña las caras oscuras de nosotros mismos. Sus personajes, como Marcelo o Baldassarre, encarnan las partes que no queremos ver de la Sudamérica triunfalista del siglo XXI." Santiago Roncagliolo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Josefina viajó hasta un lugar del conurbano bonaerense que, décadas atrás, pudo ser un jardín pero terminó en desangradero. Volvió con este relato intenso en el que se mezclan cloacas, curtiembres, ríos pútridos y muertos jóvenes, una historia de vecindad amarga de los que tienen poco contra los que no tienen nada, aunque todos hayan llegado hasta allí buscando más o menos lo mismo. Y aunque, por supuesto, ya nadie se acuerde de eso." Leila Guerriero&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-1149801796731839288?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/1149801796731839288/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=1149801796731839288' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/1149801796731839288'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/1149801796731839288'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2011/09/autobombo.html' title='Autobombo'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-QUXgNRN6vEc/ToHvJU4321I/AAAAAAAAAHQ/U-iAmADzEaE/s72-c/los%2Botros.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-8566487171002845450</id><published>2011-09-24T05:44:00.001-07:00</published><updated>2011-09-24T05:46:43.458-07:00</updated><title type='text'>Nostalgia</title><content type='html'>Recién, haciendo nada en especial, me recordé a mis trece años llorando frente al espejo del baño porque nunca, nunca, nunca conocería a Don Johnson.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-8566487171002845450?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/8566487171002845450/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=8566487171002845450' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/8566487171002845450'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/8566487171002845450'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2011/09/nostalgia.html' title='Nostalgia'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-4365302218370490993</id><published>2011-09-09T09:41:00.002-07:00</published><updated>2011-09-09T09:42:30.995-07:00</updated><title type='text'>Singular</title><content type='html'>En el vestuario del club las viejas se bañan, se secan, se visten.&lt;br /&gt;—Bueeeno –dice una-, me voy a almorzar, me duermo una siesta y recién después lavo los platos.&lt;br /&gt;—El plato –dice otra-. El plato.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-4365302218370490993?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/4365302218370490993/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=4365302218370490993' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/4365302218370490993'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/4365302218370490993'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2011/09/singular.html' title='Singular'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-699719683337251161</id><published>2011-09-09T09:41:00.001-07:00</published><updated>2011-09-09T09:41:53.575-07:00</updated><title type='text'>Mujer hablando por celular en el colectivo</title><content type='html'>“No, no, yo te digo: Albertito es la JOYA de la familia. Una JOYA es Albertito. Vos lo llamás, le decís lo que necesitás, y él eh… cobra. Y vos vieras cómo te lo resuelve. Una joya. Todas las familias tendrían que tener un Albertito”.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-699719683337251161?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/699719683337251161/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=699719683337251161' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/699719683337251161'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/699719683337251161'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2011/09/mujer-hablando-por-celular-en-el.html' title='Mujer hablando por celular en el colectivo'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-3840213710041023758</id><published>2011-09-02T10:53:00.000-07:00</published><updated>2011-09-02T11:07:29.437-07:00</updated><title type='text'>Nada</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-3ZSoLayDHys/TmEZb_ft8uI/AAAAAAAAAHI/Rf-RAJKChoE/s1600/nadar.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 150px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-3ZSoLayDHys/TmEZb_ft8uI/AAAAAAAAAHI/Rf-RAJKChoE/s200/nadar.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5647823376390943458" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Nada en mi escritorio puede sobrevivir bajo el agua. Los papeles, las fotos y los lápices se arruinan; yo no. Nado porque las gotas tocan partes que no veo de mí. Soy líquida y liquen. Me rodean el miedo y los azulejos azules. ¿Y si me quedara acá abajo? ¿Y si abriera la alcantarilla del fondo y me fuera yo también, temerosa y azul, por una cañería de ruidos guturales? &lt;br /&gt;El agua es el mejor lugar para llorar en secreto.&lt;br /&gt;Me gusta hundirme, encogerme, pegar las plantas contra la pared y disparar como un látigo, una bala efervescente, una raya que desova estelas de burbujas blancas a su paso. Avanzo con el pecho al ras del suelo, cuento venecitas. Los cuadrados son como edificios de una ciudad triste, y sobrevuelo todo eso –la melancolía y el tedio- hasta quedarme sin aire y dejar que el agua me suba -me suba y me salve- y me deje abrir la boca para decir: ahhh. &lt;br /&gt;Ahhhh.&lt;br /&gt;Qué lindo es respirar. &lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-3840213710041023758?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/3840213710041023758/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=3840213710041023758' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/3840213710041023758'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/3840213710041023758'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2011/09/nada.html' title='Nada'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-3ZSoLayDHys/TmEZb_ft8uI/AAAAAAAAAHI/Rf-RAJKChoE/s72-c/nadar.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-8027039830018174774</id><published>2011-08-26T05:14:00.000-07:00</published><updated>2011-08-26T05:27:09.332-07:00</updated><title type='text'>Claudia Piñeiro para ADN</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-M31OpsV4OJA/TlePP_osUWI/AAAAAAAAAHA/YYN8EurdUAk/s1600/principal-claudia-pineiro_grande.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 130px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-M31OpsV4OJA/TlePP_osUWI/AAAAAAAAAHA/YYN8EurdUAk/s200/principal-claudia-pineiro_grande.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5645138162875126114" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Hay algo que la niña, de pronto, sabe. Está recostada en la cama de su madre, en la duermevela de la tarde, quizás un fin de semana, seguramente en Burzaco, seguramente a fines de 1960. Está ahí, la niña, durmiendo o mejor dicho: intentando dormir, intentando vaciarse de todas las palabras cuando de improviso llega eso: la certeza. Como una hiedra que trepa, como una oscuridad que le va tomando el cuerpo y recién a lo último llega a la cabeza, la certeza avanza y se transforma en pensamiento, y ese pensamiento dice: la muerte es. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La muerte, es.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo lo que está acá: el techo, la cama, los árboles, tu madre, vos misma, Claudia Piñeiro: todo va a morir. Todo va sumirse en un abismo eterno y no hay nada que puedas hacer al respecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Mamá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Claudia abre los ojos, llora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Mamá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su madre se acerca, escucha las angustias de su hija, explica lo que está a su alcance. Su madre –que décadas después morirá de Parkinson; que décadas después será nombrada en el honesto libro Elena sabe- dice lo único que puede decirse en estos casos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pero si sos una nena, qué te vas a morir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Claudia se le queda mirando: su madre no la entiende. No entiende que la certeza de la muerte la declara a ella, Claudia Piñeiro, muerta. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Desde muy temprano tengo conciencia de que la vida es finita. Y eso cambia mucho a una persona.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuarenta años más tarde, en el bar Rond Point –donde ha escrito fragmentos de todas sus novelas- Claudia Piñeiro habla sin seriedad y sin sonrisas. Como si dijera: es.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pero bueno. Saber eso tiene algunas ventajas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La muerte, es.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tres hombres flotando, muertos, sobre una piscina de aguas calmas. Una anciana sentada en un banquito y esperando que le haga efecto una pastilla. Un arquitecto dibujando un edificio que jamás va a construir. Una escritora esperando en su departamento que el diario de la mañana golpee contra la puerta. Una mujer escondida atrás de un árbol, viendo cómo su marido discute con su amante y la empuja y la mata por accidente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando empieza a trabajar en un libro, Claudia Piñeiro no parte de ideas en abstracto sino de imágenes como éstas: construcciones enigmáticas que la acometen de un modo inesperado –como si fueran sueños o visiones o fenómenos de la naturaleza- y de las que Piñeiro va rielando, a lo largo de los meses, una historia mayor, una estructura, un esqueleto que permite que los muertos en el agua se transformen en Las viudas de los jueves; que la anciana de la pastilla se convierta en Elena sabe; que el arquitecto sea el personaje principal de Las grietas de Jara; que la escena del árbol y la amante de lugar a Tuya; y que la escritora sea la figura fuerte de Betibú: el último de todos los títulos; una novela de lectura fácil y estructura compleja que vuelve a instalar a Piñeiro en el lugar incógnito de una autora de best séllers.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nadie sabe –y todos quieren saber- cómo hace para vender. Nadie sabe –y todos quieren saber- si hay una fórmula, un mapa del tesoro, una especulación secreta que la deposite en el lado próspero de las palabras. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De todo esto, Piñeiro sólo sabe algunas cosas: que hay que cuidar las estructuras del relato para que sean hilos sólidos pero a la vez invisibles. Que no importa tanto si un personaje es alto, bajo, rubio o morocho, como qué hacen esos personajes ante ciertas situaciones límite. Que los nombres de los protagonistas deben elegirse con infinito cuidado porque en el nombre –sobre todo en el apellido- yace la historia familiar del personaje. Que dentro de la historia –principalmente, si puede leerse como un policial- el lector nunca debe saber más que el narrador. Esas cosas sabe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero las otras, no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alguna gente que la conoce y la quiere –este es un dato: mucha gente quiere a Claudia Piñeiro- tiene, sin embargo, hipótesis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dice Guillermo Martínez, escritor: “Un elemento que, creo, resultó inicialmente atractivo en su escritura fue el de develar un mundo relativamente oculto y hasta ese momento ‘no escrito’: la intimidad del country. Ese mundo aparece a la vez dentro de un relato policial, que tiene un público propio, fiel e interesado en nuevas variantes. La parte más abierta y saludable de la crítica valoró también que sus novelas abordan indirectamente las consecuencias sociales del menemismo, el derrumbe del 2001, etcétera, lo que les da el plus de ‘seriedad’, más allá de lo ‘meramente policial’ que parece necesitar la crítica para aceptar una novela policial”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dice Alberto Díaz, director editorial de Emecé, elegido Editor del Año por la Fundación el Libro: “Confieso que en el año 2005 leí Las viudas de los jueves más como curiosidad sociológica que por interés literario. Error. De su lectura descubrí que éste no era un libro más: había un lenguaje solvente y perfectamente adecuado al tema, capacidad para construir personajes y contar una historia sin fisuras, concienzudo detalle de un microcosmos que la autora logra elevar a categoría universal, y que en algunos momentos recuerda a Arthur Miller… A partir de entonces leí todos sus libros. Ya es posible hablar de una ‘obra’ y de una autora con voz propia”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dice Cristian Domingo, compañero de Piñeiro en un grupo de lectura y escritura al que Claudia aún hoy concurre, y uno de los primeros lectores de Betibú cuando aún estaba en proceso: “No creo que la suya sea una fórmula secreta, al estilo Coca Cola. Lo que convoca tanto es qué cuenta y cómo lo cuenta. Casi todos los lectores, a pesar de lo que creen algunos snobs literarios, abrimos un libro esperando que nos cuenten una buena historia. A su talento hay que agregarle aquello que decía Arlt: la prepotencia de trabajo. Cree en esto y lo practica rigurosamente. Además de que es sincera, humilde y generosa, algo que creo que es apreciado entre sus colegas, generando ese afecto que la aparta de las camarillas literarias”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dice Julia Saltzmann, a cargo de Alfaguara, la editorial de Piñeiro: “Tratándose de Claudia Piñeiro, me parece fuera de lugar hablar de fórmulas. La fórmula es una receta que cualquiera puede seguir valiéndose de determinados ingredientes y dosis, y no creo que las novelas de Claudia nazcan de este tipo de procedimientos. Si la pregunta, en cambio, es por qué sus libros son muy leídos, diría que es, además de por su indudable solvencia narrativa, sobre todo porque son cercanos: los lectores pueden encontrarse a cada paso con situaciones similares a las que han vivido y con formas de diálogo familiares. En cuanto a los temas, Claudia parece tener unas  antenas poderosas para captar preocupaciones o asuntos que están en el ambiente. Y finalmente, creo que a todo esto se suma un factor que también resulta convocante, que es la crítica social que impera en sus libros, que proviene de un deseo muy genuino de manifestarse respecto de asuntos que nos afectan a todos como sociedad. Aunque muchas veces se la considere una escritora de novelas policiales,  en la raíz de lo que hace Claudia está la dramaturgia, aquello que sí o sí quiere ser dicho en voz alta, no lo propio del secreto”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dice Rosa Montero, jurado del premio Clarín de Novela (que fue otorgado a Piñeiro por Las viudas de los jueves): “La verdad es que nunca se sabe por qué se vende un libro. Leo novelas superventas que me parecen horrendas y un tostón y luego hay libros maravillosos que de pronto no se venden nada. Pero en algunas felices ocasiones, como ésta, obras que te parecen apasionantes, maravillosamente escritas, con emoción, ritmo, humor, inteligencia y contenido, resulta que además se venden un montón. Cosas así son las que te hacen sentir confianza en el ser humano”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dice Claudia Piñeiro:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No he tenido problemas por escribir libros populares. Aunque sí, a veces, hay un prejuicio de gente que dice “yo best sellers no leo, así que no leo lo que vos escribís”. Pero bueno. Cada uno tiene derecho a elegir qué leer. Yo tampoco leo todo lo que sale. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y no sonríe. Y no está seria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como si dijera: es. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el country La Maravillosa, en una casa con mesas de mármol y adornos de plata, sobre un sillón de terciopelo verde, hay un hombre degollado. La noticia llega pronto a las redacciones y en el diario El Tribuno deciden contratar a Nurit Iscar: una escritora de pasado exitoso y presente deslucido –su último libro recibió pésimas críticas, y desde entonces sólo trabaja de escritora fantasma- que pronto es enviada a vivir al country para escribir “desde adentro” y en clave de non fiction sobre las hipótesis del crimen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando llega a La Maravillosa, Nurit no sólo queda de cara al misterio de un asesinato (que luego derivará en varios). Debe internarse, también, en la incógnita mayor que supone vivir en un barrio cerrado. Interminables pedidos de datos en la entrada, calles despobladas, casas vacías y empleadas domésticas denunciadas por robarse un queso forman parte de un mundo que Nurit descubre con la boca abierta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algo parecido –pero sin muertos, y sin fracaso literario- le sucedió a Claudia Piñeiro trece años atrás, cuando se mudó al country de zona norte donde hoy vive y donde terminó escribiendo todos sus libros. Vino con su marido arquitecto –del que ya se separó- y con tres hijos que hoy tienen 13, 15 y 17 años. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Me costó mucho adaptarme. Sentí una soledad muy grande, una abstinencia de no poder salir a la esquina y tomarme un café. Yo tenía una sensación que luego le presté a Nurit: la idea de que acá nada puede pasarte. Ni para bien ni para mal: nada. Me acuerdo que una vez iba hablando con una amiga acá adentro y le decía: “¿Pero con quién podés llegar a cruzarte acá…?”, y justo en ese momento pasó Nicolás Repetto, en la época del primer Sábado Bus, que era un éxito. Guau, dijimos. Nos pasó algo.&lt;br /&gt;Es mediodía de un martes y en el living –sillones claros, ventanales, y una vista que da a un césped lacio, una pileta, árboles- Claudia Piñeiro sonríe con sus ojos azules. Su voz es plácida: fina. Todo lo demás es silencio. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Igual no creas. Con el tiempo las cosas cambiaron. Ahora todo está tranquilo, pero acaban de irse catorce chicos que se quedaron a dormir. Hay escritores que sólo pueden trabajar de noche, cuando nada se mueve, je. Yo no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin rituales, sin horarios malditos, sin botellas de ginebra, sin tormentas visibles: en este lugar con luz, Piñeiro escribió cinco novelas –además de dos obras de teatro, un ensayo histórico y dos libros para niños- que la transformaron en una de las autoras más populares de Argentina. Tuya es usada en las escuelas secundarias para iniciar a los estudiantes en la lectura. Las viudas de los jueves –ganadora del Premio Clarín- tiene cientos de miles de ejemplares vendidos y fue llevada al cine por Marcelo Piñeyro. Elena sabe está terminando de ser adaptada para teatro con dirección de Marcelo Moncartz e Inés Cuesta. Las grietas de Jara –ganadora del premio Sor Juana Inés de la Cruz- también irá a la pantalla grande, esta vez dirigida por Julia Solomonoff. Betibú no baja del ranking de los más vendidos desde el mes de su lanzamiento. Y todos los libros, en definitiva, terminaron colocándola en un pedestal que a veces no es sólo simbólico. Una tarde de Navidad, caminando con su hija por un shopping, Piñeiro llegó a una librería donde se alzaba una montaña de ejemplares que en la cima, como una estrella de Navidad, estaba coronada por el rostro de Claudia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Fue impactante. Con mi hija nos miramos, dimos media vuelta y nos fuimos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Por qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Porque noto que mis hijos necesitan preservarse de algunas cosas. Esto lo he visto mucho con los hijos de otros dramaturgos o escritores: en la obra de sus padres hay demasiada información, y ellos raramente quieren acceder a eso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tus hijos, entonces, no han leído tus libros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No les impongo nada. Las novelas están ahí, y si quieren pueden leerlas. Pero yo no los obligo a leer ningún libro, menos todavía si es mío. Además, me parece que la cabeza de la madre está demasiado abierta ahí, y ellos son chicos y les va a costar ver qué es fantasía y qué es verdad, y quizás empiecen a pensar: “¿A mi mamá le habrá pasado esto que dice ahí?” Si eso pasa con los lectores adultos, ¿cómo no les va a pasar a ellos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Te molesta ese equívoco?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Es raro. Con Elena sabe se me ocurrió contar que mi mamá, al igual que la protagonista, había tenido Parkinson, y eso dio lugar a todo tipo de malos entendidos. Una vez Rosa Montero me dijo: “Nunca hay que decir que algo es autobiográfico porque la gente lo interpreta mal”. Y tenía razón.  La relación entre madre e hija en el libro es mala, y tuve que aclarar mil veces que mi relación con mi mamá no era mala, a pesar de que había un montón de situaciones en el libro que tenían que ver con nosotras y de las que mi madre, que tenía muy buen humor, se habría reído.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Igualmente, Elena sabe es un libro muy duro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí. La enfermedad es dura. Es difícil de mirar. Mientras mi mamá estaba enferma yo noté que hay mucha gente que no puede mirar a los enfermos. Y el enfermo empieza a perder la mirada del otro. Entonces, veo que Elena sabe es como un primer plano de ese cuerpo. Si querés leer la novela tenés que ver todo lo que aparece ahí, y algo te va a doler. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—A vos también te habrá dolido. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No siempre es agradable ponerte a sacar todo eso para afuera. No todo el mundo se atreve. Cuando doy clases me pasa que hay gente que trae historias y a veces te das cuenta de que esas historias tienen algo tremendo detrás y que no logran sacarlo porque es doloroso. Y a la vez, al no poder sacarlo se quedan en la superficie de la historia. El tema es poder nombrar. El recuerdo, la escritura tienen que ver con poder nombrar. Y para poder nombrar hay que tener una cierta valentía. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Hay que escribir desde la fisura, entonces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—De algún modo, sí. Las fisuras que tienen los personajes no necesariamente son todas propias, pero son fantasmas que uno conoce y que finalmente te permiten construir al personaje. A mí no me interesan mucho los personajes íntegros, porque no me los creo. El ser más íntegro alguna fisura debe tener, y esa grieta a su vez es el punto de empatía con el lector, que tampoco es íntegro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Nurit Iscar, la protagonista de Betibú, es una escritora de best sellers que se cayó del podio. Más allá de las diferencias entre ficción y realidad, da la sensación de que ése podría ser un temor tuyo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí, claro. Lo que más le presté a Nurit son fantasmas. Temores de lo que me puede pasar en unos años, cuando mis hijos tengan 20 y ya no me necesiten tanto. Fantasmas respecto de qué pasa si alguna vez sacás un libro que no le interesa a nadie. ¿Qué hacés? ¿Seguís escribiendo? ¿No seguís escribiendo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—A su vez, dentro del libro esas preguntas aparecen en un contexto de mucho humor negro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Es que ése era un objetivo. Quería reírme de algunas cosas que tenían que ver conmigo. El regreso al escenario del country también se relaciona con eso. Tengo amigos escritores que llegaron a ser encasillados en un tema y se matan por correrse de ese tema, por aclarar todo el tiempo que ése no es “su” tema y que fue sólo “ese” libro, y me dije: ¿Qué pasa si lo hacemos al revés? ¿Qué pasa si vuelvo al country pero la historia es totalmente diferente? Y eso es lo que hice: mientras que Las viudas de los jueves tiene un punto de vista endogámico, en Betibú no hay nadie “de adentro” que cuente la historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Te leen tus vecinos del country?  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No lo sé. Hace un tiempo una persona me dijo: “Así que escribiste otra vez sobre el lugar donde vivimos”, y le contesté que era un error: todos esos lugares son parecidos. Igualmente, con Las viudas pasó que el libro se vendía muchísimo y había ganado un premio importante, y el éxito creo que en eso te protege. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pero ese éxito también debe tener un doble filo. Betibú es el cuarto título que publicás luego de Las viudas…, y sin embargo en las contratapas de tus libros se te sigue mencionando como “la autora de Las viudas de los jueves”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí. Ese libro me produce una sensación ambivalente. Por un lado le estoy sumamente agradecida al libro y al Premio Clarín, por lo lindo que es que te conozcan un montón de lectores. Me pasa que si voy por la calle y alguien me para y me dice “leí tu libro”, sé que es Las viudas… Pero por otro lado pensás: “Basta, ya hablemos de otro…”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sobre todo porque los otros libros, en mi opinión, son incluso mejores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Totalmente. Las viudas… tampoco es el libro que a mí más me gusta. El periodista Vicente Muleiro, que me acompañaba a algunas charlas organizadas por el suplemento Ñ, me decía que yo quería ser la viuda de Las viudas de los jueves. Y algo de eso hay. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes del éxito de Las viudas de los jueves, Claudia Piñeiro fue muchas cosas. Fue, en primer lugar, una niña. Una niña que escribía muy bien. Sus composiciones se leían siempre en los actos escolares, y las maestras le decían a su madre –la de Piñeiro- que guardara esos cuentos y la madre los guardó en un lavadero. Un lavadero que un día –años después- se inundó. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Mis carpetas de Ciencias Económicas estaban en un lugar privilegiado dentro de la casa, pero mis cuentos estaban ahí. No quedó nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes del éxito de Las viudas de los jueves, Claudia Piñeiro fue una contadora eficiente –el mejor promedio de su promoción en Ciencias Económicas- que trabajaba para un estudio importante, y que solía llorar en el ascensor de la empresa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Eso lo conté en algunas entrevistas, y desde entonces me ha pasado de encontrarme con ex socios de ese estudio que me preguntan: “¿Fui yo el que te hizo llorar?”. Je. Todos creían que podían haber sido. En ese estudio debemos haber llorado varios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes del éxito de Las viudas de los jueves, Claudia Piñeiro fue una mujer de veintinueve años y tailleur inmaculado que subió a un avión rumbo a San Pablo con el fin de hacer un inventario en una fábrica de tornillos. Para no pensar en los tornillos –para no seguir llorando- Piñeiro abrió el diario, y vio un aviso: la editorial Tusquets convocaba a un concurso de novela erótica llamado “La sonrisa vertical”. Piñeiro decidió presentarse. Pidió licencia en el trabajo para dedicarse a escribir, y escribió. Y con esa primera escritura salió finalista del premio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ahí pensé: “Esto puede que funcione no sólo por placer. Acá hay algo”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes del éxito de Las viudas de los jueves, Claudia Piñeiro escribió, finalmente, en el año 2005, Las viudas de los jueves: una historia que trabajó en el taller de Guillermo Saccomanno y que la terminó instalando como autora de renombre en el escenario literario argentino primero, y en el internacional después. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahí fue cuando Las viudas de los jueves, al menos en la vida de Piñeiro, dejó de ser un libro para transformarse en un punto de partida: Piñeiro, ante los ojos de todos, empezó a nombrar. Así llegó Tuya, un thriller de humor ácido –escrito antes de Las viudas..., pero publicado después- que se lee en una sola noche de insomnio. Llegó Elena Sabe: un relato honesto y lacerante sobre la enfermedad y la vejez. Llegó Las grietas de Jara, una metáfora sobre el desmoronamiento –familiar y social- que tiene de telón de fondo la cara oscura del boom inmobiliario. Y llegó Betibú: un policial de lenguaje llevadero y exacto, que Piñeiro construyó cruzando humor, fantasmas y varias páginas de medicina forense. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí, leo libros de medicina forense. Tengo dos que se usan en la Facultad. Si el primer asesinado muere degollado, yo tengo que leer todas las posibilidades de degüello que hay: para arriba, para abajo, con un chorro de sangre en la mano, con la mano limpia… –enumera con una voz dulce, delicada: maligna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y nunca hablaste con un forense?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No. Lo que pasa es que no conozco a ninguno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los ojos de Piñeiro –azules, oscuros- se detienen en alguna observación remota. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pero sería bárbaro, ¿no? No podés hablar con mucha gente de cómo es un degüello. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—De la muerte, bah. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De la muerte. No podés, dice Piñeiro, hablar con mucha gente de la muerte. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-8027039830018174774?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/8027039830018174774/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=8027039830018174774' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/8027039830018174774'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/8027039830018174774'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2011/08/claudia-pineiro-para-adn.html' title='Claudia Piñeiro para ADN'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-M31OpsV4OJA/TlePP_osUWI/AAAAAAAAAHA/YYN8EurdUAk/s72-c/principal-claudia-pineiro_grande.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-724880345871523495</id><published>2011-06-24T06:10:00.000-07:00</published><updated>2011-06-24T06:21:49.229-07:00</updated><title type='text'>Adriana Lestido para ADN</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-tv8bP8_avoA/TgSN6u2DtqI/AAAAAAAAAG4/rvUy5Ppv6AM/s1600/Lestido"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 133px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-tv8bP8_avoA/TgSN6u2DtqI/AAAAAAAAAG4/rvUy5Ppv6AM/s200/Lestido" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5621774275011917474" /&gt;&lt;/a&gt;Foto: Andrea Knight.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer se levanta a las cuatro de la mañana. Calienta el agua y toma los libros, la birome, el mate, las galletas. Toma la carpa. Luego sale a la calle de arena y camina. Arriba hay un cielo traslúcido: la anunciación del día que todavía no empieza. La mujer avanza hasta la playa. Monta su carpa, se hinca frente al mar, respira. La mujer respira. Como si fuera un acto de limpieza –y no otra cosa- respira. Es verano. Pronto el sol muestra su borde incandescente. La mujer se estira, medita, hace yoga, desayuna. Lee. A veces escribe. A veces nada. Las horas van pasando y la gente llega con sus bolsas y sus ruidos. A las once de la mañana la mujer se va. &lt;br /&gt;Y al día siguiente todo es igual.&lt;br /&gt;Y al día siguiente.&lt;br /&gt;Y al día siguiente.&lt;br /&gt;Hasta que un día la mujer se levanta pero no va a la playa. Hace su bolso y parte de viaje. Se va hasta un bosque, una provincia, una persona: otro lado. Y toma una foto. Y en la foto que toma están la playa, los días, las horas tempranas. Está el silencio. La mujer, más que hacer una foto, realiza una captura de su propio pasado. &lt;br /&gt;Así trabaja Adriana Lestido. &lt;br /&gt;Por eso sus imágenes, además de producir belleza, duelen.&lt;br /&gt;—Cuando estoy viviendo en Gesell voy a ver casi todos los amaneceres. Sentir el poder del día cuando se hace es infinito. Sobre todo en verano. Esas son horas de limpieza. &lt;br /&gt;Ahora está en Buenos Aires. Toma mate en un departamento chico de San Telmo y desde la ventana -en un piso noveno- pueden verse los techos, las terrazas, los alféizares, en fin: la ciudad de la que huyó. Lestido viene cada vez menos a este sitio y su casa, a esta altura, transcurre en el trance de los lugares vacíos: están los libros, está el laboratorio, están las plantas. Pero el alma de Lestido, no.&lt;br /&gt;El alma está en el mar.&lt;br /&gt;—Es el paisaje que más amo. Aunque lleva un tiempo encontrar un equilibrio allá. Cuando hago clínicas, que son espacios de conexión con uno, trato de llevar a mis alumnos a la sierra o a un río, porque el mar puede desequilibrarlos: el mar es pesado. &lt;br /&gt;Ahora sonríe: una línea fina –blanca- sobre el rostro oscuro. &lt;br /&gt;—Pero yo estoy bien. Aparte me hice muchos amigos allá. Es una linda forma de estar sola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Anónima&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Adriana Lestido es una de las fotógrafas documentales más influyentes de las últimas décadas. Fue la primera fotógrafa argentina en recibir la prestigiosa beca Guggenheim. Ganó premios y subsidios como el Hasselblad (Suecia), el Mother Jones (Estados Unidos) y el Konex. En 2010 fue nombrada Personalidad Destacada de la Cultura. Y su obra integra las colecciones de museos de Argentina, Estados Unidos, Venezuela, Francia y Suecia. Pero esto en realidad no explica nada. &lt;br /&gt;Guillermo Saccomanno, prologuista de algunos libros de Lestido -y vecino suyo en Villa Gesell- reescribe todo lo anterior de la siguiente manera: “A través del tiempo Adriana fue depurando su visión, volviéndola más austera y a la vez más poética. Lo que sugiere no sólo un enorme dominio del oficio sino de la transmisión de sentimientos. Creo que hay una sola forma de capturar estas impresiones. Y es poniéndose, sin demagogia ni pietismo, en el lugar del otro. Solidariamente. Y Adriana lo hace”. Eso dice Saccomanno. Y luego dice otra cosa: dice que frente al famoso dilema de qué hacer frente a un chico herido en un combate (si asistirlo o fotografiarlo) no hay dudas de que Adriana ayudaría la víctima y dejaría en un segundo plano la búsqueda de belleza. “Esta perspectiva ética es justamente la que la diferencia del resto de tantos de sus colegas –dice-. Y, a la vez, es la que la distingue superando lo profesional y consagrándola como artista”.&lt;br /&gt;Después, claro, está lo que dice el cuerpo. &lt;br /&gt;La altura de Lestido es extraña: sus piernas son largas –jóvenes-, pero el torso –con los hombros inclinados levemente hacia delante- parece habitar y a la vez producir algún tipo de noche. El cuerpo de Lestido es una callada prolongación de su pensamiento. Es eso. A Lestido le gusta que no se la sienta. No sólo cuando trabaja sino también cuando publica. Lestido quiere diluirse a tal punto que sus fotos dejen de ser suyas y la persona que las mira pueda pensarlas como propias. Le pasó con el retrato “Madre e hija” en Plaza de Mayo (1982): la tomó un colectivo feminista y la puso en las calles sin consultarla ni ponerle el crédito. A ella le gustó. Cree que sólo así –cuando el autor se vuelve anónimo- las fotos pueden crecer a través de tiempo.&lt;br /&gt;—¿Te pasó con alguna otra imagen, aparte de la de la Plaza?&lt;br /&gt;—Sí. Con “La Salsera”, la de la pareja abrazada. Con esa armé mi pensión vitalicia. &lt;br /&gt;Ríe. Sus ojos –chicos- son dos trazos de sombra que se apoyan en una sombra mayor. Lestido está bronceada. Pero su piel no es el resultado de una apuesta estética sino de un diálogo con la luz. Lestido sabe hablar. Con la luz o con lo que sea. Para el fotógrafo Juan Travnik –ganador también de una beca Guggenheim- esta facilidad para el diálogo tiene que ver con el amor. “Al partir del amor por el otro, Adriana pone en juego un respeto y un cuidado por no dañar a ese otro, ya sea una persona, un animal o una planta –dice-. Eso hace que en sus imágenes no se encuentre esa exhibición morbosa o especulativa de las heridas con que casi se regodea -vanamente- el que supone que con la presentación de lo terrible concreta un  trabajo ‘denso’ y ‘comprometido’. Si se parte del amor y de una espiritualidad profunda, termina siendo difícil caer en una torpeza como esa”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Ausencia&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hubo una primera foto. No era suya sino de Dorothea Lange. Se trataba de uno de los tantos registros que Lange había hecho en tiempos de Gran Depresión americana. En la imagen podía verse una mujer con sus hijos, sumida en la desesperanza de esos días terribles. Adriana vio esa copia y supo, antes en el cuerpo que en cualquier otra parte, que iba a ser fotógrafa. A fines de los ‘70 empezó a registrar niños en las plazas. Y en 1982 se inició como reportera gráfica en el diario La Voz, donde estuvo hasta 1984, cuando entró a la agencia Diarios y Noticias (DyN). &lt;br /&gt;En el medio de todo eso, hubo una mañana.&lt;br /&gt;Una mañana de 1982, en la que habían enviado a Lestido a cubrir una manifestación donde se exigía una respuesta por los miles de desaparecidos de la última dictadura militar. Lestido –quien había entrado a La Voz hacía una semana- tenía sólo veinticuatro años y una cámara. Eso fue suficiente. Frente a ella había una madre y una hija con pañuelos blancos sobre la cabeza, gritando su dolor y su furia por un hombre -marido y padre a la vez- que aún no daba señales de vida. Ni las daría nunca. La escena reescribía, a su manera, la imagen de Dorothea Lange: el vacío, la soledad y el asco de existir armaban su geografía en ese par de mujeres. &lt;br /&gt;Lestido tomó la foto. Y sucedió el comienzo.&lt;br /&gt;Hospital Infanto juvenil (1986/88); Madres Adolescentes (1988/90); Mujeres presas (1991/93); Madres e hijas (1995/98); El Amor y Villa Gesell (1992/2005), Interior (2011): basta mirar los ensayos y las series que hizo a lo largo de las décadas para intuir que los cuerpos -las formas- son para Lestido el resultado de una transacción. Los cuerpos son la condición para que se presente el alma. Sin ellos no habría nada. Las imágenes de Lestido –madres, hijas, presas, niñas; ahora también paisajes- suelen mostrar lo que no puede ser dicho.&lt;br /&gt;—Durante mucho tiempo se dijo que yo retrataba el universo femenino –dice Lestido-, pero no es eso: yo retrataba la constante ausencia de lo masculino, que no es lo mismo. Ese fue el eje de mi trabajo durante décadas. Pero ya no. Creo que esa parte sanó en mí. Ya vi todo lo que necesitaba ver. &lt;br /&gt;Incluso ya se tomó el trabajo de volver a ver lo que había visto. En el año 2010 Lestido hizo Lo que se ve (1979-2007), una exposición retrospectiva en la que trabajó durante dos años. Cada una de esas fotos, unidas entre sí por un hilván herido, formaba –y sigue formando- la postal de un universo roto; de una soledad que se presenta como un juego de muñecas rusas donde cada ausencia lleva adentro otra ausencia. Y donde en el fondo de todo está la belleza. &lt;br /&gt;Después de esa edición –con la que dio por terminado el período de las “ausencias”- Lestido tardó tres años en hacer algo nuevo.&lt;br /&gt;—Uno no es una máquina –explica-. Antes de hacer algo, uno está obligado a preguntarse: ¿Para qué lo hago? ¿Para estar en el candelero? ¿Para hacer una muestra por año? ¿Para que no se olviden de mí? ¿O se trata de una necesidad vital, evolutiva? Yo estoy todo el tiempo en frecuencia creativa, pero por ahí paso mucho tiempo sin hacer una foto. Y no me preocupa. No soporto la pregunta “¿en qué proyecto andás?” &lt;br /&gt;Lestido resopla.&lt;br /&gt;—Y yo no ando en nada, qué sé yo: estoy mirando el amanecer. Y la verdad que eso me alimenta más que montar una escena de creación sólo para que se suponga que estoy haciendo algo. Frente a tanta imagen y tanta nadería, prefiero preguntarme: ¿Llego al hueso con lo que estoy haciendo? ¿Me transforma lo que hago? ¿Podría vivir sin hacer lo que hago? ¿Entonces para qué lo hago? ¿Puede transformar al otro lo que hago? ¿Puede sentir propias las imágenes? ¿Le da ganas de hacer fotos? Ése es el compromiso que uno debe asumir.&lt;br /&gt;—El compromiso del arte entonces es con uno mismo.&lt;br /&gt;—Sí. Hay una malversación del concepto de arte y de compromiso. Creo que el compromiso tiene que existir, pero con uno. Uno tiene que saber detenerse. Todo es cuestión de parar, vaciarse y hacer espacio para llegar al hueso. La creación para mí es eso: espacio y limpieza. Para mí no existe la página en blanco: la página está llena de cosas y tengo que depurar para poder conectar. Yo conecto desde el vacío y eso lleva muchísimo trabajo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Ver o no ver&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lestido empezó a tomar fotos con una cámara de su padre. Estaba guardada en el ropero de su casa, en el barrio de Mataderos, a pocos minutos del mercado de Liniers. La cámara tenía fuelle y es de suponer que las fotos de la infancia –Adriana a los cuatro, cinco años- fueron tomadas con ese artefacto. Pero ella no recuerda a su padre con la cámara. Sólo recuerda lo otro. &lt;br /&gt;En 1961, él cayó preso por estafa. Ella tenía seis años; él 31. Él quedó en la cárcel de Caseros hasta que Lestido cumplió doce; ella iba a visitarlo. Luego creció. Estudió Ingeniería. Le gustaban las matemáticas, pero en cuestión de meses la carrera le pareció un espanto. Lestido no entendía nada. Cursó las materias durante 1973, y mientras tanto empezó a militar en una franja estudiantil. Así conoció a Willy, un estudiante que leía a Marx, Lenin, Mao. &lt;br /&gt;—Yo también leía –dice Lestido-, pero por obligación. &lt;br /&gt;Empezaron a militar en la Vanguardia Comunista. A esa altura, Lestido no era valiosa como alumna pero sí como militante. No recuerda si estudiaba algo. Sí recuerda que, llegada la dictadura militar, se fue de la facultad porque había llegado la proletarización.&lt;br /&gt;—Me fui porque tenía que entrar a trabajar en las fábricas. ¡Dios mío! Trabajé un día en una fábrica textil pero no me lo banqué. Jamás en mi vida había cosido a máquina. Mi trabajo era cortar las hilachas de unas telas y reponerles los trozos de telas a otras compañeras. Hasta que un día les dije a mis compañeros: “No puedo”. “Bueno -me dijeron-. Entonces estudiá enfermería; la revolución necesita enfermeros”. “¿Pero no puede ser medicina?” les digo. “No: enfermeros” me dicen. &lt;br /&gt;Lestido estudió enfermería durante un año. Hasta que un día tuvo que preparar el cuerpo de un anciano muerto y no lo soportó. Huyó. Y de alguna forma que ni siquiera ella recuerda del todo, llegó 1978. Que es lo mismo que decir el año negro.&lt;br /&gt;—Desaparecieron Willy y un montón de amigos. Él tenía 29 y yo 23. Tiempo después decidí estudiar cine. Fue en el ‘79. Recién hace unos años me cayó la ficha de que su ausencia algo tendría que ver con mi trabajo. La necesidad de registrar las cosas con imágenes, supongo. De poner, ante lo ausente, la imagen. &lt;br /&gt;Lestido empezó a hacer fotos el año en que Willy desapareció. Y empezó a analizarse cuando empezó a hacer fotos. Las dos eran formas distintas de conocimiento: si faltaba una u otra, Lestido sabía que se derrumbaba. &lt;br /&gt;Hoy –a treinta años de ese año- Lestido no se rompe tan fácilmente. Pero reconoce sus propios pilares. Y siguen siendo –palabras más o menos- los mismos. &lt;br /&gt;—El análisis y la fotografía van en una misma dirección: te ayudan a ver aquello que tu ojo no ve. Yo no fotografío lo que vi, porque si ya lo vi… ¿para qué lo quiero en papel? Lo que quiero ver es lo que no ve mi ojo. Fotografío lo que percibo pero no llego a ver.&lt;br /&gt;—¿Por eso tus fotos siempre son en blanco y negro?&lt;br /&gt;—Creo que sí. En los sueños uno no se acuerda del color. No es que soñemos en blanco y negro: simplemente, es imagen sin color. Y lo mío es eso, más que nada: no es que ame el blanco y negro. En realidad quiero sacarle el color a la imagen.&lt;br /&gt;Su último trabajo fue un encargo de Insud: un grupo económico con un brazo filantrópico que le pidió a Lestido que hiciera un registro de la labor de conservación del medio ambiente y de lucha contra las enfermedades de la pobreza (chagas, dengue) que el Grupo tiene en ciertas provincias de Argentina. Lestido aceptó. Pero lo hizo a su manera. Tomó su cámara Leica y su libreta de notas, y se fue sola a recorrer los pueblos. El resultado es un libro donde la naturaleza tiene la misma entidad que las personas, y donde hasta las orquídeas se desnudan de todo color.&lt;br /&gt;—En México también me pidieron que hiciera un laburo en unos bosques y… bueno. Capaz que imaginaban algo verde. &lt;br /&gt;Se ríe.&lt;br /&gt;—Pero yo quiero ir cada vez más a lo esencial. No sé bien por dónde, pero sé que la Naturaleza me va a guiar. &lt;br /&gt;El trabajo, que ahora está en las librerías, se llama Interior.&lt;br /&gt;Dice Lestido que no podría llamarse de otra forma.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-724880345871523495?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/724880345871523495/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=724880345871523495' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/724880345871523495'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/724880345871523495'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2011/06/adriana-lestido-para-adn.html' title='Adriana Lestido para ADN'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-tv8bP8_avoA/TgSN6u2DtqI/AAAAAAAAAG4/rvUy5Ppv6AM/s72-c/Lestido' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-1373446554418652995</id><published>2011-06-14T08:46:00.000-07:00</published><updated>2011-06-14T08:55:26.869-07:00</updated><title type='text'>Aurora Venturini, para Revista Ya (diario El Mercurio)</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-fTEM6XEsnd4/TfeEDFd8oLI/AAAAAAAAAGw/F7yoP6lIyEY/s1600/Aurora.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 145px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-fTEM6XEsnd4/TfeEDFd8oLI/AAAAAAAAAGw/F7yoP6lIyEY/s200/Aurora.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5618104248710242482" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Plata, la capital de la provincia de Buenos Aires, es una ciudad de casas bajas, veredas anchas, árboles robustos. Pájaros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Nena, ¿vos conocías La Plata ya?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Nací acá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En una calle común –una calle inmersa en una eterna siesta- hay una casa también común.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y qué apellido tenés, nena?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Licitra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Primero se ve una puerta pequeña, luego un pasillo, finalmente otra puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Licitra! Yo me acuerdo de Ducezio Licitra, ¿era tu abuelo? Él era profesor de italiano en la escuela Normal donde trabajé yo y tu abuela era Maite, ¿no? Ella fue mi compañera y yo era muy amiga de su madre, que era la directora de la escuela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Detrás de la segunda puerta hay un departamento de tamaño moderado con espacio para un baño, una cocina, un patio, un dormitorio y este living.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y tu abuela cómo está? –se toca la sien- ¿Está bien de la cabeza? ¿Y de físico?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Está bien, tiene que cuidarse con la comida pero...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ah, está gorda entonces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El living tiene paredes de un verde limón muy claro, y sobre las paredes hay fotos de Eva Perón, algún ángel de cerámica, una imagen de Jesús, un afiche de la película El Pibe, una foto de Borges con su madre, y diplomas enmarcados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Yo peso 50 kilos nada más. Siempre fui de poco comer. Siempre fui muy desganada. No tomo vino. Ahora para las fiestas apenas un poco de champán. Pero siempre pesé igual. Sólo comía para tener presión, mirá lo bien que estoy.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cuerpo de Aurora Venturini es una rama. Una rama donde cuelgan, prolijamente, los colores y las cosas: un tailleur de lino gris, unos aretes dorados, un prendedor también dorado, un rouge marrón con brillo tornasol. Arriba, como una pequeña copa de árbol, el cabello castaño –levemente rojizo- se curva quietamente sobre el rostro óseo, pequeño, maquillado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Vos comés? Sos flaquita vos. Es lindo ser flaquito. ¿Querés comer algo? Tengo un arrolladito comprado porque yo no sé cocinar, nunca me salió, nunca me interesó. Siempre fui una inútil, por eso me separé dos veces. Cada matrimonio fue una guerra. Pero yo no acuso a los hombres. Me acuso a mí. No se puede vivir conmigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué es lo difícil?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Que lo único que me importa es escribir. Ese es el comienzo, el transcurso y el fin de mi vida. Es lo único que he tenido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aurora calla y mira a los ojos. Se la ve serena y afilada como un escalpelo que descansa sobre la mesa limpia de un quirófano. Al alcance de su mano –nudosa- hay una computadora portátil. La usa sólo para mandar mails; el resto de las cosas las escribe a máquina. Porque Aurora Venturini –hay que aclararlo- escribe. No es lo único que ha hecho -también fue docente, psicóloga, traductora de italiano y francés, jinete de salto en el Club Hípico de La Plata, y amiga íntima de Eva Perón- pero la escritura es, de todas, la actividad más acabada, silenciosa y vital que Aurora llevó a cabo en estas décadas. A lo largo de sesenta y cinco años publicó más de treinta libros –poesía, narrativa, ensayo, crítica e investigación- de cuya existencia poca gente estaba al tanto. Pero a ella no le importó. Nunca escribió, dice, pensando en la mirada de los otros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Yo siempre me pagué mis ediciones porque no me gustaba ir a pedirle nada a nadie. Y después gané muchos premios, pero locales. De la provincia, del municipio, después tengo uno en Verona porque escribí sobre Verona... Pero eran premios que no retumbaban afuera. Hasta que en Página/12 me premiaron y ahí sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aurora –su voz rasposa, lijada: vieja- sonríe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ahí todos se dieron cuenta de quién soy yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La prima&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aurora Venturini, de ochenta y nueve años, recién se hizo célebre a los ochenta y seis. En ese entonces, había enviado un manuscrito al Premio de Nueva Novela organizado por el diario matutino Página/12 y su texto provocó estupor, ganó y se convirtió en un libro: &lt;em&gt;Las primas.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y en &lt;em&gt;Las primas &lt;/em&gt;pueden leerse cosas como ésta:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Betina sufre un mal anímico. Fue el diagnóstico de una sicóloga. No sé si lo reproduzco correctamente. Mi hermana padecía de un corcovo vertebral, de espalda y sentada semejaba un bicho jorobado de piernecitas cortas y brazos increíbles. La vieja que venía a zurcir medias opinaba que a mamá le hicieron un daño durante los embarazos, más espantoso durante el de Betina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pregunté a la sicóloga, señorita bigotuda y cejijunta, qué era anímico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella me respondió que era algo que tenía relación con el alma, pero que yo no podía entenderlo hasta que fuera mayor. Pero adiviné que el alma sería semejante a una sábana blanca que estaba dentro del cuerpo y que cuando se manchaba las personas se volvían idiotas, mucho como Betina y un poquito como yo”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando leyeron esto –por no hablar del resto del libro- los miembros del jurado –entre otros, los escritores Guillermo Saccomano, Juan Sasturain, Alan Pauls, Rodrigo Fresán y Juan Forn- se dejaron llevar por la frescura y la fiereza y creyeron que se trataba de un joven talento. Pero abrieron el sobre con la identificación del ganador, y era Aurora: una octogenaria con un curriculum tan largo como su propio olvido. Días después, Liliana Viola, periodista de Página/12, llamó a Aurora para avisarle que tenía altas posibilidades de ganar el concurso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Aurora Venturini? –dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Sí, señorita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Usted se presentó con el seudónimo Beatriz Poltrinari al concurso Nueva Novela de Página/12?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Sí, señorita, me presenté con Las primas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Sabe que está entre las 10 finalistas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No. ¡Ay! Sería muy importante que esta novela ganara. ¿Sabe por qué? Porque &lt;em&gt;Las primas &lt;/em&gt;soy yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con esa última frase, Aurora estaba haciendo un guiño a Gustave Flaubert, a quien se le atribuye falsamente una frase similar -“Madame Bovary soy yo”- que se habría usado para defender la entidad de una obra que en su época fue altamente cuestionada. Al igual que Madame Bovary, &lt;em&gt;Las primas &lt;/em&gt;también es un libro incómodo para su época: en tiempos de corrección política, Aurora se despachó con un relato ácido y falsamente candoroso sobre una familia donde abundan los mundos hostiles, los deformes, los silencios terribles y la gente con retrasos cognitivos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Estos personajes son figuras recurrentes no sólo en Las primas sino en buena parte de sus libros, incluido &lt;em&gt;Nosotros, los Caserta&lt;/em&gt;, que acaba de salir. ¿Por qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Porque en mi familia hay unos cuántos. Eso pasa cuando en una familia se casan entre primos para defender alguna herencia, un apellido, esas cosas de antes. Y claro, la sangre repetida si no es pura y sana siempre va a traer esas dificultades. Pero es gente buena. Es otro plano, digo yo. Gente buena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Ellos no se molestan con sus dichos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Cuando vieron el libro dijeron “somos nosotros”. Pero yo les dije que no eran. Y al final dijeron “bueno, total no importa”. Mucho no se dieron cuenta, creo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—La protagonista, Yuna, tiene un problema de dislalia…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Yo no. Sólo tengo problemas con la habilidad manual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pero digo: Yuna tiene problemas para pasar de la palabra abstracta a la palabra hablada. La pregunta es si usted nunca tuvo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Autismo decís?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No, no digo autismo. Me refiero al problema de Yuna: piensa una cosa pero después dice otra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ah, sí, pero eso nunca me pasó. Ese problema es de una prima mía. Pero tampoco se enteró.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Tiene hermanos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Hay dos chicas. Dos muchachas. Hay una que no sé si vive. La otra la veo de cuando en cuando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No tiene trato con ellas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No. Estoy desapegada, digamos. Yo quiero estar en mis cosas. Si no, no podría haber escrito tanto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué es para usted la familia, entonces?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Un inconveniente. Salvando la familia, podés hacer lo que quieras. Pero no te estoy aconsejando, ¿eh?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aurora nació en La Plata. Su padre tenía seis caballos, era jugador, dilapidó su dinero en el hipódromo y un día se fue de la casa. Su madre era docente y era –a ojos de Aurora- una pobre mujer sola. En el medio de todo eso, Aurora creció como pudo, estudió como pudo, se hizo peronista –también como pudo-, y con esa última elección logró lo que ningún amor había logrado: que su padre regresara. El hombre –antiperonista- retornó a la casa sólo para echar a Aurora del hogar. Luego de echarla, él volvió a irse y en algún momento murió –Aurora no sabe cuándo- y años después su madre también murió –y Aurora no la lloró.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—La única que me visita es una prima. No quiero que venga nadie más. Me desordenan todo. Siempre que viene mi prima me pregunta cómo hago para meter tantas palabras a través del cablecito de la computadora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aurora mira la mesa. Sólo están la máquina y sus manos: el hueso de sus manos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y usted qué le dice?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Que no sé. Que nadie sabe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Suerte&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde que ganó el premio de Página/12, Aurora obtuvo varios otros premios –entro ellos el “Otras voces, Otros ámbitos” de El Corte Inglés de España-; recibió infinitos elogios del escritor Antonio Vila Matas –quien publicó una reseña de Las primas en el diario El País-; fue traducida al francés y al italiano; fue llevada al Teatro Nacional Cervantes –donde se adaptó su libro a una obra de teatro llamada “Las primas o la voz de Yuna”; devino columnista de Página/12; y su nuevo título –que en realidad es la reedición de uno viejo, llamado Nosotros, los Caserta- acaba de ser publicado por Random House.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ahora me reconocen, me hacen notas, me publican en editoriales grandes, ahora soy bárbara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Por qué antes era ninguneada?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Porque yo era peronista. Tenía lindas cosas escritas, pero nadie me daba bola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aurora conoció a Eva Perón cuando armó su Fundación en La Plata. Para ese entonces –fines de la década de 1940- Juan Domingo Perón había llegado a la ciudad y un grupo de universitarios -Aurora entre ellos- había ido a recibirlo. El encantamiento fue instantáneo: Aurora, de familia radical, se sintió peronista para siempre. Consiguió un puesto en el área de Minoridad del gobierno bonaerense –Aurora era licenciada en Filosofía y Ciencias de la Educación- y luego le pidió al gobernador –con cuya mujer tenía trato- que le presentara a Eva Perón, pues quería trabajar con ella. Tiempo después, Aurora estaba trabajando en la Fundación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Nos hicimos muy amigas con Evita. Era muy buena persona, muy bella, un cutis perfecto, un encanto. Me acuerdo lo contenta que se ponía tu bisabuela cuando yo iba a ver a Evita. Tu bisabuela tenía un tapado de tigre, ¿no se lo conociste? Qué chiquita era tu bisabuela. Era –Aurora baja la mano- una cosa así tu bisabuela, no sé cómo tu abuela nació tan alta. Tu bisabuela siempre me preguntaba por Evita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y usted qué le contaba?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Que era una mujer buena. Yo no sé por qué la criticaban tanto, nadie hizo por los pobres lo que hizo Evita Perón. Yo la quise mucho. Me acuerdo de los últimos días de la señora. Muy sola estaba. Ya no servía. Así somos. Yo me acostaba al lado de ella y la ayudaba a pasar el tiempo contándole chistes. ¡Cómo le gustaban los cuentos! “Contame el del burrito” me decía. “Contame el del judío”. Cómo le gustaba el del judío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aurora cuenta el chiste del judío. También el del burrito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ves que no son cuentos pornográficos. Había algunos un poco zarpados nomás, pero a ella la divertían. Estaba tan enferma… Si no me pedía chistes, me pedía que le hablara de Heráclito. Yo le decía: “El tiempo es una entidad metafísica y no corre: el tiempo está tenso. En cambio nosotros y las cosas nos vamos”. “Ay Aurora –me decía Eva– cómo me gustaría ser heracliana para no irme tan pronto”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Cómo se relacionaba Eva Perón con la idea de su muerte?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ella sabía lo que tenía. Pero no se resignaba. Cuando el doctor le dijo lo del cáncer ella le pegó un carterazo tremendo. “¿Yo voy a tener cáncer? No tengo tiempo” gritó. Ella se murió demasiado pronto. Como Néstor Kirchner. Algunos se mueren pronto y otros muy tarde. Mirá a Perón: se volvió un viejo chocho, se casó con la enana y lo manejaban todos. Mejor que se hubiera muerto el día que bombardearon la plaza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando llegó el golpe militar de 1955 –que destituyó a Perón de la presidencia y se anunció con un bombardeo sobre la Plaza de Mayo- Aurora se exilió en París, donde vivió entre la crema de la intelectualidad existencialista. Allá tomó clases con Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir, estudió psicología en el Instituto de París, compartió noches de juerga con Albert Camus y Juliet Gréco y bebió tanto pernod que años después se volvió abstemia. “Simone era una señora. Me acuerdo que tenía un amante norteamericano y que Jean Paul lo sabía. Él se quiso casar con ella y ella le dijo que no. Aunque pienso que lo quería. Una vez me dijo: ‘Jean Paul se conforma con una hoja y un lápiz, no me necesita a mí’. Y era verdad. Yo también soy así. Lo único que quiero son las letras” dijo Aurora hace cuatro años, en su primera entrevista con Página/12. Pero ahora sólo dice esto:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—En París me quedó una amiga, Juliet Gréco, aunque no sé si murió. ¿Murió Juliet Gréco?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No sé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aurora estira la mano –el nudo de sus dedos- y toma un pastillero de tres pisos. De un compartimento saca una pastilla rosa –fluorescente- y se la apoya en la lengua. Luego busca el agua, traga, respira hondo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí, sí: murió Juliet Gréco. Igual si estuviera viva no puedo ir a verla. Desde hace seis años que no viajo. No puedo viajar con todas estas pastillas, a ver si en la aduana dicen que son drogas, y además viajar para qué. Ya viajé mucho. Ahora me cuesta subir escaleras, tengo miedo a las escaleras mecánicas, y todos mis amigos están muertos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y usted qué piensa de eso?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aurora mira: algo –un silencio- se raja en sus ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Se fue otra, qué suerte: yo todavía estoy. Eso es lo que pienso.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-1373446554418652995?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/1373446554418652995/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=1373446554418652995' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/1373446554418652995'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/1373446554418652995'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2011/06/aurora-venturini-para-revista-ya-diario.html' title='Aurora Venturini, para Revista Ya (diario El Mercurio)'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-fTEM6XEsnd4/TfeEDFd8oLI/AAAAAAAAAGw/F7yoP6lIyEY/s72-c/Aurora.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-5331982150560866158</id><published>2011-06-13T06:18:00.000-07:00</published><updated>2011-06-13T06:33:33.440-07:00</updated><title type='text'>Taller de crónica periodística</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-fq8G5AlNT2g/TfYOiiszvZI/AAAAAAAAAGY/YVgzJ1Wbv9w/s1600/Mafalda.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 170px; FLOAT: left; HEIGHT: 200px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5617693571784359314" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-fq8G5AlNT2g/TfYOiiszvZI/AAAAAAAAAGY/YVgzJ1Wbv9w/s200/Mafalda.jpg" /&gt;&lt;/a&gt; Cómo contar historias reales. Cómo producir mirada. Cómo buscar y organizar la información. Cómo autoeditar un texto. El objetivo de este taller es transformar un “hecho” en una pieza periodística ágil, sólida, publicable y con cualidades propias de la literatura. Para ello, se trabajará sobre textos de los alumnos y sobre piezas clásicas y contemporáneas de no ficción.&lt;br /&gt;El taller durará 8 clases. Fecha de inicio: 5 de septiembre. Cupos limitados.&lt;br /&gt;Informes: josefinalicitra@gmail.com&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-5331982150560866158?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/5331982150560866158/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=5331982150560866158' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/5331982150560866158'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/5331982150560866158'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2011/06/taller-de-cronica-periodistica.html' title='Taller de crónica periodística'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-fq8G5AlNT2g/TfYOiiszvZI/AAAAAAAAAGY/YVgzJ1Wbv9w/s72-c/Mafalda.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-3761409941236481044</id><published>2011-05-03T06:36:00.000-07:00</published><updated>2011-05-03T07:01:42.876-07:00</updated><title type='text'>El primer año del resto de nuestras vidas (para diario El Mercurio)</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-C76CEBK3jtE/TcAFNDkOAnI/AAAAAAAAAGM/javc1dkYgUA/s1600/Imagen%2B017%2Bmejorada.JPG"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 200px; FLOAT: left; HEIGHT: 150px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5602483658302554738" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-C76CEBK3jtE/TcAFNDkOAnI/AAAAAAAAAGM/javc1dkYgUA/s200/Imagen%2B017%2Bmejorada.JPG" /&gt;&lt;/a&gt;Parezco muerta. En las fotos y las filmaciones posteriores al parto todos están sonriendo y acunando al niño pero yo, en un segundo plano –dios mío, por qué no me habrán tapado- parezco muerta. Estoy tendida en una cama de hospital y tengo la piel pálida, los ojos cerrados, el cabello enmarañado y la boca abierta en forma de “A”, como si mi último aliento hubiera ido acompañado por la palabra “basta”.&lt;br /&gt;A mi alrededor –a juzgar por los vídeos que estoy viendo- la gente ronda. Mi marido filma y hace chistes. Mi madre dice algo como “yo lo voy a alzar recién a los seis meses” pero después va y alza al bebé. Luego van arribando las visitas: abuelos, suegra, cuñado, tíos, amigos. Todos circulan, hablan en voz baja y hacen ruido de desenvolver regalos. Más tarde llegan los hijos de mi marido. Qué pequeños están. Miran a través del cristal de la cuna y hacen un gesto de callado estupor. “Creo que se parece a mí” susurra uno de ellos. Alguien les da charla: alguien intenta hacerlos sentir importantes. Los niños se sientan en un sillón. Hablan con mi madre. Mi tío conversa con mi prima. Mi amiga le dice a su hijo: “Cuidadoquedatequietoniseteocurra”.&lt;br /&gt;De fondo, despierto de mi sopor y pronuncio algo inteligible pero nadie se entera. Todos están felices.&lt;br /&gt;Nació Joaquín.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tuve un hermoso embarazo. No subí de peso a niveles preocupantes, todos me decían que estaba linda y yo pasaba los días escribiendo, comprando cosas para el cuarto del bebé y haciendo planes con Juan, mi marido, respecto del lugar donde pondríamos el trípode y la cámara cuando llegara la hora del parto. Juan tiene tres hijos de un matrimonio anterior, pero aún así tuvo el amoroso gesto de acompañarme en muchas de mis ñoñerías de madre primeriza: fuimos juntos al curso de preparto, juntos le cantamos canciones al niño (o sea: le cantábamos odas enteras a mi propia panza) y juntos nos alegramos cuando un familiar lejano nos regaló el “Libro del Bebé”: un cuaderno con espacios en blanco para llevar un diario del primer año de vida.&lt;br /&gt;Ahora, a casi seis años del nacimiento de Joaquín, leo el Libro del Bebé –que empezó a ser completado en los días posteriores al parto- y me siento embaucada por mí misma. “Estos fueron algunos de los regalos que recibió Joaquincito: muchos perritos de peluche, algunos juguetitos, ropita, una mamaderita y este libro. ¡Ah! ¡Y un hermoso dinosaurio Barney!”. ¡Ey! ¿Por qué escribía así? ¿Qué pasó? La pregunta ya no alude a mi coeficiente intelectual sino –todavía peor- a mi honestidad. Si me guío por el Libro del Bebé, parece que mi primer año de maternidad fue hermoso (“hermosito”). Pero de acuerdo con mi propia memoria fue un año duro. Lindo –sanador- pero duro.&lt;br /&gt;Desde el primer minuto: duro.&lt;br /&gt;El parto, contra todos mis pronósticos de embarazada optimista, fue un martirio. Los detalles son muchos y son tediosos, pero la conclusión es que luego de seis horas de un trabajo extenuante –yo me negaba a la cesárea- alguien dijo algo como “nena, ya no se puede esperar más”, me puso anestesia y me llevó casi dormida al quirófano.&lt;br /&gt;No vi nacer a mi hijo.&lt;br /&gt;La primera imagen que recuerdo es la de Juan sosteniendo a un bebé y diciendo “este es Joaquín”. Luego parece que volví a dormirme. Juan dice que lloré.&lt;br /&gt;Esa, quizás, debería ser la primera foto del Libro del Bebé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una mañana subía una escalera con mi hijo –de entonces cuatro meses- cuando pisé mal un escalón y perdí el equilibrio. No fue ni siquiera un tropezón: fue una vacilación, una fracción de segundo que quedó por afuera de las marcas del tiempo. Al final no pasó nada: pronto recuperé el control. Pero en ese lapso casi microscópico sucedió algo que dejó una marca: cuando vi la posibilidad de una caída, sin pensarlo acomodé el cuerpo de manera que –en el caso de que el azar necesitara romper algunos huesos- la única candidata al desastre fuera yo.&lt;br /&gt;No sé si fue amor o fue instinto. Sólo sé que esa mañana, con las posibilidades de la salvación y el daño llegó, también, una certeza ulcerante: entendí que mi cuerpo ya no era mío. Entendí que mi tiempo –otra clase de cuerpo- tampoco era mío. Y entendí que ese cambio de rumbo, que algunas décadas atrás se vivía sin grandes dramas (el destino de las mujeres casi siempre estaba signado por un hombre) podía llegar a ser –y es, de hecho- una fuente de conflicto: si querés ser dueña de tus pisadas, quizás no sea buena idea tener un hijo.&lt;br /&gt;Porque ser madre es –todo junto- florecer y morir un poco.&lt;br /&gt;Y a mí me gusta.&lt;br /&gt;Necesito morir y necesito florecer. Todo el tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Les mando un mail a mis amigas con hijos. Les pido que me escriban, en cuatro líneas, un resumen de su primer año de maternidad. Lo primero es que no escriben cuatro líneas: me mandan muchos párrafos, muchos mails, no pueden parar de desahogarse. Raro: pasa el tiempo, los hijos crecen y las mujeres necesitamos seguir hablando del primer año del resto de nuestras vidas.&lt;br /&gt;Estas son las respuestas.&lt;br /&gt;Amiga 1: “¿Si fui feliz? No lo sé. Tenía demasiado sueño, demasiado miedo y demasiado todo para darme cuenta. Podría resumirlo así: fue el año en que aprendí a no ser yo. Alguien me reclamaba y yo tenía que llegar. También fue el año en que me separé. La experiencia ‘niño’ fue devastadora para ‘la pareja’. Mi hijo tenía cólicos y yo no dormí hasta los siete meses. El pediatra me consolaba con la frase ‘los bebes con cólicos son propios de madres inteligentes’. Un año después de separarme estaba saliendo con el pediatra”.&lt;br /&gt;Amiga 2: “Los primeros tiempos no fueron malos. No me sentí ni tan angustiada ni tan puérpera ni tan desbordada. Pero a partir de los seis meses me vino la angustia toda junta. Primero porque no sabía cómo llevar mi vida laboral y reubicarme, y segundo porque mi preocupación por eso enojó mucho a mi marido. Yo sentía que estaba haciendo bien las cosas, hasta que me tocó lidiar con algo que no esperaba, que fue la mirada del padre. Ahí tuve conciencia absoluta de lo que es —metafísicamente hablando— estar solo en este mundo”.&lt;br /&gt;Amiga 3: “Una de las primeras cosas que pensé ese año fue: ‘¿Dónde está el padre de esta criatura?’ Esa pregunta me surgía sobre todo cuando mi hijo se dormía y yo pensaba ‘uff, por fin’ y entonces en vez de descansar trataba de leer un poco y de probarme el pantalón a ver si me entra y ya que estamos mejor limpio y desinfecto la casa y… listo, se despertó. No podía creer que eso fuera a ser así para siempre. La literalidad con que me había tomado eso de que ‘mientras el nene duerme vos dormís’ me hizo sentir un poco estafada. Me recuerdo esperando que mi marido llegara del trabajo para ir corriendo a comprarme cigarrillos y estar un rato sola".&lt;br /&gt;Amiga 4: “Una mañana le tiré a mi pareja un pañal sucio desde unos cuatro metros de distancia, sobre la cabeza, al grito de ‘¿por qué si yo escucho a la nena vos no?, ¿por qué no te levantás si estoy agotada?’. Yo veía volar el pañal, como en cámara lenta, y sabía que estaba haciendo algo terrible, y aun así nada podía evitarlo porque el pañal tenía que volar, el tipo tenía que despertarse”.&lt;br /&gt;Amiga 5: “Me acuerdo del olor. Fue el primer año que viví con un eterno olor a cuajada a la altura del hombro. Me acuerdo de eso y del estado de alerta, casi de terror, en el que vivía a la espera del ‘despertar de la bestia’. Como decía el tipo de Perdidos en Tokio, ‘la vida que conociste hasta entonces desaparece para siempre’. Sí, son redondos y divinos, pero a cambio se llevan puestas tus noches, tu descanso, tu tranquilidad y tu hígado. Por suerte la Naturaleza es sabia y después te olvidás de todo. Pero igual estaría bueno que las mujeres comenzaran a sincerarse un poco y a decir que el primer año del bebé es una pesadilla”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¿En qué nos transformamos las mujeres luego de ser madres?”. Años atrás, me invitaron a un programa de televisión para hablar de esto. La invitación respondía a que tenía un hijo –en ese entonces, de un año- y a que en esos días, en una columna de opinión en la revista Newsweek, había explicado que yo amaba –y amo- a Joaquín, pero que aún así a veces fantaseaba con dormirlo de un soplido y recuperar mi vida.&lt;br /&gt;Fanny Mandelbaum, sesenta y tantos años, uno de los tres conductores del programa, se espantó con el planteo. Mex Urtizberea, cuarenta y tantos años –varón, por sobre todas las cosas- se sorprendió con el planteo. Y Carla Czudnowsky, más o menos de mi edad, entonces madre de una criatura de dos años, se puso de pie y pidió un aplauso.&lt;br /&gt;—Yo tuve una depresión posparto, sentí que mi espíritu había abandonado mi cuerpo –admitió Carla-. Me pregunté si podría volver a ir al baño sola, si alguna vez volvería a tener sexo mañanero, si mi cuerpo y mi tiempo iban a volver a ser míos. A veces una extraña esa otra persona que una fue, esa otra vida que vivió. Porque amamos a nuestros hijos, pero también nos cansan y nos confrontan con nuestras propias miserias. Y eso es desesperante.&lt;br /&gt;—La desesperación es un lujo que ustedes pueden darse -interrumpió Fanny-. La mamá del interior que vuelve del hospital y la esperan cinco chicos en la casa y tiene que atender al marido que es machista no se sienta con el bebé en brazos y se pone a llorar. Lo pone en la cuna y empieza a trabajar, chicas.&lt;br /&gt;Fanny –a quien adoro- nos retó.&lt;br /&gt;Fanny –a quien adoro- no entendió –o no pudo entender- que yo no tengo cinco hijos, que no vivo en el interior y que mi vida está llena de angustias estúpidas que –con el paso de los años- he terminado por catalogar como angustias a secas.&lt;br /&gt;He llorado porque no me entraba el pantalón.&lt;br /&gt;He llorado porque una blusa nueva se manchó con vómito.&lt;br /&gt;He llorado, sobre todo, sin saber por qué lloraba.&lt;br /&gt;Y entre llanto y llanto, he visto pasar el primer año.&lt;br /&gt;Vuelvo, ahora, a mirar el Libro del Bebé. Vuelvo a leer todas las pavadas en diminutivo que escribí esos días -“A Joaquín le gusta dormir con la jirafita Fita”, “las primeras comidas de Joaquín fueron raviolitos, pescadito y ¡todo lo que comían sus papis!”- y pienso que sí: que yo era una tarada y una mentirosa. Pero también pienso –quizás por piedad- que las palabras tontas envuelven, en la hondura de su fruslería, un miedo serio, un miedo profundo. Un miedo tan feroz –y tan impresentable- que lo tenemos que esconder.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-3761409941236481044?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/3761409941236481044/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=3761409941236481044' title='12 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/3761409941236481044'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/3761409941236481044'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2011/05/el-primer-ano-del-resto-de-nuestras.html' title='El primer año del resto de nuestras vidas (para diario El Mercurio)'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-C76CEBK3jtE/TcAFNDkOAnI/AAAAAAAAAGM/javc1dkYgUA/s72-c/Imagen%2B017%2Bmejorada.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-3321199829024424745</id><published>2011-05-02T12:56:00.000-07:00</published><updated>2011-05-02T13:01:56.528-07:00</updated><title type='text'>Pepe Mujica para Orsai</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-3scV1JJev7s/Tb8NmvJVuXI/AAAAAAAAAFg/FASsHFN7iVg/s1600/Pepe.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 200px; FLOAT: left; HEIGHT: 117px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5602211420614015346" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-3scV1JJev7s/Tb8NmvJVuXI/AAAAAAAAAFg/FASsHFN7iVg/s200/Pepe.jpg" /&gt;&lt;/a&gt; Acá.&lt;br /&gt;José Mujica, presidente de la República Oriental del Uruguay, vive acá.&lt;br /&gt;En la entrada del rancho hay una cuerda donde cuelgan las ropas de un niño –pobre-; una casucha de ladrillo gris a medio hacer –pobre-; un desmadre de plantas –juncos, pastos crecidos, yuyos-; una hectárea de tierra recién surcada; y perros, muchos perros. Chuchos que circulan con el paso lerdo de los animales viejos y que cada tanto buscan esquinas de sombra allá en el fondo, pasando unos arbustos, en la casa de José Mujica.&lt;br /&gt;Allá. José Mujica, presidente de la República Oriental del Uruguay, descansa allá: en cuatro ambientes de paredes desconchadas donde hay una cocina, un sillón rojo, una perra de tres patas –la mascota de Mujica es tullida- y una estufa a leña. Desde ese bajofondo austero, casi marcial, este hombre emergió infinitas veces –primero como legislador nacional, luego como candidato presidencial- a recibir a la prensa.&lt;br /&gt;Y “recibir”, en el planeta de Mujica, es un verbo imperfecto.&lt;br /&gt;Mujica ha recibido periodistas recién bajado del tractor, sin la dentadura puesta, con el pantalón arremangado hasta las rodillas y con una gota de sudor colgando de la nariz.&lt;br /&gt;Mujica ha recibido periodistas con un afectuoso cachetazo y con esta frase:&lt;br /&gt;—Cortala con el bla bla y andá a laburar, que es lo que necesita el país.&lt;br /&gt;Mujica ha recibido periodistas en días preelectorales, con alpargatas pero sin dientes –bueno, ha dado conferencias de prensa enteras sin dientes-, jugando con su perra manca y haciéndose cortar el pelo por un desconocido que había ido a pedirle trabajo.&lt;br /&gt;Mujica ha recibido periodistas la mañana misma de los comicios presidenciales y los ha recibido en pijama, con la barba crecida y con las encías rumiando esta única frase:&lt;br /&gt;—A pesar del ruido, el mundo hoy no va a cambiar.&lt;br /&gt;Era, ese entonces, la mañana del 29 de noviembre de 2009. Y aunque el mundo no cambió, ese día el Uruguay torció su propio rumbo: con el 52% de los votos –ganados a Luis Alberto Lacalle en un ballotage-, Mujica se convirtió en el presidente más impensado del Uruguay y probablemente de la tierra. No sólo por su austeridad llevada hasta el paroxismo sino por su pasado, que no es otra cosa que el origen de todo lo demás.&lt;br /&gt;Mujica militó en el Movimiento de Liberación Nacional–Tupamaros (MLN-T, una guerrilla que nació y se fortaleció al calor de la revolución cubana); estuvo dos veces preso en una cárcel que hoy –maravillas de la globalización- es un shopping; huyó de ese penal en uno de los escapes más espectaculares que tiene la historia carcelaria universal; vio demasiados amigos morir y esperó demasiadas veces la muerte propia; estuvo diez años aislado en un pozo –durante la dictadura militar de 1973-, donde sobrevivió a la posibilidad de la locura; y llegada la democracia festejó esa sobrevida del único modo posible: arando y militando. Esta vez, desde un marco legal.&lt;br /&gt;En 1995, Mujica devino el primer tupamaro en ocupar un puesto como diputado nacional. Luego fue senador. Después fue ministro. Y a fines de 2009 se transformó en el primer “ex guerrillero” en llegar a la presidencia del Uruguay y en completarle el sentido a una lucha ideológica por la que se inmoló buena parte de América Latina.&lt;br /&gt;—El Pepe llegó, primero, porque sobrevivió –dirá días después José López Mercao, compañero de Mujica en la cárcel de Punta Carretas–. Segundo, porque el movimiento armado salió muy honrado frente a la población: siempre estuvo esa idea de que los tupamaros eran buena gente. Y por último, porque Pepe siempre fue un tipo muy humano, muy enamorado, muy zorro y muy austero.&lt;br /&gt;Hoy, Mujica se traslada en un Chevrolet Corsa más bien viejo. No usa corbata. No tiene celular. No tiene tarjeta de crédito. Prohíbe a los empleados de gobierno usar Facebook o Twitter o cualquier cosa parecida. Tiene una esposa –la senadora Lucía Topolansky- tan asceta como él. Y no vive en la residencia presidencial sino en esta chacra de huesos flacos en Rincón del Cerro: un páramo rural -a veinte minutos de Montevideo- donde el campo es más un esfuerzo que un vergel.&lt;br /&gt;Mujica pasa aquí sus días desde mediados de la década de 1980, cuando salió del pozo carcelario con la certeza de que –todo junto- volvería a la política y se compraría una granja. Lo acompañan Lucía Topolansky –también tupamara, y tercera en la cadena de mando de Uruguay-; Manuela –su perra de tres patas-; dos familias que, por no tener lugar mejor donde caerse muertas, fueron a hablar con Mujica y recibieron a cambio un pedazo de tierra dentro de esta misma estancia (por eso la construcción gris a medio hacer; por eso las ropas de niño colgando de una cuerda); y dos hombres uniformados que ahora se interponen en la entrada y dicen, amablemente, lo que vinieron a decir:&lt;br /&gt;—Pida una entrevista en la torre presidencial.&lt;br /&gt;Desde que asumió su cargo, Mujica –famoso hasta entonces por su disponibilidad mediática- dio sólo tres entrevistas y todas fueron a un único medio. La razón: sus jefes de prensa saben que Mujica habla del mismo modo en que vive -sin cortesías y con la casa en construcción- y, ahora que es un mandatario, quieren cuidarlo. Para eso ponen infinitos filtros y para eso, entre otras cosas, está esta guardia: dos tipos de pecho hundido, acompañados por un perro labrador que se tira panza arriba y recibe mis caricias.&lt;br /&gt;—Esta es la casa del presidente –dice uno de ellos.&lt;br /&gt;—Además el presidente no está –dice el otro.&lt;br /&gt;—Ah –digo yo.&lt;br /&gt;Nos miramos en silencio.&lt;br /&gt;Atrás de estos dos hombres se ve la ropa gastada pendiendo de una soga, la casa a medio hacer, los juguetes de niño entre los pastizales. Pero lo que no se ve es lo otro: el inmenso cúmulo de duda que se yergue sobre este escenario de insólita simpleza.&lt;br /&gt;Porque José Mujica vive acá, eso está claro.&lt;br /&gt;La pregunta es cómo eso es posible. La pregunta es por qué.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Yo no quería que Pepe fuera presidente.&lt;br /&gt;Julio Marenales es uno de los líderes históricos del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T) y es visto por Mujica como “un hermano”. Militaron juntos, juntos cayeron en el penal de Punta Carretas, juntos también se fugaron, y juntos –aunque separados en distintos establecimientos- padecieron diez años de encierro en los pozos cuartelarios. La distancia entre Marenales y Mujica llegó recién en este último tiempo: Mujica fue avanzando en el terreno político, mientras que Marenales –si bien respalda a Mujica- se quedó en la organización. Hoy representa el ala radical y se ha transformado en una suerte de guardián de la pureza ideológica del Movimiento.&lt;br /&gt;—El Pepe no puede hacer una presidencia con las ideas que tenía como tupamaro. Ha tenido que adaptarse. Se amoldó al pensamiento general del Frente Amplio, que es una fuerza donde hay trabajadores pero también empresarios, y a los empresarios les gusta el sistema capitalista. Por tanto las ideas que sustentó el compañero Mujica años atrás las tiene, supongo, en el congelador. Es decir: el Pepe no va a hacer la revolución. Lo que no quita que este sea, por lejos, el mejor gobierno que tuvo este país.&lt;br /&gt;Marenales sonríe: tampoco tiene demasiados dientes. Algo pasa con los tupamaros y sus dientes. Quizás sea el paso del tiempo, pero tampoco: el tiempo se ha vuelto una forma cortés de explicar las cosas. A Marenales, en cualquier caso, siempre le dijeron El Viejo. Ahora tiene ochenta y un años pero arrastra ese apodo desde que tenía treinta y tantos. En ese entonces, junto a Raúl Sendic (máximo líder de la organización, ya muerto y hoy mítico) fundó el Movimiento que luego albergó a Mujica y a buena parte de la cúpula que hoy gobierna el Uruguay.&lt;br /&gt;Una historia muy breve –puerilmente breve- del MLN-T sería, más o menos, así: los tupamaros surgieron públicamente en el año 1966, en apoyo a una revuelta de cañeros de azúcar –los asalariados más pobres del Uruguay- y en un contexto de presión social fuerte: el fin de la posguerra europea había traído aparejado una mayor producción industrial en el Primer Mundo, y eso significaba que América Latina había empezado a llenarse de productos importados y a ver la debacle de su industria nacional. Hacia 1968, Uruguay dejó de ser “la Suiza de América” y se metió de lleno en el fango latinoamericano: empezó a tener despidos, problemas gremiales, militarización de los espacios de trabajo y un endurecimento del Estado que hacía flamear el fantasma de un golpe militar.&lt;br /&gt;En ese contexto surgió el MLN-T: una organización armada que –alentada por el triunfo de Fidel Castro en Cuba- creía que la revolución era un destino posible y cercano, y que en cuestión de meses logró crear su propia mística. Cada vez más gente simpatizaba con el MLN-T. Esto se debe a que los tupamaros no tenían el gatillo fácil y a que empezaron a emprender maniobras delictivas que muchas veces favorecían a las clases bajas. Además de los procedimientos estándar (robo de armas, de bancos, vaciamiento de financieras, secuestro de algún embajador, etcétera) cada tanto detenían un camión de mercadería y la repartían entre los asentamientos de la zona.&lt;br /&gt;Esa propaganda hizo que la organización creciera de un modo exponencial. Hacia 1971, el Movimiento –que había nacido con 200 miembros- llegó a tener 5000 integrantes activos, con un radio de influencia de 30 mil personas, y eso lo transformó en el fenómeno de más rápida acumulación de fuerzas en la historia de cualquier asociación política.&lt;br /&gt;Fue ese crecimiento –y lo dicen ellos mismos- lo que los arruinó. A más gente, empezó a haber también más errores. Para el momento en que llegó la dictadura militar –que en Uruguay sucedió entre 1973 y 1985, con el golpe de estado de Juan María Bordaberry- el Movimiento estaba débil, con demasiadas muertes a cuestas –propias y ajenas- y con muchos miembros en la cárcel. La cúpula militar aprovechó esa flaqueza y le asestó el mayor golpe a la organización: identificó a los nueve cabecillas del MLN-T y los confinó durante diez años en calabozos subterráneos ubicados ya no en cárceles, sino en cuarteles. A esos hombres se los llamó “los nueve rehenes”; eran el recurso que tenían los estrategas de la dictadura para asegurarse de que el MLN-T no siguiera accionando: cualquier movimiento en falso y les mataban un líder.&lt;br /&gt;Los nueve rehenes fueron Mauricio Rosencof (escritor, actual director de la división de Cultura de la Intendencia Municipal de Montevideo), Eleuterio Fernández Huidobro (hoy senador), Raúl Sendic (muerto en París en 1989), Henry Engler (experto en neurociencias), Adolfo Wassen (muerto de un cáncer de columna meses antes de que pudiera salir en libertad), Jorge Zabalza (hoy distanciado del Movimiento), Jorge Manera (también distanciado), Julio Marenales y José Mujica.&lt;br /&gt;De todos ellos, se dice que Henry Engler y José Mujica fueron quienes salieron más perturbados. Engler, hoy establecido en Suecia, fue candidato al Nóbel de Medicina y protagonizó un documental –El Círculo- que cuenta su proceso de locura en el encierro. Y Mujica, bueno, él dice que llegó a hablar con ranas y hormigas.&lt;br /&gt;Marenales tiene una explicación para esto:&lt;br /&gt;—Si pasás doce años en un espacio de un metro cuadrado, las experiencias son tan limitadas que tenés que hacer un gran esfuerzo por distinguir si las cosas las pensaste, las viviste o las soñaste. Todo el movimiento se hace con la mente y eso es peligroso. Todo, en un punto, puede volverse ficción.&lt;br /&gt;Marenales jadea cuando habla: es apenas una aspiración de más, el comienzo de una asfixia que luego se apaga. Sus manos son grandes –ha sido carpintero- pero el resto de su cuerpo se ve pequeño, delgado, incluso joven. Los años de confinamiento deben significar algo en el aspecto de este hombre: hay un tiempo muerto en el rostro de Marenales; un velo invulnerable.&lt;br /&gt;La última vez que lo detuvieron –en 1972- Marenales arrojó sobre su captor una granada que no explotó. En respuesta recibió catorce tiros de metralla.&lt;br /&gt;—Sobreviví de milagro –dice.&lt;br /&gt;Todos, agrega, han sobrevivido de milagro.&lt;br /&gt;A unos metros de distancia, un ventilador echa aire sobre una bandera de los tupamaros. La casa huele a papeles viejos. Todo acá parece más viejo que sus años. Este lugar existe desde 1986, cuando terminó la dictadura. Y ya en 1989 se decidió que el MLN-T seguiría funcionando y mantendría este local, pero se integraría al sistema político con otro nombre, el Movimiento de Participación Popular (MPP), al que Mujica pertenece. El MPP, a su vez, pasó a integrar el Frente Amplio: la coalición de partidos de izquierda que desde hace dos períodos –primero con Tabaré Vázquez y ahora con Mujica- gobierna el Uruguay.&lt;br /&gt;En un rincón de la sala principal hay un cesto de basura forrado con un afiche de Mujica. Se lo ve peinado, limpio: presidenciable.&lt;br /&gt;—Al Pepe lo bañaron para esa foto –bromeará después Eleuterio Fernández Huidobro.&lt;br /&gt;—Al Pepe lo pusimos nosotros –dice ahora Marenales-. Siempre trabajamos como colectivo. Más allá de las características personales de cada compañero, nosotros no creemos que la historia avance sobre la base de hombres brillantes.&lt;br /&gt;—¿Pero por qué eligieron a Mujica y no a otro?&lt;br /&gt;Marenales se acomoda la montura de los lentes –dorados- sobre los huesos –finos-, se reclina hacia delante, habla:&lt;br /&gt;—Porque el Pepe tenía una ventaja. A nosotros en el Frente Amplio no nos querían mucho. Decían que éramos unos palurdos. Pero Pepe tenía tres apoyos: el de nuestras espaldas, porque en el Movimiento lo hemos sostenido como hemos podido. El de su propia historia, porque Pepe viene de trabajar la tierra y nunca sintió la bota del patrón arriba, siempre trabajó más o menos por cuenta propia. Y el de los de abajo. Fueron ellos los que lo llevaron a la presidencia. Por eso el Pepe tiene un gran compromiso con la gente humilde. Y tenemos que ayudarlo a que lo cumpla. Porque no lo está cumpliendo.&lt;br /&gt;Marenales no ha querido ocupar cargos en el gobierno. Hay quienes dicen que esta negativa responde a que está clínicamente loco -un oportuno sinónimo de “inadaptado”- pero quizás exista otra forma de verlo: para que haya un Mujica dirigiendo el país, debe haber un Marenales diciéndole al oído: no olvides.&lt;br /&gt;—No olvides lo que alguna vez fuimos. No olvides el objetivo. Eso le digo. Lo que pasa es que lo veo cada vez menos.&lt;br /&gt;En las casi inexistentes fotos de esa época, hay una imagen que lo tiene a Marenales de perfil. Es el año 1968, lo están llevando preso a Punta Carretas, y lo que se ve es un hombre de nariz recta, pelo renegrido, ceño fruncido y rostro hermético. El hombre sólido que Marenales fue y sigue siendo.&lt;br /&gt;Un hombre planeando, en ese mismo instante, su fuga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Shopping Punta Carretas”: eso se lee en la entrada. El nombre está tallado sobre el ingreso al centro comercial, en un frontis de principios de siglo XX, en el mismo lugar donde antes decía “Cárcel de Punta Carretas”. Antes todo esto era gris, pero ahora tiene el color que la imaginación neoliberal reserva para estos casos: beige. Todas estas mierdas siempre son beige.&lt;br /&gt;A la izquierda del ingreso hay un Mc Café, a la derecha un restaurante que dice Johnny Walker, y al fondo está el shopping, que es igual a todos los shopping de la tierra: pisos relucientes, bolsas con moño y el vapor de una música que no llega a ser fea: es fría.&lt;br /&gt;Cuesta imaginar en qué parte de este lugar habrá estado Mujica; en qué parte estos tipos habrán tramado su fuga. ¿En el local de Lacoste? ¿En el de medias Sylvana? Ahora hay un techo de vidrio y se puede ver el cielo, ¿pero antes? ¿Qué tamaño tenía el cielo de antes? En la sede del MLN-T, a espaldas de Julio Marenales, había una maqueta de la cárcel: se veía –en corte transversal- un penal de casi cuatrocientas celdas divididas en dos planchadas de cuatro pisos cada una, separadas por un patio central.&lt;br /&gt;Allí –aquí-, en 1970, llegó Mujica con el cuerpo cosido a balazos, luego de haber pasado tres meses en el Hospital Militar. El derrotero había empezado tiempo atrás en el bar La Vía, el lugar al que había acudido Mujica –junto a otros tupamaros- para planificar el robo a una familia millonaria de apellido Mailhos. Esa noche un policía reconoció a Mujica acodado en la barra y llamó para pedir refuerzos. Cuando llegaron, Mujica ayudó a escapar a sus compañeros pero no pudo zafar. Un policía lo encañonó; estaba nervioso.&lt;br /&gt;—Ojo, que se te puede escapar un tiro –le dijo Mujica.&lt;br /&gt;Y el tiro se escapó.&lt;br /&gt;Mujica llegó al Hospital Militar con seis balas en el cuerpo. Pero vivo. Y tres meses después fue enviado a Punta Carretas: un lugar que -en comparación con lo que vendría después- se parecía bastante a una escuela de adolescentes pupilos.&lt;br /&gt;Allí -¿aquí? ¿se puede seguir diciendo “aquí”?- los militantes formaban nuevos compañeros (delincuentes comunes que terminaron sumándose al Movimiento) y entrenaban su costado estoico para hacer la revolución: sus celdas estaban limpias, sus cuerpos eran atléticos, y sus cabezas, en fin, a esta altura se entiende cómo trabajaban las cabezas de estos tipos.&lt;br /&gt;—Yo daba cursos de táctica y enseñaba a hacer explosivos –contó Marenales en la sede del MLN-T-. El nivel de exactitud de los dibujos era muy alto. Si en una parte había que hacer un tornillo y el compañero dibujaba un redondel, entonces yo le decía: esto no es un tornillo. Es un clavo. El tornillo tiene una ranura para el destornillador. A ese nivel de detalle. Había que ser prolijos. Con los explosivos te equivocás y es la única vez que te equivocás.&lt;br /&gt;Cada vez más presos comunes empezaron a ver en los tupamaros un grupo admirable, y algunos ladrones sumaron su conocimiento a la causa: enseñaron, por caso, a hacer un boquete en la pared en apenas un minuto, trabajando ya no sobre los ladrillos sino sobre la mezcla que los une. Gracias a eso, todos los muros del penal –e incluso algunos techos- tenían su agujero y todas las celdas estaban secretamente conectadas entre sí. Esa ingeniería permitió la histórica huída del 6 de septiembre de 1971.&lt;br /&gt;—Queríamos armar un plan de fuga que no sólo significara volver a la libertad, sino que fuera un duro golpe para el gobierno –dijo Marenales-. Queríamos abochornarlos.&lt;br /&gt;El 13 de agosto de 1971, a las siete de la mañana, tras el primer control de presos en las celdas, los internos empezaron a cavar debajo de una cama. Metían la tierra en bolsas confeccionadas previamente con las sábanas del penal, y esas bolsas iban debajo de la cucheta. Cuando esa superficie se llenaba, se abría el boquete que conectaba las celdas y se pasaba las nuevas bolsas a la cama del cuarto de al lado. Así, en absoluto silencio, dos pisos del penal se saturaron de escombros. La requisa de pisos sucedía cada 23 días, y es por eso que los tupamaros tenían poco más de tres semanas para hacer 40 metros de túnel.&lt;br /&gt;José López Mercao, celda contigua a la de Mujica, luego recordará esta anécdota:&lt;br /&gt;—Una vez el Pepe agarra y dice: “¡Rápido! Tapen todo que el penado de arriba que es terrible ortiva está golpeando y dice que hay ruido acá abajo, ¡tapen que se nos cae todo!!!”. Nos pusimos locos. Metimos escombros, encajamos yeso, lo pintamos arriba, le pusimos secante y después nos quedamos esperando; nunca en mi vida hice algo tan rápido. Y cuando terminamos ese viejo hijo de puta nos dijo: “No, era pa’ver qué tiempo llevaba tapar todo nomás”.&lt;br /&gt;Luego de trabajar más de quinientas horas sin parar –y de atrasarse un día-, en la noche del 6 de septiembre de 1971, 111 hombres (106 guerrilleros y 5 presos comunes) se dieron a la fuga en un operativo que ellos mismos denominaron “el abuso”.&lt;br /&gt;—El abuso –dirá López Mercao- porque lo que hicimos fue un abuso.&lt;br /&gt;Los uruguayos tienen ese humor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—El abuso se le ocurrió a Mujica. Había varios planes de fuga, pero la más famosa nació en una idea de Pepe. Él tuvo la idea de perforar todas las paredes. Y luego esa idea era como la invención de la rueda: abría varios planes de fuga; servía para muchas cosas más.&lt;br /&gt;Eleuterio Fernández Huidobro es, aparte de senador nacional, el otro tupamaro al que Mujica denomina “hermano”.&lt;br /&gt;—Pepe siempre fue pragmático. Estaban los teóricos, que para hacer una cosa la complican, y estaba Pepe, que venía de trabajar la tierra. Como dice el aforismo, el Pepe piensa como Aristóteles pero habla como Juan Pueblo.&lt;br /&gt;Huidobro está acodado sobre una mesa de bar. Su forma de mirar –esquiva- sumada a la gordura y el cansancio de su rostro –flojo- hacen pensar que este hombre alguna vez estuvo más entero. Hay años que duran para siempre: tal vez sea eso.&lt;br /&gt;Hay años que no terminan nunca.&lt;br /&gt;Al igual que Mujica, Huidobro estuvo en Punta Carretas, salió con “el abuso”, pasó por la Cárcel de Libertad (insólitamente ubicada en un pueblo llamado Libertad) y terminó en los cuarteles: sótanos con celdas de 1,80 x 0,60 donde los nueve rehenes debieron pasar diez años de su vida. Esa última etapa fue brutalmente distinta de las anteriores: los rehenes eran separados en grupos de tres –cada terna iba a un cuartel distinto-; los presos estaban completamente aislados entre sí; prácticamente no percibían comida ni bebida; no los dejaban ir al baño; y menos aún recibían cartas o visitas.&lt;br /&gt;Huidobro compartió cuartel con Mauricio Rosencof y Mujica. Apenas podían comunicarse, pero a lo largo de los años lograron ponerse de acuerdo en un punto: no había que enloquecer.&lt;br /&gt;Rosencof empezó a escribir mentalmente: eran poemas de versos cortos, a veces de una única palabra, para que fueran más fáciles de memorizar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo&lt;br /&gt;no&lt;br /&gt;estoy&lt;br /&gt;loco,&lt;br /&gt;digo.&lt;br /&gt;¿Por qué&lt;br /&gt;me miras?&lt;br /&gt;Yo&lt;br /&gt;no&lt;br /&gt;estoy&lt;br /&gt;loco,&lt;br /&gt;digo.&lt;br /&gt;Ronda&lt;br /&gt;el cuervo,&lt;br /&gt;dice.&lt;br /&gt;Miro&lt;br /&gt;su nido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cosas así escribía Rosencof, quien consiguió entablar largos diálogos con su calzado y al salir del penal publicó su bello, inolvidable libro de poemas Conversaciones con la alpargata. Huidobro, por su parte, pasó años enteros imaginando que corría por la playa y meaba en cualquier lado. Y Mujica se hizo amigo de nueve ranas y comprobó que las hormigas, si se las oye de cerca, se comunican a gritos.&lt;br /&gt;En Mujica, la completa biografía escrita por Miguel Ángel Campodónico, Mujica sintetiza de este modo su paso por los cuarteles:&lt;br /&gt;—Yo no soy afecto a hablar de la tortura y de lo mal que lo pasé. Incluso, me da un poco de bronca porque he visto que a veces ha habido una especie de carrera medida con un torturómetro. Gente que se complace en repetir “ah, qué mal la pasé”. Y lo que yo digo es que la pasé mal por falta de velocidad, por eso me agarraron. En definitiva, la vida biológica está llena de trampas tan inconmensurables, tan trágicas, tan dolorosas, que lo que me pasó a mí fue una pavada.&lt;br /&gt;Y lo dice: una pavada.&lt;br /&gt;A partir del tercer año de encierro, los nueve rehenes empezaron a recibir material de lectura. No había permiso para ciencias sociales o novelas, pero daba igual: todas las palabras a esa altura eran ficción. Mujica se dedicó a las matemáticas y a la revista Chacra.&lt;br /&gt;—Después, el Pepe me ponía al tanto de sus lecturas y me hablaba de la Pampa húmeda –dice Huidobro. Pero cuando dice “hablar” en realidad se refiere a otra cosa: con el paso del tiempo, Rosencof, Huidobro y Mujica idearon un sistema de diálogo mediante golpes en la pared. De acuerdo con este modelo, las letras del abecedario estaban divididas en grupos de cinco. El primer golpe identificaba el grupo, y el segundo golpe daba el orden de la letra dentro de ese grupo.&lt;br /&gt;—Cuando le tomábamos la mano, hablábamos hasta por los codos. De eso no te olvidás más. Es como un segundo lenguaje que te queda para siempre.&lt;br /&gt;—¿De qué hablaban con Mujica?&lt;br /&gt;—Él generalmente me hablaba de agro, de cómo mejorar la productividad del campo. Igual, cuando tenés mucha hambre, hambre por años, no hay comunicación que no empiece o termine en comida. Con Pepe hablábamos de boñatos, chanchos, vacas, pero en realidad estábamos hablando de chuletas.&lt;br /&gt;Por falta de bebida y alimento, Mujica se enfermó gravemente de la vejiga y los riñones. No queda claro qué tenía, pero sí se sabe que necesitaba ir seguido al baño, que no lo dejaban salir de su celda y que hoy tiene un solo riñón. Para curarse debía tomar dos litros de agua por día. Pero en las buenas rachas los militares apenas le daban una taza. Con esa taza Mujica terminó haciendo lo único posible: recicló sus propias existencias. Bebió su pis. Todos allí bebieron su pis.&lt;br /&gt;Años después, cuando en los cuarteles advirtieron que la situación de Mujica era clínicamente grave, los carceleros empezaron a hidratarlo con una cuchara de té y permitieron que su madre, Lucy Cordano, le llevara una pelela.&lt;br /&gt;Era una pelela rosa.&lt;br /&gt;Desde ese momento, Mujica llevó su pelela bajo el brazo cada vez que lo cambiaron de cuartel –eso sucedía cada seis meses-, y también lo hizo en 1983, cuando las presiones de organismos internacionales lograron que los nueve rehenes fueran trasladados al Penal de Libertad.&lt;br /&gt;—Cuando después de diez años nos devolvieron a Libertad, asunto por el cual peleábamos, para nosotros fue un paraíso –dice Huidobro-. Nosotros éramos felices, a los más altos niveles de felicidad que tú te puedas imaginar, porque teníamos medio paquete de cigarros y un lugar donde ir a mear.&lt;br /&gt;En Libertad había media hora de recreo por día, los reos discutían de política y hasta se jugaban partidos de fútbol. Pero Mujica no mejoraba. Nada lo sacaba de su propio encierro. Finalmente lo vio un médico y se tomó la decisión: Mujica trabajaría en el cantero floral del penal.&lt;br /&gt;Algo volvió a Mujica, cuando Mujica volvió a la tierra.&lt;br /&gt;—He dicho por ahí que soy casi panteísta –dijo en la biografía de Miguel Ángel Campodónico-. Y cuando digo que hablo con las plantas, por supuesto que no estoy diciendo que realmente hable con ellas, sino que trato de interpretarlas. Hay una multitud de lenguajes, de señales, que naturalmente a partir del momento que los conozco me despiertan admiración. Son todas formas organizadas por la naturaleza para mantener la lucha por la vida. Un terrón debe ser un laboratorio entero, tan complicado que el hombre no está ni en condiciones de remedarlo. Se puede ser religioso por analfabeto. Pero también se puede tener una actitud religiosa cuando se empieza a saber y se comprende que no se sabe nada.&lt;br /&gt;El 14 de marzo de 1985, cuando cayó la dictadura y Luis María Sanguineti asumió la presidencia de Uruguay, los nueve rehenes fueron amnistiados y puestos en libertad.&lt;br /&gt;Mujica salió del penal con la pelela en la mano, florecida de caléndulas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un hombre llega en moto Vespa al Parlamento. Tiene el pelo alborotado por el viento, un pantalón de jean, campera negra, bigote. Deja la moto estacionada en la entrada.&lt;br /&gt;—¿Cuánto piensa quedarse? –le dice el guardia.&lt;br /&gt;—Si no me rajan antes, cinco años –contesta el hombre.&lt;br /&gt;Esto –dice una leyenda que nadie niega con mucho énfasis- habría sucedido el primer día en que José Mujica, primer tupamaro diputado, llegó al Parlamento. Era 1995 y en esa misma jornada –transmitida por cadena nacional- tomaba juramento como presidente por segunda vez Julio María Sanguinetti, por lo que el prescinto estaba lleno de embajadores, mandatarios invitados, jerarquías de la iglesia y solemnidades varias.&lt;br /&gt;Pero Mujica entró así: pelos revueltos, jeans, ninguna corbata.&lt;br /&gt;—Yo pensé: van a creer que es una maniobra publicitaria –dijo Huidobro en el bar, días atrás-. Ellos no saben, como yo sé, que la campera es nueva. Que el vaquero es nuevo. Que se peinó. Y que nunca más volverá a estar tan arreglado. Como le decía Sancho al Quijote: cada quien es como dios lo hizo, y aún peor muchas veces. Aún peor.&lt;br /&gt;La llegada de Mujica al Congreso significó un cambio para la política uruguaya. Primero, porque se modificaron los usos y costumbres de la cámara –por ejemplo, llegó el mate a las sesiones legislativas-, y en segundo lugar porque esa formalidad arrastraba una modificación de fondo: Mujica usó su banca para recorrer el país e incorporar a sus discursos lo que ya tenía, desde chico, incorporado a su vida: la presencia de los sectores rurales.&lt;br /&gt;Mujica -hijo de una floricultora y de un padre ganadero que se fundió y se murió pronto- dio su primera disertación en el Palacio Legislativo sobre el tema del pasto.&lt;br /&gt;Y del pasto pasó a la vaca que se comía al pasto.&lt;br /&gt;Y de la vaca pasó al país ganadero.&lt;br /&gt;—Los que creían que el Pepe era un problema de comunicación pasajero, un producto efímero, erraron –dijo Huidobro-. Pepe fue uno de los mejores diputados de esa legislatura, un brillante orador. Él le ha dado voz a todo el interior uruguayo y ha tenido una especie de noviazgo entrañable con el público.&lt;br /&gt;La llegada a Diputados fue sólo el comienzo. Cinco años después, Mujica fue electo senador. Y en 2004 su figura resultó clave para que la izquierda, comandada por el moderado Tabaré Vázquez, llegara por primera vez al poder. Mujica participó del gobierno de Vázquez como ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, y emergió airoso de ese cargo. Tanto que en el 2009 ganó por paliza las internas del Frente Amplio para ser candidato presidencial, y encaró las elecciones nacionales con propuestas impensables para cualquier candidato del siglo XXI.&lt;br /&gt;Mujica propuso discutir la propiedad privada de las grandes extensiones de tierra, levantar el secreto bancario, “importar” campesinos de Perú, Bolivia, Paraguay y Ecuador para que trabajen las zonas rurales “porque los montevideanos pobres acá no lo hacen” y resolver el tema de la drogadicción “agarrando a los adictos del forro del culo y metiéndolos p’adentro de una chacra”.&lt;br /&gt;Propuso, en fin, tomar el toro por las astas. Lo que traía dudas operativas -¿cómo se haría?- y dilemas coyunturales. Conforme Mujica empezó a hablar, se entendió que el mayor contrincante no estaba en otro partido, ni siquiera en otro cuerpo: el mayor peligro de Mujica era, en parte, su mayor capital político: su desusada franqueza. La honestidad de Mujica llegó a su punto cúlmine en octubre -a días del ballotage que definiría la presidencia a favor suyo o del liberal Luis Alberto Lacalle- cuando salió a la venta el libro Pepe Coloquios: una extensa entrevista donde Mujica –sólo por dar un puñado de ejemplos- dice que la Argentina "no es un país de cuarta, no es una república bananera", pero tiene "reacciones de histérico, de loco, de paranoico”; que "en Argentina tenés que ir a hablar con los delincuentes peronistas, que son los reyes"; que “los porteños tienen la manía de venir a bañarse acá y les gusta, porque es un paisito parecido al de ellos, pero más suave, más decente"; y que “los radicales son tipos muy buenos, pero son unos nabos".&lt;br /&gt;Es decir: Mujica no dijo nada que nadie piense. Pero el mundo de la política impone sus cortesías y así fue que Mujica relativizó la mayor parte de sus dichos, salió a pedir disculpas de inmediato, bajó drásticamente sus encuentros con la prensa –una medida que aún se mantiene- y logró ganar el ballotage con un 52,53% de los votos.&lt;br /&gt;—Este mundo es puro maquillaje: que esto no se puede decir, aquello tampoco... ¡La libertad está hipotecada! Una de las ventajas que tiene ser viejo es decir lo que uno piensa. Pero eso parece armar un revuelo de la puta madre que lo parió.&lt;br /&gt;Eso dijo Mujica días antes de la primera vuelta electoral, en una entrevista con la revista mexicana Gatopardo, cuando ya se estaba hablando del desastre del Pepe Coloquios.&lt;br /&gt;Serán, entonces, las ventajas de ser viejo.&lt;br /&gt;El próximo 20 de mayo, Mujica cumplirá 76 años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Cómo le va, Rosencof, estoy en Montevideo. ¿Se acuerda que habíamos quedado en vernos?&lt;br /&gt;—Nena…&lt;br /&gt;—…&lt;br /&gt;—Vos sabés que estoy en el hospital. Se me desacomodó el marcapasos, no sé qué lío de cables hicieron estos tipos…&lt;br /&gt;—…&lt;br /&gt;—…&lt;br /&gt;—¿Está internado entonces?&lt;br /&gt;—Sí, nena, esto… estamos en la era de la ortopedia. Me estoy desintegrando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Renguea. Caminando por el pasillo del Palacio Legislativo, Lucía Topolansky, sesenta y seis años, la senadora más votada del Parlamento, tercera en la línea de sucesión a la Presidencia, tupamara, compañera –ella no dice “esposa”, no dice “mujer”, dice “compañera”- de José Mujica, avanza con un moderado desacomodo en la cadera. El Parlamento está desierto; es febrero. Los pasos resuenan de otro modo.&lt;br /&gt;—Entrá –dice Topolansky. La sigo. Su despacho es pequeño: nueve metros cuadrados donde hay algunas carpetas, una ventana, un escritorio. Sobre la mesa de trabajo hay papeles, una caja con té de uña de gato y una pequeña tortuga de madera verde que mueve la cabeza como diciendo “sí”. Topolansky –cabello corto, blanco, discreto- acaricia suavemente la tortuga.&lt;br /&gt;—Decime –dice. Y le digo. Le hablo de la revista. De nuestras buenas intenciones. Topolansky escucha con una sonrisa que viene acompañada de algo más: de una amable escenificación de la distancia. Todo el mundo dice que esta mujer es dura. En tiempos de militancia clandestina la apodaban “la tronca” por lo macizo de su cuerpo, y probablemente no sólo del cuerpo.&lt;br /&gt;Entre los años 1970 y 1985, Topolansky estuvo presa casi todo el tiempo. Cree que ese encierro fue necesario.&lt;br /&gt;—El pueblo apreció mucho que los dirigentes del MLN no se exilaran, se quedaran en Uruguay jugando la suerte de su pueblo. Toda nuestra dirigencia estuvo presa y eso a la gente le cayó bien. Esos hechos generaron prestigio. Puede parecer muy sujetivo, pero son esas razones del alma que quedan grabadas en la gente.&lt;br /&gt;Topolansky es hija de una familia de clase media acomodada del barrio Pocitos y estudió en el Sacre Coeur, una escuela de monjas que se hizo conocida –entre otras cosas- por su insigne caligrafía conocida como “letra Sacre Coeur”. De ahí que no quede claro por qué dice “sujetivo”. Ni por qué más adelante dirá “produto” o “adatarse”. Hay quienes dicen que podría tratarse de una pose, pero esa hipótesis anula –o deja en un segundo plano- la posibilidad de la culpa.&lt;br /&gt;Lo cierto es que Topolansky -pantalón color crema, camisa de gasa blanca- dice “sujetivo” y después, a diferencia de cualquier sindicalista argentino, se aguanta vivir del modo en el que habla. Y eso sucede desde hace mucho.&lt;br /&gt;Y eso, quizás, deba ser suficiente.&lt;br /&gt;Topolansky se alistó en el MLN-T a los veinte años, y desde el comienzo dio muestras de un carácter. Era 1969 y en ese entonces trabajaba en Monty: una financiera que, descubrió Topolansky, llevaba la contabilidad en negro de prácticamente todo el gabinete de ministros y de los capitostes de la oligarquía uruguaya. Cuando supo la verdad, Topolansky se preguntó qué grado de complicidad tenía con eso y qué debía hacer: si irse o denunciarlos.&lt;br /&gt;Tomó las dos opciones. Se enroló en el MLN-T con su información privilegiada y junto con el Movimiento logró que todas las fotocopias de los libros contables terminaran en la puerta de la casa de un juez y desataran un escándalo político que se llevó puesto a un ministro de Hacienda. Además, claro, se fue de su trabajo.&lt;br /&gt;—Cuando sos una gurisa pensás las cosas con otra cabeza. De repente, a la edad que tengo ahora le hubiera puesto más reflexión al asunto. Pero pertenezco a la generación sobre la que impactó la revolución cubana y las cosas hay que verlas en ese contexto. Estábamos convencidos de que podíamos hacer la revolución. Convencidos. Y cuando tú estás motivado, obviamente el riesgo se ve de otra manera.&lt;br /&gt;En esos tiempos, en alguna de las tantas reuniones clandestinas, Topolansky -dicen que era hermosa- conoció a José Mujica. Estuvieron juntos unos meses, pero luego ambos terminaron en la cárcel: ella en Punta Rieles (desde donde se fugó, aunque luego volvió a caer presa) y él en Libertad y luego en los cuarteles. Más allá de alguna carta en los primeros tiempos, el resto del noviazgo estuvo marcado por un largo, interminable silencio.&lt;br /&gt;También a eso sobrevivieron.&lt;br /&gt;Cuando habla de su compañera –en el libro de Campodónico- Mujica lo hace de esta forma:&lt;br /&gt;—Como los dos andábamos solos terminamos juntándonos. En la formación de nuestra pareja hubo un factor de necesidad, fue una especie de mutuo refugio. Nos reencontrmaos en una época bastante particular, bien diferente a la que habíamos dejado atrás. Creo que alguna vez se lo dije en una carta: cuando uno se aproxima a los 50 años piensa que una compañera debe ser una buena cocinera. El amor tiene entonces mucho de amistad, de cosas que faciliten la convivencia. Y creo que todo eso es lo que nos ha mantenido juntos, encajamos fenómeno.&lt;br /&gt;Una necesidad, un refugio: el amor para ellos era esto.&lt;br /&gt;—En aquellos años en que andábamos las corridas todo era “ya” –dice Topolansky-. Era muy difícil el después. Todo era hoy, ya, porque mañana no sé si voy a estar, y toda relación humana quedaba atravesada por esa urgencia.&lt;br /&gt;—¿Pero no había flechazo?&lt;br /&gt;Algo se ablanda –se aclara- en el rostro de Topolansky.&lt;br /&gt;—Por supuesto que existe la afinidad, el amor, el flechazo, la química o ponele el nombre que quieras.&lt;br /&gt;—O sea que podía existir, entre militantes, un pensamiento como “qué lindos ojos tiene”.&lt;br /&gt;—Claro. Eso es lo único que te sostiene. Te aferrás a esas cosas. La relación con Pepe pasó por tres etapas: la de los ojos lindos, luego una larga etapa de separación donde el recuerdo de eso te sirve como un oxígeno, y después una etapa que es ésta, en la que logramos reencontrarnos y reconstruir todo.&lt;br /&gt;En el año 2005, Topolansky y Mujica se casaron en la cocina de su chacra. Los testigos fueron los vecinos –unos que viven en el mismo terreno, y otros que tienen un quincho en la esquina- y el evento duró poco más de una hora. Esa misma noche, el 8 de octubre, Pepe fue a un acto del MPP y mostró la libreta.&lt;br /&gt;—Sí. Un día a Pepe se le ocurrió casarse y nos casamos.&lt;br /&gt;—¿Pero te gustó la idea?&lt;br /&gt;—Ehh… psé… en realidad en concreto no me varió en nada, ¿no? Yo siempre fui medio anarquista desde chica, veía cómo mis tías y mis primas se complicaban la vida para casarse, así que siempre tomé opciones de andar media libre. Sin ninguna atadura. Y bueno, yo no tuve ataduras de ningún tipo.&lt;br /&gt;Silencio.&lt;br /&gt;—No sé qué habría pasado si hubiera tenido un hijo en esa época. Pero no tuvimos.&lt;br /&gt;Ni en esa época ni en ninguna otra.&lt;br /&gt;Mujica y Topolansky no han tenido hijos.&lt;br /&gt;Les duele.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este es el quincho de la esquina. Acá celebró José Mujica cuando ganó las elecciones. Acá reunió a su gabinete de ministros. Acá trajo al venezolano Hugo Chávez cuando quiso agasajarlo, en el año 2007. Y acá, en tiempos preelectorales, montó su despacho. El lugar se llama “El quincho de Varela”, queda a cien metros de la chacra de Mujica y consiste en una construcción rectangular, con techo de paja y paredes de ladrillo, ubicada frente a un campo recién arado.&lt;br /&gt;El lugar pertenece a Sergio El Gordo Varela, también apodado “el mugriento”: un comerciante mayorista de alimentos que no da declaraciones a la prensa y que durante la campaña se encargó de comunicarse con distintas empresas del Centro de Almaceneros para pedirles fondos que financiaran el acto de cambio de mando.&lt;br /&gt;El interior del quincho de Varela luce así: hay un piso de layota desgastado, un techo del que cuelgan dos banderas –una del Frente Amplio, otra del Uruguay-; varias imágenes del Che, Neruda, Allende y Chávez, mesas hechas con tablones donde alguien pintó “Pepe presidente”, un puñado de perros astrosos, y juguetes de niño tirados por el suelo.&lt;br /&gt;Una mujer gruesa y de ropas desteñidas se acerca, espanta los perros, se limpia el sudor de la frente y dice:&lt;br /&gt;—Bueno, esto se arregla un poquito más cuando vienen ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los funcionarios del gobierno que pertenecen al Movimiento de Participación Popular (MPP) tienen tope salarial. Lo máximo que pueden ganar son 37 mil pesos (1900 dólares), y eso significa que la mayoría –entre ellos Huidobro, Mujica, Topolansky y el ministro Eduardo Bonomi- cobra en mano apenas el 35 por ciento de su sueldo. Los excedentes van al Fondo Raul Sendic (donde se otorgan microcréditos a proyectos –en su mayoría cooperativos-, sin tasas de interés, sin papeles firmados y sin la exigencia de pertenecer al Movimiento) y a un Fondo Solidario con el que se auxilia a los militantes del MPP que estén pasando por una urgencia económica.&lt;br /&gt;En su despacho, Eduardo Bonomi, ministro del Interior, considerado la mano derecha de Mujica en el gobierno, explica el tope salarial de esta manera:&lt;br /&gt;—Es muy fácil dar lo que te sobra. La cuestión es dar lo que no te sobra.&lt;br /&gt;—¿Pero nunca te da ganas de comprarte un plasma?&lt;br /&gt;Bonomi se masajea el labio inferior.&lt;br /&gt;—Eh… Yo vivo en una cooperativa de viviendas. A esta altura terminamos de pagar la cuota entonces sólo pagamos los gastos comunes. Tenemos un auto del 94… A ver: la austeridad de Pepe es única, pero que Pepe haya llegado no es casual.&lt;br /&gt;—¿Nada cambió en Mujica?&lt;br /&gt;—Operativamente Pepe tiene más responsabilidad. Pero es la misma persona. Sigue levantándose y haciéndose el mate y escuchando los pajaritos. Pero casi todos somos así. Yo me levanto a las 6, escucho las noticias...&lt;br /&gt;—¿Pero no hay ninguna pose por parte de Mujica?&lt;br /&gt;—No, es así. Es así. Él es así. Qué pose. La vida del Pepe es muy sencilla y pasa por la tierra. Cuando uno sale de licencia y se va al monte o a la playa, Pepe se va a trabajar la tierra. Y los domingos, mientras todos descansamos, él madruga para trabajar la tierra. Si no hace eso, no descansa. La tierra es el lugar donde Pepe ordena sus ideas. Cada cual es como es.&lt;br /&gt;Otra vez se toca: su labio inferior es –se ve- mullido.&lt;br /&gt;—El problema es que Pepe tiene una cultura mucho más alta y grande de lo que representa su forma de hablar.&lt;br /&gt;El despacho de Bonomi es ministerial pero austero: hay maderas lustrosas, muebles fuertes, sillones y cortinas de pana. Si cruzara la puerta de su oficina, Bonomi saldría a la galería del ministerio y vería un edificio igualmente fuerte y medido: apenas cuatro pisos balconeando sobre un patio central, y en el medio un obelisco con la inscripción “Homenaje a los caídos”. Dispuestas sobre el monumento, distintas placas de bronce recuerdan el nombre de los agentes policiales muertos en servicio.&lt;br /&gt;Alguien tiene que haberse reído de todo esto.&lt;br /&gt;Bonomi fue acusado hace veinte años de matar a un policía. El 27 de enero de 1972, el Inspector Rodolfo Leoncino, jefe de seguridad del penal de Punta Carretas, esperaba el colectivo cuando recibió un fogonazo de disparos. La orden, dicen las acusaciones, la habrían ejecutado cuatro tupamaros, entre ellos Bonomi. Pero la habrían dado, desde la cárcel, tres militantes entre los que estaba José Mujica.&lt;br /&gt;—Cuando salí en libertad, amnistiado, fui a parar con unos jueces y lo primero que me preguntaron fue si tal día a tal hora había hecho tal cosa, y respondí: “Me siento políticamente responsable de todos los hechos realizados por el MLN”. “Pero no le estamos preguntando eso, sino si tal día a tal hora…” “Bueno: yo le estoy respondiendo que me siento políticamente responsable de todos los hechos realizados por el MLN”. Cinco veces preguntaron y dije lo mismo.&lt;br /&gt;El labio. Vuelve a tocarse el labio.&lt;br /&gt;—Y cada vez que me preguntan respondo: me siento políticamente responsable de todos los hechos realizados por el MLN.&lt;br /&gt;Bonomi –saco azul, pantalón gris, corbata- tiene lentes, una barba espesa y una voz profunda: todos estos tipos tienen la voz honda, encallada en algo que debe ser el pasado y su aspereza.&lt;br /&gt;—Cuando durante la campaña de Mujica se rumoreaba que, de ganar, yo sería Ministro del Interior, por acá circulaban mails acusándome de esto y de cosas nuevas también. Así que cuando asumí, en la Escuela de Policía, me tocó hablar y dije que yo sabía que habían circulado mails y que no me quería hacer el bobo y que entendía que los votos que había tenido el Frente Amplio no eran un apoyo a eso que se acusaba sino mirando el futuro con un modelo de Nación con participación de los trabajadores, los productores y los intelectuales. Y les cayó bárbaro.&lt;br /&gt;Bonomi vuelve a masajearse el labio.&lt;br /&gt;Treinta años atrás, un tiro le partió la mandíbula y hoy no puede abrirla demasiado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Costumbres de la época: cuando José López Mercao se resistió a un arresto, los militares le metieron cinco tiros y lo remataron en el suelo con un sexto balazo que le atravesó la boca. Lo creyeron muerto pero no murió: los médicos navales lo encontraron y lo llevaron al Hospital Militar. Allí recibió cuatro litros de sangre y se enteró de la presencia de Mujica: el cuadro político del que sólo conocía el nombre.&lt;br /&gt;Era mayo de 1970.&lt;br /&gt;—Me acuerdo que un día vino un médico con el uniforme militar puesto y me dijo: “Qué huevos que tiene Mujica, se afirmaba en la camilla y decía ‘no me dejen morir, yo soy un combatiente’. Le dimos trece litros de sangre, que huevos tiene”.&lt;br /&gt;López Mercao recuerda y sonríe: tiene un rostro macizo, oliváceo, y una sonrisa por la que asoman dos dientes levemente recortados en su vértice interno: López Mercao sonríe –cuando sonríe- como un niño. A su lado está Isabel Fernández, su compañera, y por la casa rondan sus dos hijas. Todos viven en un departamento muy austero de El Cilindro, un barrio de clase trabajadora de Montevideo. En las paredes hay reproducciones de Modigliani y Van Gogh. En los rincones hay grandes ceniceros que acunan los cigarros fumados. En el living hay muebles de caña y una computadora culona. En los aparadores hay fotos recientes tomadas con una sencilla cámara de rollo: hasta las fotos nuevas parecen viejas.&lt;br /&gt;López Mercao, quien alguna vez se pensó que sería el jefe de prensa de Mujica –finalmente no fue- hace el relato de toda la historia que se cuenta en estas páginas: habla de Punta Carretas, del abuso, del Penal de Libertad, de la incertidumbre de los nueve rehenes, de la llegada al poder como un baño de sentido. Y lo cuenta con un hablar grave y pausado: el Negro –le dicen “el Negro”- tiene la voz endurecida por el humo.&lt;br /&gt;—¿Y vos has soñado con todo esto? ¿Te han llegado estos recuerdos en sueños?&lt;br /&gt;—No –dice-. Yo no sueño.&lt;br /&gt;Afuera está oscuro y llueve; suenan los grillos. Una de las hijas se acerca y busca música en la computadora del living.&lt;br /&gt;—Bueno –dice Isabel-, cada vez que él da alguna nota o se reúne con compañeros en un asado y recuerdan cosas, yo después lo noto distinto. Con los años la cosa se fue apaciguando pero yo noto que te quedás mal, Negro. Yo noto que te quedás como triste. Noto que soñás.&lt;br /&gt;La hija –Evelina- pone un tema de la banda uruguaya Cuarteto de Nos. El tema se llama “El día que Artigas se emborrachó”, hace alusión al primer libertador uruguayo -mítico héroe nacional que murió exiliado en Paraguay- y termina con esta estrofa: “Se emborrachó, porque la guerra perdió / y se emborrachó, porque alguien lo traicionó / se emborrachó, y la patria se lo agradeció / ¡Whisky para los vencidos!"&lt;br /&gt;En términos generales la letra es graciosa y encima aquí hay cerveza, así que todos reímos. Pero el Negro, a través de sus lentes de montura fina, con el codo en la rodilla, cavila.&lt;br /&gt;—La historia uruguaya es rarísima, los héroes históricos son todos derrotados con honor –dice-. Para la historia ser un triunfador no trae réditos. Miralos a Artigas, Aparicio Saravia, Leandro Gómez, Battle Ordóñez. En general, vos vencés acá y cagaste. Pero te transformás en ídolo. Miralo al Pepe sinó. Poné la otra que me gusta a mí.&lt;br /&gt;Evelina obedece y pone otra. Afuera la lluvia sigue y en algún momento el Negro se levanta, tira una colilla por la ventana y se va a buscar el auto para llevarme al hotel.&lt;br /&gt;—Yo te quiero contar algo, porque él nunca lo cuenta –murmura Isabel cuando su marido se va. Y luego dice esto: que al Negro le llegó una indemnización por veinte mil dólares. A los muy heridos parece que les llega, y el Negro y su mandíbula tienen puntaje suficiente para entrar en ese club. Pensando en el futuro –en sus hijas, en las operaciones maxilares- el hombre mandó los datos. Y desde que los envió empezó a dormir mal.&lt;br /&gt;Una noche, Isabel encontró a su marido diciendo “no puedo”.&lt;br /&gt;—No puede aceptar ese dinero. Me dijo: si lo aceptara, si buscara una compensación, sería como arrepentirme. Y yo le dije Negro, es tu cuerpo, son tus huesos, la mandíbula rota es tuya. Yo no puedo meterme en eso. No aceptes la plata si no querés aceptar la plata. Y ahí se habrá sentido liberado, porque se puso a llorar.&lt;br /&gt;Isabel tiene cuarenta y seis años, ojos celestes, cabello rubio: si cada edad iluminara con una luz propia, podría decirse que a esta mujer la alumbra una luz de veinte años. En eso pienso –en la nobleza de su rostro- cuando el Negro toca el timbre para avisar que está en la entrada, esperando en el auto.&lt;br /&gt;El regreso al hotel es en silencio.&lt;br /&gt;La avenida 18 de julio, el asfalto mojado, el ritmo menguante de las calles céntricas: la ciudad parece una película muda; sólo se oyen los neumáticos.&lt;br /&gt;—Bueno –el Negro detiene el coche-. Lo último que puedo decir es que fueron los años más lindos de la vida nuestra. No especulamos con nada. Lo dimos todo. Y ahora vivimos en un ejercicio de interpelación periódica con aquel gurís que fuimos a los veinte años. Yo no quiero hacer a los sesenta cosas que me hubieran avergonzado a los veinte. Quiero irme de la vida sin amputar partes de mí. Quizás a los otros compañeros le pase lo mismo.&lt;br /&gt;Eso es lo último que dice el Negro antes de despedirse con un ademán seco –apenas una palmada- y de dejar abierta una pregunta: si esta historia debía ser sobre José Mujica, o sobre la maravilla colectiva que permitió que exista, con sencillez absoluta, José Mujica.&lt;br /&gt;Este texto es, de algún modo, una larga respuesta.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-3321199829024424745?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/3321199829024424745/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=3321199829024424745' title='17 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/3321199829024424745'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/3321199829024424745'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2011/05/pepe-mujica-para-orsai.html' title='Pepe Mujica para Orsai'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-3scV1JJev7s/Tb8NmvJVuXI/AAAAAAAAAFg/FASsHFN7iVg/s72-c/Pepe.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>17</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-273512440232715952</id><published>2011-04-07T19:15:00.000-07:00</published><updated>2011-04-07T20:46:55.878-07:00</updated><title type='text'>Eduardo Galeano para El Gourmet</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-8Rf0uye4FD8/TZ5zeXUuQ-I/AAAAAAAAAFY/2cDwQfLI2cc/s1600/eduardo-galeano.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5593034752734938082" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 197px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-8Rf0uye4FD8/TZ5zeXUuQ-I/AAAAAAAAAFY/2cDwQfLI2cc/s200/eduardo-galeano.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Ahora está loco por ella, pero antes -al principio- ni la miraba. Todo comenzó hace mucho tiempo y en el medio pasaron cosas. Lo primero que pasó fue el infarto. Era 1984, era Madrid, era el fin del exilio. Él hacía las valijas para volverse a Uruguay cuando sintió un dolor agudo: un cañonazo en el pecho que lo dejó tumbado primero, internado después. Ahí empezó a pensar en ella. O bueno, a “pensar”: empezó a buscarla con las tripas. El cuerpo muchas veces sabe lo que nosotros no sabemos. Eso es: el cuerpo es más veloz que el resto. &lt;br /&gt;Así pasaron veinte años: deseando. Sin concretar, pero deseando. Él volvió del exilio, se estableció en Uruguay, escribió muchos libros, amó a una mujer. Hasta que ocurrió, entonces, lo segundo. Lo del cáncer. Sesenta años de cigarro –él fumaba desde la más tierna infancia- habían dejado su ponzoña: tenían que sacarle medio pulmón. “Son las reglas del juego” pensó él, que nunca fue hombre de quejarse mucho. Le pusieron una bata, una cofia; lo acostaron y le dieron anestesia. Él aún recuerda el ingreso al quirófano: los barbijos de los médicos, la chispa del filo de los escalpelos. &lt;br /&gt;—Yo –dijo al entrar- yo vengo a pagar el impuesto al placer. &lt;br /&gt;El cirujano lo escuchó y quedó atónito: dicen que rió, que siguió riendo. Que reía tanto que no podía operar. Pronto pusieron más anestesia. Le sacaron el pedazo de pulmón enfermo. Y al final, cuando él se estaba reencontrando a sí mismo luego de la operación, apareció ella otra vez. Apareció con toda la fuerza de los años pasados y arrasó con cada centímetro del cuerpo y del alma. &lt;br /&gt;Así fue como Eduardo Galeano se entregó, definitivamente, a la cebolla. &lt;br /&gt;—Siempre me había resultado indiferente la cebolla, pasaba caminando a mi lado y ni me daba vuelta para mirarla. Era como esa compañera de trabajo a la que nunca miraste, y que de repente descubrís que es el amor de tu vida. Así me pasó. Ahora tengo una loca pasión por la cebolla. Y cuando les conté a mis amigos me dijeron claro, en muchos países es el remedio campesino para el corazón. Yo no tenía idea de eso. &lt;br /&gt;—Pero el cuerpo sabe. &lt;br /&gt;—Claro que sabe. Sólo hay que saber escucharlo. Y darle la palabra. El cuerpo está tan aturdido por las voces de la calle que muchas veces no podés esperar un poquito para ver qué quiere. Yo, antes de comer, siempre le pregunto a mi cuerpo: ¿Vos qué querés? &lt;br /&gt;—¿Un chivito? &lt;br /&gt;—No, nada de carne roja. Porque ya no tengo deseo. Mi cuerpo la rechaza y ahora me entero de que hace mal a las arterias. La comería, como dicen en Francia, contra coeur. Es una linda expresión. Creo que es tan sagrado el acto de comer que uno tiene que hacer mucho caso de lo que el corazón quiere. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La voz de Galeano llega antes que Galeano: es un sonido lento, robusto: un sonido que recuerda a ciertos vinos. Lleva camisa verde, pantalón de jean, mocasines negros. Adentro de un bolsillo, aunque no se lo vea, lleva también un cuadernito de cuatro centímetros de largo. Allí, desde siempre, hace sus anotaciones. &lt;br /&gt;Que son muchas. &lt;br /&gt;Galeano empezó a escribir profesionalmente en Montevideo, a los treinta años. De ahí se fue al exilio –ya tenía escritos diez libros, entre ellos Las venas abiertas de América Latina- y ahí regresó en 1985, después de una temporada de corazón y hospital. Ahora vive en el barrio del Buceo, un puerto pequeño donde Galeano todos los días escribe –su último libro se llama Espejos. Una historia casi universal- y sale a caminar. &lt;br /&gt;—Hago todo lo que puedo caminando al borde del agua. Los uruguayos somos lentos porque somos caminantes. Este carácter un poco aldeano que tenemos nos ha salvado. Cuando me preguntan cuándo va a salir el próximo libro, yo digo “uy, cuando lo termine…”. Yo lo escribo y lo reescribo mil veces, soy lento. Hasta las vacas uruguayas son de parición lenta. Todo es lento allí. &lt;br /&gt;—Pero ya llegaron las casas de comida rápida. &lt;br /&gt;—Lamentablemente sí. Me acuerdo que fui uno de los firmantes del primer manifiesto por la slow food, que nació en Italia hace muchos años. Desde entonces pasaron los años y el mundo se ha macdonalizado mucho, lo cual me parece grave porque fijate qué contradicción la que rige hoy: por un lado, el mundo nunca fue tan injusto en la distribución de los panes y los peces; pero por otro, es muy igualador en las costumbres que impone. &lt;br /&gt;—Y a la vez hay otra paradoja que nombrás en tu libro Patas Arriba: los directivos de las cadenas de comida comen platos étnicos, no comen fast food. &lt;br /&gt;—Claro. No son bobos. Su negocio es uniformizar el gusto y eso es un daño cultural gravísimo porque la boca es una puerta del alma, o sea: comer es mucho más que comer. Hay algo de sagrado en ese asunto: el comer es un acto de amor compartido, hay una misa de la mesa. Hay algo de transmisión de una cultura heredada, a veces milenaria, y todo eso hoy tiende a ser aplastado por esta máquina que impone la fabricación en serie de los cuerpos y las almas. Por eso me angustia tanto ver la expansión de la llamada comida rápida. &lt;br /&gt;—En el otro extremo está la comida elitista, exquisita, que se vende como “única”. ¿Qué pensás de eso? &lt;br /&gt;—Que la mayor parte de esas comidas tiene mucho que ver con el esnobismo. Hace poquito murió Santi Santamaría y me dio un dolor… Santamaría estaba entre los que reivindicaban la comida de verdad, la comida que se llamaba comida y tenía gusto a comida y que no se avergonzaba de ser comida, frente a la otra comida de laboratorio, que en primer lugar miente cuando nombra los platos porque les pone nombres que te impiden identificar qué estás comiendo pero que seducen al público snob, que es el que más quiere gastar porque identifica valor y precio. &lt;br /&gt;—La comida estilo Ferrán Adriá entonces… &lt;br /&gt;—Yo la detesto. Ojo, no le impongo nada a nadie. Soy un tipo abierto. No digo que lo que a mí me gusta sea la verdad. Pero tampoco me voy a hacer el angelito. Las cosas de este mundo que no me gustan, yo las digo. Eso de “dime cuánto cuestas y te diré cuánto vales”, que también ha llegado a la gastronomía, me parece criminal porque mercantiliza la especie humana. &lt;br /&gt;—Es ahí cuando se pierde la diversidad. &lt;br /&gt;—Así es. Todo pasa a ser mercancía. Todo lo que escribo se refiere a la reivindicación de la diversidad, a la certeza de que lo mejor que el mundo tiene está en la cantidad de mundos que el mundo contiene. Y me parece que en eso la comida es fundamental. El derecho a la diversidad cultural pasa por la comida. Mi amigo Manuel Vázquez Montalbán, que ahora me dieron un premio con su nombre y eso me llena de alegría y orgullo, siempre decía que si uno habla del derecho a la autodeterminación de los pueblos, hay que incluir el derecho a la autodeterminación de la panza. Y yo le decía que sí, y que también hay que incluir el derecho a la autodeterminación de las pasiones humanas. &lt;br /&gt;—Antes contaste esa anécdota en el quirófano, cuando dijiste “vengo a pagar el impuesto al placer”. ¿Todo placer, toda pasión tiene impuesto? &lt;br /&gt;—Y… en el caso del tabaco sí. El tabaco a mí me dio mucho placer, sería muy injusto si olvidara que el cigarrillo me ha acompañado muy bien en horas muy duras de mi vida. Un gran amigo ha sido. Pero, por otro lado, sé que es un veneno que terminó por regalarme un cáncer, nada menos. Pero bueno: son las reglas de la vida. Todo tiene su cara y su contracara. Hay que saber que la alegría viene acompañada de mucho lío. &lt;br /&gt;—El lío, antes o después, es casi la condición para que se presente la alegría. &lt;br /&gt;—Y sí, gratis nada. Y hay que saber que es así. Que las barajas vienen mezcladas. Igual, claro, es mejor no tener un cáncer que tenerlo. Pero al fin y al cabo no era tan injusto. &lt;br /&gt;—¿Y ahora te has vuelto un militante de la salud? &lt;br /&gt;—No. Eso jamás lo haría ni con el cigarrillo ni con nada. No soy un puritano. Pero en fin, claro, los lugares comunes no mienten: es mejor ser sano y joven que viejo y enfermo. Eso es así. Pero lo que ocurre es que los lugares comunes a veces ignoran las complejidades de la vida. La vida es bastante compleja. Y buena parte de los sabores también lo son. Por eso me molesta tanto la uniformización de los sabores. Que cada cual coma lo que quiera o lo que pueda. Pero el problema es que creo que el sentido del sabor no está solamente en la lengua. Está también en la nariz que huele, en los ojos que ven, hasta en los oídos está el sabor. Entonces cuando veo una hamburguesa y la huelo y veo el aspecto… ya no hay la menor posibilidad de que mi lengua se tiente. &lt;br /&gt;—¿Qué sabores te tientan? &lt;br /&gt;—Soy loco por los ravioles. Te cambio la colección completa de la revista Playboy por un buen plato de ravioles. Ése es para mí un plato irresistible. Entre otros. También me gustan mucho la comida china y la mexicana. Ahora acabo de venir de México y pude darme unos festines que… Te estoy hablando y ya me emociono, las lágrimas son mitad de emoción y mitad de nostalgia, habrás visto mis ojos llorosos evocando los tacos de camarón que comí en México y que no puedo comer en ningún otro lado. &lt;br /&gt;Sus ojos azules ríen. También ríen sus cejas largas y blancas y levemente rizadas en las puntas. Galeano tiene una torva mirada clara: la gravedad y la ternura conviven en el delicado pliegue de los párpados. Hace un rato, durante la sesión de fotos, puso una única objeción y tenía que ver con eso: con sus ojos. &lt;br /&gt;—Por favor tapate la cara, como si no quisieras ver –le sugirió Eugenio Mazzinghi, el fotógrafo. &lt;br /&gt;—Esteee… Pero que un pedazo de ojo salga –dijo Galeano. &lt;br /&gt;Y fue lo único que dijo: que un pedazo de ojo salga. Que se pudiera ver. &lt;br /&gt;Porque si no se puede ver, después no se puede contar. &lt;br /&gt;Y el que no puede contar, se muere.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-273512440232715952?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/273512440232715952/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=273512440232715952' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/273512440232715952'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/273512440232715952'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2011/04/eduardo-galeano-para-el-gourmet.html' title='Eduardo Galeano para El Gourmet'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-8Rf0uye4FD8/TZ5zeXUuQ-I/AAAAAAAAAFY/2cDwQfLI2cc/s72-c/eduardo-galeano.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-8414731184168648817</id><published>2011-04-03T09:09:00.000-07:00</published><updated>2011-04-03T09:16:38.703-07:00</updated><title type='text'>Daniel Divinsky para ADN</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-Qs3SIJilxYU/TZicZkrEPmI/AAAAAAAAAFQ/Ks7XxjTAEbg/s1600/Divinsky"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 134px; FLOAT: left; HEIGHT: 200px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5591390900535443042" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-Qs3SIJilxYU/TZicZkrEPmI/AAAAAAAAAFQ/Ks7XxjTAEbg/s200/Divinsky" /&gt;&lt;/a&gt;Los cientos de libros apretados en los anaqueles; la cabeza de Geniol llena de agujas; las columnas de carpetas y papeles que se alzan torpemente sobre el escritorio y dejan en el centro un claro, un lugar donde poner las manos o apoyar la frente; el televisor Toshiba viejo y marrón; los adornos, las ventanas y los cuadros; y este hombre compacto -este hombre que es la versión libre de algún sueño de Narnia- tienen una forma de relacionarse con el aire que remite a la gravedad y a la lluvia. &lt;br /&gt;Todo cae acá. &lt;br /&gt;Todo busca la tierra. &lt;br /&gt;—Igual voy al gimnasio tres veces por semana, no creas. Mi médico es amigo de la gimnasia y yo soy cada vez más amigo de mi médico, y a mi médico le gusta que sus amigos se conozcan entre sí. &lt;br /&gt;Hasta que este hombre habla –una voz lúdica y fina- y las cosas, de improviso, se presentan de otro modo: lo que se ve, cae (eso es cierto). Pero lo que no se ve, vuela. &lt;br /&gt;He aquí la vida equilibrada de Daniel Divinsky, fundador y director de Ediciones de la Flor. &lt;br /&gt;—¿Por qué la actividad intelectual está tan reñida con la actividad física? &lt;br /&gt;—No lo sé. Sí se que hay una cuestión muy especial en la Argentina, que se relaciona con que en la dictadura el fomento del deporte tuvo una especial significación. Yo, que me fui luego de estar preso en 1977 y volví en 1983, cuando llegué me encontré con una patria deportista que no existía cuando yo me había ido. Los sectores de clase media que podían haberse dedicado anteriormente a otras inquietudes intelectuales se habían volcado a la vida de country club, que marcaba una sociabilidad bastante particular. Porque el deporte no está mal en sí mismo, el problema es cuando se hace como reacción a la represión de otras cosas. &lt;br /&gt;—O sea que usted volvió del exilio y se encontró con un país atlético. &lt;br /&gt;—Sin duda. Un país que no tenía mucho que ver conmigo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de dirigir la editorial independiente más longeva de Argentina (con cuarenta y tres años en el mercado), y de ser el mayor veterano local que tiene la Feria del Libro de Frankfurt, y de ser el primer –y en algunos casos único- editor de Quino, Roberto Fontanarrosa, Sendra, Caloi, Rodolfo Walsh, Maitena y Liniers, y de recibir premios y homenajes (de la Biblioteca Nacional, del Congreso de la Nación, de la Fundación Konex, de las escuelas de periodismo TEA y Deportea) y de recibirse de abogado con diploma de honor a los veinte años. Antes, en síntesis, de todo lo que pueda formar parte de una sorprendente hoja de vida, Divinsky fue un niño que a los cuatro años se enfermó y que en su lecho de enfermo empezó a leer. &lt;br /&gt;Fue una nefritis; un problema de riñón de curación muy lenta. &lt;br /&gt;—Además tenía dos tías docentes, solteras, que me estimulaban mucho y me enseñaron a entender los libros como fuente de entretenimiento. Me acuerdo de uno que se llamaba Cómo divertirse en un día de lluvia. Era un libro traducido que, entre las miles de propuestas, tenía una de hacer muñequitos con limpiadores de pipa, como si en todas las casas hubiera limpiadores de pipa. Pero bueno: gracias a esas cosas entré a la primaria sabiendo leer de corrido, marcando las pausas… Las maestras me llevaban a sexto grado para que los chicos vieran cómo se debía leer, o sea: a ojos de mis compañeros yo era un asco. Pero para mi fue una ventaja comparativa y desde entonces leo todo lo que me pasa por delante. &lt;br /&gt;—Una compulsión. &lt;br /&gt;—Algo así. Me entero antes de lo que leo que de lo que oigo, lo que no es necesariamente bueno. Presto más atención cuando leo que cuando escucho. &lt;br /&gt;—¿Hay libros que de antemano no le interesen? &lt;br /&gt;—No descarto nada, pero tengo algo con las ciencias duras. Admiro que la gente lea a Paenza y me encanta que a Paenza, que es un buen tipo, le vaya bien. Pero jamás leería un libro que tenga siquiera un acercamiento amistoso a las matemáticas. Y no es que haya sido malo en matemáticas. Tuve el mejor promedio de todo el secundario, pero no me gustaban. Me acuerdo que en el año ’58, cuando fui a anotarme a la carrera de Ingeniería, vi el plan de estudios y salí disparando. &lt;br /&gt;—¿Y por qué había pensado en anotarse en Ingeniería? &lt;br /&gt;—Porque quería estudiar Letras pero mi padre, médico, me había convencido de que iba a tener que ganarme la vida y de que eso no iba a ser posible si estudiaba Letras. Así que fui a anotarme a Ingeniería con gran convicción vocacional. Esa misma tarde, cuando me escapé, me fui a Derecho y ahí decidí, también con profunda vocación, ser abogado. &lt;br /&gt;—¿Fue un buen abogado? &lt;br /&gt;—Fui un abogado involuntario. Que vendría a ser como los bomberos voluntarios, pero al revés. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se sabe –lo dijo muchas veces- que era un abogado tesonero y cuidadoso: joven. Se sabe también que en esos tiempos conoció a Jorge Álvarez, un hombre que le vendía los libros de Derecho y que además tenía una editorial donde publicaban Rodolfo Walsh, Quino y Pirí Lugones, nieta de Leopoldo Lugones. Álvarez le ofreció poner una editorial en sociedad; se sabe lo que vino después: viendo las aspiraciones de Álvarez y Divinsky, Pirí Lugones dijo: “Ustedes quieren una flor de editorial”. &lt;br /&gt;Y así nació, se sabe, Ediciones de la Flor. Una empresa familiar -Ana María Kuki Miller, compañera de Divinsky, también está en la dirección- fundada sobre un principio de transparencia: se sabe quiénes son los dueños, se sabe qué buscan, se sabe qué piensan. &lt;br /&gt;—Voy a decir algo que sospecho que se va a leer como muy pedante: una marca fuerte de esta editorial es que publica los libros que es necesario publicar. No tengo una asamblea de accionistas a la que responder por las utilidades o pérdidas de la empresa. Por otro lado, tampoco tenemos un cuerpo de vendedores que nos exijan novedades cada mes. Nosotros seguimos vendiendo libros publicados hace veinte años y más: vendemos libros que los grandes grupos normalmente transforman en picadillo, que dejan de ofrecer porque no tienen la posibilidad de ocuparse de tal cantidad de títulos. Nosotros estamos publicando veintipico de novedades por año. Eso es un nivel muy humano, que permite que uno se acuerde de movilizarlas. &lt;br /&gt;—¿Han tenido ofertas de vender la editorial a una multinacional? &lt;br /&gt;—No a una: a varias. Incluso una oferta es reciente. Pero las rechazamos porque hasta el momento no lo necesitamos y porque los proyectos de las grandes editoriales nos parecen suicidas. Esa obligación de vivir de novedad en novedad es insostenible. Por eso, en la crisis de fines de 2001 y comienzos de 2002 los grandes grupos sufrieron mucho más: no podían alimentar toda la estructura que tenían montada porque no había mercado que absorbiera tantas novedades. La lógica de las novedades sobrevive porque cada tanto aparece un éxito como los de Stamateas, Coelho y Paluch, que financia todos los demás fracasos. &lt;br /&gt;—Tomando este tipo de fenómenos se puede decir, estadísticamente, que no es cierto que la gente no lee. ¿Leer a Paluch es mejor que no leer nada? &lt;br /&gt;—Sí, porque uno puede equivocarse y deslizarse y terminar leyendo cosas de mejor nivel. &lt;br /&gt;—¿Qué hay del ego de un autor de best sellers? ¿La vanidad de un escritor es proporcional a su éxito literario? &lt;br /&gt;—En absoluto. Hasta los escritores más modestos tienen unas reservas narcisísticas que nunca dejaron de sorprenderme. Yo no quiero opacar las honras fúnebres que mereció el talento literario de Fogwill, pero De la Flor fue la única editorial que se atrevió a publicar Los Pichiciegos en 1983, cuando el manuscrito había paseado por una cantidad de editoriales que lo habían rechazado por temor a alguna represalia. Yo lo leí fascinado, hicimos inmediatamente el contrato y fue el primer libro que decidí publicar sentado en mi escritorio al regreso del exilio. Y el libro tuvo buenas críticas, pero se vendió muy poco. Y Fogwill tuvo una reacción absolutamente disparatada y dijo que el libro no se vendía porque yo le había hecho una tapa horrible. Lo dijo en términos mucho menos publicables. Y en realidad fue una tapa muy discreta: como los conscriptos en Malvinas sólo podían entrar en calor bebiendo licor Tres Plumas, que era una especie de brandy de mala calidad, el diseñador de la portada había hecho un motivo con plumas que no era para nada bélico. Y ahí Fogwill apareció a los gritos en la editorial diciendo que el libro no se vendía por esa tapa espantosa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Relaciones exteriores&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El de Fogwill fue un problema menor. El libro que más dolor le causó a la editorial –suponiendo que el problema era el libro- no fue Los Pichiciegos sino Cinco Dedos: una fábula infantil, publicada en tiempos de dictadura, que sostenía que “la unión hace la fuerza”. Un decreto la prohibió diciendo que el libro “preparaba a la niñez para el accionar subversivo” y en algún momento Divinsky y Kuki quedaron presos y a disposición del Poder Ejecutivo. &lt;br /&gt;Fueron 127 días de encierro. &lt;br /&gt;—Estuvimos juntos casi un mes y medio en Seguridad Federal, antes de ser trasladados cada uno a una cárcel distinta, y para lograr un mejor trato desarrollamos estrategias que ninguno sabía que tenía. Yo intentaba tener poco contacto con los policías, pero Kuki jugaba con ellos interminables partidos de chinchón, que a mí me aburre muchísimo. Finalmente no tuvimos un maltrato mayor que el que resultaba de la situación. Digamos que fuimos unos privilegiados absolutos. Creo que ellos pensaban que éramos empresarios y estábamos presos por algún delito económico. Por eso nos trataban bien. &lt;br /&gt;—Compartir la celda ya era un privilegio. &lt;br /&gt;—Sí, rarísimo. Hasta teníamos un calentador eléctrico para preparar los alimentos que nos llevaban nuestras familias. Me acuerdo de algo: por esa dependencia siempre pasaba la gente que salía en libertad, gente que había cumplido su detención y quedaba ahí veinticuatro horas. Entonces un día llegaron unas chicas que venían de alguno de los penales y mi mujer les ofreció café, les dijo que su marido estaba durmiendo todavía…Y después de tomar el café y comer unas galletitas, una de las chicas le preguntó: “¿Y ustedes por qué viven aquí?”. &lt;br /&gt;Divinsky y Kuki Miller fueron liberados gracias a la presión de las asociaciones de editores internacionales encabezada por Rogelio García Lupo. Una vez afuera, salieron del país –la suegra de Divinsky quedó a cargo de la editorial en Argentina- y pasaron buena parte del exilio en Venezuela, junto a su hijo pequeño. &lt;br /&gt;En una ponencia en el Congreso de la Lengua Española Chile 2010, Divinsky usó un ejemplo de sus años en Venezuela para hablar de todos los idiomas que conviven en la palabra “castellano”. En el exilio debió pensar qué tipo de español hablaría su hijo: “La idea era que el exilio duraría lo que impusiera la dictadura –dijo Divinsky en Chile-. Y como quería preparar a mi hijo para ser idiomáticamente argentino al regresar, le hablaba utilizando sinónimos en la misma frase. Podía decirle «Cerrá —cierra— el grifo, la canilla, la llave» para indicarle que no dejara correr excesivamente el agua del cuarto de baño. Alguna deidad protectora de la salud mental de los niños, o la inveterada cordura de su madre, salvaron a nuestro hijo de la esquizofrenia”. &lt;br /&gt;—Yo hablaba tres idiomas distintos, sí. Porque al argentino y al venezolano debías sumarle el lenguaje para comunicarte con las empleadas domesticas dominicanas. El otro día recordaba una publicidad en Caracas que alentaba a la gente a disponer razonablemente de sus residuos y decía “bota tu pote en el pipote”. Eso quería decir “tirá tu lata en el tacho”. ¿Alguien puede decir, a esta altura, que el castellano es un idioma único? &lt;br /&gt;—Hay editoriales que no parecen registrar esta diversidad. Hay libros en español muy difíciles de entender. &lt;br /&gt;—Algunos de Anagrama son ilegibles. Es algo que hablé con Jorge Herralde, el director de Anagrama, una editorial que por cierto me agrada mucho. Podrían adoptar no sé si un castellano neutro, pero al menos no el argot de los barrios bajos de Barcelona. En el caso de Trainspotting, que es uno de los más notorios, Herralde argumentó que la película Trainspotting en Inglaterra se daba con subtítulos en inglés para que la gente entendiera la jerga de estos personajes del submundo de la droga. Entonces el traductor de Anagrama lo había traducido bajo la jerga de los traficantes en Cataluña. &lt;br /&gt;—Raro. &lt;br /&gt;—Sí. Creo que es una especie de ombliguismo, de considerar que la lengua de los españoles es la verdadera y las latinas son variantes falsas. Nosotros, en el caso de la ficción, tratamos de traducirla al castellano argentino y si no hay más remedio al de Buenos Aires. Pero si es un ensayo buscamos un idioma más neutro, que se pueda entender bien en todo el mundo hispanoparlante. &lt;br /&gt;—¿Es cierto que John Berger quiso que lo tradujeran al porteño? &lt;br /&gt;—En realidad hubo una cosa muy especial. En su fantasía de izquierdismo infantil de tipo talentosísimo y brillante, él quería que hubiera una edición rioplatense de su novela King, que transcurre en una villa miseria y está contada por un perro. Él creía que si se traducía al castellano del Río de la Plata las clases populares leerían la novela. Nosotros aceptamos, pero Carmen Balcells, que es su representante y no da puntada sin hilo, quiso colocarnos un combo con otros dos libros muy antiguos de Berger, y ahí no lo hicimos. De todos modos, hemos publicado dos libros suyos, Mirar y Cada vez que decimos adiós, y hemos mantenido una correspondencia muy linda con su mujer. Todo por fax. &lt;br /&gt;—¿Fax? &lt;br /&gt;—Berger es muy especial. Vive en los Pirineos y… Es gracioso. Una vez el Consejo Británico quería invitarlo a la Argentina y nos pidieron el número de fax y él respondió que quería venir, pero preguntó si podía hacerlo en barco porque no creía que esos viajes tan largos pudieran hacerse en avión y porque decía que la aviación comercial era una especie de ideología que se le imponía a la gente… Un poco de delirio. Por cierto: Berger ya tiene correo electrónico. &lt;br /&gt;—¿Y usted cómo se lleva con Facebook, Twitter, las novelas en 140 caracteres? &lt;br /&gt;—Eh… No, no fumo. &lt;br /&gt;—El avance de Internet supone, entre tantas cosas, una gran piratería. ¿Cómo lo resuelven? &lt;br /&gt;—Hemos tenido éxito con un portal francés que había puesto los libros de Quino argumentando que no sabían que había derechos sobre esos libros. ¡Absurdo! Luego tenemos una causa contra Taringa! porque han metido una cantidad de libros que tienen derechos. Y ha ido prosperando. Y después está esto –toma una pila de libros-. Esto que ves acá son libros pirata con la factura de compra. Los voy a llevar en los próximos días a Tribunales. De Operación Masacre hay ediciones hasta más lindas que la auténtica, pero los de Fontanarrosa son tan espantosos que les haría un juicio por piratería y otro por mal gusto. &lt;br /&gt;Divinsky muestra las réplicas y luego invita a bajar al subsuelo: el vergel de los originales; la madre nodriza de esta casa. En el sótano de Ediciones de la Flor hay anaqueles morrudos con infinitos libros que nombran la literatura en términos numéricos pero también cromáticos: acá hay muchos ejemplares –Liniers, Fontanarrosa, Maitena, Mafalda- y hay un derrame de colores vivos. &lt;br /&gt;Un tiempo atrás, la escritora Luisa Valenzuela bajó, miró y tuvo un ataque. &lt;br /&gt;—Le agarró como una fiebre –dice Divinsky-. “Ay, qué lindo, ¿puedo agarrar uno?” dijo. Pero no podía parar, se quería llevar todo. &lt;br /&gt;Lo naranja, lo azul, lo violeta, lo verde. &lt;br /&gt;—Todo –repite Divinsky. Y cuando dice “todo” habla –parece hablar- no tanto de los libros como de la felicidad.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-8414731184168648817?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/8414731184168648817/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=8414731184168648817' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/8414731184168648817'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/8414731184168648817'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2011/04/daniel-divinsky-para-adn.html' title='Daniel Divinsky para ADN'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-Qs3SIJilxYU/TZicZkrEPmI/AAAAAAAAAFQ/Ks7XxjTAEbg/s72-c/Divinsky' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-6672833661464765102</id><published>2011-03-26T12:46:00.000-07:00</published><updated>2011-04-01T15:44:33.668-07:00</updated><title type='text'>Midón y las cosas concretas</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-X_LJ2h5r9ug/TY5X9PWB2xI/AAAAAAAAAFI/I1SnmThPbGY/s1600/Hugo_Midon.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 200px; FLOAT: left; HEIGHT: 146px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5588500897215929106" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-X_LJ2h5r9ug/TY5X9PWB2xI/AAAAAAAAAFI/I1SnmThPbGY/s200/Hugo_Midon.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;Era chica: no más de seis años. Estaba en un teatro que recuerdo inmenso, viendo una obra para niños que ya no recuerdo, y apretando en un puño un papel que decía "131". Al final de la obra se sorteaban quince días en una colonia de vacaciones de invierno, y tanto mi madre como yo teníamos esa única apuesta. Mi madre trabajaba todo el día y no tenía dinero para una colonia: el 131 era la única posibilidad de un invierno decente. Incluso feliz. &lt;br /&gt;Y entonces salió. &lt;br /&gt;El 131 salió. &lt;br /&gt;En ese inmenso teatro salió el 131 y me recuerdo subiendo al escenario -las luces planas del final de obra- y recibiendo quién sabe qué cosa -¿otro papelito?- que significaba tantas otras cosas: profundo alivio para mi madre, garantía de diversión para mí, bálsamo para la economía familiar, y certeza de que la suerte a veces -al menos a veces- está de tu lado. &lt;br /&gt;Hugo Midón me entregó ese premio. &lt;br /&gt;La obra era suya. &lt;br /&gt;Todo lo demás también fue suyo. &lt;br /&gt;En casa le debemos a Midón cosas muy concretas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volví a ver a Midón veinticinco años después, a la salida de un teatro, mientras hacía un artículo sobre espectáculos infantiles. No hablé con él -o no hablé nada que recuerde- pero sí me quedó impresa esta imagen: la de un tipo alto y de tez aceitunada, dueño de esa clase de seriedades que no tienen que ver con el humor sino con las certezas. Midón estaba rodeado de niños y lo más conmovedor era su forma de abordarlos: no intentaba ser simpático con ellos. No los tomaba por idiotas. No dejaba que la impostura se instalara siquiera un segundo en esa escena: Midón, en síntesis, era conmovedoramente responsable.&lt;br /&gt;Siempre fue conmovedoramente responsable. &lt;br /&gt;En cuatro décadas de trabajo, Midón dirigió y escribió hermosas piezas en las que alude a las luchas monopólicas, los derechos infantiles, los cacerolazos, la canasta familiar, los piratas del asfalto y la venta de terrenos fiscales a magnates estadounidenses. &lt;br /&gt;Es decir. &lt;br /&gt;Los chicos le deben a Midón cosas muy concretas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tercera vez que lo vi fue durante una entrevista para la revista &lt;em&gt;C&lt;/em&gt; del diario &lt;em&gt;Crítica de la Argentina&lt;/em&gt;. Me llevó a conocer su escuela de teatro -llamada Río Plateado- y me llamó la atención la cartelera: a diferencia de otros institutos, había colgados muy pocos anuncios y entre ellos uno solo (de la Asociación Luchemos por la Vida) incluía la convocatoria a un casting. &lt;br /&gt;-Sólo les pongo las cosas que me parecen interesantes -dijo-. Las películas de Lucía Puenzo, de Burman, de algún otro director joven. O si viene Norma Aleandro y me pide chicos con determinado perfil. O sea: gente de confianza. Pero después, trato de ignorar todo lo demás. Ningún chico quiere estar ocho horas en un canal todos los días. Le gusta salir en televisión, pero apenas ve que el sacrificio es tanto, recula. El problema generalmente son los padres. &lt;br /&gt;-Y si ves a algún chico muy entusiasmado con la tele, ¿no lo alentás? -pregunté. Midón frunció la cara, se restregó las manos y contó la historia de una alumna que tiempo atrás lo había interceptado en el hall de entrada de la escuela. &lt;br /&gt;-Ay, Hugo -le había dicho-, ¡sabés que fui a un casting para Chiquititas y me parece que quedo, Hugo! ¡¡¡Quedooo!!! &lt;br /&gt;Hugo la miró. &lt;br /&gt;-¿Por qué fuiste? –contestó- Chiquititas es una porquería. &lt;br /&gt;-Ay, Hugo, no me digas eso… &lt;br /&gt;-Ah, ¿querés que te mienta? ¿Querés que te diga “qué lindo, te felicito”? Para mí es una porquería. &lt;br /&gt;Entonces Midón le explicó a su alumna por qué era una porquería. Y las explicaciones que le dio eran parecidas –iguales- a las que seguramente se dio a sí mismo hasta el último de sus días. &lt;br /&gt;Los actores le deben a Midón cosas muy concretas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La última vez que vi a Midón fue en una silla de ruedas. Había terminado una función de la obra &lt;em&gt;Playa Bonita&lt;/em&gt; y Midón se acercó -fue acercado- con la silla para el momento del aplauso final. Dicen que él quería subir pero que intentaron disuadirlo. Por cuidado. Por amor. &lt;br /&gt;También por amor y por cuidado decidí no acercarme. Sólo recuerdo su nuca, su boina, su bella tez olivácea. La silla. &lt;br /&gt;El dolor inevitable. &lt;br /&gt;¿Cuánto había de Midón en Midón? Y en cualquier caso, ¿por qué así? ¿Por qué ya no podía pararse? ¿Por qué así? ¿Le habrán servido de algo los aplausos, esa tarde? ¿Es que los hombres dignos también terminan así? Los hombres dignos merecen finales dignos: por eso este enojo. &lt;br /&gt;La muerte le debe a Midón cosas muy concretas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-6672833661464765102?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/6672833661464765102/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=6672833661464765102' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/6672833661464765102'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/6672833661464765102'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2011/03/midon-y-las-cosas-concretas.html' title='Midón y las cosas concretas'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-X_LJ2h5r9ug/TY5X9PWB2xI/AAAAAAAAAFI/I1SnmThPbGY/s72-c/Hugo_Midon.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-1718332585524653701</id><published>2011-03-23T08:05:00.000-07:00</published><updated>2011-03-23T15:04:36.961-07:00</updated><title type='text'>La piedra arde</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-wNpyibzYuJg/TYoMvaEl4zI/AAAAAAAAAFA/HiwdsYVELrQ/s1600/Piedra%2Bbaja.JPG"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 145px; FLOAT: left; HEIGHT: 200px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5587292296298488626" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/-wNpyibzYuJg/TYoMvaEl4zI/AAAAAAAAAFA/HiwdsYVELrQ/s200/Piedra%2Bbaja.JPG" /&gt;&lt;/a&gt;Tengo conmigo un libro, que también es un tesoro. Se llama &lt;em&gt;La Piedra Arde &lt;/em&gt;y es uno de los varios títulos de “literatura infantil” –rótulo discutible- que escribió Eduardo Galeano. Está hermosamente ilustrado por el dibujante español Luis de Horna y tuvo su primera edición en abril de 1980 en una imprenta de Salamanca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese entonces, ciertos libros sólo podían imprimirse en lugares como Salamanca. Y cierta gente sólo podía vivir en ciertos lugares donde podían imprimirse ciertos libros. Galeano entre ellos. Mi padre entre ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi padre me mandó &lt;em&gt;La Piedra Arde&lt;/em&gt; desde Madrid, para mi cumpleaños número cuatro. El libro –que hoy sólo se consigue en Taringa- cuenta la historia de un viejo que a lo largo de su vida fue acumulando muchas marcas, visibles e invisibles, y que a pesar de todo se siente orgulloso de ellas y no quiere olvidarlas. Por eso, cuando se le presenta la posibilidad de romper una piedra mágica y candente y volver a ser joven, se niega con un único argumento: “Si parto la piedra, estas marcas se borrarán –dice-. Pero estas marcas son mis documentos de identidad (…). Yo no quiero olvidar. No parto la piedra porque sería una traición”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;La Piedra Arde&lt;/em&gt; es un complejo relato moral –aunque no moralista- y da cuenta de que es posible hablarle a un niño en un lenguaje preciso, lírico y revelador en el sentido más serio de la palabra: el que refiere a no encubrir, a no aliviar las cosas hasta desaparecerlas. No es el único libro que me fue comprado en esos años. Mi padre y mi madre (mi madre: menudo capítulo el de los que se quedaron) me acercaron también a los autores rusos y a los cuentos conmovedores, aunque no agradables, sobre los derechos del niño (entre ellos el inolvidable y reeditado Campos verdes, campos grises, de la alemana Úrsula Wölfel).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora, &lt;em&gt;La Piedra Arde&lt;/em&gt; y todos los otros cuentos están en la biblioteca de mi hijo. Él tiene cinco años y –como la mayoría de los chicos de cinco años- entiende más cosas que las que los adultos nos empeñamos en creer que entiende. Hace un tiempo le leí &lt;em&gt;La Piedra Arde&lt;/em&gt; y supe que ese cuento era también –o era principalmente- una lección de historia. Supongo que en eso habrá pensado Galeano cuando lo escribió. En que las venas abiertas de América Latina también pueden mostrarse y contarse en un lenguaje para niños. Es cuestión de inteligencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y sobre todo de amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;La Piedra Arde&lt;/em&gt; es un ejercicio de profundo cuidado por los hijos y los nietos –y los nietos de los nietos- de un continente condenado a las horas terribles. Y fue, cuando fue concebido y editado, un ejemplo de resistencia contra lo que se venía: una generación entera que, más que por los libros de Galeano, crecería acompañada por la revista Billiken.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que no era una publicación ingenua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En su libro &lt;em&gt;La infancia en dictadura. Modernidad y conservadurismo en el mundo de Billiken&lt;/em&gt;, la periodista Paula Guitelman cuenta cómo se formó la generación de los que hoy tienen treinta y pocos años, y cómo los valores y objetivos que se promovían durante la dictadura –diferenciación clara entre el bien y el mal, sometimiento a una única moral religiosa, construcción de universos sin pobres, analfabetos ni migrantes- eran reproducidos a la perfección por el semanario infantil de mayor venta en el país. ¿Por qué le iba bien a Billiken? Porque la Comisión Orientadora de los Medios Educativos (COME) veía en esa publicación la representación de una infancia depurada y tranquilizadora. ¿Por qué La piedra arde se editaba en Salamanca y llegaba en puntas de pie a la Argentina? Porque la COME –vaya sigla- consideraba que “el pesimismo es subversivo” y el libro de Galeano, según el canon COME, era absolutamente infeliz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta censura –ampliamente consignada en Un golpe a los libros. Represión a la cultura durante la última dictadura militar, de Judith Gociol y Hernán Invernizzi- tuvo consecuencias severas. Parte de la generación de treinta y pico aún hoy repite el “algo habrán hecho”. Y las camadas de menor edad, si bien tienen discursos solidarios con la lucha social en los ‘70, en buena medida no logran respaldar lo que dicen con información concreta. Un relevo entre jóvenes de 17 a 25 años hecho por el ya difunto diario &lt;em&gt;Crítica de la Argentina&lt;/em&gt; y publicado el 24 de marzo de 2008 bajo el título “La generación de la memoria light” reveló que la mayoría de los pibes sabe qué pasó durante la última dictadura pero, en un 90% de los casos, lo sabe en una versión liviana que desconoce nombres y detalles. En general les costó -o les fue imposible- dar la fecha exacta del golpe; algunos creían que el 24 de marzo era un feriado por Semana Santa; y buena parte de los entrevistados que vivía cerca de la ESMA era incapaz de responder qué significaba esa sigla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por todo esto, si bien es imposible saber qué hará cada una de las escuelas hoy cuando haya que explicar por qué mañana es feriado y “Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia”, sí es posible –como mínimo en las casas- devolverles a los chicos ciertas lecturas negadas. Sobre todo porque, a treinta y cinco años del golpe militar, aún hay cuentos –y pesadillas- que no dejaron de arder.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-1718332585524653701?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/1718332585524653701/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=1718332585524653701' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/1718332585524653701'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/1718332585524653701'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2011/03/la-piedra-arde.html' title='La piedra arde'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-wNpyibzYuJg/TYoMvaEl4zI/AAAAAAAAAFA/HiwdsYVELrQ/s72-c/Piedra%2Bbaja.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-3415218203299173664</id><published>2011-03-17T05:07:00.000-07:00</published><updated>2011-03-17T05:18:33.699-07:00</updated><title type='text'>Liniers, para revista El Gourmet</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-Qr1j4-lx6yM/TYH6WuwtqOI/AAAAAAAAAE4/aJ3EzUSNslw/s1600/liniers.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 160px; FLOAT: left; HEIGHT: 147px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5585020281332541666" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/-Qr1j4-lx6yM/TYH6WuwtqOI/AAAAAAAAAE4/aJ3EzUSNslw/s200/liniers.jpg" /&gt;&lt;/a&gt; Cuando era un niño. Cuando aún no había publicado ocho libros, ni había hecho las tapas de cinco discos, ni se había parado en escenarios a dibujar murales de 32 metros cuadrados. Cuando era un niño y no tenía su propia editorial, y su mundo era el mundo que cabía en los libros y las películas de Chaplin. Cuando el futuro era esto: un lugar donde se entierra el pasado (entonces él, cuando era un niño, se decía a sí mismo “no tengo que olvidar este verano, ni esta hamaca, ni este viento”). Cuando era un niño; cuando era –mejor dicho- un varón metido en el tarro de la infancia, la principal preocupación de Ricardo Liniers Siri consistía en demostrarle al mundo –o a la gente que recién lo conocía- que no era un tarado.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—Siempre tenía la sensación de que si llegaba a un grupo de gente que no conocía, yo era un tarado hasta que demostrara lo contrario. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Así pasaron los años. Tímidamente: trabajosamente.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Ricardo Liniers Siri creció, se hizo dibujante, se transformó en Liniers. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Y Liniers transformó todo lo demás. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—Pero desde que hago historietas es más fácil. Cuando hacés historietas la gente dice “¡qué bueno!” y automáticamente salgo del lugar de tarado. El mundo es más amistoso desde que dibujo. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Ahora está sentado en un bar y sonríe. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—En algún momento salí del cascarón y mi conexión con el mundo fueron los dibujos. Los usé como un puente para vencer la barrera de la timidez. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Y sonríe. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—Creo que es algo psicológico, ¿no? Igual nunca lo investigué mucho. A ver si un psicoanalista descubre algo y se rompe la magia. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Y sonríe. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—Sería como cortarle el pelo a Sansón. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Y su sonrisa es la expresión de algo mucho menos eventual. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;En Liniers, la sonrisa –una luz nacida en la boca- existe incluso cuando no se ve. Como los ojos. Como cualquier otro órgano del cuerpo. Como las varias decenas de personajes que Liniers muestra en sus viñetas y que luego guarda en otra parte.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Los pingüinos; los duendes; el conejo; los planetas locos; el oso Madariaga; el gato Fellini; la niña Enriqueta; el perro Evaristo; el señor del banjo; la gente común; la aceituna solitaria; el mosquito Manuel; el bicho extraño; Lorenzo y Teresita; Origami boy; el misterioso hombre de negro, Villegas, Rivarola, Benítez, Salcedo, Zambrano, Manzini, Aguirre, Gutiérrez y la otra gente que anda por ahí; Kaufman, el artista conceptual; Reyes, el hombre sin concentración; Olga, el amigo imaginario; el doctor Bonete, político honesto; el señor que traduce los nombres de las películas; José Luis el infeliz; Z-25, el robot sensible; todos. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Todos viven en su cabeza. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Y la cabeza de Liniers es de tamaños normales, así que habrá que explicarlo de otro modo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Un hombre común&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Hubo un principio. A los diez años Liniers –descendiente del celebérrimo virrey- ya leía y dibujaba en cantidades importantes. Tenía amigos, pero además tenía una población en la cabeza. Julio Verne, Herman Melville, Charles Chaplin, J.D. Salinger y todos los demás universos posibles le entraban por los ojos y le salían por la mano. En quinto grado ya hacía sus propias historietas. Pero fue recién pasada la adolescencia cuando, tras un intento frustrado en la carrera de abogacía –su padre es abogado- y otro intento en Publicidad, empezó a vivir del dibujo. Comenzó en 1999, en el suplemento No de Página 12, usando el segundo nombre como nombre artístico. La tira se llamaba Bonjour y duró tres años. Luego, de la mano de su amiga Maitena, recaló en La Nación. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Era el 2002. El país se caía de a pedazos y Liniers arrancó con una tira llamada Macanudo. Los lectores no la entendían. Los editores la miraban de costado. Lo inquietante de Macanudo –lo que la transformaba en una obra sinuosa- era que sus viñetas no siempre operaban –ni operan- a la manera de un chiste. A veces no hay remate; a veces sólo se trata de un paseo melancólico y tierno por lo más tierno y melancólico que pueden tener las personas: su alma. O cualquier cosa que se le parezca. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Un hombre que descubre el poder místico del tai chi chuan. Una nena que termina el mejor libro de su vida. Un empleado de la AFIP a punto de perder la paciencia. Un oficinista que, de regreso a su casa, se pregunta si su oportunidad ya pasó.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Esos son los personajes de Liniers: los que están a oscuras. Los que están en todas partes. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—Creo que en mi trabajo hay una reacción ante la fascinación que existe frente a las celebridades berretas. Nos hemos convencido de que son gente más importante. Y me entristece que haya gente que quiere ser eso. Entonces elijo mirar al tipo que da un paso en un millón. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—¿Mirás a Tinelli? &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—Me intriga entender por qué la gente es así, pero a la vez hay algo que me repele. Si me pongo un poco pedante lo digo de este modo: no me gusta lo que le hace al país. Me parece que Tinelli es alguien que en los últimos veinte años estuvo usando el morbo para bajar el umbral de inteligencia de la gente. Y a mí me molesta porque los chistes que hago son para gente de este país, ¿entendés? Entonces cuando un pibe dice “uh, qué bueno, hoy voy a ver un culo” yo digo “puta, a ese pibe no le puedo escribir más”. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—Tinelli te quita lectores. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;—Le quita gente decente a mi hija para que conozca cuando sea grande. Cuando Matilda sea grande y tenga que buscar novios va a haber un montón de estupidizados diciendo “uhhh, te quiero ver el culo”. Y eso también va a ser un problema.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Todo&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dice que estamos acá, en el bar, porque arriba –en su casa- todo es un lío. Dice que arriba están las nenas (Matilda, de dos años y medio, y Clementina, de cinco meses) y está Angie –su mujer- cocinando langostinos. Dice que Angie adora cocinar; pero que él adora más comer. Su vida gastronómica, dice, es una línea recta que empieza en la nada y va a terminar en todo. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;—Desde el punto de vista gourmet empecé en el sótano. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Eso dice. Luego define sótano: cuando era un niño y vivía preocupado por no ser un tarado, sólo –sólo- comía postrecitos Sandy. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—Pero quiero que al final me guste todo. Arrancar con el Sandy y terminar con que no haya ningún gusto sin conocer. Ya he conquistado el 90 por ciento de los gustos. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;También sobre esto hay una viñeta. En ella, puede verse al primer hombre en la prehistoria probando la coliflor: la mira, la muerde y hace “¡Eugh!”. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—Ahora incluso como coliflor. Lo que todavía me cuesta es la acelga y la espinaca cocidas. Pero por afuera de, digamos, los “acelgácidos”, me gusta todo: el picante, la comida rara, los animales de todo tipo. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—¿A qué animales te animaste, por ejemplo? &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—Escargots. Un día estábamos en Barcelona y pidieron el escargots y dije “bueno, lo disimularán un poco para…”. Pero no: me trajeron un plato que era como si hubieran pasado por el jardín y hubieran agarrado unos bichitos. Y los sacás y lo comés y el gusto… es lo que te imaginás que es el gusto del caracol. No es como… “ah, tiene gusto a dulce de leche, qué rico”. No. Es gusto… a eso. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—Hay una viñeta donde mostrás a dos duendes haciendo la pantomima del experto en vinos: lo miran, lo huelen, lo prueban. Y después dicen “mozo, una pecsi”. ¿Te molestan los clichés gourmet? &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—Digamos que siempre me hace gracia el pretencioso. Me da ridículo. Algunos entienden, pero los civiles deberíamos tomarnos el vino en silencio.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Shhh&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Silencio. Eso es lo que tiene Liniers para decir. Y lo dice de modos como éste: en una viñeta, hay un duende rojo y otro celeste. El gorro del celeste se alarga y crece, y crece. Y crece. Y luego baja. Y en el quinto cuadrito, el duende celeste, finalmente, le dice al rojo: “¿Te parece que con eso me alcanza para ir a la televisión?”. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Por este tipo de expresiones, a veces los lectores de La Nación se enojan y le escriben a Liniers diciendo “esto es una estupidez”. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—Es que el chiste con remate no me sale. Si me interesó una idea y me parece lo suficientemente extraña y no le encuentro un remate buenísimo, poner uno malo para que cumpla la regla de “cómo es un chiste” no me interesa. A mí siempre me gustó el cine, la literatura, y… qué se yo… Yo no veo que al final de La Guerra de las Galaxias alguien haga “¡chimpum!”, un chistecito final para rematar la película. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—Lucrecia Martel te deja a los personajes de espaldas. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—Sí. En un punto me interesa más el camino que toma Lucrecia Martel. O Chaplin. Chaplin es algo… Es como Quino, como Bob Dylan, como John Lennon, como John Steinbeck: esa clase de gente de la que aprendí una moral y una manera de ver el mundo. En Chaplin, por ejemplo, no hay “chimpún”. Hay una confianza en el espectador. Él cierra la historia en su cabeza, lo que incluye el riesgo de que a alguien no le guste lo que hacés. O no lo entienda. Pero no me ofende.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;—No estaría mal que te ofenda. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—Es que hay algo muy puntual con el arte y el entretenimiento: todo el mundo se siente, y me incluyo, con derecho a alabar y denostar según los gustos personales. Es algo dictatorial y superfacho que tenemos. Cuando vos te parás y decís “Axel canta como un perro” está bien, es tu opinión, pero hay un montón de gente a la que le cabe Axel. Todos tenemos el pequeño dictador adentro y por algún motivo eso está aceptado en cuestiones culturales. Entonces me parece bien cuando la ligo yo. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—¿Ninguna crítica te molesta? &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;- Lo que quizás molesta un poco es sentir que tenés que estar revalidando el título todo el tiempo. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;A lo largo de esos ocho años, Liniers hizo no sólo historietas diarias. Publicó ocho libros que hoy se venden en España, Perú y Canadá; armó junto a Angie –abogada y escritora- la Editorial Común; hizo el arte de tapa de cinco discos (entre ellos Logo, de Kevin Johansen y La lengua popular, de Andrés Calamaro); acaba de inventar –o le inventaron a medida- el género de la “entrevista dibujada” (su primer entrevistado fue Ricardo Darín), y dio recitales junto a Kevin Johansen. Mientras Kevin cantaba, Liniers dibujaba un mural de 32 metros cuadrados y hasta se animaba a tocar la guitarra en algún tema. Esos shows fueron rescatados en un DVD que tiene, entre el material extra, la posibilidad de ver comprimido en un minuto –a alta velocidad- el trabajo que Liniers dibujó y pintó en dos horas. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—Cuando lo miraba por un lado me gustaba, pero a la vez tenía una angustia terrible, porque en cámara rápida yo parecía una impresora. Me veía y pensaba “pobre pibe, qué necesidad de probarle a la gente que es bueno”. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—¿Los artistas prolíficos son inseguros? &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—Absolutamente. Mirá a Calamaro, haciendo un disco de ochocientas canciones… Cualquier psicólogo diría “este tipo está tratando de decir ‘miren todas las ideas que tengo”. O sea: es un bicho raro el artista. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Un bicho raro. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Un bicho que navega entre la inseguridad y el ego. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;—Y entre esa inseguridad y ese ego uno trata de decir : “¡Miren, dibujo bien!” &lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Entonces uno mira. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Y es suficiente. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-3415218203299173664?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/3415218203299173664/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=3415218203299173664' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/3415218203299173664'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/3415218203299173664'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2011/03/liniers-para-revista-el-gourmet.html' title='Liniers, para revista El Gourmet'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-Qr1j4-lx6yM/TYH6WuwtqOI/AAAAAAAAAE4/aJ3EzUSNslw/s72-c/liniers.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-7799478016702925276</id><published>2011-03-11T03:49:00.000-08:00</published><updated>2011-03-11T03:58:34.926-08:00</updated><title type='text'>Federico Luppi, para revista El Gourmet</title><content type='html'>Carne, mucha carne. Los mediodías y las noches: carne. Sobre la mesa de madera: carne. Pescettos fuertes, chorizos frescos, churrascos de dos dedos de ancho. Montañas de papas fritas y huevos y puré embebiéndose en el caldo rojo de la carne. En el aire: carne; el ruido de los bifes crepitando contra el hierro. Carne era lo que se olía y se veía y se escuchaba y se comía en la casa de Federico Luppi, allá en la infancia, allá en Ramallo, allá en los tiempos en los que la carne era la metáfora perfecta de la exhuberancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—En mi casa todo siempre fue demasiado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su padre, Alberto, era matarife y tenía una carnicería grande y llegaba del trabajo como si viniera de la Guerra del Paraguay: bañado en sangre y bosta. Su madre, Clementina Victoria, era ama de casa y se pasaba el día fregando camisas, botas, bombachas y todos los otros restos de la guerra. Pero no cocinaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Nunca cocinó bien porque siempre hacíamos carne. Ella era de una familia de gringos italianos, y si yo quería comer otra cosa me iba lo de mis tías: tía Rosa, tía María. Ellas hacían buenas pastas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con carne. Carne sobre la pasta y carne en las caderas anchas de sus tías: sus traseros eran una forma más de la abundancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Y cuando crecí, la verdad, nunca pude zafar de ese concepto de la infancia: siempre deseé más la cantidad que la calidad. No lo puedo evitar. Si me servís un plato chico yo te mando a la puta que te parió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Federico Luppi tiene 74 años. Pero dentro de un rato pasará el pan por el plato como si fuera un niño. Viene de hacer una gira con Por tu padre, una obra de teatro junto al actor Adrián Navarro –que probablemente se lleve a la costa en el verano-, y una de las consecuencias de esa tournée es la mala alimentación: las opciones de comida siempre son pasta o carne –una constante en la vida de Luppi- pero no son la pasta y la carne de cuando él era un niño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Hoy todo es lamentable, mami! Andá a cualquier restaurante y pedí parrillada para dos y es lamentable. Te traen requechos de asado de hace tres horas, una carne hecha de suela de zapato, renegrida, dura, el chorizo que parece un palo de escoba, cuando la carne debe comerse como la comen los vascos: apenas sellada, sangrante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Como la de tu padre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Como la de mi padre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pide un Pineral –una bebida que tomaban los obreros en la década de 1950- y luego elige un plato. Hoy quiere evitar problemas y ordena pescado: abadejo con espinacas a la crema. Luppi tiene fama de cabrón. Sus encargadas de prensa lo tratan con la delicadeza que se prodiga a una granada a la que le han quitado el prescinto. Sin embargo, las dos veces que lo entrevisté –ambas a lo largo de este año- el resultado fue un encuentro con un hombre encantador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Cómo estás, mami, tanto tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así saluda Luppi. Hoy lleva pañuelo al cuello y traje gris. La mirada está intacta –derecha- y el cuerpo, izado sobre sí mismo, se mueve en ademanes reposados. Luppi es la clase de persona que lleva el pasado encarnado en el rostro: aún con canas, aún sin bigote, aún con la vejez encima, Luppi sigue siendo lo que alguna vez fue: un varón sólido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un varón con hambre interminable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Cuando crecí y me fui a vivir solo, me faltaba aquello que en mi casa había tanto. Me faltaban los bifes. Me faltaba el chancho que mi viejo mataba en el invierno. Mi viejo, y esto no es fantasía engrandecida por el recuerdo, mi viejo hacía unos chorizos que se te caían los ojos. Es difícil de aceptarlo pero es así: esos chorizos eran la expresión más cualitativa de la artesanía. Con eso no me faltaba más nada. Yo recién conocí la pizza a los dieciséis años. Recién conocí el yogurt a los dieciocho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y un día todo eso –la carne, el chorizo, la pizza, el yogurt y cualquier otra forma de abundancia- faltó. Fue pasada la adolescencia, cuando Luppi se fue a estudiar a La Plata. Al principio tenía un empleo en el frigorífico Swift, pero luego renunció en favor de la actuación: había conseguido unos bolos en Canal 7 y decidió apostar a ese trabajo. Seis meses después, ese trabajo se acabó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ahí por primera vez viví la falta de empleo, el hambre. Pero el hambre real, no el literario. El hambre de pasar tres o cuatro días sin comer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿No pensaste en trabajar de otra cosa?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— Ya había renunciado a mi trabajo en La Plata para mantener esta cosa del teatro. Preferí quedarme en una pensión rasposa de mierda y apostar a lo que me gustaba, ir de ronda por los canales todos los días, ir a bares, hacer cola. Así apareció esta dinámica interna tan profunda de la profesión, que es la inseguridad, con la que establecés un matrimonio bastante cordial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pasaste de la abundancia al hambre. ¿Cómo sobrellevaste ese contraste?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Aprendí a soportarlo como un elemento cotidiano. Ahí empezó el tema de las cantidades. Por decirlo de un modo esquemático y simplista, ante una tortilla pequeña y de hermosa calidad, yo prefería una grande y peor hecha. ¿Por qué? Porque no sabía si al día siguiente iba a comer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Tan grave?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí, sí. No quiero hacer novela pobre, pero sí: había problemas. Me acuerdo que en una época yo compartía departamento en La Plata con un amigo. Y un día una tía suya, que hacía mucho que él no veía porque no la soportaba, lo invitó a comer unas empanadas. “¿Puedo llevar un amigo?” le preguntó él. Y nada: fuimos a comer y creo que nos masticamos hasta las patas de la mesa. Ese día me di cuenta de que hay dos cosas por las que el hombre es capaz de cosas tremendamente criticables: la comida y el sexo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tuvo esposa, novias, mujeres, hijos, nietos. Y, en estos últimos años, tuvo también proezas. Sus últimas parejas conocidas –Emilia Mazer, Cecilia Milone- eran varias décadas más jóvenes que él. Y su actual mujer, la española Susana Hornos, es 37 años menor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—La verdad que siempre he sido muy dependiente de las mujeres. Medio falderón, sabés. Siempre he caído en amores que matan, con una muy machista predisposición al celo. Es curioso y puede parecer una tontería muchachística, pero nunca vi una mujer, en el sentido posesivo del término, si no me imaginaba casado con ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Un romántico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Será, más bien, que vengo de familias muy numerosas, muy campesinas. Nunca se me ocurrió imaginar la figura del amante. Que me haya ocurrido y haya sido parte también de eso que uno llama eufemísticamente las “amistades higiénicas”, sí, claro. Pero siempre tuve la fantasía de que esa mujer que estaba conmigo tenía que ser mi esposa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luppi eligió mujeres con el mismo criterio con que eligió trabajos: se imaginaba casado; se imaginaba un escenario permanente. Y eso, al menos en el plano laboral, tuvo consecuencias favorables. Luppi integró los elencos de películas que hoy son clásicos dentro del cine argentino. La Patagonia rebelde, Tiempo de revancha, Plata dulce, El arreglo y Un lugar en el mundo son piezas fuertes dentro del mapa de la idiosincrasia nacional. A ellas se suma, en estos últimos meses, Sin retorno: la brutal y exacta opera prima de Miguel Cohan; un film que aborda de un modo novedoso el tópico de los “accidentes de tránsito” –una tarea difícil luego de Carancho-, que tuvo excelentes críticas, y que es, según Luppi, una muestra acabada de inteligencia y de tacto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Esa película va a hacer una muy buena carrera de festivales –dice Luppi.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sabe de qué habla. Luppi estuvo en todos los festivales. Cinco años atrás, en uno de esos tantos eventos, el presidente del Festival de San Sebastián lo invitó a cenar junto a Robert Duvall. La cita fue en el celebérrimo restaurante Arzak: tres estrellas Michelin y cultor de la ingeniería gastronómica à la Ferrán Adriá. Pronto empezaron a caer los platos: miniaturas gourmet que se comían de un bocado y que obligaron a Luppi y a Duvall a estar dos horas y media esperando y tragando, tragando y esperando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Te gustó la comida? –preguntó Duvall a la salida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Muchísimo –contestó Luppi-. Lástima el trámite.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese día, Luppi reafirmó su gusto por la comida de cuchara. Él, dice, prefiere el guiso. El guiso bien hecho. El guiso carrero, el locro, la carbonada, el potaje de lentejas, las arvejas con huevo y choricito, la polenta con salchicha, la sopa de garbanzo con cebolla y tomate triturado: esa comida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Esos platos que si te caés adentro te ahogás. Eso me gusta. A mí Arzak y Ferrá, con todo respeto, no me crean ningún tipo de jugo. Si tuviera que pagarlo yo, no aparezco en mi puta vida. Prefiero ir al Cuartito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tu elección parece una cuestión de ideología más que de gustos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—En parte, sí. Pero sólo en parte. El Cuartito tiene la mejor pizza del mundo. Pero después, sí, hay algo que me molesta mucho y que hace al costado perverso del mundo de la comunicación: te quieren hacer creer que si algo es muy caro tiene que ser bueno. Y yo me niego a eso en cualquier ámbito. Aunque pueda, yo no compro sacos de 700 pesos. Hacerlo me parece de una absurda complicidad. Del mismo modo, ir a comer a lugares caros porque seguro son buenos también me parece una gilada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Estamos en Palermo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Bueno, yo desafío a todos los restaurantes del barrio: háganme ahora mismo un viejo puchero como en mi casa. Un puchero comme il faut. Un puchero que remita a la calidez de la cocina, al humo, al hollín en la pared, a la gente reunida, a las tías con sus culos: háganme ese puchero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Cocinás?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí. Me gusta cocinar y me gusta que la gente se siente a comer. Yo quisiera tener una hilera interminable de hornallas, de las que salga una comida también interminable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ésa sería la categoría: “comida interminable”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Hay un nombre para eso. Hace un tiempo, en España, un tipo sacó un libro llamado La comida de los mayores, donde explica que las comidas más fabulosas de la historia se hicieron con lo que había en casa. Si leés cómo se descubrió el revuelto gramajo, el tiramisú o la pizza, vas a ver que esa comida tiene la impronta de la exploración de la alacena. Todos eran platos que exigían volver a la condición inicial de un alimento virgen: si lo único que tenías era plátanos, pues entonces buscabas veinte formas distintas de cocinarlos. Si tenás carne lo mismo, y lo mismo si tenías verduras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luppi dice “verduras” y súbitamente recuerda a un señor. Se llamaba Joanin Mussi y tenía una quinta enorme allá en Ramallo, allá en la infancia. Cuando Luppi niño iba con la bolsa de la compra, don Joanin siempre le decía, antes de irse, vení pibe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Vení pibe, sentate. Tomate una sopa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y Federico tomaba. Y luego, cuando su madre se enteraba, le decía lo mismo que diría cualquier madre:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pero si yo también te hago una sopa rica, nene, ¿qué tiene la sopa de don Joanin?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luppi recrea la escena mientras arrastra el pan sobre el último resto de salsa que queda en el plato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No sé qué tenía, pero todavía me acuerdo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un plato ya blanco, ya limpio, en el que Luppi empieza a reflejarse.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-7799478016702925276?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/7799478016702925276/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=7799478016702925276' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/7799478016702925276'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/7799478016702925276'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2011/03/federico-luppi-para-revista-el-gourmet.html' title='Federico Luppi, para revista El Gourmet'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-1088283028669093879</id><published>2011-03-10T03:49:00.000-08:00</published><updated>2011-03-10T03:59:53.210-08:00</updated><title type='text'>Queríamos tanto a Sylvia</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-8J1jhNkAfEk/TXi7kDrcf8I/AAAAAAAAAEw/zA01dNP72ak/s1600/Sylvia%2BPlath.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 148px; FLOAT: left; HEIGHT: 200px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5582417966262943682" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/-8J1jhNkAfEk/TXi7kDrcf8I/AAAAAAAAAEw/zA01dNP72ak/s200/Sylvia%2BPlath.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;El 11 de febrero de 1963 –hace 48 años- la escritora Sylvia Plath se suicidó metiendo la cabeza en el horno. Y con ese singular final concluyó una vida que puede leerse como una pieza narrativa en sí misma –Sylvia estuvo internada en un psiquiátrico, recibió electroshocks, quiso matarse demasiadas veces, se casó con un hombre bello y talentoso-, aunque también como una representación descompuesta de lo que era –y en cierto modo sigue siendo- el mito de la realización femenina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sylvia fue una gran escritora. Su vida reunió todos los atributos para volverse película de Hollywood –de hecho, se filmó una y el papel lo interpretó Gwyneth Paltrow- pero lo cierto es que su obra fue muy superior a cualquier mito decorado por el marketing. Ni siquiera es que lo suyo fuera un don: era el resultado de una virtud y una filosa mirada poética, pero principalmente de la búsqueda extenuante y dolorosa de la perfección. Sylvia estudiaba las palabras como un entomólogo estudia las partes de un insecto. Las desarmaba, las miraba, las hacía dialogar con el resto del cuerpo y las ponía a trabajar en pos de un objetivo: la trascendencia literaria. Porque Sylvia, lo dicho, era una gran escritora. Una mujer de letras exquisitas que un día se enamoró del poeta Ted Hughes; que otro día parió dos hijos; y que un tercer día supo lo difícil que puede ser buscar el prestigio vocacional, estar casada con un escritor igualmente ambicioso y llevar adelante una casa y una crianza bajo una premisa incuestionable: como Hughes necesitaba cultivar su perfil artístico, ella –por épocas- debía enseñar en universidades para llevar un ingreso fijo al hogar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella aceptaba este reparto de tareas. Porque Sylvia -lejos de ser “la loca” que tantos biógrafos retratan- era una mujer empeñada en “ser plena” y seguir los preceptos morales que la “plenitud” deparaba a una mujer de clase media americana: quería casarse con el marido perfecto, ser una esposa perfecta, ser una madre perfecta y ser perfectamente feliz. El problema –la fisura- es que también quería escribir. Y que vivía oscilando en la eterna contradicción que sintetiza en una línea de su poema “Los maniquíes de München”: “La perfección es terrible –dice-, no puede tener hijos”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasó desde entonces medio siglo, y lo curioso es que la historia de Sylvia es de una rotunda actualidad: las mujeres, salvo excepciones, siguen pagando por su vida emancipada. En su libro &lt;em&gt;¿Quién paga? El dinero en la pareja del siglo XXI,&lt;/em&gt; la periodista Leni González habla de las diversas formas en que esposas y concubinas absorben los costos domésticos de “ser independientes”. Las mujeres, se deduce de los casos presentados en el libro, pagan porque mantienen a un preclaro que se cree Baudelaire y no quiere “transar con el mercado”; pagan porque el marido se quedó sin trabajo y si bien se apaña como amo de casa –lleva a los nenes a la escuela, hace la comida- el baño no lo limpia ni amenazado de muerte; y pagan porque ante dos personas que desean crecer profesionalmente –por caso, un varón y una mujer quieren hacer sendos posgrados-, la prioridad suele ser para el hombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las mujeres de hoy, en síntesis, se parecen bastante a las mujeres “libres” de hace medio siglo. En ese entonces –ciudad de Boston, fines de la década de 1950- Sylvia Plath dedicaba media jornada a la escritura, mientras que Ted Hughes le destinaba al arte una jornada completa. Linda Wagner-Martin, autora de –a mi entender- su mejor biografía, cuenta algunas escenas muy tristes: Sylvia pasando la aspiradora entre los pies de Hughes mientras él escribía y tiraba papeles al suelo; Hughes riñiendo a Sylvia en público, por no haberle cosido algún botón de su ropa; y Hughes haciendo listas de temas sobre los que él creía que ella podía escribir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El gran logro profesional –y personal- de Sylvia fue zafar de esas listas. Y animarse a escribir –como lo hizo en un poema- “Yo/ Soy la flecha”. El detalle es que Hughes no soportó ese cambio –o al menos eso se deduce de lo que vino después- y se buscó una amante y luego promovió un divorcio, y la dejó a Sylvia –de por sí un insecto frágil: una palabra- lírica, filosa y sola; peligrosamente a la intemperie. En ese estado, entonces, Sylvia metió la cabeza en el lugar que oficiaba como destino de toda mujer de su época: el horno. En mis ratos más morbosos hasta puedo imaginarla: un 11 de febrero de hace 48 años, durmiéndose y muriéndose con las ondinas del gas, y escribiendo, de esa manera iracunda y femenina, su último poema.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-1088283028669093879?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/1088283028669093879/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=1088283028669093879' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/1088283028669093879'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/1088283028669093879'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2011/03/queriamos-tanto-sylvia.html' title='Queríamos tanto a Sylvia'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-8J1jhNkAfEk/TXi7kDrcf8I/AAAAAAAAAEw/zA01dNP72ak/s72-c/Sylvia%2BPlath.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-8309021740624335305</id><published>2011-02-24T12:21:00.000-08:00</published><updated>2011-02-24T12:23:42.009-08:00</updated><title type='text'>Previvientes</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-NjqX7XBh-qs/TWa-KOlkK1I/AAAAAAAAAEo/_YTxvvxBBJw/s1600/Lindner.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 200px; FLOAT: left; HEIGHT: 106px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5577354271468563282" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-NjqX7XBh-qs/TWa-KOlkK1I/AAAAAAAAAEo/_YTxvvxBBJw/s200/Lindner.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;El pelo rubio, el pantalón blanco, las uñas rojas en los pies descalzos. Acomodada en su living, Deborah Lindner parece la chica de una propaganda de tampones. Está cruzada de piernas, no usa maquillaje y escribe en una Mac portátil que se abre (se hunde) en el cuero inmaculado del sillón. ¿Es una publicidad? No. Es la foto que pusieron en el New York Times para acompañar una historia: Deborah Linder, 33 años, médica, linda, temperamental, imitación bastante real de Carrie Bradshaw, se hizo conocida porque sabe tomar decisiones fuertes. Seis meses atrás, y en perfecto estado de salud, se vació los pechos. Fuera glándulas mamarias, fuera pezones: sólo quedó la piel. La piel y las siliconas de reemplazo, y la certeza de que Deborah Lindner nunca en su vida tendrá cáncer de mama.&lt;br /&gt;Los oncólogos la llaman mastectomía preventiva. Consiste, para decirlo brutalmente, en sacarte las tetas por si acaso. No se la puede hacer cualquiera. Sólo las mujeres con antecedentes familiares o aquellas que, en virtud de los avances genéticos, se someten a un estudio cromosómico para develar qué tipo de destino les está cocinando el propio cuerpo. Pero saber siempre tiene un precio. Y no se trata sólo de dinero. A algunas (pocas) les puede salir que tienen BRCA1 y BRCA2, dos genes bastante inusuales que elevan entre un 60 y un 90 por ciento las posibilidades de que una mujer tenga cáncer de mama (cuando normalmente son de un 12 por ciento). Para estas mujeres sanas, pero en riesgo, siempre hubo dos alternativas: tomar medicamentos preventivos y –la principal- chequearse a menudo para atajar cualquier manifestación de un modo temprano. Pero el avance de las siliconas abrió esta tercera posibilidad: ahora es posible vaciarse y llenarse, y reducir en un 90 por ciento las chances de contraer la enfermedad.&lt;br /&gt;Es una opción dura. Las mujeres que se quitan los pechos nunca podrán amamantar y perderán buena parte de la sensibilidad al tacto. Así y todo, en el último año en Estados Unidos se duplicó la cantidad de pacientes que se la realizan. En Argentina esta intervención no es usual, pero hay mujeres que ya han sido operadas. La cirugía cuesta un básico de 15 mil pesos y a cambio ofrece la posibilidad dorada que ya viene anticipando la genética: controlar los supuestos azares del cuerpo y –en esta ocasión- gozar del bonus track de unas tetas a nuevo.&lt;br /&gt;En todos los casos (en la Argentina y en el exterior) el emblema fue (y es) Deborah Lindner. Su madre había padecido cáncer de pecho y ella se hizo un estudio para conocer las probabilidades que tenía de repetir la historia. Luego de realizarse el análisis, Lindner supo que estaba en riesgo, pero sana. También estaba sana cuando se hizo una mamografía, y siguió estando sana cuando fue a buscar los resultados y vio que daban perfecto. El mayor problema de Lindner, a esa altura, no era la salud sino la incertidumbre. Lindner se palpaba las mamas a diario. Todo el tiempo buscaba el carozo de una enfermedad que nunca terminaba de llegar.&lt;br /&gt;- Esto me está volviendo loca –le dijo Lindner a Erin King, una compañera de trabajo. King tenía 33 años y se había implantado siliconas por motivos cosméticos.&lt;br /&gt;- Sacátelas y ponéte otras –le contestó King: los americanos son prácticos-. Te van a quedar divinas.&lt;br /&gt;Cuando llegue a los 40, o apenas logre tener un hijo, Lindner también se quitará los ovarios para evitar el riesgo de un cáncer que el estudio genético también le anticipó. Por tomar este tipo de decisiones, Lindner se autodenomina “previviente” (previvor): un neologismo que, al modo de la película Memento, altera la línea de tiempo de un modo casi cinematográfico. Los previvientes son los que matan algo que todavía no existe; los que se mutilan para no dañarse y hacen de la previsión un interrogante delicado. ¿Hasta dónde debería llegar el estado de alerta? Las tetas se vacían por si acaso, del mismo modo que los países se invaden por si acaso. Una lógica de la prudencia que se adorna con buenas intenciones, pero que en el fondo corre el riesgo de cumplir con un único fin: impedir que un cuerpo (que es lo mismo que un país) hable un lenguaje propio. Y se corte o se repare con el filo de su propia lengua.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-8309021740624335305?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/8309021740624335305/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=8309021740624335305' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/8309021740624335305'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/8309021740624335305'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2011/02/previvientes.html' title='Previvientes'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-NjqX7XBh-qs/TWa-KOlkK1I/AAAAAAAAAEo/_YTxvvxBBJw/s72-c/Lindner.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-5614601408888971763</id><published>2011-02-22T12:17:00.000-08:00</published><updated>2011-02-22T12:21:06.868-08:00</updated><title type='text'>Oro y barro en Punta del Este</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-0bkd_DpSkv0/TWQan-sP08I/AAAAAAAAAEg/AZqxkIsk1t0/s1600/Punta%2Bdel%2BEste.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 157px; FLOAT: left; HEIGHT: 200px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5576611512737321922" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-0bkd_DpSkv0/TWQan-sP08I/AAAAAAAAAEg/AZqxkIsk1t0/s200/Punta%2Bdel%2BEste.jpg" /&gt;&lt;/a&gt; No sé qué ponerme. Dentro de cuatro días es la Fiesta de Blanco del agente de modelos Pancho Dotto y no sé qué ponerme. Tiene que ser una prenda blanca, eso sí. Pero el vestuario no puede ser totalmente blanco pues la Fiesta de Blanco es, para ser exactos, la Fiesta de Blanco “con naranja”, lo que significa que hay que buscar también un detalle naranja que debe ser eso: un detalle. No hay que ir, por ejemplo, con un vestido naranja y una flor blanca sino al revés: el vestido debe ser blanco y la flor naranja y si no es una flor puede ser un broche, un brazalete, unos zapatos. Tengo un vestido blanco; una amiga puede prestarme unos zapatos blancos. Pero naranja, no. Naranja, nada. El año pasado tiré mis zapatos naranjas, qué estúpida. ¿Alguien tiene algo naranja? Dentro de cuatro días es la fiesta de blanco con naranja.&lt;br /&gt;En Punta del Este puedes pasar tardes enteras pensando en esto. Voy a pasar tardes enteras pensando en esto. Punta del Este es, al fin y al cabo, esa clase de lugares donde una prenda de vestir define demasiadas cosas. Un atuendo correcto puede lanzarte a la vidriera de la revista Gente –la publicación que marca el pulso de la temporada- y en esa vidriera un empresario de medios puede verte y recordar que existes y ofrecerte algún trabajo. Pero un vestuario equivocado se paga con la extradición virtual. Puedes seguir en Punta del Este, pero el mundo de la beautiful people –así se llaman a sí mismos- nunca más se acordará de ti.&lt;br /&gt;—Ya vas a ver –me dijo Adriana Lorusso, editora de Tendencias de Noticias, la revista de interés general más influyente de Argentina-: apenas subas al avión o al Buquebús verás que todas tienen las Louis Vouitton o las Birkin de Hermès y vos te vas a abrazar a tu cartera de dos pesos y te vas a sentir una infeliz.&lt;br /&gt;Adriana siempre tiene razón. Son las once de la mañana de un sábado, acabo de llegar a Punta del Este –al sudeste de Uruguay, en el departamento de Maldonado- y ya me sentí fuera de foco por lo menos tres veces. En primer lugar, tengo una cartera que remite a un solo concepto: “cartera”. En segundo lugar, no tengo Blackberry y ése es un problema en un territorio donde la mitad de la gente te pregunta el PIN antes que el nombre. Y en tercer lugar, soy la única persona pálida en todo el aeropuerto: los turistas llegan a Punta del Este ya bronceados; nadie se atreve al suicidio social que significa aparecer en bikini y con la carne blanca en estas tierras.&lt;br /&gt;—Las mujeres están al menos dos horas arreglándose antes de ir a la playa, se peinan y se maquillan como si fueran a una fiesta –dice Donato Diéguez, el fotógrafo de este artículo. Donato está en la zona desde fines de diciembre y en todo este tiempo se ha dedicado a dos cosas: buscar celebridades en la arena y buscar celebridades en el aeropuerto de Laguna del Sauce. Ya lo viene haciendo desde temporadas anteriores y siempre ha tenido con qué entretenerse. La lista de estrellas que han venido a Punta del Este en la última década es larga, pero podría resumirse así: los premios Oscar, el festival de Cannes, los MTV Latinos, el Fashion Week de Milán y todos los países que aún tienen un rey sentado en algún lado han pasado por este balneario.&lt;br /&gt;—Pero este año fue un exceso –dice Donato-. Debería haberme traído un colchón al aeropuerto.&lt;br /&gt;Entre el 24 de diciembre de 2010 y el 12 de enero de 2011 pasaron por Punta del Este Ron Woods, Gisele Bündchen, Julio Bocca, Diego Maradona, Susana Giménez, Pampita Ardohain, Benjamín Vicuña, Diego Torres, Pierre Casiraghi (el hijo de Carolina de Mónaco), la familia Cipriani, Adolfo Cambiaso, Marcelo Tinelli, los dueños de la Argentina (Amalia Lacroze de Fortabat, Gregorio Pérez Companc, etcétera), los dueños de Brasil (todo el clan Safra), Charly García, Valeria Mazza, Juana Viale, Gonzalo Valenzuela y el doble de Luis Miguel, que es igualito y últimamente trabaja más que Luis Miguel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Yo&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Esta semana estuve almorzando en La Caracola con Pierre Casiraghi –dice Alfredo Etchegaray, el relacionista público más conocido de Punta del Este-. Ahí estaban Laith Pharaon y Marcelo Tinelli y Valeria Mazza y estaban los fotógrafos a un kilómetro de distancia, ¡qué gracioso! ¿Sacaron algo? Era una fiesta hippie, temática, y yo fui con el signo de la paz en la frente.&lt;br /&gt;Etchegaray tiene 55 años, dice haber hecho seis mil fiestas en las últimas tres décadas y es uno de los responsables de que Punta del Este haya estallado como polo glamoroso en 1980. En realidad, la historia del balneario empezó mucho antes, en 1950, cuando el empresario argentino Mauricio Lidman vio en Punta del Este una oportunidad inmobiliaria, compró tierras, levantó edificios, y luego llevó contingentes de periodistas brasileños y argentinos para promover sus negocios. En ese entonces ya había eventos y festivales internacionales, pero todo se multiplicó hasta el infinito cuando en 1980 la Argentina se metió de lleno en un absurdo período de bonanza económica: la llegada al país de capitales especulativos –alentados por Alfredo Martínez de Hoz, el Ministro de Economía de la dictadura militar- hizo que el país entrara en una burbuja financiera que estallaría brutalmente años después, pero que en ese momento creó una certeza de abundancia.&lt;br /&gt;Los argentinos se movían por el mundo con la frase “deme dos” y con ese espíritu llegaron a Punta del Este y empezaron a comprar todo.&lt;br /&gt;Los recibía Alfredo Etchegaray.&lt;br /&gt;—A los periodistas argentinos les conseguía hotel, comidas y autos a canje. Yo hacía prensa de empresas y, como eran tantos los favores que les hacía a los medios, luego los medios me publicaban lo que yo necesitaba sobre la empresa que yo quería.&lt;br /&gt;La historia de Etchegaray marca el pulso de una ciudad que hoy es entendida como la Saint Tropez de América Latina. Aquí viven en forma permanente 7.300 personas que tienen poco que ver con el bullicio, la ostentación y el jet set, pero llegan anualmente 500 mil turistas de todo el mundo que en apenas dos meses –pero sobre todo en la primera quincena de enero- echan por tierra toda discreción. Son ellos –y no los residentes uruguayos- los que instalan el código social en Punta del Este: aquí no hay amistades sino contactos, y las fiestas y reuniones son mercados donde se trocan favores y se construye el status.&lt;br /&gt;Etchegaray sabe moverse en ese fango y eso, en esta zona, tiene la categoría de arte. La entrevista se pautó en el Puerto de Punta del Este –mar traslúcido, yates blancos, veinteañeros jugueteando con sus motos de agua- y allí Etchegaray dio su primer golpe de impacto: llegó en chanclas, sombrero panamá y bañador naranja incandescente, y nos invitó a hacer la entrevista en su lancha.&lt;br /&gt;Desde entonces no paró de hablar.&lt;br /&gt;—Soy el símbolo de todas las fiestas desde 1980 a esta parte. Yo les vendí el concepto de fiesta grecorromana a los Scarpa y al príncipe Rodrigo D’Arenberg, y recibí a Pelé durante cuatro temporadas y jugué con él al paddle y él siempre tenía debilidad por las chicas guapas, y estuve con Julio Iglesias padre y abuelo y ahora conozco a sus nietos y a su hermano, Carlos, que invierte tanto en Punta del Este, y fui el creador de la fiesta de la revista Gente porque hablé con el director, Jorge Luján Gutiérrez, y le dije “te hago una fiesta por canje y no te sale nada” y entonces pedí Casapueblo prestada y conseguí el Fond de Cave, el vino, el whisky y un tiburón gigante que trajimos de Rocha para hacer las fotos. ¿Quién consiguió los primeros vestidos de canje y las joyas de canje de Mirtha Legrand?&lt;br /&gt;Él.&lt;br /&gt;-Yo. A Vinila von Bismark le conseguí el vestido con que vino a casa y a Valeria Mazza le llenamos toda su heladera como se la llenamos varias veces a Pancho Dotto, y a Antonio Banderas le conseguí una campera de cuero de Chiche Farrace y a Guy La Liberté, el propietario de Circ du Soleil, que vino en avión propio, conseguí que le cerraran una discoteca porque traía su propio cocinero y su propio DJ y llenaba la disco de don Perignon y venía acompañado de modelos y matrimonios amigos y se sabía cuándo empezaba la noche pero no se sabía qué día terminaba. También me ocupé de atender a Sting, que fue sumamente educado y culto y me tocó el timbre a las nueve de la noche y yo tenía más de cuarenta bebidas diferentes: vinos, ron, vodka, cerveza, whisky, champagne, vermú, y Sting pidió Campari con agua, ¡Campari con agua! Salimos rápido a conseguir Campari con agua y mi madre le enseñó a bailar el tango y Sting se quedó tocando el piano hasta las tres de la mañana, qué placer.&lt;br /&gt;Etchegaray se detiene, respira. Toma conciencia de las coordenadas de tiempo y espacio.&lt;br /&gt;—¿Quieren agua, gaseosa, cerveza, papas fritas? Pidan lo que quieran y lo subimos a la lancha, ya van a ver la lancha, también me ocupé de atender a Antonio Banderas y Melanie Griffith, que los sacamos a navegar como a ti, los llevamos a la Isla de Lobos y jugamos al fútbol en la playa y le conseguí a Banderas un terreno gratis en Punta del Diablo pero Melanie no quiso. “No, Antonio, not another house” le dijo, Melanie siempre se quejaba de todo, ¿les gusta la lancha?&lt;br /&gt;&lt;em&gt;—Sí.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;—Es la misma que usaba Scioli cuando tuvo el accidente, yo no sabía lo que compraba hasta que la compré y mis amigos me dijeron: te compraste la lancha más rápida del puerto…&lt;br /&gt;Y a partir de entonces nada más importa. Scioli es Daniel Scioli: actual gobernador de la provincia de Buenos Aires, habitual visitante de Punta del Este, ex campeón mundial de motonáutica y hombre que pagó caro los excesos de velocidad: en 1989, un accidente con su lancha le arrancó un brazo. La lancha de Scioli es igualita a la de Alfredo Etchegaray y tiene la cualidad de ser ultraliviana: su poco peso le permite ir a 130 kilómetros por hora –mientras que el resto va a 60- y la vuelve extremadamente sensible a cualquier golpe. Un tropezón y esta criatura se va al infierno.&lt;br /&gt;—Agárrense, ¡qué divertido! –dice Etchegaray en algún momento y lo que sigue es el motor rugiente, el cachetazo del viento, el agua que se parte al medio y la lancha corcoveando como un tiburón salido del encierro. Me tomo la cabeza para no desnucarme. Etchegaray sonríe –el viento le flamea los labios- y toca dos botones con el nervio de un niño que juega a la Playstation. Donato gira, me mira, cruza los dedos, lleva la mirada al suelo.&lt;br /&gt;—Estaba contando cuántos salvavidas teníamos –dirá luego.&lt;br /&gt;En cinco minutos, Etchegaray hace el circuito que un catamarán turístico hace en media hora. Estamos, ya, en Isla Gorriti.&lt;br /&gt;—El mundo tiene 5 mil años de los que vivimos 80, con suerte –dice Etchegaray-. La mitad la pasamos durmiendo. Lo que queda lo quiero aprovechar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Te veo&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Desde el agua calma, traslúcida, verde, puede verse parte de Punta del Este: un territorio inflado de edificios que balconean sobre la Ruta 10 y que arman la topografía del boom inmobiliario. La euforia inversionista ha hecho que hoy no existan en la zona pisos por menos de 3 mil dólares el metro cuadrado, un fenómeno que Etchegaray -quien además fue candidato a alcalde de Punta del Este por el Frente Amplio- explica así:&lt;br /&gt;—Los extranjeros vienen, ven que tienen coincidencias culturales con la población, que la gente es amable, que hay diversidad de naturaleza, espacio, porque tú vas a Marbella y es bonito pero es un hormiguero; ven que hay estética, lindas casas, linda gente, se hacen amigos y en algún momento dicen pero qué bonito, qué rica carne, qué rico se come y este vino me encanta y qué simpático ese matrimonio, ¿y cuánto cuesta la finca de al láo? ¿Nada más? Averíguame que la quiero comprar.&lt;br /&gt;Y todo se va poblando.&lt;br /&gt;El último informe de la Dirección de Turismo de Maldonado dice que sólo entre marzo de 2009 y febrero de 2010 hubo operaciones por 937 millones de dólares. El resultado de esas transacciones puede verse, en buena medida, sobre la Ruta 10: una larga pasarela de edificios soberbios, vidriados y en muchos casos vacíos.&lt;br /&gt;—Punta del Este es como una caja de ahorros: la gente viene aquí a poner su dinero, pero la mayoría de los apartamentos está desocupada –dice Facundo, el chofer del taxi que me lleva del puerto a La Boyita, cerca de José Ignacio, la zona más exclusiva de Maldonado. A un lado de la ruta está el mar y al otro lado están las construcciones. Cuando están habitadas es fácil saberlo. Las paredes blancas, los sillones blancos, la gente conversando: todo asoma por los ventanales.&lt;br /&gt;O casi todo. No se ve la mansión que tiene Marcelo Tinelli en José Ignacio. Tampoco se ve la de Martin Amis ni la de Shakira -con laguna y estudio de grabación incluidos- ni la de Mirta Legrand, ni la de Pancho Dotto (faltan dos días y aún no sé qué ponerme). Lo único que llega al ojo público son las imágenes que los paparazzis logran robar: Juana Viale besándose y abrazándose con Gonzalo Valenzuela, Marcelo Tinelli andando en moto con sus hijas, Zulemita Menem asomada a un balcón y respirando el salitre de la playa.&lt;br /&gt;—Todas fotos arregladas –dice Donato Diéguez-. Vos vas, le decís al famoso que querés unas fotos, y él dice que no va a darte fotos oficiales pero que te permite que les saques unas mientras él hace como que no se entera.&lt;br /&gt;Con Tinelli –un hombre que resume todo el poder de la televisión en Argentina- incluso hay un ritual que se lleva a cabo desde hace años: Tinelli llega, los medios le hacen las fotos en el aeropuerto, y después se quedan esperando que trascienda la fecha del partido de fútbol que todos los eneros el empresario hace con sus amigos famosos en su chacra de José Ignacio. A la hora señalada los fotógrafos inician su diáspora de kilómetro y medio por la playa (las distancias no pueden ser más cortas, pues en José Ignacio las mansiones son linderas unas con otras y no hay calles que las separen entre sí) y una vez que llegan a la playa de Tinelli encuentran un seto que bordea la chacra. En ese seto hay, siempre, un orificio intencional. Por ese agujero, como si fueran ratas, van entrando y saliendo diez, quince reporteros gráficos.&lt;br /&gt;—Llegamos hasta el borde de la cancha, sacamos diez minutos de fotos y luego nos volvemos a ir.&lt;br /&gt;—¿Pero alguien los saluda, le ofrece agua, algo?&lt;br /&gt;—Nada. Es como si no existiéramos. La única vez en la que los periodistas podemos entrar a la casa de Tinelli por la puerta de adelante es cuando hace el clásico partido con periodistas. Ahí te ofrecen algo de tomar y hacen como que existís.&lt;br /&gt;—¿Y cómo se sabe cuando una foto no es arreglada?&lt;br /&gt;—Porque causa escándalo. La de Tinelli este verano, besándose con una empleada de su productora, no fue arreglada. Y así estamos.&lt;br /&gt;Luego de esa foto, Tinelli suspendió el partido con periodistas y se fue a Buenos Aires. Pero hay respuestas más elocuentes que esa. En enero de 2007 Charly García le rompió la nariz a un fotógrafo que tomó imágenes suyas en el Buddah Bar, y un año antes la modelo argentina Nicole Neumann inició acciones legales contra la revista Gente por haber publicado una foto suya semidesnuda, en la arena y activamente acompañada.&lt;br /&gt;—Si venís a Punta del Este sabés que te van a buscar y a encontrar –se defiende Fabian Uset, el fotógrafo que en ese entonces tomó la foto de Neumann para la revista Gente-. Nicole estaba en una playa desierta, pero dejó el coche al lado de la ruta. Los paparazzis no entramos en el juego histérico del famoso que dice “quiero salir pero no”: si me dejás el coche a la vista, me voy a un médano, me paso el día enterrado como una basura y no me voy hasta que te saco.&lt;br /&gt;Para algunas celebridades, esa persistencia es exasperante.&lt;br /&gt;—Estoy harta –le dijo Valeria Mazza, años atrás, a una periodista de Espectáculos-. Si estoy en la playa y quiero rascarme el culo o meterme el dedo en la nariz tengo que caminar hasta mi casa y hacerlo ahí, porque los tipos están esperando para escracharme. No entienden que por una mala foto yo puedo perder trabajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Pureza&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A esta altura, Valeria Mazza podría perder trabajo y seguiría siendo una mujer de buena fortuna. Su mayor apuesta hoy está lejos de las pasarelas: la modelo es inversionista y es el rostro visible de Selenza, un multimillonario emprendimiento hotelero que tiene preocupados a los vecinos de la zona. Selenza promete instalaciones cinco estrellas, pero no ha cumplido con los requisitos básicos de la convivencia ciudadana. No se hizo un estudio de impacto ambiental de la obra, los edificios superan la altura históricamente permitida en el área –siete metros-, y todo está cubierto por el manto de una legalidad hecha a medida: meses antes del inicio de la construcción, el municipio modificó una ordenanza para fueran lícitos los edificios de nueve metros de altura “en el caso de que éstos se encuentren sobre la Ruta 10 a la altura de Manantiales”.&lt;br /&gt;El proyecto Selenza está sobre la Ruta 10 a la altura de Manantiales. Quien pase por allí verá lo único que puede verse hasta el momento: una inmensa gigantografía con fondo de colores verdes, con un croquis del proyecto y con la cara rubia de Valeria Mazza diciendo, sin necesidad de decirlo, que esto es un proyecto para muy, pero muy poca gente.&lt;br /&gt;El lujo esteño es una inmensa industria que purifica aguas sucias. Aquí viene a hacer sus edificios y sus fiestas el multimillonario saudí Laith Pharaon, hijo de Gaith Pharaon, denunciado por tráfico de armas y lavado de dinero. Aquí hizo el “desfile del año” –como todos los eneros- el estilista Roberto Giordano, quien este 2011 llegó a Punta del Este con su empresa quebrada, con un embargo por varios millones de dólares y con muy poco crédito entre los uruguayos: ni siquiera los taxistas han querido hacerle viajes porque saben que nunca paga.&lt;br /&gt;Aquí –en el verano de 2007- Marcelo Tinelli se paseó con su camioneta Hummer de más de 100 mil dólares, días antes de que fuera confiscada por haber sido comprada con franquicia diplomática –Tinelli dice que no estaba al tanto. Y aquí fue preso en enero de 2008 Gaby Álvarez, el mayor relacionista público argentino, esa clase de personas que sólo visten de blanco (escribo “blanco” y recuerdo la Fiesta de Blanco: falta un día y todavía no resuelvo el naranja) vinculado con estrellas como Gustavo Cerati y Charly García. Álvarez fue a la cárcel tras haber chocado y matado a dos turistas en la ruta. Y aunque su abogado pidió que lo llevaran a “una cárcel VIP” terminó en la prisión de Las Rosas: un penal superpoblado donde Álvarez pagó fortunas para que los presos no lo transformaran en una penosa mascota humana.&lt;br /&gt;Pero en Las Rosas, a diferencia de Punta del Este, el dinero no lo soluciona todo. No queda claro cómo la pasó Gaby Álvarez en su encierro. Lo que sí se sabe es que el espacio que Álvarez perdió en Las Rosas lo ganó el relacionista Wally Diamante en Punta del Este. Wally Diamante es un hombre de 36 años que, salvo por su nombre, hizo de la sobriedad un elemento de marketing: Wally está siempre en sus cabales, Wally no está rapado –usa unos gráciles rulos sobre la frente-, Wally no viste todo el tiempo de blanco, Wally no atropelló a nadie y Wally no habla con el cuerpo sino, simplemente, con la boca.&lt;br /&gt;—Frente a Gaby que era la droga y el reviente viene Wally que habla de paz interior. Un buen negocio –sintetiza Daniel Beever, periodista experto en Punta del Este y cubridor de temporadas desde hace años.&lt;br /&gt;Vamos con Beever en auto en dirección a la playa de La Barra, por una calle que se llama Los Suspiros. En La Barra –el balneario de moda en Punta del Este- todas las calles tienen nombres como “los suspiros”, “las brisas” o “las sirenas”, pero por afuera de los nombres todo lo demás es nervio. Son las nueve de la noche y los Canaro, los Minicoopers, los Smart, las camionetas Hummer, los BMW, los Mercedes y los Audi circulan a paso de hombre y cubren las calles con un relumbre distante: la solemnidad del dinero.&lt;br /&gt;En todas las cuadras hay algún restaurante con decoración rústica, algún buda, alguna mujer de piernas muy largas y algún atelier con obras de arte. Pero Beever, que lleva aquí demasiado tiempo, ya no ve la diferencia y dice que todo es una misma cosa y que esa cosa se llama “negocio de último momento”.&lt;br /&gt;Dentro del negocio cada tanto se abren grietas, ramalazos de humanidad que le devuelven a Punta del Este la condición de ciudad real. El año pasado, esa intervención humana estuvo a cargo de la modelo Pampita, quien se agarró a trompadas con la actriz argentina Isabel Macedo en Tequila, un boliche VIP de La Barra. Pampita tenía motivos: en el nombre de la ficción, Macedo había pasado el año entero besuqueando a Benjamín Vicuña –ambos eran pareja en la telenovela Don Juan y su bella dama, aunque también había rumores múltiples- y Pampita decidió zanjar las discusiones filosóficas sobre ficción y realidad a golpes.&lt;br /&gt;—La Barra es una gran familia –dice Beever-. Se aparean todos con todos y después se cruzan por la calle y se saludan o se pegan, depende de cómo hayan quedado las cosas.&lt;br /&gt;—La Barra es magnífica –dijo Etchegaray días atrás-. Para la prensa internacional, además de las guerras, ¿qué otra cosa produce enormes cantidades de comunicación sin costo? El romance. Fíjate el caso extremo de Lewinsky y Clinton: trillones de dólares en comunicación. Si eso hubiera sucedido en La Barra, Punta del Este explotaba.&lt;br /&gt;En La Barra tienen sus chacras los ricos y famosos que aún no se fueron a vivir José Ignacio; y se hacen también las grandes fiestas: las de marcas de alta gama como Chandon o Lacoste, y la de personajes como Laith Pharaon, quien transformó sus romerías –inicialmente privadas pero gratuitas- en un monstruoso negocio. Hoy el ingreso a su chacra de 180 hectáreas parte de los mil dólares. Pero hay quienes han pagado hasta diez mil por una pulsera de plástico –tal es la entrada a la fiesta- que los transforme mágicamente en eso que el jet set ha llamado beautiful people.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;—¿Y la Fiesta de Blanco “con naranja”?&lt;/em&gt; –pregunto: nadie menciona en su lista de grandes eventos la Fiesta de Blanco “con naranja”.&lt;br /&gt;—Con todo cariño, mi amor, la Fiesta de Blanco YA FUE –subraya Beever con impostada piedad-. La gente va de blanco por… bueno, es un último gesto de solidaridad con Dotto.&lt;br /&gt;“Solidaridad” dice Beever. Que, en este contexto, es lo mismo que decir “malicia”.&lt;br /&gt;Mientras conduce lentamente, coronado de Canaros y camionetas bestiales, Beever explica en tono pedagógico que en Punta del Este las cosas y la gente linda pasan de moda cada vez más rápido.&lt;br /&gt;—¿Entendiste corazón?&lt;br /&gt;Lo que produce –en quien no está entrenado- un profundo cansancio.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-5614601408888971763?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/5614601408888971763/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=5614601408888971763' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/5614601408888971763'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/5614601408888971763'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2011/02/oro-y-barro-en-punta-del-este.html' title='Oro y barro en Punta del Este'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-0bkd_DpSkv0/TWQan-sP08I/AAAAAAAAAEg/AZqxkIsk1t0/s72-c/Punta%2Bdel%2BEste.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-7004170524174530903</id><published>2011-02-22T12:03:00.000-08:00</published><updated>2011-02-22T12:16:46.856-08:00</updated><title type='text'>El fabricante de bellezas</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-o0BruovO_qc/TWQZofGbPvI/AAAAAAAAAEY/hh9ORmZHeqE/s1600/Foto%2BDotto.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 200px; FLOAT: left; HEIGHT: 119px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5576610421925428978" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/-o0BruovO_qc/TWQZofGbPvI/AAAAAAAAAEY/hh9ORmZHeqE/s200/Foto%2BDotto.jpg" /&gt;&lt;/a&gt; Sonríe: siempre sonríe. Está de pie sobre una pasarela blanca en una playa de José Ignacio –la zona más exclusiva de Punta del Este- y sonríe mientras repite una y mil veces el mismo chiste.&lt;br /&gt;—Miren a Julita Rohden, no es linda pero es simpática.&lt;br /&gt;— Ivana Saccani, recién llegada del exterior, muy fea, muy fea, pero muy simpática.&lt;br /&gt;—Con ustedes Liz Solari, es fea pero les aseguro que es simpática.&lt;br /&gt;Julia, Ivana y Liz también sonríen y caminan, y entre ellas van circulando las otras chicas: nínfulas de pelo largo, dientes níveos, traseros de fruta; criaturas con piernas como largas calles hacia el cielo. Pancho Dotto las mira satisfecho y sigue con sus chistes, que la mitad de las veces encierran un aviso comercial.&lt;br /&gt;—Gracias Honda por tanta ayuda, viva Honda, gracias Honda por tu onda sin hache, ¡un aplauso para Honda!&lt;br /&gt;Y el público aplaude.&lt;br /&gt;Dotto parece en la gloria. El sol está menguando y todo lo demás es agua, arena y un kilómetro de autos aparcados a la vera del camino. Entre la gente hay amigos –dueños de empresas, directores de revistas- pero también hay turistas que han venido a ver de cerca una máquina que para muchos es perfecta. Desde hace veintiséis años, Pancho Dotto es el director de la mayor agencia de modelos de América del Sur. Es él quien lanzó al mercado internacional a figuras como Carolina Pampita Ardohain y Valeria Mazza. Y es él quien generó, por sobre todas las cosas, su propio mito: Dotto, a ojos de su público, vive rodeado de mujeres de inaudita belleza y encima hace dinero con eso y encima, cuando quiere, se pone de novio con alguna de ellas con la naturalidad con que un almacenero mete la mano en el frasco de dulces.&lt;br /&gt;—Todos ven que tengo chicas, tuve novias, tengo autos. Pero eso una fantasía: vivo enajenado. Vivo a través de la vida de ellas. Y no sé si eso es bueno –dirá luego.&lt;br /&gt;Pero ahora sonríe: otra vez sonríe. Han pasado dos horas, el desfile está acabando y Dotto dice una de sus frases recurrentes:&lt;br /&gt;—Las adoro, las adoro a todas.&lt;br /&gt;Luego se despide, baja de la pasarela y se mete en una carpa blanca. El sol ya bajó y el encuentro termina con fuegos artificiales: el cielo se llena de estrellas falsas y todo el mundo aplaude, grita, agradece.&lt;br /&gt;Pero Pancho Dotto no. Pancho Dotto no ve nada. Pancho Dotto sólo se dedica a hablar por teléfono.&lt;br /&gt;A preguntar, a través de la línea:&lt;br /&gt;—¿Mamá?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;*&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;Pancho estaba en la playa. Tenía cinco años y estaba con sus dos hermanos, Mario y Mónica, algo más grandes que él. La playa era un páramo seco y helado al que habían llegado tras haber pasado por tantos otros lados. Mario Ramón Dotto, el padre, trabajaba en prefectura y la familia siempre había tenido que vivir al lado del río y del mar. Primero se habían establecido en Paraná, provincia de Entre Ríos, mesopotamia argentina. Luego en Bahía Blanca, ciudad costera al sur de Buenos Aires. Y finalmente en Rawson, capital de Chubut: la Patagonia.&lt;br /&gt;A Pancho, Mario y Mónica les gustaba jugar a armar casas. Habían hecho una de cartón en Paraná, otra sobre un árbol en Bahía Blanca, y en Rawson estaban haciendo una en la playa. Los padres dormían la siesta, el viento del Sur soplaba fuerte y los hermanos armaron un tinglado atrás de un médano. Adentro, de pie, cabían los tres: eso era suficiente para estar contentos, aunque hacía mucho frío.&lt;br /&gt;Afuera de la casa llenaron un tacho con maderas secas y encendieron un fuego.&lt;br /&gt;—Pancho –ordenó Mario, el mayor de todos, hoy general de brigada- andá al cuartito de herramientas a buscar kerosene.&lt;br /&gt;Pancho siempre quería agradar a todo el mundo así que fue, sin quejarse, en el medio de los zamarreos del viento, y regresó con una lata, sí, llena de kerosene.&lt;br /&gt;—Pero tropezó –recuerda Mónica Dotto, cincuenta años después-. Tropezó con tanta mala suerte que se cayó sobre el tacho con maderas y se prendió fuego.&lt;br /&gt;Mónica empezó a tirarle agua pero el fuego no se iba. El niño se estaba incendiando. Mario lo empujó, lo tiró al suelo, lo llenó de arena y Pancho, que se iba apagando, quedó tendido de costado, con los zapatos derretidos, temblando de frío y llorando.&lt;br /&gt;Sus padres seguían durmiendo y así pasarían el rato siguiente: durmiendo. Hasta que Pancho fue a la casa y abrió la puerta con sigilo.&lt;br /&gt;—Mamá, mamita –susurró-. Mamita, sabés qué: no te quiero despertar pero yo aguantaba y aguantaba hasta que no aguanté más.&lt;br /&gt;Pancho se largó a llorar. La madre, Teresa Melinger, estiró el brazo, tocó a su hijo en la penumbra y sintió el cabello mojado.&lt;br /&gt;—¿Qué pasó?&lt;br /&gt;—No te preocupes mamita –seguía llorando- hice un fueguito muy pero muy chiquitito, y me quemé.&lt;br /&gt;Ese día, 25 de mayo de 1960, aniversario de la independencia argentina, Pancho Dotto lo pasó en el hospital de Rawson diciendo una sola palabra: mamita.&lt;br /&gt;—Él siempre quiso mucho a mamá –dice Mónica Dotto-. Siempre quiso agradar a todo el mundo, pero primero a mamá.&lt;br /&gt;Y nada de eso ha cambiado.&lt;br /&gt;Cuarenta años después, tras una vida entera junto a su marido, Teresa se enfermó y sobrevivió –no siempre se sobrevive- y tomó una decisión: elegir cómo vivir el resto de su vida. Teresa eligió vivir lejos de su esposo.&lt;br /&gt;—Te vamos a apoyar –dijeron sus hijos. Y le ofrecieron casa. Primero Teresa vivió con Mónica. Hasta que Dotto, que vivía en un departamento de 55 metros cuadrados, se compró una casa de 550 metros y le hizo una oferta:&lt;br /&gt;—Mamá, hay lugar –le dijo-, venite a vivir conmigo.&lt;br /&gt;Y así fue como Dotto –quien a lo largo de su vida fue pareja de algunas de las mujeres más hermosas de Argentina- pasó ocho años viviendo con su mamá en una gigantesca casa en Punta Chica, San Fernando, zona norte del conurbano bonaerense.&lt;br /&gt;—Como bien decís, yo vivía con mi mamá –dice ahora Dotto-, porque cuando uno vive con la madre, vive con la madre aunque la casa sea de uno.&lt;br /&gt;A lo largo de todo ese tiempo en San Fernando, Teresa fue perdiendo la vista. Ahora –y desde hace dos años- pasa sus días en un departamento del barrio de Belgrano junto a una enfermera y a Julia Rohden: una modelo de dieciséis años que llegó a los quince de la selva misionera, y que hoy es una de las caras de Falabella Chile.&lt;br /&gt;—Si a esta nena la traía y la alojaba con las otras chicas, no sobrevivía. No tenía los anticuerpos. Así que la dejé con mi mamá. Y de paso a mi mamá le di una nieta postiza.&lt;br /&gt;Total, dice Dotto, los nietos –los de sangre- nunca visitan a Teresa. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;*&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;—Julia va a ser la próxima Valeria Mazza, la próxima Pampita.&lt;br /&gt;Dotto está sentado en un gazebo de madera y quincha uruguaya, sobre un mullido sillón blanco, en un área apartada dentro de su chacra Paraíso del Mar de José Ignacio. Lleva chanclas, camisa celeste, bermudas blancos y dos teléfonos móviles que suenan todo el tiempo.&lt;br /&gt;Dotto revisa sus mails, su agenda, sus próximas horas. Son las cuatro de la tarde y a las cinco debe hacer un desfile en Playa Montoya, a las ocho debe ir con sus modelos al local de Personal -una empresa telefónica que financia parte de la estadía en Punta del Este- y a las diez de la noche debe estar en un cóctel de Para Ti, una revista femenina argentina que le debe a Dotto –y a sus chicas- buena parte de sus portadas. En el aire suena el tema Walking on sunshine y Dotto hace una seña, pide que bajen el volumen, o mejor: pide que apaguen todo.&lt;br /&gt;—Por dios –se toma la cabeza-, necesito silencio.&lt;br /&gt;Cuando no se ve obligado a sonreír sesenta veces por minuto, Dotto es un hombre muy guapo. Su rostro es una confección de arrugas fuertes que le dan a su cara un carácter: una belleza justa.&lt;br /&gt;Él, alguna vez, también fue modelo. Hasta que hubo un problema gremial -una empresa dejó impago el trabajo de mucha gente- él defendió a sus compañeros y ahí tomó conciencia de su habilidad para gestionar los intereses de otros. Así empezó, hace veintisiete años, su agencia: una empresa que pronto devino una usina de estrellas publicitarias, y con la que veinte años atrás llegó por primera vez a José Ignacio.&lt;br /&gt;Al principio Dotto alquilaba una casa, hasta que tiempo atrás logró comprar esta chacra: 13.500 metros cuadrados que empiezan en un bosque y terminan frente al mar, y donde se encuentran –entre otras construcciones- tres cabañas donde se hospedan las modelos de la agencia durante la temporada.&lt;br /&gt;Una de esas chicas es Julia Rohden:&lt;br /&gt;—Este es el primer verano en el que Julia toma sol. Hasta ahora siempre le había dado de espaldas, durante la cosecha de tabaco. Pero ahora, las vueltas de la vida, tiene contratos con Falabella y está haciendo su primera tapa de Para Ti. Julia –insiste- va a ser una grande como Valeria Mazza o Pampita.&lt;br /&gt;Valeria Mazza y Pampita son quienes más trascendencia internacional tuvieron, pero ya se han ido de la agencia. Y eso a Dotto le duele. Cuando habla de las dos modelos, las palabras recurrentes son “belleza”, “enamoramiento” y “traición”.&lt;br /&gt;—Es parte de la naturaleza humana -dice. No aclara a cuál de las tres palabras alude, pero da igual.&lt;br /&gt;Esto es lo que cuenta Dotto de Valeria Mazza: que estuvo dos años para empezar a trabajar. Que las marcas no la querían porque tenía algún sobrepeso y porque al ser nadadora tenía una actitud masculina. Que todo cambió cuando a Dotto le ofrecieron representar a Claudia Schiffer en Argentina, le enviaron un book, y él vio los parecidos físicos entre los rostros de ambas modelos. Que llamó a varias revistas para vender “la nota de los parecidos” y se rieron de él. Que finalmente el semanario Gente le compró la idea y le hicieron la primera nota a Valeria Mazza, con el título “La Claudia Schiffer argentina”. Y que ahí, después de dos años, Valeria empezó a encontrar un rumbo.&lt;br /&gt;-No era sexy y nunca lo será. No era ni es armoniosa. Pero es Valeria: tiene una cara impresionante. Y yo me enamoré de esa belleza antes que nadie. Recién cuando su marido vio que Valeria era un buen negocio, lo agarró y se lo llevó sin pagarme ni una comisión. Así son las cosas: yo la fabrico y otro se la lleva.&lt;br /&gt;Esto es lo que cuenta Dotto de Pampita: que la descubrió cuando trabajaba en un local de ropa. Que al principio su novio, el Pampa, dueño del negocio, no la dejaba modelar. Pero que después, cuando la marca entró en crisis y no podían pagar modelos, la hicieron posar con ropa de la empresa. Que ahí el Pampa le advirtió:&lt;br /&gt;—Si Carolina no encuentra trabajo se tiene que volver a La Pampa porque no tiene cómo seguir en Buenos Aires.&lt;br /&gt;Que Dotto la citó en su escritorio. Que Pampita le dijo:&lt;br /&gt;—Por veinte pesos (5 dólares) trabajo.&lt;br /&gt;Que Dotto le ofreció un contrato por veinte mil dólares en un comercial en México. Que así fue como empezó todo: rápidamente.&lt;br /&gt;—Cuando la vi –dice- intuí esa cosa sexy que transpira, esa armonía y esa belleza me partieron la cabeza y me di cuenta de que ella podía llevarse el mundo por delante, era un volcán en erupción. Le metí muchas fichas a Pampita a pesar de que algunos la veían bajita y decían quién es, esta chica no llega a ningún lado. Pero yo sabía. Para mí no era difícil verlo y te digo:&lt;br /&gt;Silencio.&lt;br /&gt;—Si yo no hubiese descubierto a Pampita, no la habría descubierto nadie. Ese va a ser el título de esta nota.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;*&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="left"&gt;Pancho casi siempre tuvo buen ojo: casi siempre supo qué cosas podían funcionar y qué cosas no. A los 14 años vivía en Ramallo -provincia de Buenos Aires, uno de los últimos destinos de su padre- y vio que sobre el río Paraná había yucas silvestres: unas plantas rústicas que crecían sin ayuda de nadie y que se usaban para separar los campos. En un viaje a Buenos Aires, Pancho vio que los lugares más elegantes de la ciudad decoraban sus rincones con yuca.&lt;br /&gt;—No sé cómo hizo –recuerda Mónica Dotto-, pero llenó varias camionetas y llevó las yucas a la ciudad y empezó a venderlas a la gente que hacía parques y saturó el mercado de yucas. Siempre tenía buenas ideas, Pancho. Él siempre tuvo la mirada del emprendedor. Yo soy abogada: veo si se puede y después hago. Pero él primero hace y después ve si se puede.&lt;br /&gt;A los diecisiete años, Dotto terminó los estudios en una escuela nocturna y empezó a trabajar en una empresa de maquinas de coser industriales. Allí se vinculó con los fabricantes de indumentaria y finalmente se asoció con uno de ellos y se lanzó a vender ropa. Luego se puso un restaurante. Luego perdió todo su dinero en una financiera y finalmente, a los 29 años, inició su emprendimiento definitivo: Dotto Management. Con esta agencia galgueó todas las otras crisis. Que, en Argentina, siempre son muchas.&lt;br /&gt;El cimbronazo más fuerte llegó a comienzos de la década de 1990. Dotto previó que habría problemas y se puso un departamento de casting, es decir: de búsqueda de modelos para campañas publicitarias. Adelantándose a la crisis argentina, a fines de los 80 empezó a hacer negocios con Chile. Y empezó a verse en la urgencia de mandar cassettes con filmaciones de chicas a Santiago. En Chile estaba Pinochet y estaban los departamentos de censura. La mitad de las veces, Dotto lograba -a fuerza de carisma- que alguna azafata le cruzara los cassettes. Pero la otra mitad, tuvo que sacarse un pasaje en el momento y viajar.&lt;br /&gt;—De todas las veces que viajé –cuenta- la mitad tuve problemas con el departamento de censura. Me detenían la mercadería, miraban las filmaciones, era una lucha.&lt;br /&gt;La escena de la censura se repitió tantas veces que los últimos encuentros, dice Dotto, eran así:&lt;br /&gt;—Ay, Marrrta –Dotto, dramático, se agarraba la cabeza-, ¿qué está pasando Marrrta???&lt;br /&gt;—Escúcheme, Dotto, usted ya me tiene cansada. Elija tres cassettes y yo me quedo con uno. Saque el que menos le sirva y no venga más por acá.&lt;br /&gt;Así fue como Dotto empezó a viajar siempre con cuatro cassettes, de los cuales uno no servía para nada. Y así fue como Dotto fue entrando, lentamente, en el mercado chileno. Con ese mercado superaría buena parte de sus crisis futuras.&lt;br /&gt;—La gente piensa que esto es una pavada pero yo manejo un estrés crónico importante. Buenos Aires es la capital del mundo que más agencias de modelos tiene per capita: hoy funcionan más de 160 agencias y en realidad no hay espacio para 160 modelos. ¿Cómo hay que hacer? Tenés que trabajar como una bestia. Porque es fácil descubrir a Dolores Barreiro, que cualquiera la descubre, pero no es tan fácil descubrir a Valeria o a Pampita y después promoverlas y en el medio cruzarte la cordillera y tratar de caerle bien a la Marta de migraciones. No es sólo tener “ojo”: es vivir para estas chicas. Yo vivo enajenado. Vivo a través de la vida de ellas. Y no sé si eso es bueno.&lt;br /&gt;Hoy Dotto tiene la mayor firma del continente y es invitado a dar charlas en las universidades –ante alumnos- y en los hoteles cinco estrellas –ante empresarios. Incluso la Universidad de Harvard, puesta a analizar las agencias de modelos como negocio, tomó los ejemplos de Elite y Ford en el Primer Mundo, y de Dotto en el tercero.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;*&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;En José Ignacio, Maldonado, República Oriental del Uruguay, está terminando el mes de enero y eso significa que Dotto está eufórico, eléctrico, sin espacio para respirar entre una palabra y otra. Sólo por dar un ejemplo, alguien acaba de estacionar un auto en el lugar equivocado y eso es suficiente para que Dotto detenga la entrevista, se levante del sillón, camine por los senderos de un pequeño jardín de árboles flacos, y llame por teléfono a Ornella, la secretaria joven y de tez traslúcida que le organiza los días.&lt;br /&gt;—Los autos no pueden entrar ahí: vos los sabés, yo lo sé, todo el mundo lo sabe pero bueno, qué le vamos a hacer, no hay nadie de mi gente que… o sea: ni yo pongo mi auto ahí, no puedo entender que esto esté pasando…&lt;br /&gt;Ornella escucha, en silencio, como si oyera estas diatribas todos los días de su vida.&lt;br /&gt;—… fijate si me podés mandar a José, a Estanislao o al chico que está en la puerta o mejor mandame a todo el mundo porque los autos NO TIENEN QUE DAR LA VUELTA ACÁ, tienen que estacionar en el estacionamiento, sea quien sea este señor, pobre, es un amigo que me hice en Entre Ríos pero yo no puedo… o sea: a este señor lo conozco pero tiene que esperar en la puerta hasta que alguien lo vaya a recibir, ¿ok?&lt;br /&gt;Ornella responde: okay. Y Dotto vuelve a sentarse.&lt;br /&gt;Días atrás, por teléfono, después de años asistiendo a escenas como ésta, su madre habló de su hijo de este modo:&lt;br /&gt;—Estoy muy orgullosa de Pancho –dijo-. Pero ahora lo único que quiero es que se case y tenga hijos y se olvide de todo.&lt;br /&gt;Cuando se le recuerda esta frase, Dotto baja los párpados –un gesto de compasión o de ternura-, respira hondo y pide el almuerzo con un breve movimiento de manos. Minutos después, alguien llega con un plato de carne, pan y mayonesa.&lt;br /&gt;—Y después traeme un heladito de banana, por favor.&lt;br /&gt;Ni sushi ni ensalada: carne, pan, mayonesa y helado de banana.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;-Parecés una criatura.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;-Soy –contesta Dotto.&lt;br /&gt;Pero no sonríe. Sólo se dispone a comer. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-7004170524174530903?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/7004170524174530903/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=7004170524174530903' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/7004170524174530903'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/7004170524174530903'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2011/02/el-fabricante-de-bellezas.html' title='El fabricante de bellezas'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-o0BruovO_qc/TWQZofGbPvI/AAAAAAAAAEY/hh9ORmZHeqE/s72-c/Foto%2BDotto.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-8646873039440910866</id><published>2010-11-19T12:14:00.000-08:00</published><updated>2010-11-19T14:30:53.670-08:00</updated><title type='text'>Temporada de polo</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_JVNYW9JXeKM/TOb3vTrqjlI/AAAAAAAAAEI/ol29hbQVsc8/s1600/polo.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 266px; DISPLAY: block; HEIGHT: 190px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5541388783635304018" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_JVNYW9JXeKM/TOb3vTrqjlI/AAAAAAAAAEI/ol29hbQVsc8/s320/polo.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Las buenas yeguas no olvidan. Una vez que aprenden todo (a andar con el pie derecho, a frenar a tiempo, a ser bravas pero obedientes, a dejarse montar con elegancia) pueden pasar los años y ellas sólo sabrán hacer lo correcto. Por eso, en el universo del polo, las buenas yeguas son sagradas. Literalmente sagradas. Las cuidan y las peinan como a una cortesana pero no las dejan aparearse ni por equivocación. Todos los meses, con puntualidad biológica, un grupo de expertos les hace un lavaje y les extrae un óvulo que se fecunda in Vitro con los espermatozoides de un padrillo. Ese embrión, a su vez, no vuelve a ellas sino que es implantado en un vientre sustituto que llevará adelante el embarazo (valor del embrión: 50 mil dólares). Gracias a esta técnica de laboratorio -que alcanza niveles de excelencia en la Argentina- una buena yegua puede tener hasta diez hijos por año sin perder su línea, sin dejar de jugar un solo día y sin saber que alguna vez los tuvo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Las buenas yeguas saben todo, menos que son madres. Y menos aún que, gracias a los sistemas de transplante embrionario, muchas veces comparten campo de juego con sus propias hijas, dando lugar a una lógica reproductiva que habla más del universo del polo que del animal. Todo, en el mundo del alto handicap, queda en familia. Pero lo más curioso es que esta asociación (la de las yeguas y su reproducción eugenésica, con los clanes de polistas) no la hace un Luis D'Elía cualquiera sino la voz en off de &lt;em&gt;Polo Real&lt;/em&gt;, uno de los videos que ven los extranjeros cuando vienen a aprender a jugar este deporte a la Argentina. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;"El polo es un deporte de reyes, sultanes y millonarios del mundo entero. Por eso los caballos de máximo nivel están emparentados entre sí, consanguinidad que también se da entre los polistas" subraya una voz en off en el video y deja en claro, sin rodeos, qué busca buena parte de los miles de extranjeros que todos los años vienen a probar una tajada del campo argentino: no les atrae bailar tango o conocer el Obelisco. Ni siquiera los desvela aprender a cabalgar con elegancia. Sólo quieren comprar algo que en teoría no se vende (el estatus) y con ese fin juegan al polo en "el país del polo" -así se ve a la Argentina desde el 2001-, compran caballos de calidad premium y dejan una montaña de dólares -entre 2100 y 4500 semanales por persona- en el bolsillo de un grupo social -criadores, estancieros y jugadores- que durante los '90 había visto en sus campos un gran dolor de cabeza.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;¿Pero qué significa "estatus" en el polo? ¿Dónde se ve? ¿Cómo se vende? Un recorrido por las páginas web de algunas de las 150 estancias que ofrecen clínicas en la Argentina da como resultado una sobreabundancia de frases y palabras como "adrenalina", "adicción", "tradición", "sentir", "estar adonde hay que estar" y "no hay vuelta atrás". Buena parte de esas haciendas está emplazada en Pilar, autoproclamada la "capital internacional del polo"; una localidad que -más allá de las áreas altamente urbanizadas- habla en un lenguaje de exportación. Las afueras de Pilar son fáciles de describir: hay mucho pasto, muchos caballos, muchos árboles, muchos boxes de ladrillo y algarrobo, y muchos carteles con la leyenda "lots for sale".&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Allí, rodeado de estancias que quizás se le parezcan -entre ellas La Ellerstina, dueña de uno de los equipos de polo más importantes del mundo- está Don Augusto Campo &amp;amp; Polo, un club que funciona todo el año (aunque la temporada alta, como en todo el país, se da de septiembre a marzo) y que tiene su epicentro en un inmenso campo de verde incandescente. En el borde de la cancha hay un árbol con una campana quieta y lo que puede verse es la postal minimalista de aquellos que todos quisiéramos creer que es el campo: pasto lacio, árboles al fondo, un caballo de crines luminosas y un disimulado olor a bosta.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;En el medio de todo eso están Eric Wright (un "polo manager" -así se los llama- que juega profesionalmente en San Francisco y que vino al país para comprarle unas yeguas a su patrón) y Abby, una morocha que salta del caballo con la levedad de una paloma y dice que no quiere fotos ni apellidos. Abby tiene una cicatriz en el labio superior y esa marca le da al rostro una belleza distante, alerta. Cuando rondan los cuarenta, las mujeres del polo suelen parecerse a ella: tienen el rostro fuerte, marcado y generalmente intervenido por algún colágeno que borra o estira las arrugas que les hizo el tiempo, pero sobre todo el sol. Abby también es polo manager y está buscando tres tipos de yegua: una grande, lenta y sencilla de manejar. Otra mediana y rápida. Y una tercera pequeña y fácil de llevar. Para elegirlas las monta y las lleva a taquear por el campo. Evalúa su boca (es decir, su capacidad de freno), su aplomo, su relación con el taco (es fundamental que los caballos no le tengan miedo), sus ojos (deben estar sin "nube"), su coordinación de movimientos y su cuerpo sin cicatrices. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;-Los extranjeros no saben mucho de caballos y piensan que con cicatriz no sirve -explica Abby-. Es como los que no entienden de autos y, en vez de fijarse en el motor, se fijan en el capot.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Según datos de la Aduana Argentina, se exportan cerca de 4 mil animales por año a un precio que va desde los 5 mil hasta los 15 mil dólares (aunque también están los que se venden por 30 y hasta 200 mil). Esto implica que al país ingresan anualmente, en concepto de caballos, un mínimo de 20 millones de dólares. ¿Adónde van estos bichos? A cualquier parte, incluida -por ejemplo- la Guardia Real de Marruecos, que le compró a la familia del polista Clemente Zavatela (marido de una trilliza de oro) veintiséis animales que fueron facturados al 25 por ciento de su valor real (una diferencia que originó una denuncia por evasión contra la empresa de Zavatela).&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Cuando se mira una yegua, sin embargo, todas las chanchadas comerciales quedan lejos. La belleza tiene ese poder anestesiante y estos bichos, como todo lo que es bello, se sobreponen a la inmundicia ajena y a la propia con rozagante hidalguía. Las yeguas son refinadas hasta cuando cagan: lo hacen con el pecho afuera, las ancas dignas y el gesto de estar escuchando la mejor música del mundo. A metros de una yegua en trance, un holandés llamado Paul Van Oostveen -programador de páginas web- dice que estos animales son una adicción. Hace dos años que Paul vive en Argentina y desde hace uno que juega en el club Don Augusto. Viene todos los días y ya compró seis yeguas. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;-¿Por qué tantas?&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;-Porque nunca es suficiente.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Los extranjeros que vienen a jugar al polo se dividen en dos grandes grupos. Por un lado están los europeos, solamente interesados en comer bien y pasarse el día a caballo. Y por otro están los estadounidenses, que hacen de las clínicas de polo un proyecto "all inclusive": quieren amortizar el dinero que pagaron y no dejan un segundo librado al azar. Cuando bajan del caballo salen a ver tango, hacer shopping, pasear por La Boca y dejar fortunas en las talabarterías. En general, ninguno de estos dos grupos habla de "inseguridad". Según Gonzalo Palacios Hardy, manager de Don Augusto, se trata de gente "de mundo" que ya recorrió Asia y África y que no cree que la Argentina sea un país más duro que Zimbabwe.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;¿Por qué vienen acá, y no a Zimbabwe? Todos los motivos pueden resumirse en uno: en Argentina hay caballos mejores y más baratos que en cualquier otro lugar del mundo. Esta sería la explicación económica, mientras que la psicológica la da Bautista Heguy en el video Polo Real: "Para muchos el polo es una pasión, pero para otros también es un capricho, es esnobismo, es la posibilidad de acceder a un deporte elitista que les permite codearse con la realeza".&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;El príncipe Harry de Inglaterra vino un par de veces a la estancia El Remanso, en Lobos, para mejorar su taqueo de la mano del polista Eduardo Heguy. E incluso el actor Tommy Lee Jones -perteneciente a la realeza de Hollywood- se hizo habitué de la estancia La Mariana y hasta devino el padrino de su equipo de polo. "Pensar que, en un principio, sólo vine a la Argentina a aprender un poco a jugar al polo, a comprar unos caballos y a comer buens asados -dijo-. Ahora vengo una o dos veces por año para no perder mis prácticas. Aunque sigo sosteniendo que, al lado del polo, trabajar en películas de cine es muy fácil".&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Claludio Uras, 31 años, petisero de Don Augusto, advierte que -si sólo se quiere estatus- es más fácil comprar un palo de golf y una pelota. Con el golf no es necesario tener tanto estado físico, es casi imposible romperse un hueso y es definitivamente menos riesgoso en términos económicos. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;-Trabajar con caballos es como trabajar con alhajas, con la diferencia de que un collar no se te retoba -dice Claudio-. Una vez, en la estancia anterior donde trabajaba, se escapó un caballo de casi treinta mil dólares. Se fue a un campo vecino, comió mucho, se empachó y le agarró un cólico. Cuando el cólico es fuerte el caballo se hincha y ya no sirve más para polo. Por suerte este zafó, pero quedó un poco tonto, perdía el equilibrio. Casi me mato.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Claudio tiene 32 años, una mujer, dos hijos y media vida al servicio del polo. Nació en Pehuajó y, ya en la adolescencia, lo contrataron en una estancia para preparar caballos. Tenía que amansarlos, adelgazarlos, acostumbrarlos al taco y someterlos a un trabajo de ablande no sólo físico sino también sentimental. A diferencia de otros petiseros, Claudio tuvo la posibilidad de aprender a jugar. Ahora participa de las prácticas con extranjeros, aunque su principal tarea está a los pies del caballo: les hace la cama (con aserrín o viruta), los cepilla, les trenza la cola, los afeita y los alimenta.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;"Los petiseros son el 50 por ciento del éxito de un equipo" dice Bautista Heguy en el video Polo Real. "Un buen petisero es como un buen contador o un buen abogado: hace al éxito de tu empresa" agrega Juan Ignacio Merlos, de la estancia La Dolfina.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Claudio, responsable entonces del 50 por ciento de esta historia, vive con su familia en la estancia Don Augusto. Su casa consiste en dos ambientes pequeños que antes tenían cocina compartida, y ahora es individual.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;*&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;El polo tiene su origen en el llamado Sagol Kangjei, un deporte que se jugaba en la India unos 300 años antes de Cristo. Muchos siglos después, el colonialismo inglés se apropió de esta práctica y finalmente la trajo a la Argentina en el siglo XIX. El polo se fue transformando, en este país, en un deporte de confraternización entre inmigrantes sajones. Hasta que el 30 de agosto de 1875 se jugó el primer partido oficial. Aunque la mayoría de los jugadores era inglesa, el polo se empezó a difundir entre los argentinos. El motivo de esa adopción lo dio una crónica periodística de la época: "El polo resulta particularmente adaptable a un país de centauros como la Argentina, donde los campos son tan lisos como tableros de ajedrez y los caballos denotan admirables condiciones y entrenamiento para la lucha". &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;En 1895, la primera delegación de polistas criollos jugó en Londres -le fue muy bien- y desde entonces el polo argentino mantuvo el primer lugar dentro de los equipos internacionales. El mejor ejemplo de que el polo local es superior al del resto del mundo lo da la inscripción al Campeonato Abierto de Polo de Palermo (el mayor evento deportivo del rubro a nivel internacional): para anotarse, es requisito básico que los jugadores tengan un handicap superior a los 28 puntos. Pero hay pocos equipos extranjeros que cumplan con este requisito. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;-Existen torneos altamente prestigiosos, pero no existe el mundial de polo -explica Gonzalo Palacios Hardy-. La razón, justamente, es que si hubiera un mundial siempre ganaría la Argentina, y así no tiene gracia.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;El polo se maneja por temporadas. La más alta va desde septiembre hasta principios de diciembre, y en ese lapso de tiempo se concentran todos los torneos y campeonatos de alto nivel. La baja, en cambio, arranca en otoño, cuando la lluvia llena los campos y vuelve todo más difícil.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;-No estoy acostumbrado a los inviernos.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;El que habla es Emiliano Blanco, 32 años, polista, él dice que mediocre. Lo conocí seis meses atrás, cuando de polo entendía menos que ahora y quise hacer esta crónica suponiendo que el polo era una fiesta todo el año. Esa tarde Emiliano estaba solo, callado, padeciendo el invierno, fumando Philip Morris con boquilla transparente y dejando que el sol frío le pegara en el cabello rubio con un golpe distante, como en una escena del Gran Gatsby.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;-Cuando llueve todavía es peor: directamente no sé qué hacer. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Emiliano jugó en Santa Fe, Nuevo México (Estados Unidos) durante una década, y de allí se trajo varios clientes gringos. Ahora es reconocido por sus pares como uno de los que mejor maneja el negocio de los extranjeros y el polo. A su estancia -llamada Don Manuel y ubicada en Cañuelas- llegan profesionales que quieren ponerse en forma para la temporada europea, estudiantes de universidades inglesas que tienen un convenio con la estancia, y también turistas que aprovechan la devaluación para comprar, a precio moderado, la pertenencia a una casta a la que pertenecen pocos.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;La tarea de Emiliano es grata, dice, pero no es rentable. Una cosa es ser un polista 10 de handicap, que cobra un mínimo de 300 mil dólares por jugar la temporada inglesa (y luego usa ese dinero para solventar la temporada en Argentina). Y otra cosa es ser como Emiliano.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;-Si sos mediocre como yo, el tema de las temporadas y la llamada "vida de polo" te termina cansando, porque vivís de viaje, no formás nada en tu país, y el dinero que ganás afuera ni siquiera sirve para armarte acá un buen futuro. En un momento empezás a ver que la vida se va rápido y entonces muchos chicos como yo piensan que una forma de seguir viviendo del polo, pero en Argentina, es traer extranjeros. Quieren aprovechar porque piensan que es fácil. Que el extranjero es un tipo al que le vas a sacar dólares así nomás: dándoles asado y haciéndolos jugar con petiseros. Pero yo no hago eso, y así estoy: extenuado.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;El campo de Emiliano -una infinidad de hectáreas con facilidades cinco estrellas- es el resultado del patrimonio familiar, al que Emiliano sumó sus doce años de trabajo en Estados Unidos. Emiliano nunca, en las últimas dos décadas, se tomó vacaciones. Cada vez que cerraba una temporada de polo volvía a Cañuelas para comprar ladrillos.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;-Y está bien porque el lugar es mío y el día de mañana haré un negocio inmobiliario. Pero para hacerlo como negocio para turistas no es rentable. Sólo cierra si sos como el dueño de El Metejón: un extranjero que vio el negocio inmobiliario y entonces usa el polo para captar extranjeros para que le cmpren la tierra. Pero yo no hago eso. Entonces muchos amigos me dicen "quiero vender polo en Pilar, me compré unas hectáreas" y yo trato de explicarles, sin tirarlos abajo, cuáles son los problemas.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;-¿Y cuál sería el problema?&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;-Que dejás la vida acá. Que no sé lo que es ir al cine. Por algo estoy soltero.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;-¿Entonces por qué te metiste en esto?&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;-Porque a la vez amo los caballos, y porque mi papá vive acá. Mi papá es un tipo que vino muy de abajo. Y yo quiero que mi viejo viva en el mejor lugar.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Emiliano es uno de los pocos personajes dedicados al polo que no tienen origen patricio. Su padre trabajó en el rubro de la carne hasta que dos enfermedades contraídas en el trabajo -una broncoestasis y una tuberculosis- le hicieron pasar demasiados años en cama. Mientras su padre trabajaba, Emiliano iba a la escuela y jugaba al pato. Pero jugando se quebró las dos piernas y, tiempo después, un amigo de la familia directamente se mató. Cuando supo la noticia, su padre fue claro: &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;-Hacé lo que quieras con caballos -dijo-, pero olvidate del pato.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Así empezó Emiliano con el polo. A los dieciséis años viajó como petisero a Australia, y algunos años después hizo su base de trabajo fuerte en Estados Unidos.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;A veces, cuando tiene tiempo de pensar en algo, Emiliano piensa en lo que él podría haber sido.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;-Acá están los mejores polistas del mundo por el mismo motivo por el que tenemos los mejores caballos. Por un lado, el costo de hacerte jugador de polo, si tu familia juega al polo, es barato. Y por otro, hay un tema cultural: en Estados Unidos o Inglaterra, cumplís diecisiete años y tu viejo, por más que sea millonario, te obliga a ir a la facultad, a trabajar para pagarte los estudios, y recién cuando terminás con todo eso podés dedicarte al polo. Es decir que llegás grande y sin una cultura del caballo. A mí me han llegado adolescentes de Inglaterra; los padres los mandaban pero me decían: "No lo hagas jugar todo el tiempo: que aprenda a barrer, a lavar: que trabaje". Es otra mentalidad. En cambio, en Argentina, si terminás el secundario y tenés familia con dinero ellos te pagan todo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;-¿Y eso te parece bueno o malo?&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;-La verdad... el estilo sajón me parece una pérdida de tiempo. Mi papá me hizo empezar a trabajar a los doce años. Y si me comparo con los chicos que empezaron conmigo con el polo, llegaron a más que yo porque tuvieron el tiempo y la cabeza más libres para pensar en eso. Yo a los diecisiete manejaba un matadero de vacas, iba a la facultad de noche y además jugaba al polo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;-Creés que si hubieras sido más consentido te habría ido mejor como polista.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;-Sí.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Aunque no es un gran polista, Emiliano es una referencia ineludible para las clínicas de polo que se hacen para extranjeros. Por ese motivo ahora, en septiembre, llegaron hasta él Aaron y Marcus, dos estadounidenses de treinta y tantos años que en este momento montan un caballo fijo -una especie de animal de Troya en miniatura-, miran a un frontón, y empiezan a taquear para mejorar la técnica y precalentar el cuerpo para un partido que se jugará dentro de media hora.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Aaron se apellida Ball y tiene 37 años, pantalón blanco, botas de caña alta y un castellano correcto. Trabaja como abogado de una petrolera en Houston -a la que pertenece Marcus- y vino a esta estancia recomendado por el Club de Polo de Houston, del que es miembro desde hace un mes.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Un mes es poco. Ayer Aaron se cayó del caballo, aunque mantiene el optimismo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;-&lt;em&gt;Emi&lt;/em&gt; tiene reputación muy buena en Estados Unidos -dice-. El polo se está haciendo popular entre personas entre 30 y 40 años. Ahora todos quieren venir a Argentina. Es el único lugar en el que piensas para hacer polo. No hay sitio en el mundo como éste.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;-¿Y la política? ¿Sabe algo del país?&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;-Prestamos atención a la política, sí. Por ejemplo, el problema entre el campo y el resto. Y también hay interés en desarrollar acá los recursos petroleros. Argentina es más europeo que latino. Los creemos más parecidos a nosotros. Por eso nos gusta. Y porque es más barato que Europa. Hace dos meses tuve un casamiento en Inglaterra y es 2.2 pound el dólar. ¡Qué caro!&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;A su lado, montado sobre el caballo fijo, Marcus parece estar en otro mundo. Viste jeans -y no pantalón blanco, como se acostumbra en polo- y asiste a las indicaciones de Emiliano con la expresividad de una hoja en blanco. Marcus es la clase de personas que parecen no entender el idioma ni siquiera en su propio país. En la mayor parte de los casos, uno diría que eso significa "ser tonto"; pero en el caso de Marcus -ejecutivo de una petrolera- eso suele llamarse "estrategia".&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;-Aaron tiene una facilidad natural, quiere hacer las cosas mejor -dice Emiliano-. Pero Marcus no. Marcus no le pone ganas.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;-No lo digas en voz alta que te va a escuchar.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;-No, no: yo se lo digo en la cara. Le digo "Marcus, poné ganas".&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;-¿Y él qué hace?&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;-Nada.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Como mínimo, son necesarias cinco clases para aprender las posturas básicas del polo. En cualquier clínica para principiantes, lo primero que se enseña es a dominar un caballo, luego a mover el cuerpo y finalmente a pegar a la pelota lo mejor posible. Luego están las prácticas en la cancha. En este caso, Emiliano convocó a otros polistas amigos para que jueguen con Aaron y Marcus, a cambio de permitirles promocionar sus caballos para la venta. Por eso ahora, en el establo, a minutos nomás de jugar un partido, ocho personas se suben a sus yeguas de un salto.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;-Che -interrumpe un polista desde las alturas-, decile al fotógrafo que me haga todos los planos que quiera, pero que me saque al caballo sin culo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;El que habla es Carlos Sciutto, jugador y hacedor de caballos que vino a hacer las prácticas con los estadounidenses. Sciutto está muy preocupado por la cola de su yegua: está despeinada.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;-Este es un deporte de caballeros, por ende es un deporte elegante y todo debe estar perfecto, ¿entendés? El caballo debe estar descolado, bien tuzado, sin pelo en las patas, las orejas, en fin. Estos son caballos nuevos que van a hacer la temporada ahora, entonces esto es una guerra contra los pelos, ¿entendés? ¿Vos te depilás?&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;-&lt;em&gt;Sobre todo en temporada.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;-Bueno, ellas también.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;El culo de las yeguas es sensual. La cola trenzada, la carne dura y las ancas tan abiertas recuerdan bastante a la hondura existencial que proponen las portadas de revistas para hombres. Las yeguas, además, están mejor peinadas que yo: llevan las colas trenzadas y en rodete, y a su vez ese rodete es de una tirantez tan perfecta que podría concursar en un certamen de peinados penitenciarios. Sobre una de esas yeguas, entrando al campo de juego, está Aaron. La novedad es que lleva puesto un casco extraño. A diferencia de las gorras de los demás jugadores, Aaron usa un accesorio que podría protegerlo de una guerra mundial.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;-Para los gringos toda protección es poca -aclara Sciutto.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;En rigor, toda protección es poca ya no para los gringos, sino para el polo en general. No existe profesional que conserve su osamenta sana. Ignacio Figueras -considerado el Brad Pitt del polo y convocado para sus campañas por la firma Ralph Laurent- tiene una cicatriz cerca del ojo y la nariz rota. Horacio Heguy perdió un ojo de un tacazo en 1995, y una década después se cayó del caballo y terminó en terapia intensiva, con tres costillas rotas y un pulmón perforado. En cuanto a Emiliano, llegó de su reciente temporada en el extranjero -estuvo dos meses dando clínicas en Inglaterra y Estados Unidos- con la tibia y el peroné hechos puré.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Los partidos de polo duran seis chukkers o chacras: lapsos de siete minutos cada uno, que es el tiempo que un caballo puede correr sin parar y sin deshidratarse. En un partido de alta competencia puede llegar a haber treinta goles. Pero en la práctica en Cañuelas, más que goles -hubo dos- se escucharon frases coom "Go! Go! Go!" y "Come on, Marcus, score!!!" (¡Marcus, hacé un punto!). Después, más allá de las palabras, estuvieron los famosos "hechos". Aaron se cayó dos veces. Y el segundo episodio fue casi dramático.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Un rato después, con Aaron completamente entero y en manos de una masajista, Marianela Castagnola -una de las mejores polistas mujeres del país, invitada a jugar este partido- diría que Aaron cayó "como una bolsa de papas porque no sabe montar". Pero en el momento exacto del desplome, lejos de cualquier hipótesis, lo que pudo verse fue una yegua frenando maliciosamente, y un pobre tipo hecho estampilla contra el suelo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Aaron quedó sobre el pasto, boca arriba, con el casco puesto y los brazos en cruz.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;-Aaron... are you okay?&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;-Ouch.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Detrás de Aaron, a cincuenta metros, la yegua se veía cada vez más chica, cada vez más lejos, galopando con la desesperación de los que necesitan mantener algo a salvo, quizás la elegancia. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-8646873039440910866?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/8646873039440910866/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=8646873039440910866' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/8646873039440910866'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/8646873039440910866'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2010/11/temporada-de-polo.html' title='Temporada de polo'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_JVNYW9JXeKM/TOb3vTrqjlI/AAAAAAAAAEI/ol29hbQVsc8/s72-c/polo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-555258936646288998</id><published>2010-10-23T10:04:00.000-07:00</published><updated>2010-10-26T08:39:18.449-07:00</updated><title type='text'>Sushi popular, o cómo sentirte una forra</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_JVNYW9JXeKM/TMMekV8rjVI/AAAAAAAAAEA/eIMcMmauqW8/s1600/sushipop.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 236px; FLOAT: left; HEIGHT: 157px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5531298377056882002" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_JVNYW9JXeKM/TMMekV8rjVI/AAAAAAAAAEA/eIMcMmauqW8/s320/sushipop.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;Y un día el sushi llegó a Floresta.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Con Juan estábamos contentos porque cada tanto nos gusta comer sushi y porque el local estaba a cincuenta metros de casa. Bueno, "local". Era un galpón tenebroso del que salían motos con la inscripción "Sushi Pop", pero a quién le importa la fachada cuando se trata de sushi en Floresta: dos palabras que hasta el momento nunca habían ido en una misma línea.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Tuvimos la primera sorpresa cuando Juan se acercó a "Sushi Pop" y quiso entrar. Se le fueron al humo cuatro motoqueros al grito de "no, no, esto se pide por teléfono". Okey. Por teléfono. A quién le importa pedir solo por teléfono.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Busqué el teléfono en Internet: "Sushi Pop. El primer sushi para todos" decía la página y casi me emociono. La filosofía Nac &amp;amp; Pop llevada al sushi, qué grossos. Qué grossos los de Sushi Pop. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;La segunda sorpresa ocurrió cuando llamé y la centralita sólo me derivaba a cinco locales: Martínez, Belgrano, Palermo, Centro y Caballito. "¿Y el local de Floresta?" pensé. Corté y volví a llamar: seguramente había un error, estas centralitas andan tan mal... Pero otra vez me encontré con las cinco opciones: Martínez, Belgrano, Palermo, Centro y Caballito. Marqué Caballito porque es lo que me queda más cerca: si vos salís de Floresta llegás a Flores, y si pasás Flores llegás a Caballito.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- En realidad yo quiero hablar con el local de Floresta -le dije al pibe que me atendió. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;- No, no -me corrigió él- para hacer tu pedido tenés que hablar con el local de Caballito.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- ¡Pero si a cincuenta metros de mi casa tengo un galpón de Sushi Pop! -le dije- ¡Sushi Pop tiene un local en Floresta!&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Esa no es información pública -el pibe quería ser didáctico-. Nosotros no tenemos la culpa de que vos vivas a media cuadra.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El diálogo era inútil. Pedí el sushi a la sucursal Caballito y cuando estaba por cerrar el pedido llegó la tercera sorpresa.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- ... y cinco pesos de recargo por el envío -me dijo.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- ¿Cinco pesos? ¡Pero vivo a media cuadra! ¡Lo voy a buscar yo!&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- No, no. Esto es sólo delivery. Los precios están estipulados -estipulados, dijo: éste terminó el secundario- según una tablita que está en la web.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Entonces volví a revisar la página de "Sushi Pop, el primer sushi para todos" y leí la tablita:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Envíos a Caballito: 3 pesos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Envíos a Almagro, Boedo, Agronomía y Paternal: 4 pesos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Envíos a Flores y Floresta: 5 pesos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- No entiendo -le dije al nene de Sushi Pop-: si yo viviera en Caballito, a treinta cuadras de acá, ¿pagaría menos que viviendo a media cuadra?&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Así es la tablita -contestó Sushi Pop.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Lo que "Sushi Pop, el primer sushi para todos" está diciendo es que si sos de un barrio ratón tenés que pagar más caro no porque vivas lejos, sino porque sos ratón. Y porque el sushi -ya me queda claro- para todos no es.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-555258936646288998?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/555258936646288998/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=555258936646288998' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/555258936646288998'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/555258936646288998'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2010/10/sushi-popular-o-como-sentirte-una-forra.html' title='Sushi popular, o cómo sentirte una forra'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_JVNYW9JXeKM/TMMekV8rjVI/AAAAAAAAAEA/eIMcMmauqW8/s72-c/sushipop.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-5516704997632030948</id><published>2010-08-26T09:42:00.000-07:00</published><updated>2010-08-26T09:53:35.467-07:00</updated><title type='text'>Un posible intercambio</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_JVNYW9JXeKM/THabnY-_9zI/AAAAAAAAADw/DnDe_ypmGRU/s1600/joandidion460.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; DISPLAY: block; HEIGHT: 215px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5509762295158273842" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_JVNYW9JXeKM/THabnY-_9zI/AAAAAAAAADw/DnDe_ypmGRU/s320/joandidion460.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Ella era feliz.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Su marido era escritor.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Sus amigos eran escritores.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Tenía casa en Malibú.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Sus amigos escritores también tenían casa en Malibú.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;A la noche, todos se juntaban a cenar y hablaban de W. H. Auden y de cómo hacer buenos suflés. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Ella era fácil y sofisticada. Ella era hermosa. Qué hermosa era Joan Didion. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Subía a los aviones descalza.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Una noche, a poco de cumplir cuarenta años de casados, ella y John Gregory Dunne -su marido- encendieron la chimenea. Él leía y tomaba escocés con hielo. Ella preparaba la cena.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Hasta que ocurrió el suceso.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Ella todavía lo dice así: el suceso.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;La vida cambia rápido.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;La vida cambia en un instante.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;Te sientas a cenar, y la vida que conoces se acaba.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Eso escribió Joan Didion dos o tres días después de que su marido se desplomara de un infarto frente a la mesa del comedor; ocho días después de que su hija fuera internada por una neumonía seguida de choque séptico, y diez meses antes de que su hija muriera en un hospital.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Entonces, la pregunta es si la felicidad se paga. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-5516704997632030948?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/5516704997632030948/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=5516704997632030948' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/5516704997632030948'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/5516704997632030948'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2010/08/un-posible-intercambio.html' title='Un posible intercambio'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_JVNYW9JXeKM/THabnY-_9zI/AAAAAAAAADw/DnDe_ypmGRU/s72-c/joandidion460.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-7803931075491148263</id><published>2010-08-19T09:31:00.000-07:00</published><updated>2010-08-19T15:47:05.230-07:00</updated><title type='text'>Día 18 de las vacaciones</title><content type='html'>Cómo me cuesta la constancia. ¿Hace cuánto que no escribo acá?&lt;br /&gt;Cosas que hice hoy:&lt;br /&gt;Recorrer Toledo, después de tantos años.&lt;br /&gt;Ir al "Museo de la Tortura" (sic), también en Toledo. Ahí estaban todos los utensilios que usó la Inquisición para matar a los herejes. Qué sofisticados nos volvemos cuando queremos hacer daño.&lt;br /&gt;Después comí sándwiches. Después saqué una foto a una pareja de rusos muy enamorados. Después entré a la Catedral de Toledo. Después le dije a Joaquín que si seguía jodiendo lo iba a mandar a confesarse.&lt;br /&gt;Qué es confesarse, preguntó. Contarle a un cura las cosas que hacés mal, le dije. Y el cura qué hace, preguntó. Te manda a rezar. Y qué es rezar. Hablar con Dios. Pero Dios no existe, dice Joaquín. Es cierto, le dije. Vámonos. Y nos fuimos. A Mc Donald's. Que también está en todas partes.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-7803931075491148263?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/7803931075491148263/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=7803931075491148263' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/7803931075491148263'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/7803931075491148263'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2010/08/dia-18-de-las-vacaciones.html' title='Día 18 de las vacaciones'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-2027464140489558351</id><published>2010-05-18T18:18:00.000-07:00</published><updated>2010-05-18T18:27:06.547-07:00</updated><title type='text'>Y un día como este llorás de felicidad</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_JVNYW9JXeKM/S_M-DGv6VHI/AAAAAAAAADY/J-6elCsDArw/s1600/Emi+se+rie.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5472786195257382002" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 254px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_JVNYW9JXeKM/S_M-DGv6VHI/AAAAAAAAADY/J-6elCsDArw/s320/Emi+se+rie.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;Carta abierta a Emilia.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La mañana del día que naciste me fui hasta Mataderos a buscar los chorizos que nos donó un carnicero mediático para hacer un festival solidario con choripaneada incluída. No me preguntes por qué, pero mientras iba manejando tuve la sensación de que tu llegada a este mundo era inminente. Para ese momento el colectivo de trabajadores del diario Crítica de la Argentina -que tu mamá y yo integramos- ya llevaba dos semanas de paro y tres días de permanencia pacífica en el lugar de laburo, por algo tan sencillo y elemental como reclamar que nos paguen los sueldos que nos deben. Esa tarde, después de poner los choris a resguardo en la cámara frigorífica de la pizzería que está enfrente de la redacción, fuimos con tu vieja a la doctora y nos dijo que "el cuello empezaba a madurar" pero que todavía faltaban "un par de días". Nos fuimos un tanto decepcionados por el diagnóstico, la dejé a tu vieja en casa y volví al diario donde los compañeros organizaban todo para el día siguiente. Mi ánimo estaba por los zócalos, las ganas de pelear intactas pero con las fuerzas bastante extintas, experimenté mi primer bajón de todo el conflicto. Ana, una de nuestras compañeras, se dio cuenta y se me acercó para animarme. "¿Cuándo viene Emilia?", me preguntó y yo instintivamente le respondí: "creo que está por llegar", animándome a contradecir los pronósticos de la mismísima ciencia. En eso estaba cuando de pronto sonó el celu: "Mau, ¿podés venir a casa? me parece que tengo contracciones". La voz de tu mamá confirmaba mis mejores sospechas. Trabajo de parto mediante, llegaste a este mundo a los trece minutos del domingo 16 de mayo, justo cuando en la redacción ocupada los chicos empezaban a desplegar sus colchones y sus bolsas de dormir para esperar el dia de la choriceada. Mientras te veía salir del vientre de tu vieja, no pude dejar de imaginarmelos a todos pariendo este conflicto originado en la avaricia de los poderosos y resistiendo el embate de estos personajes siniestros que manejan el producto de nuestro esfuerzo como se les dá la gana. Y te imaginé dentro de unos años, preguntándome que estábamos haciendo el día que naciste. Y me imaginé respondiéndote: "pariéndote junto a mis 180 compañeros". &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Mauro Federico, trabajador de Crítica de la Argentina (y papá de Emilia)&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-2027464140489558351?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/2027464140489558351/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=2027464140489558351' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/2027464140489558351'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/2027464140489558351'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2010/05/y-un-dia-como-este-lloras-de-felicidad.html' title='Y un día como este llorás de felicidad'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_JVNYW9JXeKM/S_M-DGv6VHI/AAAAAAAAADY/J-6elCsDArw/s72-c/Emi+se+rie.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-6144125266760590878</id><published>2010-04-10T18:39:00.000-07:00</published><updated>2010-05-06T03:45:10.304-07:00</updated><title type='text'>Dónde van las hormigas cuando cierra un diario (o casi)</title><content type='html'>Después de escribir hasta torcerme los tendones&lt;br /&gt;y sentir las yemas ni siquiera en llamas:&lt;br /&gt;perdidas&lt;br /&gt;idas&lt;br /&gt;y hacer cuentas:&lt;br /&gt;así pasó el cuarenta y cuatro por ciento de mi vida&lt;br /&gt;haciendo en el teclado ruidos, ruiditos&lt;br /&gt;de hormiga&lt;br /&gt;pesadillas de pulga&lt;br /&gt;después de eso pienso:&lt;br /&gt;¿para qué?&lt;br /&gt;para qué&lt;br /&gt;realmente: para qué.&lt;br /&gt;Quién se tragó esa tinta chica y dónde la dejó&lt;br /&gt;cagada&lt;br /&gt;en qué montículo de mierda&lt;br /&gt;en qué resto está todo lo escrito&lt;br /&gt;Y más: dónde va a quedar&lt;br /&gt;lo que no escriba.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-6144125266760590878?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/6144125266760590878/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=6144125266760590878' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/6144125266760590878'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/6144125266760590878'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2010/04/donde-van-las-hormigas-cuando-cierra-un.html' title='Dónde van las hormigas cuando cierra un diario (o casi)'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-4853552519096649815</id><published>2010-02-22T09:52:00.000-08:00</published><updated>2010-02-22T09:57:44.087-08:00</updated><title type='text'>Clara y la oscuridad</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_JVNYW9JXeKM/S4LFX4-2-eI/AAAAAAAAADI/xoDUTWfuQuo/s1600-h/Clarita_edited.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5441128314040678882" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 285px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_JVNYW9JXeKM/S4LFX4-2-eI/AAAAAAAAADI/xoDUTWfuQuo/s400/Clarita_edited.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Clara Anahí Mariani nació el 12 de agosto de 1976. Tenía, desde un primer momento, un cuerpo y un nombre. Y padres. Su mamá se llamaba Diana Teruggi y estudiaba Letras. Su papá, Daniel Mariani, era economista. Ambos vivían en La Plata, la ciudad donde se conocieron, donde compraron una casa modesta –ubicada en la calle 30 entre 55 y 56-, donde tuvieron una hija, donde fueron asesinados y donde Clara Anahí Mariani desapareció.&lt;br /&gt;Ocurrió el 24 de noviembre de 1976. Clara tenía tres meses. Esa mañana Diana se preparaba para llevarla, como todos los lunes y los miércoles, a la casa de su suegra. Pero nadie llegó a ninguna parte. En algún momento, la casa fue rodeada por tanques de guerra, helicópteros, patrulleros y doscientos miembros del Ejército. Todos estaban al mando de Ramón Camps -entonces jefe de la policía bonaerense- y querían sangre. No queda claro si alguien dijo “ahora”. Sólo se sabe que la balacera reventó hasta el alma de las cosas. Y que Diana pudo, tras la primera descarga, esconder a Clara en una bañera, bajo una pila de almohadones.&lt;br /&gt;En la casa de Diana, Daniel y Clara funcionaba una imprenta de Montoneros, a la que se accedía de un modo solapado. Allí se editaba la revista Evita y una serie de publicaciones que echaban algo de luz sobre las muertes, las torturas y las desapariciones que eran fantasmas innombrables por buena parte de los medios de comunicación. Se sabe que al gobierno militar cierta prensa le molestaba mucho, entre tantas otras cosas que también le molestaban mucho.&lt;br /&gt;Diana fue acribillada bajo un limonero. En la unión de dos paredes –un rincón donde hoy se concentran decenas de agujeros de bala- fue asesinado Daniel Mendiburu Eliçabe, el marido de Feli, el papá de Pablito, el hermano de Fideo y Cali (Feli, Pablito, Fideo, Cali: los nombres de una parte de mi infancia; los compañeros de exilio de mi padre). También mataron a Roberto César Porfirio, Juan Carlos Peiris y Alberto Oscar Bossio, y volaron ventanas a punta de bazucas porque, en fin, a los militares les gustaba el tema de llegar de a cientos y en tanque, aunque “el enemigo” consistiera en cuatro personas y un bebé.&lt;br /&gt;Los únicos que no murieron esa tarde fueron Daniel Mariani –no estaba ahí, aunque sería asesinado ocho meses después- y Clara. Su llanto se escuchó cuando llegó el silencio. Y después no se escuchó otra cosa. Clara fue entregada a Ramón Camps y desde entonces crece en otra familia. Tiene mi misma edad: 34 años. Y un nombre que no es el suyo. Como todo lo demás, que tampoco es suyo. No tener nombre es no tener nada.&lt;br /&gt;La abuela de Clara se llama María Isabel “Chicha” Chorobik de Mariani, es fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo y está viejita. Así lo dice el mail que recorre las casillas de muchísima gente estos días: a los 87 años, Chicha Mariani está viejita y, como todos los viejos, tiene la urgencia de los asuntos pendientes. Chicha busca a su nieta desde que encontró sus ropas mínimas entre los escombros de la calle 30. Un comisario le confirmó, en ese momento, que su nieta estaba viva y que había sido colocada “muy alto”. Lo mismo le dijeron un monseñor y un capellán de La Plata. Chicha, entonces, llegó lo más alto que pudo. Tiene varios motivos para sospechar que su nieta podría ser Marcela Noble, la hija apropiada de Ernestina Herrera de Noble.&lt;br /&gt;No es fácil. No va a ser fácil. Chicha tiene 87 años y está viejita.&lt;br /&gt;Quizás algún día yo también sea abuela. Pero por ahora la cuestión del afecto es sólo esta suposición: cuando veo a mi madre querer a mi hijo, intuyo que el amor por un nieto es muy superior al mito alcanforado de la “tercera edad”. Lo más preciado de lo más preciado: eso será un nieto. Un número elevado a su propia potencia, un último y desesperado aprendizaje.&lt;br /&gt;Hoy hay 400 Abuelas de Plaza de Mayo –nacidas en 1977 como Abuelas Argentinas con Nietitos Desaparecidos- buscando el único eslabón que las tiene atadas a los días. Morir sin encontrarlo, en el fondo, es haber vivido en una especie de inframundo. ¿Entonces es posible morir más de una vez? Claro que sí. Ellas saben que sí.&lt;br /&gt;“Está comprobado que sobreviviste y estás en poder de alguien. Ya tienes 34 años y tu número de documento probablemente sea cercano al 25.476.305 con el que te anotamos. Yo quisiera pedirte que busques fotos de cuando eras bebé y las compares con las que acompañan este texto (…). A mis más de 80 años mi aspiración es abrazarte y reconocerme en tu mirada, me gustaría que vinieras hacia mí para que esta larga búsqueda se concretara en el mayor anhelo que me mantiene en pie, el que nos encontremos".&lt;br /&gt;Eso, en síntesis, dice la carta que hoy circula por la web. Dice, además, que el tiempo es poco, que hay que difundirla pronto y que todas las vías valen la pena. Ésta incluida.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-4853552519096649815?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/4853552519096649815/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=4853552519096649815' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/4853552519096649815'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/4853552519096649815'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2010/02/clara-y-la-oscuridad.html' title='Clara y la oscuridad'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_JVNYW9JXeKM/S4LFX4-2-eI/AAAAAAAAADI/xoDUTWfuQuo/s72-c/Clarita_edited.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-7084384051099073696</id><published>2010-02-13T18:22:00.000-08:00</published><updated>2010-02-13T18:32:12.405-08:00</updated><title type='text'>Queríamos tanto a Sylvia</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_JVNYW9JXeKM/S3dfMgaWNMI/AAAAAAAAADA/wQIrvYfZ5ns/s1600-h/SylviaPlath.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5437919743536673986" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 148px; CURSOR: hand; HEIGHT: 204px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_JVNYW9JXeKM/S3dfMgaWNMI/AAAAAAAAADA/wQIrvYfZ5ns/s200/SylviaPlath.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;El 11 de febrero de 1963 –hace 47 años- la escritora Sylvia Plath se suicidó metiendo la cabeza en el horno. Y con ese singular final concluyó una vida que puede leerse como una pieza narrativa en sí misma –Sylvia estuvo internada en un psiquiátrico, recibió electroshocks, quiso matarse demasiadas veces, se casó con un hombre bello y talentoso-, aunque también como una representación descompuesta de lo que era, y en cierto modo sigue siendo, el mito de la realización femenina.&lt;br /&gt;Sylvia fue una gran escritora. Su vida reunió todos los atributos para volverse película de Hollywood –de hecho, se filmó una y el papel lo interpretó Gwyneth Paltrow- pero lo cierto es que su obra fue muy superior a cualquier mito decorado por el marketing. Ni siquiera es que lo suyo fuera un don: era el resultado de una virtud y una filosa mirada poética, pero principalmente de la búsqueda extenuante y dolorosa de la perfección. Sylvia estudiaba las palabras como un entomólogo estudia las partes de un insecto. Las desarmaba, las miraba, las hacía dialogar con el resto del cuerpo, y las ponía a trabajar en pos de un objetivo: la trascendencia literaria. Porque Sylvia, lo dicho, era una gran escritora. Una mujer de letras exquisitas que un día se enamoró del poeta Ted Hughes; que otro día parió dos hijos; y que un tercer día supo lo difícil que puede ser buscar el prestigio vocacional, estar casada con un escritor igualmente ambicioso, y llevar adelante una casa y una crianza bajo una premisa incuestionable: como Hughes necesitaba cultivar su perfil artístico, ella –por épocas- debía enseñar en universidades para llevar un ingreso fijo al hogar.&lt;br /&gt;Ella aceptaba este reparto de tareas. Porque Sylvia, lejos de ser “la loca” que tantos biógrafos retratan, era una mujer empeñada en “ser plena” y seguir los preceptos morales que la “plenitud” deparaba a una mujer de clase media americana: quería casarse con el marido perfecto, ser una esposa perfecta, ser una madre perfecta y ser perfectamente feliz. El problema –la fisura- es que también quería escribir. Y que vivía oscilando en la eterna contradicción que sintetiza en una línea de su poema “Los maniquíes de München”: “La perfección es terrible, no puede tener hijos”.&lt;br /&gt;Pasó desde entonces medio siglo, y lo curioso es que la historia de Sylvia es de una rotunda actualidad: las mujeres, salvo excepciones, siguen pagando por su vida emancipada. En su reciente libro –llamado ¿Quién paga? El dinero en la pareja del siglo XXI- la periodista Leni González, colega de Crítica de la Argentina, habla de las diversas formas en que esposas y concubinas absorben los costos domésticos de “ser independientes”. Las mujeres, se deduce de los casos presentados en el libro, pagan porque mantienen a un preclaro que se cree Baudelaire y no quiere “transar con el mercado”; pagan porque el marido se quedó sin trabajo y si bien se apaña como amo de casa –lleva a los nenes a la escuela, hace la comida- el baño no lo limpia ni amenazado de muerte; y pagan porque ante dos personas que desean crecer profesionalmente –por caso, un varón y una mujer quieren hacer sendos posgrados-, la prioridad suele ser para el hombre.&lt;br /&gt;Las mujeres de hoy, en síntesis, se parecen bastante a las mujeres “libres” de hace medio siglo. En ese entonces –ciudad de Boston, fines de la década de 1950- Sylvia Plath dedicaba media jornada a la escritura, mientras que Ted Hughes le destinaba al arte una jornada completa. Linda Wagner-Martin, autora de –a mi entender- su mejor biografía, cuenta algunas escenas muy tristes: Sylvia pasando la aspiradora entre los pies de Hughes mientras él escribía y tiraba papeles al suelo; Hughes riñiendo a Sylvia en público, por no haberle cosido algún botón de su ropa; y Hughes haciendo listas de temas sobre los que él creía que ella podía escribir.&lt;br /&gt;El gran logro profesional –y personal- de Sylvia fue zafar de esas listas. Y animarse a escribir, como lo hizo en un poema, “Yo/ Soy la flecha”. El detalle es que Hughes no soportó ese cambio –o al menos eso se deduce de lo que vino después- y se buscó una amante y luego promovió un divorcio, y la dejó a Sylvia –de por sí un insecto frágil: una palabra- lírica, filosa y sola; peligrosamente a la intemperie. En ese estado, entonces, Sylvia metió la cabeza en el lugar que oficiaba como destino de toda mujer de su época: el horno. En mis ratos más morbosos hasta puedo imaginarla: un 11 de febrero de hace 47 años, durmiéndose y muriéndose con las ondinas del gas, y escribiendo, de esa manera iracunda y femenina, su último poema.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-7084384051099073696?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/7084384051099073696/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=7084384051099073696' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/7084384051099073696'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/7084384051099073696'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2010/02/queriamos-tanto-sylvia.html' title='Queríamos tanto a Sylvia'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_JVNYW9JXeKM/S3dfMgaWNMI/AAAAAAAAADA/wQIrvYfZ5ns/s72-c/SylviaPlath.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-5691995076946759652</id><published>2010-01-19T19:49:00.000-08:00</published><updated>2010-01-19T19:53:01.943-08:00</updated><title type='text'>Estos muertos y los otros</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_JVNYW9JXeKM/S1Z95vV5sSI/AAAAAAAAAC4/E1L0n9bOS_A/s1600-h/HaitÃ&amp;shy;.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5428664831756054818" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 186px; CURSOR: hand; HEIGHT: 200px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_JVNYW9JXeKM/S1Z95vV5sSI/AAAAAAAAAC4/E1L0n9bOS_A/s200/Hait%C3%AD.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;em&gt;“Haití es aquí.”&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Caetano Veloso&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El “hombre de la bolsa” –el verdadero- existió en Haití. Se lo aludía con el término Tonton Macoute; una expresión en dialecto creòle que aparecía en las historias para niños, y que a mediados del siglo XX irrumpió en la vida real de todo un pueblo. Tonton Macoute fue también, sobre todo, además de un fantasma de la infancia, el nombre de las fuerzas paramilitares que instalaron un régimen de terror en Haití durante los tiempos de François Duvalier (famoso como Papa Doc): un tirano que llegó al poder en 1957, que en 1964 se autoproclamó “presidente vitalicio” y que se perpetuó catorce años en su cargo, para luego ser sucedido por su hijo Jean-Claude Duvalier (Baby Doc), quien estuvo al mando durante quince años más y se valió también de estos grupos de tareas.&lt;br /&gt;Pertrechados con lentes oscuros y machetes de cañaveral –y solventados por el 40% del presupuesto público de Haití- los Tonton Macoute, cuyo nombre oficial era el de “Voluntarios para la Seguridad Nacional”, fueron la mano ejecutora de una de las dictaduras más sangrientas que tuvo América Latina. Edwige D’Anticat, una escritora haitiana que documentó sensible y terriblemente la historia de su país, cuenta en sus libros –mucho más elocuentes que cualquier relato periodístico- que en tiempos de Papa Doc la vida era un infierno. Medio millón de personas huyeron del país y muchos otros miles murieron en su tierra.&lt;br /&gt;Por las calles de Port-au-Prince, en esas épocas, podía verse mujeres caminando con los ojos vacíos y la cabeza de sus hijos en la mano; perros lamiendo las caras de los muertos; y miles de macoutes entrando bárbaramente a las casas de familia. Si había una madre y un hijo, les ponían una pistola en la cabeza y obligaban al hijo a acostarse con la madre. Lo mismo con las hijas y los padres. La escena tan temida llevaba a muchos padres a dormir con sus sobrinas, de modo que -ante una irrupción- no hubiera la obligación de vulnerar a la propia cría (en algunas oportunidades, para evitar la violación o la muerte, las familias entregaban a los macoutes todo aquello que tenían: la casa, la tierra. Y aún así –si no huían- podían ser asesinados).&lt;br /&gt;Papa Doc también mataba con hambre. En los peores años, los más pobres resistían con una pizca de sal bajo la lengua y con té de pulpa de caña (que elimina gases y mata los parásitos que agudizan la sensación de hambre). Nada muy distinto de lo que venía sucediendo hasta hace algunos días, cuando irrumpió el terremoto. Haití, se sabe hoy, es el país más pobre de América y cuando se lee en los medios que en las calles devastadas no hay alimentos ni bebida, lo cierto es que, bueno, hace rato que no los hay. Antes del sismo –el 12 de enero pasado- la mayor parte de la población no podía acceder ni a un plato de arroz, de ahí que muchos subsistieran comiendo unos bollos preparados con barro, manteca vegetal y sal (por este tipo de cosas, la esperanza de vida en Haití es de 57 años). Y cuando el mundo entero se horroriza porque George Samuel Antoine, cónsul de Haití en San Pablo, dice que los males de su país se deben a que “con tanto hacer macumba, ya no se sabe lo que es aquello. El africano en sí trae maldición", lo cierto es que, bueno, hace rato que esos pensamientos están en la isla. Sin ir más lejos, Papa Doc practicaba el vudú y lo reivindicaba como “religión oficial”, y puso al frente de sus Tonton Macoutes a un brujo de nombre Zacharie Delva.&lt;br /&gt;¿Por qué Papá Doc se quedó tanto tiempo en el poder? Por un lado, porque la población creía que era una encarnación del temible Baron Samedí, señor de los cementerios, y de luá o dios vudú. Pero por otro –y sobre todo por otro- porque era conocido el apoyo financiero y militar que recibía por parte de Estados Unidos, cuyo establishment quería asegurarse de que no hubiera otro país comunista en América Latina.&lt;br /&gt;Se sabe lo elocuente que puede ser Estados Unidos cuando quiere unificar criterios en todo el continente. A lo largo de las décadas, los Tonton Macoute –que hoy sobreviven como mano de obra desocupada- asesinaron y desaparecieron a más de 150 mil personas: una cifra muy similar a la que se usa para las estimaciones de muertos en el terremoto de Haití, y que invita a pensar qué salva el llamado “Primer Mundo” cuando sí hace solidaridad con los muertos del terremoto. ¿Salva un número? No parece: en ambos casos –suponiendo que tiene sentido hacer cuentas- es casi la misma cantidad. ¿Salva un escenario? Quizás. La carne humana pudriéndose al sol también era un destino en tiempos de Papa Doc, pero la catástrofe natural –el segundo miedo favorito de los americanos- genera imágenes de una contundencia propia del cine de Hollywood.&lt;br /&gt;Pero la mayor diferencia es otra. Es una que no se ve y que nace de la eterna pregunta entre fines y medios. Y entonces sí, por sobre toda la montaña de muertos –estos y los otros- es posible vislumbrar el peor horror, el más irreversible.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-5691995076946759652?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/5691995076946759652/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=5691995076946759652' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/5691995076946759652'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/5691995076946759652'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2010/01/estos-muertos-y-los-otros.html' title='Estos muertos y los otros'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_JVNYW9JXeKM/S1Z95vV5sSI/AAAAAAAAAC4/E1L0n9bOS_A/s72-c/Hait%C3%AD.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-375048469334876318</id><published>2009-10-15T06:48:00.000-07:00</published><updated>2009-10-15T06:53:34.925-07:00</updated><title type='text'>El Hospitalito</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_JVNYW9JXeKM/StcoiUKf-9I/AAAAAAAAACs/dof1xfaqKBU/s1600-h/Hospitalito.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5392823648792869842" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 133px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_JVNYW9JXeKM/StcoiUKf-9I/AAAAAAAAACs/dof1xfaqKBU/s200/Hospitalito.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;En el centro de Ciudad Oculta hay una construcción titánica a la que todos llaman “el hospitalito”. Es un edificio de once pisos que fue erigido en tiempos de Eva Perón con la intención de hacer allí un emporio de la buena salud. El hospitalito iba a ser el centro para tratamiento de tuberculosis más grande de América del Sur, pero terminó ganándose el destino roto de casi todos los proyectos megalómanos en Argentina. Hoy, “el hospitalito” es un monstruo. Un elefante blanco, dicen los vecinos. Un esqueleto que se yergue sobre la villa como una sombra ominosa; como el recuerdo y la síntesis de un hado residual.&lt;br /&gt;En el hospitalito sólo funcionan algunas cosas. Desde el año 2007, la Fundación Madres de Plaza de Mayo armó en las primeras plantas un jardín de infantes, un comedor popular, un centro de apoyo escolar, y una oficina donde se dan cursos de capacitación y alfabetización para adultos. Pero el resto de los pisos se levanta con ademán espectral. Adentro, en los primeros niveles, viven cincuenta familias. Pero más arriba está vacío, y fueron tantas las muertes, las caídas, las tragedias, que los accesos hacia los últimos tramos están prácticamente obstruidos. Si se pudiera subir hasta la cima, se vería la postal entera de lo que es hoy Ciudad Oculta: un escenario herido donde el polvo, los niños y los perros arman dolorosas coreografías sin nombre.&lt;br /&gt;El hospitalito tiene un terraplén. Iba a servir de ingreso al centro de salud, pero terminó tan descompuesto como el resto de las cosas. En ese espacio, sin embargo, hace algunos días hubo un momento inolvidable y es eso lo que en realidad quiero contar. Ocurrió cuando el grupo Kossa Nostra –en el marco del Tercer Festival Internacional de Títeres al Sur- hizo un espectáculo para las criaturas que van al jardín de infantes. Para muchos nenes, probablemente ése fuera el primer contacto con aquello que se da en llamar “el hecho artístico”. Sentados sobre la explanada, acompañados por docentes, madres, vecinas y empleadas de maestranza, los chicos se cruzaron de piernas y se dispusieron a mirar.&lt;br /&gt;Eran las cuatro de la tarde. A esa hora –cuando hay sol- la villa queda cubierta por un párpado ocre que suaviza las chapas, las aguas, los restos. En ese instante, cuando la luz daba algo así como un abrazo, empezó la obra y es lo mismo que decir que empezó todo. Los chicos, desde el segundo en que salió el primer títere, transformaron el encuentro en un espacio desesperantemente vivo. Todo lo festejaban, lo aplaudían, lo reían, lo buscaban, lo atendían: no vi en ningún otro espectáculo infantil –y vi unos cuantos- una devoción que estuviera tan ligada a la presencia y a la gratitud.&lt;br /&gt;Este lugar no siempre se llamó Ciudad Oculta. El año en que nació, 1937, lo nombraron Barrio General Belgrano y allí vivían los obreros del Mercado de Hacienda, de Ferrocarriles y del Frigorífico Lisandro de la Torre. En su trabajo &lt;a href="http://www.arqueologia.com.ar/congreso/ponencia2-11.htm"&gt;“Las organizaciones villeras en la Capital Federal entre 1989-1996. Entre la autonomía y el clientelismo”, &lt;/a&gt;la antropóloga María Cristina Cravino explica que la villa miseria se formó –como en tantas otras partes del territorio urbano- recién en la década de 1940, cuando el proceso de sustitución de importaciones hizo que grandes masas de población se trasladaran del interior a la Ciudad, con el fin de formar parte de la mano de obra industrial. El problema es que hubo más gente que industria, por lo que empezaron a aumentar los marginados del proceso productivo y –en consecuencia- las formas de vivienda precarias e “ilegales”. Es decir, las villas.&lt;br /&gt;En el caso del Barrio General Belgrano, fue rebautizado como “Ciudad Oculta” a partir del Mundial ’78, cuando los funcionarios de la dictadura levantaron un paredón para esconder de las miradas extranjeras esta postal infeliz. Hoy, viven acá 16 mil personas y basta recorrer las calles para saber que por lo menos la mitad son niños: ocho mil criaturas que pasarán los próximos años galgueando dramas como en una carrera de obstáculos.&lt;br /&gt;Algunos de ellos estuvieron esa tarde de octubre, a los pies del hospitalito, mirando la presentación de títeres hasta el final. El último número del espectáculo consistía en la llegada de “Iván el terrible”, un muñeco con guitarra que cantaba el “Arroz con Leche” en clave de rock and roll. Y lo lindo, lo triste, lo inolvidable de esa escena –finalmente, lo que quería contar-, fue que con la llegada de los primeros acordes buena parte de los nenes, sin que hubiera madre o maestra que los instara a moverse, se puso de pie espontáneamente y empezó a bailar. Habrán sido cuarenta pibes de entre dos y cinco años. Y cada uno de ellos, liberando el cuerpo bajo ese sol cansado, hizo el mejor alegato que alguna vez haya visto sobre infancia, pobreza y oportunidades.&lt;br /&gt;Que esos chicos busquen tanto la felicidad –y la exijan de un modo tan celebratorio y tenaz- debería generar en nosotros, los adultos, un sentido de responsabilidad insoportable.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-375048469334876318?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/375048469334876318/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=375048469334876318' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/375048469334876318'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/375048469334876318'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2009/10/el-hospitalito.html' title='El Hospitalito'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_JVNYW9JXeKM/StcoiUKf-9I/AAAAAAAAACs/dof1xfaqKBU/s72-c/Hospitalito.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-6812808009546178382</id><published>2009-10-15T06:31:00.000-07:00</published><updated>2009-10-15T06:42:45.233-07:00</updated><title type='text'>Malas palabras (y un mundo de sensaciones)</title><content type='html'>&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5392820678774279474" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 150px; CURSOR: hand; HEIGHT: 200px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_JVNYW9JXeKM/Stcl1b-4zTI/AAAAAAAAACk/ew8mBs0Sdf4/s200/palabras6.jpg" border="0" /&gt;     Era una mujer rubia, lacia, teñida. Estaba sentada frente a una mesa de bar y detrás del ventanal había un paisaje reseco, una postal del norte. Un despliegue de cardones y pastizales que parecía ponerle nombre al desamparo. A través del cristal apareció un niño. Una criatura reseca, una postal del norte. Los ojos le brillaban un poquito pero el resto de su cara –la piel, el pelo, los mocos- se había detenido en una rara y calamitosa eternidad.&lt;br /&gt;     - Ay, mirá qué divino –dijo la mujer, mientras miraba al nene tras el vidrio.&lt;br /&gt;     - Ajj, qué mina asquerosa –se indignó mi madre. Y yo no entendí.&lt;br /&gt;     Estábamos en el cine. En realidad era un autocine de Santa Teresita, pero los detalles de la locación los contaré en un número que profundice sobre el tópico “Culo del mundo”. El punto es que esa noche, en Santa Teresita, estaban dando La Película del Rey: un film bello y melancólico de Carlos Sorín en el que trabajaba Roxana Berco, esa mujer rubia y actriz.&lt;br /&gt;     Yo era una niña. Mi madre tampoco era tan grande. Pero esa noche supe que había algo que ella sabía y yo no.&lt;br /&gt;     - ¿Por qué asquerosa, mami? Si vio al negrito y le dijo qué divino.&lt;br /&gt;     Y entonces mi madre me explicó que existen varias formas de discurso. Que una cosa es la palabra y otra cosa es todo lo demás. Y que todo lo demás a veces, por no decir siempre, es lo que verdaderamente habla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                 ***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;     El Instituto Nacional contra la Discriminación, el Racismo y la Xenofobia (Inadi) elaboró un Mapa de la Discriminación que dice, en síntesis, que somos un pueblo charlatán. Sólo por mencionar a los porteños, el 70 por ciento cree “la Argentina debe estar abierta a cualquier persona del mundo que quiera venir a vivir en ella” y el 65 por ciento cree que “en el país hay demasiada discriminación”; pero –y esta es la parte graciosa- el 62 por ciento asegura que los trabajadores que vienen de países vecinos “le quitan posibilidades a los trabajadores argentinos”. Dicho de otra forma, hay una franja importante de gente que acepta a las minorías, siempre y cuando –en el caso de las raciales- se vayan a trabajar todos los días a su país de origen.&lt;br /&gt;     De acuerdo con este relevo, la minoría más maltratada entre todas –el “todos” incluye religión, género, raza, edad- son los bolivianos: una comunidad que, de alguna forma, cumple parcialmente con esta utopía popular del “haga patria: trabaje afuera”. En la estación Liniers, a un par de kilómetros del barrio donde vivo (Floresta), decenas de bolivianos se suben diariamente a los ómnibus como parte de un derrotero de idas y vueltas que les sirve para traer mercadería, dinero, fuerza de trabajo. El problema es que en los bolsos, a principios de este año, empezaron a traer también larvas de mosquito aedes. Eso me explicó mi compañero de trabajo Mauro Federico, el encargado de cubrir los temas de salud para el diario Crítica de la Argentina: como el Estado no fumiga ni autobuses ni bolsos, esos traslados devinieron la principal causa de que los primeros casos de dengue autóctono en la ciudad y el GBA se dieran en la zona oeste de la capital (Floresta, Ciudadela, Liniers y su estación).&lt;br /&gt;     Lo curioso es que, cada vez que quise explicar esta hipótesis, la respuesta del interlocutor de turno fue un gesto de asombro o de incomodidad.&lt;br /&gt;     - Bueno, el problema no son los bolivianos –me decían.&lt;br /&gt;     Por suerte después llegó el frío.&lt;br /&gt;     Es curioso cómo, ante la aparición de palabras como “boliviano”, “negro” o “judío”, la comunidad de biempensantes necesita organizar burocráticas teorías de estructura y superestructura para que la palabra –boliviano, negro, judío- no quede revestida de su peso original. Si en Floresta hubiera una colonia de australianos, ¿daríamos tantas vueltas para decir que el mosquito llega en sus bolsos? Probablemente no. Probablemente lo contrario. Probablemente hablaríamos del problema grave de los australianos y le exigiríamos al Estado, en una marcha organizada por las Madres del Dengue, que le dé garantías sanitarias a una población que está primera en una cadena de riesgo interminable.&lt;br /&gt;     Pero bueno. Lo más australiano que hay en Floresta es un tanque.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                   ***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;     &lt;a href="http://weblogs.clarin.com/revistaenie-nerdsallstar/archives/2008/11/los_maricas_estan_destruyendo_el_lenguaje.html"&gt;“Los maricas están destruyendo el lenguaje”. &lt;/a&gt;Así se titula un imperdible artículo publicado por el antropólogo Marcelo Pisarro en su blog –también imperdible- “Nerds All Star”. En el texto, Pisarro descuartiza la expresión “las cosas por su nombre” –una enunciación común entre todos aquellos que pretenden ventilar Grandes Verdades- y para ello empieza por hacerse sólo una pregunta: ¿Cuál es el nombre de las cosas?&lt;br /&gt;     Dentro de la antropología lingüística, hay dos norteamericanos (Edward Sapir y Benjamin Lee Whorf) que en la primera mitad del siglo XX establecieron una relación sistemática entre las formas gramaticales del lenguaje y el modo de habitar el mundo. Los fundamentalistas de esta idea –los que creen que la cultura es un resultado de la lengua- ya perdieron la batalla. Pero todavía existe una versión más suavizada de esta hipótesis, que todavía sigue en discusión y que sostiene, simplemente, que la lengua influye en la manera que tiene cada hablante de reescribir y conceptuar sus experiencias.&lt;br /&gt;     “Ahora bien –escribe Pisarro en su blog-, quienes lideran las tropas de la corrección política no albergan ninguna duda, no importa qué digan los académicos (a quienes acusan de carcamales y de necrófilos de las palabras) o las evidencias empíricas (a las que ignoran): el lenguaje determina el pensamiento y la mejor manera de limpiar el pensamiento es limpiando el lenguaje. Por eso, luego de haber eliminado la discriminación hacia los minusválidos y los retrasados mentales al sustituir discapacidad por capacidad diferente, se lanzan a controlar cómo hay que referirse a cualquier minoría real o potencialmente discriminada. Más allá de las imperfecciones del término “minoría” (¿minoría respecto a qué?), e incluso del adjetivo “discriminado”, tres grupos permanecen desde hace décadas en el ojo de tormenta de la limpieza lingüística: negros, homosexuales e indios. Hablar, o escribir, sobre negros, homosexuales e indios significa meterse en líos. Una palabra fuera de lugar y te cuelgan el cartel de cerdo fascista”.&lt;br /&gt;     Escribí dos veces sobre homosexualidad. La primera de ellas fue un libro llamado &lt;em&gt;Los Imprudentes. Historia de la Adolescencia Gay Lésbica en Argentina&lt;/em&gt;, donde intentaba contar las implicancias de vivir una sexualidad a contramano cuando ni siquiera se tiene la mayoría de edad. El libro, hasta donde sé, gustó dentro de la “comunidad”. Pero tiempo después, a propósito de un debate sobre cómo había que referirse a los travestis (con qué artículo delante: si “lo”, o si “la”), escribí una columna de opinión titulada “No se puede tener todo” en la que argumentaba, del modo más respetuoso que encontré, por qué el travestismo para mí estaba ceñido al género masculino. Bastaron dos mil caracteres para pasar sin escalas de la categoría de “periodista gay friendly” a la de cerda, fascista, bruta y heterosexual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                  ***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;     Sólo el 10 por ciento de la población cree que un discapacitado o un aborigen sea igual al resto. En el caso de los afro descendientes, este número se reduce al 7,3. En el de los judíos o los musulmanes, al 6,7 por ciento. Y en el de los homosexuales al 3,8 por ciento. Las encuestas anónimas –como la del Inadi- tienen el beneficio de esta áspera franqueza, y de ahí en más cabe preguntarse qué puede hacerse con este tipo de respuestas. En un número anterior de La Mujer de Mi Vida, Patricia Kolesnicov -periodista cultural del diario Clarín- se pronunció con honestidad: “No soy ni quiero ser políticamente correcta –dijo-. Prefiero tratar de ver la brutalidad de mis prejuicios y pensar una ideología basada en cambios materiales, sólidos. Una ideología que no se caiga apenas sople el lobo”.&lt;br /&gt;     El discurso integrador es, efectivamente, un andamiaje hecho con paja. Eso terminé de entender algunos meses atrás, durante una reunión de padres en un colegio laico y progresista donde fantaseaba con inscribir a mi hijo. En los primeros minutos de conversación, la señora amable que nos daba la charla habló de la institución como “escuela integradora”, y por eso mismo pregunté a qué se referían exactamente con la idea de “integración”.&lt;br /&gt;     - A que en cada grado hay un solo niño con alguna capacidad diferente –fue la respuesta-. Puede tener Síndrome de Down o algún otro retraso... La idea es que los chicos aprendan a alternar con realidades que no son homogéneas, porque todos los individuos tenemos particularidades (etcétera).&lt;br /&gt;     - ¿Y cómo harían para que se integre?&lt;br /&gt;     - Además de la maestra de grado, que es para todos, el niño viene acompañado de una maestra integradora.&lt;br /&gt;     - ¿Y quién paga esa maestra?&lt;br /&gt;     - La familia del niño.&lt;br /&gt;     En el Evangelio, San Juan dice que “en el principio era el verbo, el verbo estaba en Dios y el verbo era Dios”, que es lo mismo que decir que el lenguaje es la verdadera célula que lo genera todo. Pero cada vez que asisto a este tipo de diálogos, no termino de entender qué función cumple el famoso “verbo” cuando entra en los terrenos de la corrección política.&lt;br /&gt;     Una respuesta posible es que la palabra, en estos casos, disimula más de lo que nombra. Una maniobra taimada que me recuerda bastante a esa gente que no besa a su pareja para transmitirle amor, sino para callarle la boca.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-6812808009546178382?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/6812808009546178382/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=6812808009546178382' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/6812808009546178382'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/6812808009546178382'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2009/10/malas-palabras-y-un-mundo-de.html' title='Malas palabras (y un mundo de sensaciones)'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_JVNYW9JXeKM/Stcl1b-4zTI/AAAAAAAAACk/ew8mBs0Sdf4/s72-c/palabras6.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-4856672408591900661</id><published>2009-09-19T09:44:00.000-07:00</published><updated>2009-09-19T09:50:47.304-07:00</updated><title type='text'>Naturaleza muerta</title><content type='html'>El día que deci&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_JVNYW9JXeKM/SrULFIYPnnI/AAAAAAAAACc/H5fVpuIapb0/s1600-h/marihuana.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5383221112367718002" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 148px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_JVNYW9JXeKM/SrULFIYPnnI/AAAAAAAAACc/H5fVpuIapb0/s200/marihuana.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;dí plantar tomates, lo hice por razones pedagógicas (hasta el momento, mi hijo pensaba que crecían “en las góndolas del chino”); de planificación doméstica (el kilo valía ocho pesos); gustativas (el sabor de un tomate hecho en casa supera al de un tomate hecho en góndola); y recreativas (los fines de semana con hijos pueden llegar a ser largos). Pero en ninguno de esos argumentos se me ocurrió mencionar palabras como “madre tierra”, “pachamama”, “raíces” o cualquiera de los demás términos que últimamente se invocan para explicar por qué –yendo al punto- poner una macetita de cannabis en tu balcón es una opción de las buenas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde que se legalizó la tenencia de marihuana para consumo, gran parte de los defensores del porro argumenta su postura hablando de la naturaleza. “Podés cultivar tu planta, te la da la Madre Tierra”; “¿Qué hay que legalizar? La naturaleza no está mal ni bien”; “Nosotros sólo somos amigos de las plantas” y “Honremos a la Madre Tierra por darnos cogollos” fueron algunas de las tantas exaltaciones de “lo natural” que se hicieron y se siguen promoviendo en un mundo que, por más de un motivo, ha terminado haciendo de la naturaleza un credo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hongo Amanita Phalloides, también llamado “cicuta verde”, es absolutamente natural y no por eso lo comemos. Los métodos anticonceptivos son artificiales, pero nos pueden salvar de un natural embarazo no deseado. La misma idea de “naturaleza”, en síntesis, es un concepto tan manufacturado que desde hace varios años está ceñido a la moralidad sinuosa del mercado. Hay que ver la cantidad de pavadas que se dicen, elaboran y venden para que la gente sea un poco más “natural”. En el nombre de la Madre Tierra hay celebridades que higienizan sus conciencias participando de eventos multimillonarios como el Live Earth, y hay políticos veloces como Al Gore, quien sacó chapa de buen tipo cuando en el año 2006 fue protagonista de The Inconvenient Truth (La Verdad Incómoda): un documental sobre el calentamiento global que le valió un inaudito premio Nobel de la Paz, y que sumió al pueblo americano en una neurosis ecológica sin precedentes. Para salvar al planeta, hay personas que se bañan en agua usada (así no malgastan recursos naturales), hay quienes cuelgan la ropa en vez de centrifugarla (para no usar energía), hay empresas que realizan labores ambientales (y de paso –sólo de paso- reducen impuestos); y hay una inmensa y creciente masa de población que habla de “volver a las raíces” con la candorosa terquedad de quien supone que es posible regresar al útero materno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de emprender el camino de regreso, sin embargo, valdría la pena que los abanderados de “lo natural” respondieran al menos algunas de las preguntas que Eduardo Ferreyra, presidente de la Fundación Argentina de Ecología Científica (FAEC), expone en un artículo donde la emprende contra el llamado “Mantra Verde”. ¿Permitirían los defensores de ‘lo natural’ que no se vacunara a sus hijos contra el sarampión, las paperas, la rubéola, la poliomielitis, la tuberculosis, el tifus y la fiebre amarilla? ¿Se resignarían a no usar más aspirinas y antibióticos? ¿Qué harían con la tiroides, la presión alta, la artritis, los cálculos biliares, la otitis y los dolores de muelas? ¿Permitirían que los curaran 'manosantas' y curanderos varios, usando medicinas tradicionales de la Pacha Mama? ¿Vivirían sin pasta de dientes ni perfumes ni desodorantes ni jabones de tocador ni tintorerías ni zapaterías ni ropa? ¿Jugarían al fútbol descalzos, tal como lo hacían los aborígenes y los hindúes? ¿Vivirían sin cine, televisión, videos, DVDs, vacaciones en Brasil, viajes a Europa y escapadas a Miami? ¿Con qué instrumental los curarían los médicos en hospitales que no tendrían electricidad, ni aparatos, ni medicinas, esto es: hospitales totalmente naturales? ¿Y cómo harían el fuego -agrego yo- para prenderse el porro?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decir que la marihuana es buena porque “viene de la Madre Tierra” forma parte de un discurso tan conservador que sorprende. Por eso, frente a un sistema legal que –de a poco- se está quitando viejas telarañas moralistas, sería interesante asumir en torno al porro un discurso más maduro: que lo fumamos porque es rico y pega bien. Porque incluso cuando pega mal no es grave. Porque no trae efectos colaterales. Porque es sexualmente estimulante. Porque no es dañino. Porque calma dolores a quienes padecen cáncer. Porque abre el apetito a los enfermos de HIV. Porque es más divertido –en caso de contractura- que tomarte un clonazepam. Y porque la legalización pone un coto al negocio narco y todo lo demás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero hablar de la Pachamama coloca a algunos militantes pro-marihuana en esa peligrosa línea que separa la argumentación filosófica de los guiones de Peter Capusotto. Y forma parte de una postura ingenua, estudiantil, que los cruzados del cannabis no pueden permitirse.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-4856672408591900661?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/4856672408591900661/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=4856672408591900661' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/4856672408591900661'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/4856672408591900661'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2009/09/naturaleza-muerta.html' title='Naturaleza muerta'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_JVNYW9JXeKM/SrULFIYPnnI/AAAAAAAAACc/H5fVpuIapb0/s72-c/marihuana.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-8997242614606387090</id><published>2009-09-18T18:25:00.000-07:00</published><updated>2009-09-18T18:36:09.304-07:00</updated><title type='text'>Ciudad Oculta</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_JVNYW9JXeKM/SrQ1X-bgZhI/AAAAAAAAACU/XuoDdqSmYWQ/s1600-h/sorpresa.bmp"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Nati y Juan salen a comprar algo en la villa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Uh -dice Juan y se palpa los bolsillos-. Me olvidé las balas, ahí vengo.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-8997242614606387090?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/8997242614606387090/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=8997242614606387090' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/8997242614606387090'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/8997242614606387090'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2009/09/ciudad-oculta.html' title='Ciudad Oculta'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-5725996617504196837</id><published>2009-09-03T05:34:00.000-07:00</published><updated>2009-09-15T20:01:55.254-07:00</updated><title type='text'>La revelación</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_JVNYW9JXeKM/Sp-7lrJFXZI/AAAAAAAAACM/7Rb4pkrdENs/s1600-h/Torta+en+baja.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5377222736014040466" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 150px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_JVNYW9JXeKM/Sp-7lrJFXZI/AAAAAAAAACM/7Rb4pkrdENs/s200/Torta+en+baja.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;La torta de cumpleaños de Joaquín: una cara de Hombre Araña hecha con grana roja y azul, y redes y contornos de chocolate. Soy mala haciendo esto. Mis manos no saben trabajar sin pensamiento. &lt;div&gt;&lt;div&gt;Mis manos no saben estar solas. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Tiro la grana como si fuera ceniza. El Hombre Araña es pronto una bola roja, lisa y sin forma. Necesito soluciones. Tomo el pincel de acuarelas de Joaquín. El pincel está duro. Con la cerda tiesa voy barriendo delicadamente los excesos de grana. Desde abajo emergen las líneas marrones. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Soy una arqueóloga que busca restos. Puedo pasar así un largo rato. No sé cuándo llegó la noche. Cada parte de torta que asoma es una revelación: información sobre mí. Sobre el indómito y profundo amor por mi hijo. Sobre mi nueva y desesperada templanza. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Arriba y abajo del pincel: &lt;/div&gt;&lt;div&gt;yo.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-5725996617504196837?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/5725996617504196837/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=5725996617504196837' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/5725996617504196837'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/5725996617504196837'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2009/09/la-revelacion.html' title='La revelación'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_JVNYW9JXeKM/Sp-7lrJFXZI/AAAAAAAAACM/7Rb4pkrdENs/s72-c/Torta+en+baja.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-5646554108938955891</id><published>2009-03-11T06:31:00.000-07:00</published><updated>2009-03-11T07:11:21.910-07:00</updated><title type='text'>Salvajes</title><content type='html'>Al gimnasio de mi barrio va un hombre viejo. Tiene canas con relumbrones azules, el torso cuadrado y los músculos del pecho cayendo en pliegues flojos bajo la remera. No dice la edad pero tendrá setenta y cuatro, setenta y cinco, setenta y seis: esa clase de etapas en las que ya es irrelevante ser exacto. Pero lo curioso no es esto, sino el detalle del hombro. En el hombro derecho tiene tatuada la cabeza de un tigre. El dibujo es grande y en colores: una aureola de pelos crispados y una fauce capaz de transformar el mundo en un jirón de tela.&lt;br /&gt;       La imagen de ese bicho colérico y potente en ese hombro manchado, anciano, tostado por el sol de todos los eneros, apareció de golpe como un sello tierno y a la vez triste. Todo es posible en este mundo –incluso que un septuagenario se haga un tatuaje- pero lo más probable es que ese tigre, en ese brazo, sea el único recuerdo vivo de una época salvaje. Y sea, para quienes lo vemos, la imagen que antecede a una pregunta: ¿En qué medida tener algo permanente (el tatuaje) en algo que se vence (la carne) puede transformarse, con el paso de los años, en un síntoma acabado y cruel del Tiempo, de su paso, de la forma irrespetuosa en la que el Tiempo rompe y pervierte todo aquello que somos?&lt;br /&gt;       En el año 2003, una propaganda de Sprite sobrevoló esta pregunta y ofreció, a cambio, una (previsible) respuesta optimista. La pieza se llamaba “Viejitos Cool” y mostraba un puñado de ancianos aspiracionales exhibiendo sus tatuajes, sus piercing y sus cabellos fluorescentes mientras de fondo Andrés Calamaro –quien había puesto la voz al spot- cantaba una bonita canción sobre la libertad. En el comienzo de la propaganda se leía una inscripción –“año 2057”- que dejaba en claro la propuesta de la marca de gaseosa: imaginar el futuro de los jóvenes Bond Street. Imaginar su cuerpo, sus deseos, sus formas de sobrellevar las viejas marcas de la juventud. En apenas medio minuto de comercial, Sprite había logrado armar el mapa tranquilizador de una vejez con veinte años en un rincón del corazón (y de la piel).&lt;br /&gt;       Pero por afuera de la publicidad estaba –está- la vida. Y en la vida están los problemas de próstata, la artrosis, los dolores de cadera, las horas muertas en las salas de espera, la dentadura en el vaso y, por sobre todas las cosas, la innombrable amargura de los tiempos de descuento. Ver el dibujo de un tigre en un cuerpo amansado por los años es ver, de algún modo, lo que nos espera a todos los que ahora tomamos Sprite. Es una imagen dura, triste y personal. Un reflejo cierto y villano que en el peor de los casos genera compasión. Y en el mejor, rechazo.&lt;br /&gt;       A principios de 2008, en España, una familia entró en shock cuando el anciano del grupo confesó haberse tatuado el nombre y la cara de su esposa recién muerta. El caso llegó a la prensa.&lt;br /&gt;       - Os tengo que decir algo que no os va a gustar nada –les adelantó Paco a su hija, su yerno y sus nietos. Luego se descubrió el brazo.&lt;br /&gt;       - ¡Estás loco! ¿Sabes lo que has hecho? –arremetió su hija-. Tienes 77 años y ahora vas de manga larga, pero cuando lleves el polito de manga corta vas a hacer el ridículo.&lt;br /&gt;       - Es que quiero mucho a mi mujer, nunca podré olvidarla. La llevo en el alma.&lt;br /&gt;       - ¡Pues llévala ahí, en el alma! ¡Pero no en el brazo! ¡Que a ver qué hacemos ahora en el verano con tu brazo!&lt;br /&gt;       En sus inicios, los ancianos de la comunidad eran quienes llevaban los mayores tatuajes. Las inscripciones en la piel eran usadas para revelar qué función tenía un individuo dentro de la sociedad (cuanto más linaje había, más importantes eran los gráficos) y también para convocar o tributar a los dioses. Luego los marinos copiaron el recurso y, hacia el siglo XVIII, empezaron a grabarse el nombre de los barcos abordados, de los países andados, de las mujeres amadas. El tatuaje, en síntesis, siempre fue un testimonio. La marca de lo que fuimos o lo que creímos ser.&lt;br /&gt;Aunque también fue, y sigue siendo, la ilustración de un deseo.&lt;br /&gt;       En el año 2003 –el mismo de la salida del spot de Sprite- una viuda inglesa de ochenta y cinco años se tatuó en el pecho un mensaje para la comunidad médica. Su intención era asegurarse que, en el caso de encontrarse en un paro cardíaco, ningún profesional tuviera la voluntariosa idea de sacarla del túnel.&lt;br /&gt;       La frase decía “No Continuar”. &lt;br /&gt;       No continuar.&lt;br /&gt;       Ahora sí: eso es salvaje.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-5646554108938955891?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/5646554108938955891/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=5646554108938955891' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/5646554108938955891'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/5646554108938955891'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2009/03/salvajes.html' title='Salvajes'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-4116495388701916668</id><published>2009-03-03T11:39:00.000-08:00</published><updated>2009-03-07T17:37:44.380-08:00</updated><title type='text'>Plop</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_JVNYW9JXeKM/Sa2IedsQaTI/AAAAAAAAAB8/rdkEHgKxeV8/s1600-h/el-rostro-del-abismo-by-najuzaid.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5309049592687388978" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 150px; CURSOR: hand; HEIGHT: 200px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_JVNYW9JXeKM/Sa2IedsQaTI/AAAAAAAAAB8/rdkEHgKxeV8/s200/el-rostro-del-abismo-by-najuzaid.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Un día, la noticia.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Y caí&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;caí&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;y el aire se hizo carne&lt;/p&gt;&lt;p&gt;y la carne se fue.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-4116495388701916668?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/4116495388701916668/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=4116495388701916668' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/4116495388701916668'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/4116495388701916668'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2009/03/plop.html' title='Plop'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_JVNYW9JXeKM/Sa2IedsQaTI/AAAAAAAAAB8/rdkEHgKxeV8/s72-c/el-rostro-del-abismo-by-najuzaid.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-4651110042541851992</id><published>2008-12-29T08:59:00.000-08:00</published><updated>2008-12-29T16:14:48.982-08:00</updated><title type='text'>Aire</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_JVNYW9JXeKM/SVlnoOXEP8I/AAAAAAAAAB0/t0Lwmi5Mi68/s1600-h/Abuelo.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5285369578443259842" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 150px; CURSOR: hand; HEIGHT: 200px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_JVNYW9JXeKM/SVlnoOXEP8I/AAAAAAAAAB0/t0Lwmi5Mi68/s200/Abuelo.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Después de dos meses puedo decirme a mí misma que esto ocurrió. Que el pasto verde y liso, el manto afelpado del que salían árboles derechos existió. Que yo vi ese cuatriciclo blanco circulando por senderos con olor a nada y que me enfrenté, también, a la mujer del cuatriciclo: una señora de cabello recto y anteojos oscuros que decía, con gélida amabilidad, “suba”. Decía “suba” como si la muerte fuera ella. Como si ella fuera la condensación de ese espanto que nos empujaba a todos a caminar por el parque, bajo el sol ciego y caliente, entre las flores de perfección sombría.&lt;br /&gt;Es cierto que hubo una sala limpia y fría en la que todo era blanco. Todos los colores se habían desprendido de sí mismos y el lugar era la sala de los desvanecimientos. A un costado había café. El café que tomábamos para tener algo que hacer con nuestras manos, con nuestro frío, con el alma seca en el estómago.&lt;br /&gt;Es verdad que hubo un párroco y es cierto que lo echamos. Le dijimos “gracias”, le explicamos qué pensábamos de dios.&lt;br /&gt;Existió el cajón.&lt;br /&gt;Al fondo, en el centro de la escena: eso.&lt;br /&gt;Nunca vi nada tan triste y terrorífico, nada tan indignante, nada tan sin remedio.&lt;br /&gt;Lloré frente al féretro quién sabe cuánto tiempo. Éramos muchos. El silencio de una misa. Mi tía se hamacaba en un baile sincopado, íntimo y conmovedor. Veinte minutos meciéndose mi tía, hasta que mi padre se acercó, la envolvió con los brazos y le dijo: “Ya está. Vamos”. Ya no queda nada.&lt;br /&gt;Me acerqué a eso. Besé la madera porque no fui capaz de abrirlo todo y besar a un muerto. El dolor no estaba en mí. Yo era el dolor. Yo era algo superior a mi cuerpo.&lt;br /&gt;Nos fuimos.&lt;br /&gt;Ahora, cuando lo extraño mucho y son tantas las veces que lo extraño, cierro los ojos y pienso que toco su mejilla flácida y rasposa. Cierro los ojos y pienso en sus dientes inquietos. Cierro los ojos y pienso que su mano está en mi frente. Su mano fresca y seca, la brisa de playa de su mano. Y entonces me digo que es así, que la muerte es esto. Sentir que mi Nonno me acaricia desde el aire.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-4651110042541851992?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/4651110042541851992/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=4651110042541851992' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/4651110042541851992'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/4651110042541851992'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2008/12/lo-que-pas.html' title='Aire'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_JVNYW9JXeKM/SVlnoOXEP8I/AAAAAAAAAB0/t0Lwmi5Mi68/s72-c/Abuelo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-1592492926368123937</id><published>2008-10-20T18:23:00.000-07:00</published><updated>2008-10-20T18:26:55.696-07:00</updated><title type='text'>Joaquín</title><content type='html'>Todo lo puro cabe en tus pestañas dormidas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-1592492926368123937?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/1592492926368123937/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=1592492926368123937' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/1592492926368123937'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/1592492926368123937'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2008/10/joaqun.html' title='Joaquín'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-4096768027675090225</id><published>2008-10-11T10:47:00.001-07:00</published><updated>2008-10-11T10:53:21.530-07:00</updated><title type='text'>Cambiar</title><content type='html'>&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5255955188816437154" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 194px; CURSOR: hand; HEIGHT: 109px" height="167" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_JVNYW9JXeKM/SPDnZaDGX6I/AAAAAAAAABs/T3egrNbj790/s200/tijera.jpg" width="200" border="0" /&gt;   Ayelén está sentada en un sillón de peluquería, ubicado en el centro de un estudio de televisión. Es morocha. Tiene el cabello largo. Frente a ella, también sentada, hay una chica rubia y entre ambas está de pie Guido Kaczka, el conductor de El Último Pasajero, el programa de más rating de la televisión dominical. La prenda se llama “Duelo de pelos” y tiene un argumento simple: la que no se anima a cortarse el cabello, pierde. Pierde ella y pierde su curso, que ve drásticamente reducidas sus posibilidades de ganar un viaje a Bariloche.&lt;br /&gt;   Ayelén lleva traje azul. Su contrincante viste de rojo. Los detalles son muchos, pero el concepto general es que Ayelén –si llega hasta el final- tendría que aceptar cortarse casi al ras para poder llevar lejos a sus compañeros. Una socióloga, Susana Saulquin, dice que en la cabeza -el cabello, los accesorios- se refleja la ideología de una persona. Cortarte el pelo sería entonces, y simplificando un poco, el equivalente a dejar de ser quien sos.&lt;br /&gt;   Ayelén está seria. En el estudio se oye el tema “Entrégate” y Kaczka se ríe de la misma forma en la que habla: a toda velocidad. Desde la tribuna los compañeros de Ayelén gritan como se le grita a un suicida en la cornisa. Ellos quieren que Ayelén salte.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;   - ¡Ayeee! ¡Te pagamos las extensiones, Aye!&lt;/div&gt;&lt;div&gt;   - ¡Aye! ¡Vos podés! ¡Sos hermosaaa! &lt;/div&gt;&lt;div&gt;   Los rasgos se le están cerrando; el rostro teje lentamente su propia muralla. Ayelén está haciendo esfuerzos por no llorar: es eso. No quiere llorar.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;   - A ver Aye: ¿Ya lo pensaste? –dice el conductor- Si acepás, ya sabés: ¡Podés llevar a toda tu división a Bariloche!!!!&lt;br /&gt;   La palabra Bariloche es un botón que lo enciende todo. La tribuna estalla y un hombre entrecano toma el micrófono. Se llama Eduardo. Es el padre de Ayelén. En mapuche, Ayelén significa “la alegría”.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;   - Hija –dice con la voz tranquila.&lt;br /&gt;   Ella lo mira. Debe tener diecisiete años, pero de golpe parece una niña.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;   - Hija, vamos, dale para adelante. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;   El resultado es que Ayelén no se animó. Y cuando dijo “no” (¿cuánta gente se anima a decir “no” ya no a su padre, sino a la televisión?) sus compañeros se abrazaron como si alguien hubiera muerto. Ayelén volvió sola a su tribuna. Se puso, sola, unas antenitas.&lt;br /&gt;   Esta escena ocurrió hace algunas semanas. Desde entonces, hago zapping los domingos y cada tanto encuentro una chica padeciendo ese dilema infame de joderse la cabeza o joder a su curso. En general, los defensores del “Duelo de pelos” –los hay en Internet- argumentan lo mismo que, sin dudas, sostendrán Endemol y Telefé cuando deciden lanzar este desafío al aire: que nadie obliga a estos pibes a ir, del mismo modo que nadie me obliga a mí a ver.&lt;br /&gt;   No es la primera vez que el falso liberalismo –“todos tenemos la posibilidad de elegir”- termina funcionando como argumento perfecto para generar momentos humillantes en televisión. Todos podemos cambiar de canal, del mismo modo que podemos hacernos los dormidos cuando sube una embarazada al subte. Siempre está la posibilidad de no mirar. Y de pensar, en este caso, que Ayelén firmó un contrato para participar de un concurso, y que cualquier presión es una parte más del show en el que ella eligió estar.&lt;br /&gt;   Pero la de elegir, se sabe, es una posibilidad compleja.&lt;br /&gt;   Elegimos en un mundo en el que seis mil millones de personas con distintos grados de poder también eligen, y eso hace que la opción de decir “sí” o “no” esté atravesada por un mar de variables que nos calientan la cabeza. Sólo por dar un ejemplo, sobran las mujeres que se dejan lastimar por sus maridos a cambio de un supuesto “amparo económico”. ¿Es esta permuta de maltrato por dinero un intercambio lícito? Todos respondemos que no, con la misma naturalidad con la que decimos “sí” cuando una adolescente –porque siempre son adolescentes mujeres- es sometida a un corte de pelo en una escena de violencia insoportable.&lt;br /&gt;   Tengo ochenta y dos canales pero ese domingo, cuando vi a Ayelén en la pantalla, no quise cambiar. Sería más justo que cambien ellos.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-4096768027675090225?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/4096768027675090225/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=4096768027675090225' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/4096768027675090225'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/4096768027675090225'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2008/10/cambiar_11.html' title='Cambiar'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_JVNYW9JXeKM/SPDnZaDGX6I/AAAAAAAAABs/T3egrNbj790/s72-c/tijera.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-8441937482726300579</id><published>2008-10-08T10:06:00.000-07:00</published><updated>2008-10-08T10:21:37.241-07:00</updated><title type='text'>Lean, chicos, lean</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_JVNYW9JXeKM/SOzrbPSmMjI/AAAAAAAAABg/ED2YML2jsbM/s1600-h/tapa+lmdmv.gif"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5254833718428054066" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_JVNYW9JXeKM/SOzrbPSmMjI/AAAAAAAAABg/ED2YML2jsbM/s320/tapa+lmdmv.gif" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Salió el nuevo número de La Mujer de mi Vida, composición tema “La secta de los naturales”. En el &lt;a href="http://www.lamujerdemivida.com.ar/"&gt;online &lt;/a&gt;se puede ver cuatro notas: la de Hernán Casciari, la de Quena Strauss, la de Fernando Martín Peña y la mía.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-8441937482726300579?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/8441937482726300579/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=8441937482726300579' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/8441937482726300579'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/8441937482726300579'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2008/10/lean-chicos-lean.html' title='Lean, chicos, lean'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_JVNYW9JXeKM/SOzrbPSmMjI/AAAAAAAAABg/ED2YML2jsbM/s72-c/tapa+lmdmv.gif' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-8345844784902108293</id><published>2008-09-23T07:31:00.000-07:00</published><updated>2008-09-23T07:32:17.676-07:00</updated><title type='text'>Qué cosa</title><content type='html'>Cuando lloro vuelvo a la infancia.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8762901809538244274-8345844784902108293?l=senoritali.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://senoritali.blogspot.com/feeds/8345844784902108293/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8762901809538244274&amp;postID=8345844784902108293' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/8345844784902108293'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8762901809538244274/posts/default/8345844784902108293'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://senoritali.blogspot.com/2008/09/qu-cosa.html' title='Qué cosa'/><author><name>Li</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06406237570772944226</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/-DG4RC4b84Us/Tb9i-sD5jlI/AAAAAAAAAFs/jIpo1wnsbA8/s220/DSCN3266.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8762901809538244274.post-4589915723582902246</id><published>2008-09-21T09:48:00.000-07:00</published><updated>2008-09-21T10:23:28.771-07:00</updated><title type='text'>Domingo</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_JVNYW9JXeKM/SNaC-J8-m_I/AAAAAAAAABI/tOdL1cKgVSQ/s1600-h/Siesta.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5248526420082072562" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_JVNYW9JXeKM/SNaC-J8-m_I/AAAAAAAAABI/tOdL1cKgVSQ/s320/Siesta.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;El jardín quieto,&lt;/div&gt;&lt;div&gt;las nubes duras.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Las sonrisas de las fotos.&lt;br /&gt;Los papeles,&lt;br /&gt;mis huesos.&lt;br /&gt;El ruido de todos los que duermen.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-foot
